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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2005

La necesidad de una Europa moral

Alex Escamilla
Rebelin


La hora de la voluntad:
nicamente cuando se trate de evitar
la maldad y la bajeza
Peter Handke.

En este tiempo de guerras permanentes, pensar en las voluntades que hacen posible perpetuar la Paz es pensar en los procesos que las sociedades modernas deben implementar para resolver sus conflictos. La reflexin que surge entorno a la elaboracin de la Constitucin europea nos est haciendo dialogar sobre cmo debe actuar una colectividad en este agitado principio de milenio, y en consecuencia, cuales deben ser sus costumbres. La economa, la gestin de nuestro entorno, determina nuestra manera de relacionarnos y legitima finalmente el significado de las palabras que utilizamos para representar al mundo y a nosotros mismos.

La batalla de intereses, como tantas otras veces en la historia, se desenvuelve tambin en el lenguaje, y es en l donde debemos prestar mayor atencin. En este sentido, los trabajos desarrollados por la escuela de Friburgo y, ms recientemente, los textos y reflexiones publicados por Walter Oswalt nos ayudan a desentraar las mltiples perversiones que han sufrido palabras tan decisivas como liberalismo, y que han servido para rebajar las verdaderas necesidades que nuestras sociedades abiertas demandan.

Democracia, seguridad, libertad, derechos humanos, son tambin palabras, conceptos, que han cado bajo las salvajes redefiniciones de la ideologa neoliberal que pretende la libertad ilimitada del capital frente a la sumisin del individuo. Las corporaciones transnacionales junto a la accin poltica han hecho que los Estados de derecho pierdan sus capacidades para garantizar que el mercado se desarrolle libremente, han expropiado los bienes pblicos cedindolos a las concentraciones de capital, y han desarrollado un sistema de gobernanza centralizado y planificado que se contradice incluso con el principal argumento del capitalismo: los beneficios de la libre competencia. La desresponsabilizacin del Estado se traduce en la disolucin del contrato social y devala nuestras democracias.

En la Europa que pretendemos constituir ya presenciamos como el Estado Nazi gener plataformas econmicas capaces de engendrar las peores pesadillas del siglo XX. Ahora debemos ser capaces de autolimitarnos para conquistar la libertad necesaria que requiere nuestro ecosistema. Lo expres muy bien Karl Marx en los Manuscritos Econmico-Filosficos de 1884, cuando nos propona: la armoniosa reconciliacin de sujeto y objeto a travs de la humanizacin de la naturaleza y la naturalizacin de la humanidad.

Europa: un continente con voluntad autolegisladora

La identidad es el sentimiento de apego a nosotros, y este nosotros debe entenderse tambin como el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Europa est asistiendo a la constitucin de su identidad colectiva y para ello necesita contenidos. Sentirse integrados a la unidad geogrfica, social, poltica y econmica de esta nueva organizacin depender de que exista una clara necesidad individual de pertenecer a ella, y en mi opinin, esta necesidad existe con ms fuerza que nunca.

Es muy probable que, en esta bsqueda de contenidos, la UE tenga que poner lmites a su ampliacin para no perder su significado geogrfico e histrico. Los valores y costumbres que determinan al ciudadano europeo, nuestros contenidos ticos, deben tener un espacio fsico bien definido. Nuestras costumbres deben ser coherentes con nuestro sentido fundamentador y basarse en aquellos principios que se definieron en la Carta de las Naciones Unidas. La grandeza de los valores fundacionales europeos son los que pueden y deben ser compartidos con aquellos pases que quieran participar de ellos. Europa representa el lugar donde el hombre posmoderno entendi la inutilidad de la agresin.

Si observamos con atencin los ltimos acontecimientos internacionales veremos como la globalizacin est despertando nuevas conciencias. Estar ms comunicados est significando el nacimiento de un nuevo organismo del que apenas conocemos sus propiedades emergentes. Europa puede constituirse como un rgano vital para este nuevo ser planetario, pero para ello debe encontrar su lugar, su forma y su funcin en el mundo.

