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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-08-2010

Para empujar el debate
La responsabilidad y la esperanza

Javier Mestre
Rebelin


El tiempo a favor

La Revolucin Cubana ha llegado hasta aqu y sigue viva, y se es su mrito ms importante. Resistir es vencer, y sostiene y alumbra muchas esperanzas de toda Latinoamrica, y de las izquierdas de allende los mares. Cuba es una verdad sometida diariamente al huracn de voces del capitalismo, que se esfuerza sin pausa por hacerla naufragar. El tiempo corre a favor de la isla rebelde, cuanto ms pasa ms necesitan sus enemigos del escndalo, ms hipcrita preocupacin por los derechos humanos (se ve que pesa ms un pellizco en Cuba, que mil hachazos en Honduras, Colombia, Marruecos, Palestina, Ruanda, y hasta un ro de sangre interminable de evocaciones de amiguitos del libre mercado y la democracia estilo occidental). La Revolucin exporta, silenciosa, toneladas de solidaridad (la ternura de los pueblos, y eso alimenta siempre las esperanzas) en forma de mdicos increbles que, por sueldos nfimos, curan a los saharauis abandonados en la terrible Hamada argelina, a los haitianos sitiados por la alianza del canibalismo capitalista y la cruel Gea, a los recnditos habitantes de las temblorosas montaas de Pakistn. Los maestros cubanos y su Yo s puedo sacan los colores al rancio statu quo sevillano en la casi primermundista Espaa enseando a leer y escribir como nadie a la tropa de analfabetos dejados de la mano de Dios en las 3000 viviendas, cuarto mundo puerta con puerta con el primero. Cuba da una leccin desde su cuerda floja: si una islita que flaquea puede armar tanta humanidad, qu no podramos hacer en un mundo un poquito ms justo?

Que Cuba sea una isla no es casualidad. Es un smbolo y una condicin casi necesaria para la resistencia. Todo lo ms, podra haber sido una pennsula. Nicaragua sabe bien lo que significa un exceso de fronteras por tierra. Claro que, por lo que suena su nombre en la televisin, cualquiera dira que Cuba es tan grande como Australia y est tan llena como la India, casi un continente, un gigante. Y no, es un paisito bien chico, apenas once millones de habitantes en una deriva con rumbo en un mar embravecido. Si tanto irrita Cuba, si se exhiben tan indignados contra esa nacin mnima los que invaden, bombardean, les sacan el sebo a los nios pobres del sur del planeta, financian y justifican a Mohamed VI, Kagame, Santos, Lobo o Netanyahu... ser que hay esperanza porque se puede tocar los cojones a los poderosos y seguir adelante con futuro.

Si la cada de la Unin Sovitica fue un varapalo del que no se han recuperado los rusos y los partidos comunistas de medio mundo, mejor no pensar lo que implicara para la Historia el final de la Revolucin Cubana. Para decenas de miles de personas de todo el orbe significara un retroceso dursimo en las condiciones de vida, porque es muy distinto sacar adelante a la prole con un mdico a una distancia razonable o doblando el brazo al analfabetismo en un pulso en el que t s puedes. Para la poblacin cubana igual significaba el brote del supermercado abigarrado de mercancas... inaccesible para las familias de los cros que, con toda seguridad, acabaran en la calle robando o mendigando, o muriendo al poco de nacer, porque la comodidad de la clase media insular en ciernes, que aspira sin duda a la normalidad primermundista, se fraguara a costa del reflote de la miseria y la marginacin sin cartillas de contencin, sin pediatras para todos, sin la escuela acogedora que forma y alimenta mal que bien a la prioridad absoluta del socialismo cubano: la infancia. Pero lo ms doloroso de un derrumbe de la obra del pueblo cubano dirigida por Fidel y compaa sera el final de la esperanza, la victoria absoluta del capitalismo y sus leyes demoledoras de humanidad. Sin Cuba, entraramos en una edad oscura y ciega, sin el farolillo que alumbra a los que quieren navegar por otras aguas. Si Cuba cae, se cae con ella el futuro, cambiamos la libertad de todos los nios por supermercados custodiados por vigilantes armados que recuerdan que tantos colores no son, en realidad, una fiesta.


El tiempo en contra

Sin embargo, el socialismo cubano deja mucho que desear y arrastra graves problemas que pueden destruirlo. Parece como que se tienen que acabar imponiendo las tesis liberales acerca de la imposibilidad de que el socialismo funcione como sistema econmico. Cuba sufre los mismos sntomas que anunciaron la cada de la Unin Sovitica y sus aliados, o la conocida visita de Milton Friedman a Chinai que inici el proceso de desmantelamiento definitivo del maosmo y la conversin de esa gran nacin en un paraso capitalista para la acumulacin de plusvala absoluta. A Cuba le cuesta muy cara la ineficiencia, la corrupcin en el aparato productivo, las pequeas catstrofes, y las no tan pequeas, que acumula el sistema de planificacin estatal centralizada. Es un pas demasiado dependiente del exterior, que importa la mayor parte de los alimentos que consume, por no decir casi todo lo dems. Y los vaivenes del crdito internacional, la crisis financiera, el descenso de los precios del nquel o de la afluencia de turistas, el persistente bloqueo estadounidense... todos estos factores relacionados con la balanza exterior, siempre tan desfavorable a la isla, siempre tan tercermundista, consiguen que la necesidad de revertir la situacin econmica sea ya perentoria.

