Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2010

En el 25 aniversario del fallecimiento de Manuel Sacristn
Un marxista revolucionario y realista que adoraba la msica de Mozart

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Leyendo el Kunst und Koexistenz. Beitrag zu einer marxistischen sthetike [Arte y coexistencia. Contribucin a una esttica marxista], el traductor castellano de la obra de Ernst Fischer anotaba: [] La clave est en el ideolgico soarse a s misma del final: se supone un arquetipo utpico, la archiutopa de La HUMANIDAD, y como uno es slo prehumano -y an pequeo-burgus- no tiene a mano para descubrir la utopa ms que los casos a los que el tpico cultural siente como sublimes y sobrehumanos, dicho sea con perdn de Mozart, el msico que me es ms querido [1]. El culturalismo pequeo-burgus no se da cuenta de la autocontradiccin en que incurre: Mozart es tan pre-hombre como Robespierre. Por tanto, la prehumanidad es ya LA HUMANIDAD.

Esa contradiccin, prosegua el traductor y comentarista del filsofo austraco, se deba al uso de ideas platnicas hegelianamente pseudohistorizadas y al abusivo uso de sentido. Sentido era un atributo que otorgaba la insercin en una estructura teleolgica, principalmente la de la accin humana. Por ello tena tanto sentido la accin de polticos y artistas. No lo tenan, en cambio, entidades aisladas como la humanidad o la vida. Ante la extincin de la humanidad, o incluso de las condiciones de la vida propia de este planeta, qu sentido arquetpico tiene Die Zauberflte (y es la pieza de msica que ms me importa en el mundo)?, se preguntaba el traductor de Ernst Fischer.

La negativa a aceptar que los seres humanos son lo que y como son, conclua el germanista espaol sobrino de exiliados republicanos, y que con ello ya haba bastante para enfrentarse a tiranas y aberraciones era la base de todas las memeces y todas los desvaros de los idelogos progresistas.

Aos ms tarde, entrevistado por la revista Argumentos durante su estancia en Mxico en el curso acadmico 1982-1983, se expresaba con no menor contundencia sobre este vrtice: [] Probablemente una de las cosas que haya que conservar de Lenin sea el realismo: la revolucin la hacen los seres humanos que hay, como son. El que quiera armona celestial, que se vaya al cielo (Eso se puede decir tambin acadmicamente. Fjese: "Como ya enseara el clebre filsofo prusiano Immanuel Kant, la poltica no tiene por objeto hacer a los hombres santos, sino conseguir que su vida en sociedad sea justa".)

El realismo poltico que toca realidad y que, a un tiempo, no pierde pie ni permite la renuncia ni la ubicacin del olvido en horizontes y finalidades de transformacin social de orientacin socialista, aspirando a una mayor justicia en la vida de las sociedades humanas, fue una constante en el pensar y hacer del traductor de Arte y coexistencia. Desde siempre, sin por ello desconocer los propios errores, las dudas inevitables ante encrucijadas de enorme complejidad ni las vanas ensoaciones que, en ocasiones nada infrecuentes, haban acechado a las diversas tradiciones emancipatorias.

Hoy se cumple un cuarto de siglo del fallecimiento de un marxista revolucionario que no claudic, que sin ensayar ceguera alguna, nunca renunci a las finalidades socialistas y que, precisamente por ello, apreci destacadamente el realismo poltico no entregado. El 27 de agosto de 1985, de regreso a casa, momentos despus de haber finalizado una sesin de dilisis en un dispensario pblico prximo a su domicilio de la Diagonal barcelonesa, un infarto seg la vida de Manuel Sacristn. Dos das ms tarde, el 29 de agosto, fue enterrado en Guils (Girona), al lado de Giulia Adinolfi.

Tres das antes de su muerte, 24 de agosto de 1985, el autor de Sobre Marx y marxismo haba escrito la que fue su ltima carta. La dirigi a Flix Novales, preso poltico entonces en la crcel de Soria. Novales le haba solicitado ayuda bibliogrfica y orientacin intelectual. Sacristn incida de nuevo en la temtica del realismo:

El colaborador de Qvadrante y Laye no disfrut revolcndose en el lodo ni, desde luego, acept la realidad moralmente [2]. Hasta el final de sus das. Haba dejado el PSUC-PCE a finales de los setenta -o acaso el Partido le dejara a l- por divergencias polticas tras ms de dos dcadas de compromiso activo y arriesgado. Las tesis defendidas por el heroico Partido de la resistencia durante los ltimos aos del tardofranquismo y durante la transicin estaban muy alejadas de sus posiciones. Pero su papel poltico-intelectual, organizativo y activo en el movimiento obrero, en la fundacin de la federacin de enseanza de CC.OO., en los movimientos ecologistas, antinucleares [3], antimilitaristas y antiotnicos, en la formacin de aquellas inolvidables revistas rojas de tanta influencia poltico-cultural como fueron Materiales y mientras tanto [4], fue esencial. Como sealara Miguel Candel, pocos como l han pensado y obrado tanto para otros. A pesar de las tragedias familiares que vivi (su compaera Giulia Adinolfi falleci el 21 de febrero de 1980), a pesar de sus profundos desencuentros polticos y personales con amigos y compaeros de combate y clandestinidad, a pesar de una situacin acadmica que slo alcanz seguridad al final de su vida [5], Sacristn pareci rejuvenecer en sus ltimos aos con fuerzas inusitadas. Algunos de sus amigos y amigas de entonces han comentado que pareca que se hubiera reencontrado con su pandilla de amigos de juventud [6].