La globalizacin, quizs como sugieren las tesis de Imperio de Michael Hardt-Antonio Negri, producida por los mismos que lucharon contra las fuerzas dominantes, los que queran internacionalizar los movimientos de los oprimidos, los que lucharon y perdieron pero pese a la derrota, sus sueos se realizaron en forma de monstruos, la globalizacin como decamos est de nuevo en crisis y nos obliga a pensar cada vez ms de forma holstica para combatir toda narracin basada en un pensamiento nico que goza ante su autodestruccin.

Europa debe asumir su responsabilidad heredada y constituirse sobre la base de un texto que refleje ms un continente poltico, social y ecolgico y menos un contenido capitalista neoliberal. Debe alejarse y oponerse a la visin propuesta por el neoconservadurismo estadounidense anclado en el S. XIX y que acta sobre la frgil situacin internacional basndose en el caduco concepto de frontera.

Con la ideologa neoliberal, no slo se ha debilitado al Estado, sino que tambin se ha modificado el significado profundo de frontera y seguridad. Estamos desamparados frente a Estados anorxicos, en quiebra desde que perdieron el poder sobre sus economas, y humillados ahora que estn perdiendo sus derechos. Con Guantnamo, Abu Grahib, y otros agujeros negros semejantes, ya nadie puede exigirle al Estado que le garantice los mnimos derechos humanos.

Hablamos de guerras asimtricas, de organismos transnacionales, de terrorismo internacional, de sostenibilidad, de pandemias globales. Todos estos complejos problemas de nuestro tiempo deben afrontarse con estrategias ms ilustradas que las que propone la actual industria mecanicista y pesada energtico-militar-farmacutica. Necesitamos una nueva revolucin cientfica, una segunda Ilustracin para esta modernidad lquida[1], una ciencia basada en el pensamiento en red y en la redefinicin de la objetividad, que asuma plenamente el principio de incertidumbre y cambie nuestras disposiciones cognitivas para hacer posible una verdadera revolucin poltica y social[2].

Puede que, como sugiere Jeremy Rifkin, el Nuevo Mundo haya dejado de ser EEUU, y que el sueo americano cada vez agrade a menos gente. Y es justamente sta la oportunidad histrica que tiene Europa para soar y constituir una autntica comunidad de ciudadanos comprometida con la universalizacin de los derechos humanos. Porque ser revolucionario es no asumir ciegamente la distancia que nos separa de la utopa.

Hace tiempo que creo que el gran capital, y mediante los mercados desregularizados y desresponsabilizados, est invirtiendo en el terror.

El socilogo alemn Ulrich Beck nos advierte que las mafias prefieren y promueven las sociedades del riesgo, y sin duda nuestra aldea global se est convirtiendo en una sociedad del riesgo[3]. Los grandes consorcios y grupos transnacionales de poder, mediante sus actuaciones y polticas, estn asumiendo con sus tecnologas, riesgos no cuantificables. Riesgos que, producidos tambin por los sueos de la razn, afectan al sistema que James Lovelock describi como Gaia, ese gran organismo al que pertenecemos todos. Los riesgos atmicos, ecolgicos, transgnicos, incluso psicolgicos que estamos asumiendo, no prevn las consecuencias de su uso en el tiempo porque simplemente las desconocemos.

La precariedad en el mercado laboral, un verdadero virus social, est convirtiendo nuestras ciudades en junglas urbanas, donde quien acumule ms capital podr seguir soando libremente con su seguridad. De hecho, ste es el nuevo contrato social vigente: Los derechos democrticos de libertad y equidad sern garantizados mientras se permanezca en el sistema. Y el sistema nos incrusta a su mecanismo hacindonos vctimas y cmplices de su especulativo y estadstico progreso[4].

Fueron los conservadores Reagan y Thatcher, amantes de la especulacin y la estadstica, los que siempre decan que la sociedad no exista. Probablemente pensaban que slo debera existir el sistema, sin control democrtico alguno, y lleno de individuos flotando por el terico libre mercado. Pues bien, nos acercamos aceleradamente a esas malditas utopas, y la oportunidad de Europa es asumir sus compromisos y responsabilidades.

Empieza a ser necesario que nuestros gobiernos e instituciones polticas y econmicas transnacionales se autoreformen para establecer mecanismos de control verdaderamente democrticos. Hoy en da existe la tecnologa suficiente para que la multitud[5] se organice eficientemente de forma local, descentralizada y coordinada en red.