El problema es que los economistas, cuando miran la realidad cubana, lo hacen desde el punto de vista de eso que llaman la economa, y que es una especie de parcela de lo social que se asla arbitraria, artificialmente del resto de componentes de la realidad mltiple en la que los trabajadores cubanos desempean sus funciones. Miran la economa y descubren que ms de dos tercios de la produccin agrcola del pas corresponde a menos de la quinta parte de las tierras, que son precisamente las que funcionan con gestin privada. Observan tambin que las empresas que ms divisas facturan son las mixtas, regidas por patronos capitalistas del exterior, fundamentalmente en el sector turstico y la explotacin de recursos naturales para la exportacin. Se dan cuenta de que en el inmenso sector pblico la productividad est en el lmite, por lo bajo, de lo posible; los trabajadores cubanos lo suelen resumir as: nosotros hacemos como que trabajamos y el estado hace como que nos paga. Y reparan en que, mientras que los proyectos oficiales de construccin avanzan a paso de tortuga paraltica porque ahora no hay cemento y despus faltan ladrillos, florece un mercado negro de materiales desviados y servicios de albailera, electricidad, fontanera, etc, que no cesa en su actividad y marca con los colores de la desigualdad las fachadas de los barrios de La Habana.

La conclusin de casi todo economista es la que sacan muchos cubanos, la que se impone como una evidencia casi irrefutable, y parece que puede marcar la agenda poltica del gobierno de Ral Castro: el Estado es ineficiente, la propiedad privada y el mercado s que estn funcionando, la solucin pragmtica para el desarrollo econmico pasa por aceptar esta realidad y acomodarse a ella.

El gobierno cubano acaba de anunciar, de manera vaga e imprecisa, a travs del discurso de su presidente ante la Asamblea Nacional del Poder Popular el primero de agosto de 2010ii, dos medidas complementarias que pueden implicar un cambio histrico en la Revolucin Cubana, aunque los titulares de prensa de la isla y de medios solidarios en el exterior no las hayan destacado en demasa. Por un lado, se va a quebrar la ya tradicional inflacin de puestos de trabajo en el Estado, que sistemticamente sobredimensiona sus plantillas para no dejar a nadie en el paro. Segn Ral Castro, sobran muchos trabajadores dicen que ms de un milln- en el sector pblico -habla directamente de un sector estatal, presuponiendo por tanto que ha de haber otros!- que van a ser expulsados paulatinamente... a dnde? Ah es donde entra en juego la segunda medida. El gobierno asegura que va a ampliar el ejercicio del trabajo por cuenta propia y va a flexibilizar la contratacin de trabajadores por parte de los pequeos capitalistas privados que van a desarrollar su actividad legalmente, tributando al estado en razn de sus dimensiones econmicas. De este modo, se va a proceder a legalizar un sector privado que tendr que alcanzar ciertas dimensiones si lo que se pretende es que pueda absorber la fuerza de trabajo de la que la Administracin Pblica planea desprenderse.

Faltan demasiados detalles como para poder evaluar con precisin los planes del ejecutivo cubano. Falta, como suele ser habitual en estos casos, informacin precisa. Los ciudadanos cubanos an no saben a qu tipo de licencias se refera el presidente, cules sern los sectores de actividad afectados. No saben tampoco qu tipo de limitaciones de tamao se impondrn, si es que se impone alguna, a las nuevas empresas. No hay idea de cules sern los procedimientos impositivos, ni el tipo de coberturas sociales de los trabajadores privados. Tampoco se pueden conocer las repercusiones de esta crucial decisin en la organizacin econmica: se crearn redes comerciales al por mayor de abastecimiento al nuevo sector privado o seguir dependiendo de un desvo sistemtico de recursos pblicos ante el que se har la vista gorda? Cules sern las repercusiones en el sistema financiero interno?

Sin embargo, el mero anuncio de la intencin de desinflar estado y hacer emerger un sector privado con la responsabilidad de absorber el presunto excedente de fuerza laboral es un salto de pragmatismo que quiebra definitivamente el sueo igualitarista de la Revolucin y asume, por la va de los hechos, el reproche ideolgico que, en ltima instancia, condena econmicamente a la perspectiva socialista heredera de la revolucin sovitica. Es una propuesta prctica, un bao de realismo, porque de alguna manera puede reconocer y hacer aflorar a la legalidad y los impuestos una realidad viva y creciente: hay mucha economa privada en Cuba que circula por la mano izquierda. Obtiene el grueso de sus recursos materiales de la privatizacin ilegal, es decir, el robo puro y duro de la propiedad colectiva, y emplea a muchos miles de trabajadores sin declarar, que completan los magros ingresos de un empleo estatal al que a menudo ni asisten con el producto del desempeo informal, por no decir clandestino, de todo tipo de tareas que la economa planificada hace mucho ya que olvid. En el mercado negro se realizan labores de plomera, carpintera, albailera, electricidad y electrnica domsticas, esttica y peluquera, mantenimiento y reparacin de automviles, transporte de viajeros y mercancas, vigilancia, compraventa de todo tipo de alimentos o artculos de consumo fuera de los circuitos reglados, espectculos privados, hospedaje... El abanico de la economa privada en la isla es muy amplio, llena muchas parcelas de la vida humana completamente desatendidas por el sistema pblico, y es una fuente permanente de prdidas econmicas para el Estado en forma de impuestos no tributados y desvos de magnitudes impresionantes de bienes y servicios.

