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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2010

La maldicin de una retirada anunciada

Carlos Enrique Bayo
Pblico


Cuando Obama anunci su nueva estrategia en Afganistn, se supona que el envo de otros 30.000 soldados formaba parte de un plan para proteger a la poblacin civil, ganar su confianza y promover un Gobierno fuerte, competente y honesto.

Ocho meses despus, el nmero de vctimas civiles ha aumentado un 31%, los afganos desconfan ms que nunca de las tropas extranjeras y de los gobernantes locales que les enva Kabul, el Ejecutivo se reconoce incapaz de controlar la situacin antes de 2014 y Karzai ha amenazado a

Washington con recortar los poderes de los cuerpos policiales que investigan (con asesores estadounidenses) la corrupcin del rgimen, tras la detencin de uno de sus hombres. El presidente intervino personalmente para excarcelar a su colaborador, Zia Saleh, y sus portavoces proclamaron que los verdaderos culpables de crear una mafia econmica son los contratistas extranjeros importados por las fuerzas de ocupacin.

El nico objetivo que sigue en pie es una fecha, julio de 2011, cuando deberan empezar a retirarse las tropas de EEUU. Un calendario que la Casa Blanca confirma una y otra vez en un ao electoral, pero que cada vez es puesto ms en duda por los mandos del Pentgono. Adems, el propio anuncio del plazo de retirada se ha convertido en una maldicin. Tanto los jefes militares de EEUU como los responsables gubernamentales afganos advierten de que slo ha conseguido envalentonar a los talibanes y convencer a los habitantes de que se acerca la hora en la que todos los occidentales desaparecern y ellos volvern a quedar a merced de la opresin talibn, los seores de la guerra y lo que quede del Gobierno central.

Ronald Neumann, embajador norteamericano en Kabul de 2005 a 2007, explica que el anuncio de retirada no ha hecho ms que reforzar el convencimiento de Karzai de que tiene que cerrar rpidamente alianzas con los seores de la guerra, por feroces que sean, para asegurarse el poder despus de que la OTAN abandone su pas. Segn Neumann, Karzai considera que parte de la corrupcin es vital para su supervivencia, por lo que se opondr a los intentos de erradicarla y proteger a los caciques locales, empezando por su hermanastro, Ahmed Wali.

En realidad, Washington ya ha renunciado a la tctica contrainsurgente garantizar la seguridad de las ciudades y zonas rurales clave para ganarse a la poblacin y aislar a los rebeldes y ha pasado a la antiterrorista: lanzar ataques militares selectivos para asesinar a los cabecillas de Al Qaeda y de los talibanes. El vicepresidente Biden ha impulsado esa estrategia, en contra del criterio del general Petraeus, y ha declarado a la cadena NBC: Estamos en Afganistn para combatir a Al Qaeda, no para construir un pas y convertirlo en una democracia.

As que los talibanes atacan ahora a los que adiestran a los militares afganos para impedir que Karzai blinde su rgimen antes de la retirada.

 

Fuente: http://blogs.publico.es/eltableroglobal/la-maldicion-de-una-retirada-anunciada/



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