Seguramente los que propagan el fin de la Historia son aquellos que, a parte de estar muy bien situados, pretenden renunciar para siempre a los principios bsicos del liberalismo autntico, aquellos que persiguen una revolucin poltica para aplicar los derechos fundamentales como derechos humanos[6].

Un sueo ilustrado y posmoderno europeo

Dicen los especialistas del sueo que nuestro cerebro est siempre soando. Lo que pasa es que al despertar, nuestro estado de conciencia nos obliga a diluir los sueos en la espesa realidad. No descubrimos nada nuevo al decir que sin sueos tampoco obtendramos realidades. El mito (el rumor) nos ha sido muy til para construir nuestras realidades, y es analizando esos mitos y pensando dialgicamente, moviendo la lengua como deca Aristteles, que el hombre puede llegar a ser su demiurgo. La modernidad signific un paso hacia la ilustrada superacin de lo divino, pero el malentendido progreso vino a suplantar la divinidad a nuestro destino. Fue la posmodernidad que nos hizo sospechar del progreso, y que ha influido sobre todo en Europa, la que nos ha permitido avanzar sobre mitos ms humanos y no dejarnos atrapar por los integrismos religiosos. Las metafsicas fundadas sobre lo religioso[7] empiezan a ser un verdadero problema global. Un problema que amenaza tambin a la sociedad de EEUU[8].

Puede que el descubrimiento europeo de Amrica fuera ms un descubrimiento de la verdadera identidad europea, y que ese reflejo narcisista haya sido por mucho tiempo un mito a seguir, pero la madurez que nos ofrece el pensamiento posmoderno debera hacernos abandonar el discurso religioso y avanzar en la construccin de un necesario espacio moral. Morar un espacio comn, ms all de esas junglas hobbesianas, de esos invernaderos kantianos, quizs inaugurando burbujas, como las nombra Peter Sloterdijk, donde fuera posible la vida bajo unas condiciones orgnicamente relacionadas para autoprotegerse.

El Tratado Constitucional que estamos escribiendo abusa demasiado de la retrica europesta y define muy poco los mecanismos institucionales que servirn para llevar a cabo sta utpica tarea. Hablamos del principio de precaucin mientras las transnacionales de los transgnicos ya estn introduciendo sus productos sin etiquetar en la alimentacin de los espaoles. Por el contrario, transcribimos casi al pie de la letra los principios y los mtodos establecidos por la ideologa neoliberal para seguir desregularizando los mercados, privatizando nuestros bienes pblicos, y en definitiva para concederle ms derechos a las entidades econmicas que a las personas. El ciudadano europeo suea con un consenso ms vertebrador que el cansado Consenso de Washington, y es responsabilidad de sus administradores la redaccin de un texto que exprese con ms claridad el organismo transnacional que queremos constituir.

En la propuesta que se nos lanza desde Roma, se habla demasiado explcitamente de los poderes de los Bancos Centrales, y de forma demasiado literaria cuando se hace referencia a los derechos de la sociedad civil. En el Tratado tampoco se habla de la necesidad de crear una organizacin que regule y controle la calidad y diversidad de la informacin que consumimos. Se sigue ignorando que tambin estamos hechos de informacin. No existe democracia sin transparencia en la comunicacin.

En estos ltimos aos, desde Seattle hasta Barcelona, Londres, Mumbai, New York, pasando por Tel-Aviv, Jerusaln, Porto Alegre, el Cairo, Rabat, se han levantado autnticas multitudes (jvenes, viejos, empleados, empresarios y desamparados) para hacer or una voz que pide a gritos otro mundo es posible.[9] Lo que nombramos como sociedad civil global se est alzando ante un desorden de justicia que avanza impdicamente en nombre de nuestra civilizacin.

En Europa tampoco estamos a salvo de que la religin no se adentre en lo poltico. La Constitucin ha generado una autntica lucha de poderes entre la actual administracin del Vaticano y la lite europea. Una lucha que se ha hecho visible tambin en la dificultosa admisin de Turqua a la UE, y que ha planteado la integracin de una Europa musulmana. Tambin la sucesin del Papa Juan Pablo II, como sugiere Hans Kng, nos mostrar el poder que todava conserva la iglesia Catlica en Europa, la posibilidad que tenemos para superar el modelo jerrquico de entender las relaciones con el distante, con el distinto, con el otro.