Sin embargo, esto no es de ahora. La escasa productividad de los trabajadores estatales, la planificacin ineficiente y el mercado negro son caractersticas que vienen de muy lejos en el socialismo cubanoiii. La novedad tiene que ver con la acumulacin histrica de malos funcionamientos en un momento de especial dificultad. Muchos cubanos se preguntan qu clase de valores se fomentan en un sistema social en el que, desde bien pequeos, los nios conviven con la cultura del resolver, el desvo, la corruptela pequea o no tan pequea, la arbitrariedad de arriba frente a la astucia en la inoperancia de abajo. Es tal el grado de irrealidad en la programacin econmica estatal que se ha visto impotente para reducir significativamente la dependencia exterior a pesar de la insistencia en los medios de comunicacin y el sinfn de previsiones al respecto. La alimentacin y todo el sistema social, con sus magnficas facetas de solidaridad y atencin generalizada a la poblacin, depende por completo de las remesas en divisas de la emigracin, el turismo y las exportaciones, principalmente de materias primas y capital humano a saber, personal docente y sanitario a pases amigos como Venezuela -. La coyuntura econmica internacional ha borrado la ilusin de sostenibilidad del entramado cubano a largo plazoiv, porque el endurecimiento de las condiciones de la dependencia exterior ha agudizado las profundas debilidades del sistema y ha puesto en jaque las esperanzas de crecimiento y desarrollo que se barajaban, a pesar de la persistencia de los desfases estructurales del modelo, hace apenas tres aos.


El socialismo y la democracia

Por Internet abundan los comentarios de todo tipo de neoliberales que repiten una y otra vez lo mismo: el caso cubano confirma por dems la superioridad del capitalismo y el carcter antinatural del experimento socialista. No lo veis claro?, parecen decir, hasta el gobierno cubano ha tenido que acabar reconociendo la necesidad de la empresa privada para que las cosas marchen. Sin embargo, este modo de ver la situacin, que casa perfectamente con el discurso de los detractores de la Revolucin y con los enfoques de las medidas de austeridad y reforma econmica que anuncia el Gobierno cubano, y que podran desembocar en un proceso similar al sufrido por China o Vietnam, se plantea siempre desde la concepcin de lo econmico como dimensin separada de lo poltico, social y cultural.

Fidel Castro, en su archicitado discurso del 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de la Habanav, afirm que nadie tiene la patente de lo que es el socialismo. Era un punto de partida muy interesante para desencadenar cambios socialistas que pudieran poner en duda algunos de los fundamentos del sistema social determinado por dcadas de influencia de la fracasada Unin Sovitica. Sin embargo, es muy conveniente establecer unas consideraciones mnimas acerca de lo que implica el trmino, que tiene rango de disposicin constitucional irrevocable en Cuba.

Desde Marx se entiende que el socialismo parte de la propiedad colectiva de los medios de produccin. La nica instancia que representa a toda la sociedad es el Estado, de modo que en todos los intentos socialistas habidos hasta el momento se ha entendido la propiedad social de los medios productivos como propiedad estatal. No son pocos los ciudadanos y medios cubanos que, en la tesitura actual de fracaso de la economa colectivista en la isla, apuntan a la necesidad de flexibilizar el concepto de propiedad dentro del socialismovi y plantean la necesidad de acercarse al cooperativismo o a la pequea propiedad privada.

Sin embargo, consideramos mucho ms interesantes los planteamientos que no ponen el nfasis en la forma de la propiedad, sino ms bien en el modo en que se gestiona, se toman las decisiones econmicas, se planifica y se funciona. En este sentido, son innumerables las voces que, desde la izquierda, advierten de la necesidad de hacer un replanteamiento profundo del funcionamiento de la economa socialista entendindolo dentro del funcionamiento poltico general del sistema cubanovii. El objetivo que se sugiere, es, sin duda, la democratizacin ntima del sistema, el incremento de la participacin y la iniciativa de los trabajadores y ciudadanos de a pie, la descentralizacin de la toma de decisiones. Desde el interior de Cuba y desde los apoyos intelectuales de la Revolucin en el exterior se est dejando caer una tesis que bien podra ser la continuacin de los planteamientos de Carlos Fernndez Liria y Luis Alegre Zahonero en su importante obra Comprender Venezuela, pensar la democracia. El colapso moral de los intelectuales occidentalesviii. Estos autores espaoles sugieren que la Historia del siglo XX demuestra la profunda incompatibilidad del capitalismo con la democracia, ya que slo se sostiene la soberana popular cuando, casualmente, el pueblo vota lo que el capital necesita. Cuando las decisiones soberanas contradicen los dictados de la economa privada, afloran el golpe de estado, la guerra, el exterminio. Fernndez Liria y Alegre Zahonero argumentan que el socialismo es la condicin previa para la democracia. Sin igualdad social e independencia individual, sin la extensin a todos de unas condiciones de vida y trabajo decentes por derecho, es imposible la ciudadana. Y en la esclavitud, bajo el sometimiento a los dictados de intereses privados, es imposible la verdadera democracia. Desde estos planteamientos, el objetivo no es el socialismo, que deviene un medio imprescindible para un programa poltico que no se remonta a 1917, sino a 1789. Se trata de que la soberana popular efectivamente gobierne la economa, porque lo que se quiere conseguir es llegar al estado de derecho y la democracia. La colectivizacin econmica es necesaria para que sean el pueblo y sus instituciones quienes tomen las decisiones, liberados del yugo de un conglomerado ms o menos catico de intereses privados que se expresan a travs de los mercados, cuando no se constituyen en fuerza poltica o militar apoyada en el poder pecuniario.

