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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-08-2010

El dilema de Alejandro

Guillermo Rodrguez Rivera
Rebelin


Me gustara empezar por el pudor, porque Alejandro Ros afirma1 que no tengo un pice de l, cuando digo que Silvio Rodrguez, Pablo Milans, Carlos Varela, Santiago Feli y yo escribimos o respondimos a entrevistas, afirmando que los disidentes cubanos que no haban cometido actos violentos, deban ser liberados.

En qu falta el pudor, al punto de no llegar ni a un pice? En que no exaltamos la muerte de Orlando Zapata ni la huelga de hambre de Guillermo Farias ni las caminatas de sus familiares, las Damas de Blanco?

Alejandro Ros deba tener en cuenta que esa peticin la estn haciendo intelectuales que no comulgamos con las ideas de esos presos. No nos atribuimos la liberacin de esos presos, ni mucho menos, pero AR es incapaz de ver mrito alguno en ninguna otra gestin por su liberacin: no es capaz de mencionar siquiera al cardenal Ortega y al canciller espaol Moratinos, casi como si fuera obra non sancta el procurar esa liberacin desde fuera de la disidencia.

Si Alejandro Ros, Duanel Daz y Ral Rivero, para slo nombrar tres radicales idelogos enfrentados a la Revolucin Cubana, solicitaran la liberacin de Gerardo Hernndez, Tony Guerrero, Ren Gonzlez, Ramn Labaino y Fernando Gonzlez, que nicamente informaron al gobierno cubano de la actividad de los grupos terroristas de Miami, tengan la absoluta seguridad que no les pedir que, previamente, exalten a los montones de personas que en el mundo han solicitado su liberacin, ni a sus mujeres e hijos, que llevan una dcada sin recibir una visa estadounidense para poder visitarlos en la prisin.

Si tuvieran la decencia de hacer la solicitud de su liberacin, sera para m la actitud generosa de tres adversarios.

Pero a Alejandro Ros no le importa ni la libertad de los presos de su bando.

Que 52 personas sean indultadas le parece algo que no interesa ms que a un crculo de conocedores y a los familiares agraviados. No le interesa a l? Yo estara feliz si el gobierno de Washington liberara a esos jvenes cubanos condenados a penas absurdas slo por informar de actividades conspirativas que el FBI deba reprimir y no apoyar. Que eso sera un motivo para elogiar al gobierno de Barack Obama? Muy bien, si los libera, creo que merece el elogio y no ser yo quien, en ese caso, se lo niegue.

Alejandro Ros, mutante si los hay, era un combativo periodista de Juventud Rebelde, el rgano oficial de la Unin de Jvenes Comunistas cubana. Eso ocurra all por los aos ochenta, cuando a la vez era mi alumno en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana. l, que ha saltado del diario comunista habanero, a escribir en El Nuevo Herald miamense, no comprendo cmo puede hablar de mi metamorfosis, cuando yo vivo en el mismo pas en el que nac, trabajo en el mismo sitio desde hace 40 aos, y pienso muy parecido desde hace 50.

Quisiera decirle que el mismo joven que escribi El libro rojo en esa que l llama mi temprana juventud es el que dice que Duanel Daz miente cuando dice que la casa de Jorge Maach fue asaltada y su biblioteca convertida en pulpa; o que el gobierno cubano le impidi a Agustn Acosta reunirse con la hija que viva en Miami.

El mismo profesor que le enseaba literatura a Alejandro hace 30 aos, es quien le recuerda a Emilio Ichikawa que el despotismo ilustrado es nicamente una de las posibilidades que vieron los iluministas para cambiar la vida poltica europea. Que a la Ilustracin no slo pertenece el Voltaire amigo de Federico II de Prusia, sino adems, el Montesquieu de El espritu de las leyes y el Jean Jacques Rousseau de El contrato social. Si ahora me entusiasman ciertos no todos proyectos culturales cubanos, d por sentado AR que los que cambiaron fueron los proyectos, no yo.

Lo que pienso es que muchos idelogos del mundo miamense, deban optar por encontrar puntos de entendimiento con la realidad cubana, aunque no dejaran de ser adversarios de la Revolucin. Ese lanzarse a la permanente satanizacin de Cuba viene hacindose hace muchos aos y no ha llevado a nada bueno, ni sano, ni til, ni inteligente.

Conduce, por ejemplo, a que Alejandro Ros ahora no tenga idea de qu hacer y est casi al borde, como una suerte de Farias al revs, de declararse en huelga de hambre, hasta que la polica cubana vuelva a encarcelar a los presos que han sido liberados.


1 Retazos, by Alejandro Ros, El Nuevo Herald, Miami, 16 de agosto de 2010.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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