Hemos estado construyendo nuestras identidades personales y colectivas desde categoras excluyentes que enfatizaban las diferencias, y ahora empezamos a percibir la necesidad de definir esas mismas identidades desde una empata cosmopolita. El eje Franco-Alemn que sostiene la vieja Europa est generando nuevas polticas de cooperacin entre Estados. Esto debera ser considerado como los inicios de una voluntad poltica que pretende llevar a la prctica un nuevo paradigma de relacionarnos con el entorno.

Pero entre las lites europeas tambin existen diferencias transatlnticas que hacen que esta propuesta de Tratado no sea todava la que necesitamos. Las fuerzas conservadoras gobiernan Europa, y se han dejado or en las declaraciones de comisarios de una prematura administracin Barroso. Hay cambios pero son todava demasiado lentos para que acaben reflejndose en este deseado sueo europeo. En Catalua hemos estado reivindicando un legtimo reconocimiento de nuestra cultura y nuestra lengua, y parece que hay espacio para el optimismo. Si el Parlamento europeo ha sido capaz de tomarse un tiempo para resolver el caso Buttilglione, puede que sea tambin el momento de volver a consensuar una solucin ms rigurosamente liberal para definir nuestra Constitucin.

Hace solamente cincuenta aos, Europa se levantaba sobre las pesadillas del holocausto y con ms de cincuenta millones de muertos y, en muy poco tiempo, ha sido capaz de convertirse en una sociedad influyente. Ha sido el anlisis crtico de su pasado lo que ha responsabilizado a Europa para que asuma lo moral en lo poltico. Kant, en Antropologia desde un punto de vista cosmopolita opinaba que: ... la gran diferencia entre las capacidades naturales del hombre y su tarea moral y poltica es que la naturaleza nos ha dejado abandonados con sus dotes y disposiciones, y que slo a nosotros nos corresponde cargar con todo esto para llevar a cabo una actividad estructuradora de naturaleza normativa.

En este sentido, la experiencia existencial que se ha vivido en el continente europeo recoge un saber prctico que debera hacer posible la constitucin de un derecho comn, dnde la libertad individual y la responsabilidad colectiva encuentren su expresin. La necesidad que tiene Europa de definir una verdadera identidad del ciudadano europeo es la misma que los ciudadanos europeos tienen para sentirse representados polticamente dentro de este precario equilibrio internacional.

Las nuevas exigencias del milenio

Hay muchas esperanzas puestas en el legtimo experimento de gobernanza transnacional que se est llevando a cabo en Europa. Las profundas modificaciones que ha sufrido nuestro sistema econmico global ha desbordado los viejos marcos institucionales y, en consecuencia, estn cambiando los modelos de gobierno. Nos acercamos a una nueva era global y debemos ser capaces de superar los viejos rdenes establecidos, entre otras cosas porque stos ya no nos sirven para contener la realidad. La concentracin de poder, la exclusin, la desresponsabilizacin de los actores econmicos y polticos, las desigualdades, los abusos ecolgicos, estn acelerando la restauracin de la barbarie y amenazan nuestra supervivencia como especie.

Europa debe potenciar ese espritu que la encamina hacia un verdadero socialismo democrtico, debe repensar los conceptos de crecimiento econmico y calidad de vida, y debe saber transformar los viejos modelos competitivos en otros ms orientados a la cooperacin. El dficit democrtico de esta presunta Constitucin se pone de manifiesto incluso en el hecho de que el proceso utilizado para su misma elaboracin no se ha llevado a cabo mediante una asamblea constituyente. La forma en que las lgicas de los Estados imposibilitan la no aceptacin del Tratado por parte del ciudadano, y la rigidez del mecanismo de su futura reforma, hacen sospechar de las verdaderas intenciones de los burcratas europeos.