Los autores de Comprender Venezuela revisan la historia de las democracias frustradas por decidir en contra de quienes mandan de verdad en el capitalismo, y slo miran hacia el llamado socialismo real para hacer un serio reproche al entramado ideolgico que malentendi el programa poltico ilustrado y desemboc a veces en dictaduras atroces sobrecargadas de crmenes e injusticias. Sin embargo, cabra dar otra vuelta de tuerca a este enfoque y, a la luz de la implosin de la URSS y sus satlites, y la involucin econmica en China o Vietnam, plantearse que no slo el socialismo es imprescindible para el estado de derecho en democracia, sino que quizs tambin resulte lo contrario, que el perfeccionamiento del estado de derecho y la democracia sean necesarios para el buen funcionamiento del sistema socialista. Puede el ejemplo cubano significar algo en todo esto?


Sntomas relevantes

La realidad cubana es rica en ancdotas que ilustran la naturaleza de los problemas estructurales del sistema. Son problemas econmicos? Quizs resulte que no, que mayormente sean organizativos y polticos, lo cual acarreara la conclusin de que las soluciones no tienen que venir de la presin involucionista de los economistas, sino de reformas polticas y cambios profundos en la cultura de gobierno de la Revolucin si de lo que se trata es de defender el socialismo (no sus conquistas, que se quedan en bien poca cosa si el suelo estructural de la sociedad se privatiza).

La realidad demuestra que la planificacin central cubana es muy vertical, y con muy poco feedback. No parece contradecir el ms elemental sentido comn deducir que, ante una autoridad que no escucha, de la que no se forma verdaderamente parte, la reaccin de un pueblo avispado como el cubano sea el engao, el desvo, la astucia invencible en el largo plazo. Ante un Estado paternalista, que no est verdaderamente controlado por los ciudadanos, que depende de la lealtad revolucionaria por encima de todo, la reaccin prctica sea la pereza, una medular falta de compromiso, la fcil anteposicin de los intereses individuales y familiares a costa de las necesidades colectivas. La dirigencia cubana ha tratado siempre muy bien a su pueblo, ha procurado no dejar a nadie fuera, ha promovido un nivel de seguridad social casi por encima de lo sostenible con el bajo nivel medio de productividad que, desde finales de los aos sesenta, desarrolla el grueso de los trabajadores del socialismo cubano. Sin embargo, nunca ha atacado las causas estructurales de la falta de compromiso productivo y de los peligrosos excesos, ya tan generalizados, de la astucia popular frente al poder. El Gobierno ha insistido siempre en la disciplina y no ha progresado mucho en el fomento de la democracia de base, de la confianza en las decisiones de los de abajo.

Un ejemplo de los excesos de la centralizacin lo relataba hace un ao aproximadamente un buen conocedor de los intrngulis del funcionamiento del Estado cubano. El gasto de divisas tiene que ser, salvo excepciones muy sonadas, autorizado siempre a nivel de ministro. Es decir: cualquier suministro que implique importaciones debe entrar en la programacin establecida por la cpula gubernamental. Contaba este amigo el caso del hospital de una ciudad pequea de provincia. El director del establecimiento era muy consciente de las necesidades perentorias que asolaban el servicio: conducciones de agua en estado crtico con filtraciones de aguas fecales en las aguas limpias, una instalacin elctrica desfasada y en un estado calamitoso. El responsable del centro sanitario, que atiende a una poblacin de ms de 25.000 personas, estaba en un eterno estado de desesperacin porque, por muchos informes que elevaba al ministerio, las obras, urgentsimas por lo dems en un centro hospitalario, nunca se programaban y la situacin no dejaba de empeorar. Y el buen hombre atraves una raya mstica a partir de la cual los msculos ya no responden cuando recibieron unos cuantos aparatos de diagnstico no solicitados, que valan en divisas mucho ms de lo necesario para adecentar las instalaciones sanitarias, que tuvieron que ser almacenados sine die en un cuartucho porque no podan enchufarse al deficiente sistema elctrico de la institucin. Cuanta irracionalidad a cuenta de la planificacin central! Por qu no funcionan mecanismos para escuchar a quienes estn al pie del can? o, yendo ms lejos, por qu no pueden tomar las decisiones los implicados, los que conocen de verdad las necesidades?

Relatos de este estilo se hallan por doquier en Cuba, porque es as como funcionan muchas cosas, as de mal, y desde hace muchos aos. En el plano de la educacin es forzoso citar un artculo, tan sincero como amargo, de Domingo Maximino Moralesix, un docente cubano que se lamenta de la deriva de un sistema educativo que sufre una combinacin de problemas que, segn cuenta, se agravan por las decisiones pedaggicas de los de arriba, tomadas sin considerar el criterio de los de abajo. Lo ms interesante de su planteamiento, que no debe ser denostado sino rebatido sin refugiarse en reprochar el tono indignado y acusador, es la queja por no haber sido, ni l ni sus compaeros, escuchados en ninguno de los procesos de transformacin del sistema escolar que se han producido en la isla desde el periodo especial. Para este profesor de secundaria, est bien decir que la educacin en Cuba es mejor que la latinoamericana y la de algunos pases desarrollados, pero hubiera podido ser mucho mejor, ms formadora de valores, ms universal, si los protagonistas hubieran podido expresar con honestidad sus pareceres y hubieran sido escuchados.

La desconexin entre arriba y abajo explica muchas trapaceras y un sentimiento de impotencia que se encuentra con frecuencia entre trabajadores resignados a aceptar el mal funcionamiento como la verdad estructural a la que es obligado adaptarse. No hace mucho, un taxista se justificaba ante su tendencia a no usar el taxmetro y esconder parcialmente su recaudacin a los ojos de la superioridad. Afirmaba que si su coche se estropeaba perda el trabajo y, dado que la soldada depende de los servicios realizados, sufra una importante merma de ingresos. Segn este trabajador, en caso de avera, si quera ver reparado el vehculo alguna vez, lo tena que costear de su bolsillo, aunque perteneciera en realidad al Estado y fuera de este ltimo la responsabilidad. Nos habl de una maraa de tejemanejes de mecnicos y responsables de almacn que ponan precio a los repuestos, como si fueran suyos, y con total impunidad. De hecho, hay un mercado negro de sorprendente eficacia que se encarga del suministro de piezas para automviles, todas de importacin, todas desviadas de los almacenes del nico importador en la isla, el Estado.

