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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2010

El capitalismo devora trabajadores

Editorial de Punto Final
Punto Final


La tragedia de la mina San Jos no es un accidente ms de los muchos que ocurren en la minera, en que anualmente hay decenas de vctimas casi siempre por las malas condiciones de seguridad. Lo mismo ocurre en la industria manufacturera, en la construccin y en los servicios. Pero este siniestro ha sido especial por su magnitud y caractersticas. La mina San Jos pertenece a la Compaa Minera San Esteban, de la mediana minera; es una explotacin de cobre y oro muy antigua. Es propiedad de la familia Kmeny, de larga tradicin en actividades extractivas comenzadas hace ms o menos cincuenta aos, cuando explotando minerales de hierro logr acumular una importante fortuna.

Desde hace aos, la mina San Jos haba sido denunciada como una explotacin insegura. Slo entre 2000 y 2004 hubo diez denuncias de los trabajadores ante el Servicio Nacional de Minera y Geologa (Sernageomin), autoridades de Salud, el gobierno regional y la Superintendencia de Seguridad Social. Esos organismos hicieron odos sordos, no acusaron recibo y menos dieron respuesta. En los ltimos cuatro aos hubo tres accidentes fatales y dos que significaron la amputacin de extremidades de los afectados. El derrumbe del 5 de agosto tuvo, segn se ha informado, una magnitud tal que produjo prcticamente el desplome de las galeras y de los ductos accesorios. De acuerdo a lo declarado por Antn Hraste, ex director regional del Sernageomin, esa mina no debi ser reabierta nunca, luego que l dispuso su cierre temporal en 2006 y definitivo en 2007. Sin embargo, el 30 de mayo de 2008 el Sernageomin autoriz la reapertura. La medida produjo asombro. Propona medidas superficiales que no atacaban el problema fundamental de seguridad y ni siquiera se orden un control para asegurar su cumplimiento. Por ejemplo, el escaleramiento de una chimenea de escape que, al no hacerse, la dej impracticable ante un accidente como el que ha ocurrido. Tampoco la empresa cumpli otras obligaciones y comenz a ahorrar en los gastos de seguridad para obtener mayores ganancias, aprovechndose adems de los dineros de las cotizaciones previsionales de los trabajadores que no depositaba como era su obligacin. La actitud del Sernageomin es inaceptable y se vincula a la influencia que tienen los Kmeny ante las autoridades. Tal como en el terremoto y tsunami de febrero, una catstrofe vuelve a poner en evidencia lo lejos que est Chile de los pases desarrollados y de cmo es slo un cuento de caminos aquel que trata de convencernos que Chile tiene una economa y empresarios de clase mundial. El hecho mismo de que hubo que traer maquinaria minera de Australia y Estados Unidos -no disponible en Chile a pesar de ser el productor ms importante de cobre en el mundo-, evidencia una situacin alejada de los exigibles mximos de calidad. Chile reaparece como un pas pobre manejado por un puado de ricos -que lo son de manera extrema-. El pas despierta de sbito ante una realidad desoladora. La cacareada responsabilidad empresarial en Chile no funciona, salvo en pocas empresas. Los dueos del capital se preocupan esencialmente de ganar dinero sin fijarse mucho en las formas de hacerlo. Como estn muy cerca o dentro de los gobiernos, disponen de manga ancha para cometer abusos.

Las responsabilidades en esta tragedia son evidentes y abarcan a todos los gobiernos de la Concertacin. En especial al Ministerio de Minera cuando estuvo a cargo del ingeniero Santiago Gonzlez, que autoriz la reapertura de la mina San Jos. Pero no dejan inclume al gobierno de Sebastin Piera, que se ufana de la eficiencia de sus equipos asesores, que dominan todos los temas y tienen soluciones infalibles. A pesar de ello, y del hecho de que apenas un mes antes del derrumbe hubo un accidente con una vctima que sufri amputacin de una pierna, nada se hizo con la empresa. El ministro de Minera, Laurence Golborne, recibi adems a una delegacin de dirigentes sindicales que reclamaban por la falta de seguridad en las faenas. El ministro niega haber dicho que la seguridad no era su tema. Pero los dirigentes sindicales sostienen que s lo dijo. Si la responsabilidad empresarial es un mito, no sern determinantes las medidas administrativas de reestructuracin del Sernageomin y otras instancias, que evidentemente son necesarias pero no decisivas. El ansia de lucro permitir maniobras sigilosas de lobbystas y otras formas directas de corrupcin.

Sin embargo, hay un problema de mayor significacin, que tiene que ver con la institucionalidad minera. Esta ha sido tradicionalmente dbil, como si el propsito central fuera, sobre todo, asegurar la tranquilidad y las ganancias de las transnacionales. Nunca, salvo en el gobierno del presidente Salvador Allende, se ha intentado establecer una institucionalidad minera slida, con amplias atribuciones y fuerte apoyo tcnico. Antes de 1970, la situacin era tal que fue necesario el apoyo de misiones extranjeras -una francesa y otra sovitica- para investigar el real estado de la gran minera del cobre. Ambas misiones coincidieron en que el manejo de las empresas norteamericanas era deficiente y que no resguardaban el inters nacional. Ni siquiera haba un adecuado control de las exportaciones de concentrados y de oro, plata y otros metales contenidos en ellos. Ahora ocurre algo parecido. No slo en la gran minera del cobre, que sigue exportando concentrados sin anlisis rigurosos. Sabe el Ministerio de Minera qu ocurre con las explotaciones de litio? O con los pirquenes que abundan en la zona del carbn, casi siempre al margen de todo control? O qu pasa en las explotaciones de salitre y yodo de Soquimich, controlada por Julio Ponce Lerou? O con las explotaciones de oro que maneja la Barrick Gold?

La tragedia de la mina San Jos no debe olvidarse en medio de la parafernalia oficial que se desplegar para el Bicentenario. Es preciso que de una vez por todas los empresarios entiendan que los trabajadores no son otra materia prima. Pero al mismo tiempo, es indispensable que los trabajadores asuman una actitud combativa e intransigente en defensa de su vida y de su integridad fsica, que es tambin proteccin para sus familias y su futuro.

Lecciones tan dolorosas como la ocurrida en Atacama deberan contribuir a la toma de conciencia que permitir levantar en Chile -como ya sucede en pases hermanos- una alternativa a la voracidad inhumana del capitalismo. Las medidas de parche y los lamentos hipcritas de la institucionalidad vigente slo quieren hacerle el quite a la responsabilidad criminal del sistema en las tragedias colectivas e individuales, y en la superexplotacin que padecen los trabajadores chilenos.

(Editorial de Punto Final, edicin N 716, 20 de agosto, 2010)

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