El proyecto que se nos presenta como Tratado constitucionaliza el liberalismo conservador como doctrina oficial de la Unin Europea, se declara explcitamente defensor de la competencia como fundamento del derecho comunitario y de todas las actividades humanas, ignora los grandes objetivos de la Europa social -el derecho al trabajo, el pleno empleo, la eliminacin de la precariedad, la renta mnima garantizada-, renuncia a ser la conciencia ecolgica del mundo y acaba otorgando a una institucin no europea, como es el caso de la OTAN, centralidad en las polticas exteriores y de defensa, alejndonos definitivamente de una verdadera y posible poltica de paz humanitaria.

Estamos viendo como se escriben las nuevas constituciones para todas aquellas poblaciones que son sometidas por las democracias de direccin nica, y que el neoconservadurismo est implantando tanto en el centro como en las periferias del Imperio. Lo hemos visto en Irak y tambin lo veremos en la esperada Palestina sin Arafat; cmo se establecen los principios neoliberales en las renacidas constituciones del siglo XXI. Esas libertades encerradas dentro de la gran falta de libertad, como las describe Walter Oswalt, son las dirigidas opciones que los consorcios ofrecen a la demanda. La nica oferta posible para las democracias de men con regimenes de consumo insostenible.

Europa debe saber poner lmites a sus concentraciones de capital y protegerse de las corporaciones externas para garantizar las libertades individuales de sus ciudadanos. Debe definir un espacio supranacional legtimo con su biosistema, desde donde pueda ser posible universalizar los derechos humanos. Todos los abusos a nuestro entorno, nos recuerda Oswalt, estn mermando la democracia. La sostenibilidad tambin es un concepto poltico.

Hacen falta nuevas interpretaciones para describir los hechos que todava estn por llegar. Las distintas narrativas histricas que generaron el 11-S en EEUU y el 11-M en Europa, reflejan claramente hacia dnde se dirigen estas dos voluntades transatlnticas, y qu compromisos estn dispuestas a asumir.

Deslumbrados por la aceleracin, la modernidad avanza sin direccin hacia el progreso, y el exceso de velocidad nos est exigiendo una revolucin, un giro sobre nosotros mismos, una reflexin sobre el ethos de nuestra civilizacin occidental hipnotizada por la fe en el libre mercado.

A veces en la historia los sueos no se hacen realidad por culpa de la voluntad. El hombre que habita el lenguaje es un animal atpico, sin un topos establecido y, por lo tanto, no slo fsico. Es un hombre capaz, tal y como lo describe Paul Ricoeur[10], capaz de querer y de disponer. El hombre hbil en querer y en poder. Animal con voluntad de poder sobre la accin. Hombre que piensa y se pregunta: Qu debo hacer?

Vivimos en estado de excepcin permanente mientras las bombas caen tambin sobre nuestros mercados. Ya hemos comprobado como la cultura no nos inhibe de la barbarie, pero s quizs pueda hacerlo un decidido acto de voluntad.


http://transnacional.blogspot.com/



[1] Modernidad lquida, Zygmunt Bauman. (2000).

[2] Siegfried J. Schmidt, editor de Humberto Maturana: Todo aquel que desee una mejora del actual sistema social hara bien en pensar que sin un cambio en el campo de las disposiciones cognitivas, no es posible ningn cambio social y poltico. Las revoluciones sociales presuponen revoluciones culturales.

[3] Sobre el terrorismo y la guerra, Ulrick Beck. (Noviembre de 2001).

[4] Los hombres se han convertido en herramientas de sus herramientas. Observacin de Thoreau.

[5] Concepto definido ampliamente por Michael Hardt-Antonio Negri primero en Imperio y ahora en Multitud. Guerra y democracia en la era del imperio.

[6] Recojo la definicin de liberalismo autntico de Walter Oswalt en: La revolucin liberal: Acabar con el poder de los consorcios

[7] Hablo de lo religioso en el sentido de lo que se cree literalmente y no se interpreta.

[8] Pienso en el voto republicano de las ltimas elecciones en EEUU. (Noviembre de 2004)

[9] Una Europa altermundialista, que transforme el concepto y las prcticas de la soberana y del derecho internacional. Entrevista a Jacques Derrida (Le Monde 19 de agosto 2004).

[10] Lo que nos hace pensar, Jean-Pierre Changeux y Paul Ricouer.




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