Luego est la corrupcin de altos vuelos, que cuaja en los sectores en los que abundan las relaciones con el capital privado exterior. En abril de 2010 sali a la luz un caso sonado, relacionado con la empresa mixta Ro Zaza, cuyos productos solan abundar, hasta enero de este mismo ao, en los anaqueles de los supermercados en moneda fuerte. Como una historia de novela negra, el caso incluye la muerte sospechosa del gerente general de la firma, un ciudadano chileno, por intoxicacin de alcohol y pastillas, y la huda de varios compatriotas suyos que, al parecer, se beneficiaron ilcitamente de los negocios de la compaa. Otro caso sonado y mucho ms preocupante fue la llamada Operacin Crucero, desvelada a los militantes del Partido Comunista de Cuba a partir de marzo de 2009x. Al parecer, un italiano de dudosa condicin y de ademanes mafiosos haba obtenido de manera irregular y con resultados desastrosos la concesin en exclusiva para reparar y explotar por 20 aos la terminal de cruceros del puerto de La Habana. Algn personaje importante de las altas esferas del gobierno lo haba avisado a tiempo para que escapara de la operacin policial desencadenada para capturarlo.

A travs de la revista Temas se produjo, en mayo de 2010, un interesante debate al respecto de la corrupcin en el socialismo insular. El psiquiatra jubilado Fernando Barral escribi una Aproximacin sociolgica al problema de la corrupcin en Cubaxi en la que se hace inferir que se trata de un problema social de cierta magnitud que no se est encarando adecuadamente y exige ms dureza penal y un mayor compromiso con los valores de raz guevariana: propone, por ejemplo, que se eliminen los estmulos pecuniarios para premiar la productividad de los trabajadores. A este psiquiatra le respondi, en el mismo medio periodstico, el reputado jurista Ramn de la Cruz Ochoaxii, que explicaba el rigor punitivo que se aplica en los casos que salen a la luz... y afirmaba que los revolucionarios cubanos sabemos que es una realidad grave que enfrenta nuestro pas, que es un fenmeno bien extendido en nuestra sociedad y que no solo es un problema de los funcionarios y jefes corruptos. Este autor hace una reflexin ms documentada y profunda sobre el asunto que la de su rival, y comienza invocando las afirmaciones alarmantes de Fidel Castro en el ya citado discurso de noviembre de 2005 para reconocer claramente que fallan los mecanismos de control internos de cada empresa. Explica que las formas de corrupcin de alto nivel producen indignacin popular pero ante las cotidianas, las que suelen ser ms dainas socialmente, hay ausencia de reaccin social y eso es muy grave. Para de la Cruz Ochoa, es muy importante reformar las estructuras econmicas para generar lo que denomina sentido de pertenencia. En lo que coinciden ambos autores en su polmica es en la necesidad de dar mucha ms publicidad periodstica a los casos que se investigan y resuelven, rompiendo con la actual poltica de revelarlos slo a regaadientes y cuando ya no hay otro remedio. As pues, desde voces imbricadas en el statu quo intelectual cubano se apuntan con claridad dos necesidades impostergables: reestructuracin para estimular la participacin (la pertenencia), y transparencia informativa. El psiquiatra Barral, por cierto, sopesa la idea histrica de ocultar la informacin para no dar armas al enemigo con la necesidad de hacer escarnio pblico de los corruptos y regenerar el clima moral de la sociedad, y claramente opta por esto ltimo.


La reestructuracin

Desde el Gobierno de Cuba, a partir de la experiencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), se lleva lanzando, desde hace aos, lo que llaman el perfeccionamiento empresarialxiii. El objetivo es propiciar un funcionamiento riguroso a la vez que tico y participativo, con un conjunto de nuevos estmulos para el compromiso y la creatividad. Se pretende adaptar al sistema cubano alguna que otra metodologa de gestin proveniente de la investigacin corporativa en el capitalismo, mejorar las relaciones entre responsables y subordinados y propiciar un fuerte compromiso con los clientes, la productividad, el dinamismo econmico. Si bien en el ejrcito estos planteamientos fraguaron con naturalidad, en el entramado econmico de la sociedad civil son muchas las dificultades que afronta la iniciativa, que apenas ha alcanzado, y de manera poco efectiva en muchos casos, al 38 por ciento de las empresas del pas. Segn un interesante reportaje publicado en Juventud Rebelde el pasado mes de julioxiv, la poltica del perfeccionamiento empresarial choca frontalmente con la indolencia contable a la que estn habituadas muchas empresas cubanas, que nunca terminan de cumplir al ciento por ciento los requisitos exigidos para ingresar en el programa, o que entran y salen de la iniciativa con una inconstancia que hace muy difcil la obtencin de los resultados esperados.

Por otro lado, el citado informe periodstico apunta a que una de las dificultades insalvables que afronta el intento reformador de la cultura empresarial cubana estriba en la rigidez del sistema de planificacin central que, en numerosas ocasiones, priva a las compaas de la necesaria autonoma, sobre todo en lo tocante a la obtencin de recursos en moneda fuerte, para que puedan desarrollar una planificacin eficaz y cumplir sus objetivos.

