Portada :: Chile :: Pueblo Mapuche: Cinco siglos de Resistencia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2010

La huelga de hambre de los presos polticos mapuches y el pueblo de Chile

Sergio Grez T.
Rebelin


La huelga de hambre iniciada el 12 de julio por los presos polticos mapuches de las crceles de Concepcin y Temuco, a la que se sumaron en pocos das otros pu weichafe (guerreros) recluidos en los presidios de Angol, Lebu y Valdivia, hasta totalizar ms de una treintena de hombres resueltos a los ms grandes sacrificios por lograr su libertad y la de su pueblo, ha puesto a prueba a todos los sectores sociales y polticos de Chile.

Aunque no es extrao que para el gobierno, los principales medios de comunicacin, el gran empresariado, los partidos sistmicos y los aparatos de Estado, esta huelga constituya un no acontecimiento y por ende se silencie (el propio Ministro de Justicia declar al cabo de un mes no saber nada al respecto!), resulta vergonzosa la indiferencia de gran parte de la opinin pblica nacional, de muchas organizaciones sociales, de gente de izquierda y de intelectuales que normalmente aparecen asociados a la defensa de los derechos humanos. Si bien es cierto que el cerco meditico tendido por los consorcios que controlan los medios de informacin, especialmente la TV y la prensa escrita de tiraje nacional, ha creado una cortina de silencio y de invisibilidad en torno a la cruel realidad sufrida por el pueblo mapuche y sus ms decididos luchadores, esto no excusa el mutismo de quienes por historia, tradiciones, declaraciones de principios y representatividad social deberan hacer or sus voces de manera potente. Esto no ha ocurrido. Slo los medios de informacin alternativos, dos o tres radioemisoras de cobertura nacional, un grupo minsculo de parlamentarios, unas cuantas organizaciones defensoras de los derechos humanos, adems de numerosos colectivos polticos y sociopolticos de la vasta franja (especialmente juvenil) no representada en la institucionalidad poltica, y un puado de personas de buena voluntad, han sido las excepciones que han salvado un poco el honor y dignidad del anestesiado pueblo chileno.

Mucha gente en la izquierda, en la intelectualidad progresista y en el mundo asociativo popular ha callado o se ha limitado a declaraciones rituales sin desplegar sus fuerzas, capacidades e influencias para detener la accin represora del Estado chileno contra este pueblo originario. Parece que no se entiende que las reivindicaciones levantadas por los presos polticos mapuches que no se aplique la Ley Antiterrorista en las luchas sociales, desmilitarizacin de la Araucana, no al doble enjuiciamiento (justicia civil ymilitar) por los mismos hechos constitutivos de presuntos delitos, inhabilitacin de los testigos sin rostro pagados por las fiscalas para incriminar a los acusados, garantas de un proceso justo, trmino de las abusivas prcticas de detenciones preventivas que permiten a los fiscales mantener discrecionalmente encarcelado durante aos a un acusado aunque no se haya pronunciado una condena en su contra, entre otras- conciernen a todos los habitantes de la Repblica de Chile. Numerosas personas no se dan cuenta de que la lucha mapuche trasciende los intereses especficos de ese pueblo-nacin, ya que la defensa del medio ambiente, de los derechos humanos y de las libertades democrticas son causas universales que deben abrazarse en toda circunstancia y lugar.

En realidad, lo que estos sectores no alcanzan a percibir es que la lucha mapuche por la recuperacin de sus tierras ancestrales usurpadas bajo el amparo de la ley y de la fuerza del Estado de Chile, es parte de las causas de la humanidad progresista por salvar al planeta, a la especie humana y a las dems especies de una destruccin segura si no se detienen y revierten las consecuencias de un modelo econmico productivista y depredador de los recursos naturales y humanos. Enfrascados en sus particulares problemas sectoriales o gremiales, con sus organizaciones sociales destruidas, atomizadas o debilitadas por la implementacin implacable del modelo neoliberal durante varias dcadas consecutivas, desinformados sistemticamente por los medios de comunicacin de masas y sufriendo una anomia de representacin poltica sin par desde hace ms de un siglo, los sectores populares chilenos -salvo muy contadas y honrosas excepciones- han manifestado una indiferencia atroz ante el drama que desangra a uno de los pueblos matrices de su propia existencia. Por qu razones quienes dicen ser sus portavoces y representantes no impulsan la movilizacin, por ejemplo, contra la Ley Antiterrorista heredada de la dictadura y aplicada profusamente por los gobiernos de la Concertacin y por el actual gobierno? Esta apata y quietismo se explica solo por el clima generalizado de despolitizacin que afecta a la sociedad chilena o es tambin el resultado, cuando se trata de la cuestin mapuche, de cierta dosis de inconfesado e inconfesable racismo? Entretanto las comunidades indgenas en conflicto han continuado sus movilizaciones y la huelga de hambre de los presos polticos mapuches ha entrado en una fase en que la vida de esos pu weichafe corre serio peligro. Para ello slo han contado con sus propias fuerzas y la ayuda de los pocos chilenos que han apoyado por solidaridad, conciencia y dignidad- la causa mapuche. Estos chilenos dignos tambin lo han hecho porque saben que, como certeramente sealaba un gran pensador revolucionario del siglo XIX, un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre.

El recorte de las libertades individuales y los derechos sociales; las desmesuradas e indebidas facultades de la justicia militar; la accin abusiva de fiscales todopoderosos que no dudan en recurrir a montajes y pagar testigos para probar sus acusaciones, que prohjan torturas y tratos vejatorios, que extienden a la manera del fiscal Ljubetic- su delirio persecutorio contra los familiares y amigos de los acusados, que ponen cortapisas al derecho a una adecuada defensa, y que encabezan campaas mediticas para crear un ambiente propicio para que la opinin pblica acepte condenas de hasta ms de un siglo de presidio por supuestos delitos en los que no se produjeron vctimas fatales, son amenazas contra los derechos democrticos que el pueblo chileno tarde o temprano experimentar en carne propia. Es de esperar que el efecto adormecedor del modelo neoliberal y del pensamiento nico que impera desde hace varias dcadas en la Repblica de Chile se disipe antes de que sea demasiado tarde.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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