Es evidente que el intento de transformar los mtodos de funcionamiento de las empresas choca con los problemas estructurales del socialismo cubano. Para que el perfeccionamiento empresarial se generalizase en un entorno socialista, no en una regresin capitalista, habra de transformarse algo ms que cada empresa. Tendra que cambiarse el modo en que se toman las decisiones econmicas, que, en el socialismo, en una sociedad gobernada por los seres humanos y sus leyes, y no por esta estructura muy superior a la suma de sus partes a la que denominamos mercado, es una cuestin eminentemente poltica. Y es que la sociedad civil no es el ejrcito. En ste, la disciplina es la piedra angular que sostiene todo el edificio, y no hacen falta transformaciones estructurales para perfeccionar sus empresas. Sin embargo, la sociedad cubana lleva demasiado tiempo bajo la disciplina revolucionaria, no termina de constituirse fuera de toda excepcionalidad como sociedad socialista y, por tanto, democrtica.

Hasta ahora, el criminal bloqueo estadounidense, las permanentes amenazas de agresin, el tamao y poder de los enemigos del socialismo cubano han justificado un orden que apenas puede disimular su carcter de permanente estado de excepcin. Lo explicaba muy bien Santiago Alba en un hermoso artculo publicado en Rebelin: Cuba es una trincheraxv. Sin embargo, la vida de campaa se ha ido deteriorando y se presentan dos opciones que pasan por transformar de algn modo el bastin:

1. Se puede abrir un pasillo en el frente, un coladero para aliviar rpidamente los sntomas de tantos aos de asedio al que se le ha estado dando una respuesta en forma de muralla de disciplina popular y que esconde, como ya hemos visto, un mar de indisciplinas internas porque, como dice Alba en su artculo, en todas las trincheras se fuma... Con tal de preservar las estructuras polticas, ante la realidad mercantil espontnea que se organiza en el territorio socialista, aparece la tentacin prctica de renunciar un poco en los principios econmicos, y quizs por ah se avecina una derrota desde dentro, un retroceso. Ante los anuncios de Ral Castro del primero de agosto, en los que se adivina un plan de reformas que parece asumir la legalizacin de una buena parte del capitalismo realmente existente en la isla, es inevitable temer un paso atrs, una cesin de lneas con riesgos para la resistencia socialista. Cules son los peligros internos para la Revolucin de los que hablaba el Comandante en Jefe ante los estudiantes universitarios, esas disfunciones que s pueden acabar con ella? Se refera quizs a las soluciones pragmticas que reconducen por la va de un capitalismo ms o menos controlado las tendencias econmicas que afloran en la retaguardia de las posiciones de combate?

Faltan todos los detalles, como ya hemos dicho ms arriba, para evaluar con algo ms que interrogantes el rumbo que estn por tomar las transformaciones en la isla. Quizs sea cierto que para algunos sectores de la actividad econmica un mercado privado (un mercadillo parece una expresin mucho ms atinada) sea la solucin ms adecuada. Lo que verdaderamente mueve a la preocupacin es un anuncio como el que se ha hecho sin que se observe ningn movimiento en el sentido de lo que viene a continuacin.

2. Se puede volver a soar y hacer como que no se est en guerra y salir paulatinamente del estado de excepcin, revolucionando la Revolucin para avanzar en la democratizacin profunda, socialista, de la actividad social y productiva, generando el citado sentido de pertenencia, renunciando al paternalismo de un Estado que se dejara de sentir como instancia ajena de ordeno y mando y se entendera que es, en realidad, la organizacin de la colectividad, la estructura que defiende los intereses de todos. Se puede intentar normalizar el socialismo y entrar en estado de guerra slo cuando directamente amenacen los huracanes o las tropas extranjeras, naturalizando otro tipo de cultura poltica en el que se eleve por encima de todo el ejercicio prctico cotidiano de la soberana popular. Para esta hipottica y suponemos que dificilsima y arriesgada- transformacin de las relaciones polticas del sistema fomento radical de la participacin en detrimento de la disciplina revolucionaria- habra que dejar ante todo muy claro que la propia constitucin establece un lmite inquebrantable que es precisamente el socialismo. No se puede montar una democracia que elimine la condicin previa que hace posible la democracia, no se puede permitir que los ciudadanos, por una mayora momentnea, decidan volver al capitalismo, la dictadura de los poderosos, el imperio y sus mercados. La isla sigue cercada por un mar dominado por el enemigo y la soberana popular no tendra, por tanto, derecho al suicidio poltico. Esto ltimo impondra, como en una especie de reverso de lo que ha sido la historia del capitalismo hasta el momento, el regreso inmediato al estado de excepcin, a la disciplina revolucionaria, al vanguardismo comunista imprescindible para el combate.

Desde el punto de vista de la organizacin econmica, probablemente se hara necesario pasar de los actuales parmetros de la planificacin centralizada, aderezada de un autntico descalabro contable y un descontrol inaceptable en el consumo de recursos, a un tejido de interrelaciones democrticas en el que la gestin se basara en un consenso social de objetivos y en la confianza y la autonoma con rigor y mxima transparencia en la presentacin, al pueblo, a la comunidad social circundante, a las asambleas de trabajadores, no slo a los superiores, de los resultados. Por ejemplo, el director del hospital del que hablbamos antes manejara un presupuesto en moneda fuerte y decidira, con su equipo y la comunidad social, en qu se gasta cada ao. A cambio, debera llevar una contabilidad muy rigurosa y presentar ante un consejo socialxvi del centro sanitario y ante la sociedad y el Gobierno, cada ejercicio, un informe completo de las ejecuciones presupuestarias y el funcionamiento de la institucin.

El control del flujo de divisas y del volumen de las importaciones no tendra por qu verse en entredicho. El Estado tendra que organizar la adquisicin de lo que se demanda desde abajo. Si el control se entiende como rendicin de cuentas hacia abajo, ante el pueblo, la comunidad, la sociedad, y hay una cultura y un funcionamiento democrticos que implique que el que lo hace mal es destituido por sus subordinados o por los representantes directos de la comunidad ms inmediata, las cosas se ponen mucho peor que ahora en lo tocante a la corrupcin y la malversacin. Consentiran los taxistas el tinglado vergonzoso que montan almacenistas y responsables varios? Les interesa a los de ms abajo que los de en medio hagan de su capa un sayo y obtengan privilegios a cuenta de desigualdades y corruptelas que hacen la vida ms difcil a los subordinados? Una cultura profundamente democrtica podra ser la vacuna de la cultura del resolver, de la pequea corrupcin cotidiana y generalizada, esa que tanto preocupa al jurista Ramn de la Cruz porque, en la actualidad, no recibe la respuesta social que merece.

Asimismo, una cultura del control democrtico sera mucho ms compatible con una cultura de la contabilidad rigurosa. Curiosamente, en los tiempos cubanos actuales se da una escamante falta de profesionalidad en la gestin de empresas y organismos pblicos. La esfera contable sufre de la indolencia que asola todos los aspectos del funcionamiento econmico en una sociedad aburrida del Estado paternalista. Si, en el fondo, se infantiliza polticamente a los ciudadanos porque la dirigencia revolucionaria lo decide casi todo, por mucho que se cuide la seguridad social o se elijan representantes al poder popular, la vctima es el esfuerzo y el compromiso. Y esto tiene repercusiones muy serias si se aplica al control de inventarios. Lo que estamos tratando de decir es que no es necesario que la empresa pase a ser privada para que los trabajadores la sientan como propia. Todo lo contrario, si se privatiza, lo que espolea la productividad no es, como afirman muchas voces capciosas, el amor al trabajo bien hecho o la superioridad tica de la empresa capitalista, sino ms bien el miedo al despido. La propiedad privada implica que los bienes productivos no suelen ser de los trabajadores: el cooperativismo no es lo que precisamente acaba predominando en las economas de mercado. En los procesos de privatizacin que hemos sufrido en los pases capitalistas desarrollados hemos podido comprobar cmo el sentimiento de pertenencia, la probidad laboral, la dignidad de los trabajadores... estaban precisamente asociados al carcter pblico de las empresas y se perdan con la privatizacin, siempre asociada al aumento de la precariedad y la explotacin! Y, curiosamente, esas privatizaciones no han implicado ninguna mejora visible en ningn servicio, que sepamosxvii. Lo que sucede es que, en el sistema actual de gestin, muchos trabajadores cubanos sienten que tienen tan poca responsabilidad como un subordinado en una empresa capitalista, slo que el puesto est garantizado y la empresa no se va al garete si no produce a toda mquina.


La transparencia

El complemento imprescindible a la mayor horizontalizacin de las relaciones productivas implica un proceso de mejora en el sistema poltico e informativo de la sociedad socialista. Hace falta mucho ms debate pblico, muchos ms espacios abiertos a la abierta discrepancia. Por ejemplo: se puede presumir de que todo el discurso pblico que se permite a los candidatos a las elecciones al Poder Popular en Cuba se limite a una biografa? Est bien que no haya campaas electorales millonarias, mbitos para la penetracin de la financiacin y las malas artes publicitarias del enemigo externo, pero... no sera deseable que los procesos electorales fueran procesos de debate, rendicin de cuentas, crticas pblicas, argumentacin de puntos de vista y propuestas y programas de intervencin?

Por otro lado, los importantes pasos que ha dado el sistema periodstico de la isla para vehicular las crticas y demandas de la ciudadana a travs de las cartas al director, y para hacer investigaciones en profundidad de diversas realidades negativas del socialismo en la isla, no son suficientes. Han servido, eso s, para demostrar que a la Revolucin no le pasa nada malo por que se incremente la transparencia, ms bien todo lo contrario. Pero se sigue echando de menos lo que apuntan los dos autores de la revista Temas citados ms arriba, una informacin amplia y puntual de todos los casos de corrupcin que conlleve el escarnio pblico de los corruptos y la transmisin de la idea de que el pueblo lo debe saber todo porque es soberano y responsable. En otros lugares hemos argumentado sobre las importantes carencias y errores que, a nuestro juicio, arrastran los medios de comunicacin cubanos, que deberan convertirse en abanderados de las transformaciones que precisa el sistema socialista para desarrollarse y superar sus dificultadesxviii. En resumen, junto a la necesidad de informar mejor y ms rpido de lo que pasa en Cuba, es preciso mejorar en la precisin y profundidad de la imagen que se da de la realidad del capitalismo en todo el mundo, para no eludir el debate, para fomentarlo y ganarlo da a da en un proceso que implique mucho ms al pueblo en la forja de una legitimidad profunda del socialismo.

Lo cierto es que en Cuba se debate mucho a travs de las estructuras del Partido Comunista y de las organizaciones revolucionarias. Hay un poder popular elegido por votacin ciudadana y muchos elementos institucionales que se acercan a la idea de estado de derecho, empezando por su poder judicial. Pero esto no rebate en absoluto lo argumentado hasta el momento. Buena parte de las carencias viene de lo referente a la discusin abierta y pblica, para la cual el mbito primordial, que llega a todos los rincones en una sociedad moderna, son los medios de comunicacin. En Cuba sobra preocupacin por la apariencia de unanimidadxix y falta una aproximacin ms profunda y sincera a la bsqueda de acuerdos democrticos desde la base en todos los mbitos de la vida econmica, social y democrtica. Del mismo modo que en la isla se hace un uso modlico del poder meditico en la defensa civil ante los huracanesxx, podra ser un ejemplo en el fomento de la participacin, la iniciativa y el debate ciudadanos, sobre una base mucho ms completa y rigurosa en lo que a informacin se refiere. Perfeccionar el socialismo pasa por asumir esta necesidad, nos tememos. Ser demasiado tarde? Ojal no.

Seguiremos confiando en quienes han hecho posible que la esperanza perviva hasta hoy mismo, pero es indispensable que todito se hable, que se discutan las alternativas y que la Revolucin cubana se supere y nos vuelva a dar una leccin de dignidad y fuerza. Todava quedamos, en todo el mundo, quienes nos resistimos a renunciar al sueo de la democracia, que se ha de fundamentar en el socialismo. Seguimos mirando a la isla que resiste como nuestro ltimo territorio, tal vez como el primero, con ganas de alzar bien fuerte la voz ante nuestros congneres y decir: Mirad a Cuba; as es como se hace.


NOTAS

i Naomi Klein lo explica muy bien, como siempre, en su magnfica obra La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Paids, Barcelona 2007, pginas 249 y siguientes.

ii http://embacuba.cubaminrex.cu/Default.aspx?tabid=5219

iii Vase, por ejemplo, el interesante estudio de Jos A. Massip, Ernesto Hernndez Garca, Boris Nerey Obregn en Cuba, Siglo XXI: http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/economia/massip_hdez_nerey1_230101.htm

iv El autor de este artculo se regode en su da en la palpable estabilidad del montaje econmico del socialismo cubano. Vase http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55340.

v http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f171105e.html

vi Se pueden encontrar diversas alusiones a todo esto en sitios tan dispares como la revista Temas (http://www.temas.cult.cu/), en el boletn Bloggerscuba en pdf (http://twitter.com/bloggerscuba) o en innumerables artculos y cartas al director en medios cubanos.

vii Fueron sonados trabajos como El futuro de Cuba despus de Fidel, Popular, Madrid, 2006, de Heinz Dietrich, en el que, con un entramado terminolgico un tanto especial vena a decir que falta algo as como retroalimentacin en la toma de decisiones; o el conocido artculo de James Petras en Rebelin que suscit una dura respuesta de Fidel Castro en los medios cubanos (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55223). Ms interesante es el discurso del profesor universitario Julio Csar Guanche. Vase http://www.kaosenlared.net/noticia/video-entrevista-julio-cesar-guanche-profesor-universidad-habana

viii Hiru, Hondarribia, 2006. http://www.hiru-ed.com/COLECCIONES/PENSAR/Comprender-Venezuela-pensar-la-democracia.htm

ix http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-hora-discrepar-algunas-vivencias-personales-sobre-educacion-cuban

x http://www.jornada.unam.mx/2009/06/30/index.php?section=mundo&article=024n1mun

xi http://lajovencuba.wordpress.com/2010/06/28/aproximacion-sociologica-al-problema-de-la-corrupcion-en-cuba/

xii http://www.temas.cult.cu/catalejo/economia/Ramon_de_la_Cruz_Ochoa.pdf

xiii Una buena visin histrica de la iniciativa se halla en la referencia citada en la nota 3.

xiv http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-07-03/visteme-despacio/

xv http://www.rebelion.org/noticia.php?id=13974

xvi En el sector pblico espaol se gestionan as algunas instituciones. El autor de este artculo conoce bien el sistema educativo. Cada centro escolar maneja un presupuesto que aprueba un consejo escolar representativo de toda la comunidad escolar (profesores, padres, alumnos y personal no docente), el cual tiene importantes atribuciones en la eleccin o revocacin del equipo directivo y supervisa cada curso el gasto y la poltica educativa de la escuela o instituto de secundaria. Por lo general, aun siendo muy ajustadas las cantidades que las administraciones asignan a los centros educativos, la gestin es ms que aceptable y no nos consta ni un solo caso de enriquecimiento ilcito o malversacin.

Por otro lado, los colegios e institutos pblicos espaoles cuentan con herramientas informticas sencillas de gestin y contabilidad estandarizadas, siempre listas para la inspeccin. En lo referente a las cuentas, como mnimo semestralmente se cuadran los balances contables con las anotaciones de la cuenta bancaria y se informa hacia abajo (al consejo escolar) y hacia arriba (lainspeccin educativa).

xvii Para ilustrar este punto, una pelcula del genial Ken Loach: La cuadrilla (2001), que cuenta las consecuencias, tremendamente negativas, de la privatizacin de los servicios de mantenimiento ferroviario en la Gran Bretaa de Thatcher. En Espaa no hemos observado ninguna mejora en los servicios telefnicos, aeroportuarios, sanitarios o bancarios a cuenta de la brutal privatizacin de los aos 90... ms bien todo lo contrario.

xviii Vase, por ejemplo:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=19079

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55340

http://www.bielpidiovaldes.org/sugerenciastvcuba.pdf

xix En uno de los artculos ya citados (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55340) argumentamos en su momento en contra del complejo que denominamos falsa unanimidad. Como ejemplo de argumentacin contraria, vase http://lapolillacubana.blogcip.cu/2010/05/10/jugar-con-el-enemigo-o-cerrar-filas/

xx Vase http://www.rebelion.org/noticia.php?id=19848



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