Su compromiso comunista, su larga y permanente actividad poltica, coherente con una acepcin marxismo que nunca vivi esa tradicin de poltica revolucionaria como asunto meramente acadmico [7], su consciencia de las vacilaciones y renuncias de muchos intelectuales comunistas ya en aquellos aos, no le ceg ni le hizo cultivar ninguna dogmtica o alguna variante del marxismo escolstico. El traductor de El Capital practic un marxismo sin ismos, al estilo de Rubel. Su arriesgada e inusual militancia en el principal partido de la resistencia antifranquista, su inters filosfico por un marxismo abierto y sin Verdades maysculas a las que rendir pleitesa acrtica, nunca se enmarcaron en la aceptacin ciega de las pginas de una cosmovisin talmdica y escolsticamente cultivada. En su concepcin, el marxismo era un intento de formular conscientemente, con el mayor rigor y con la mayor limpieza analtica alcanzable, los supuestos y consecuencias del empeo por crear una sociedad y cultura comunistas. Dado que podan cambiar, y cambiaban de hecho, los datos de ese esfuerzo, sus implicaciones fcticas, el traductor de Quine, Platn y Lukcs crea que tenan que cambiar tambin sus supuestos e implicaciones tericas, su horizonte intelectual. El socialismo era, para l, una profunda innovacin cultural en la relacin entre los seres humanos y entre estos y la Naturaleza.

Esa fue una de sus ltimas e importantes tareas: contribuir a una reorientacin de la tradicin y de sus categoras centrales, en momentos en que una gran parte del movimiento obrero internacional segua mantenindose en pie de paz, combate y alternativa, acorde con las urgencias ecolgicas, la crisis del sistema patriarcal, la fuerte irrupcin del militarismo y el armamento nuclear, el resquebrajamiento cada vez ms patente del entonces denominado socialismo real y las nuevas y desbrindadas arremetidas de un capitalismo belicista dispuesto a la victoria final y al estruendo de sus ruidosos tambores y trompetas.

En el paso final de un artculo escrito con ocasin del primer centenario del revolucionario de Trveris, Qu Marx se leer en el siglo XXI? [8], el director de mientras tanto apuntaba que por detrs de tanta lectura e interpretacin de la obra marxiana se ubicaba una cuestin poltica central: si la naturaleza del socialismo era hacer lo mismo que el capitalismo, aunque mejor, o bien, por el contrario, consista en vivir otra cosa. Para l, para el traductor de ms de 29.000 pginas del griego, italiano, alemn, francs, ingls y cataln, cuya labor socrtica, como sealara Joaquim Sempere, tan decisiva fue en la formacin poltico-intelectual de varias generaciones universitarias y ciudadanas, la resolucin de la disyuncin no ofreca ninguna duda: haba que vivir otra cosa y haba que combatir por conseguirla, buscando nuevas sendas y hacindolo junto con los otros, como l mismo apuntara en la carta de presentacin de Zetein aquella inolvidable coleccin de la editorial Ariel que tambin l dirigi.

Veinticinco aos despus de su fallecimiento, su forma de entender la tradicin marxista y muchas de sus aportaciones siguen vivas, demandando lecturas documentadas, consistentes y renovadoras, que tomen pie en ellas para transitar nuevos caminos de reflexin y accin. Su legado, en absoluto agotado o reducible al de un digno, honorable y admirado anticuario, puede resumirse en tres categoras centrales: amor, estudio y lucha. Crtico literario, teatral y musical, traductor, profesor, amante del saber cientfico, conferenciante, editor, agitador cultural, lgico, epistemlogo, poltico y socilogo de la ciencia, filsofo, marxlogo, estas son algunas de las caras del poliedro Sacristn, un poliedro que tuvo su ncleo esencial en el cultivo y abono de un marxismo comprometido en la tarea que era urgente proponerse para que tras esta noche oscura de la crisis de una civilizacin despuntara una humanidad ms justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebao de atontados ruidosos en un estercolero qumico, farmacutico y radiactivo.

Le gustaba conocer las cosas, iba en serio [9]. No hay teora, escribi en una ocasin, si es buena teora, que no se prolongue en techn. Pero eso, prosegua el lector y admirador de Neurath y Harich, es una cosa y otra es que hay que manipular menos y acariciar ms la naturaleza. Y lo esencial, y acaso paradjico, era que la tcnica de acariciar deba basarse en la misma teora que posibilita la tcnica del violar y destruir. No podemos ponernos a contemplar, coment en otra ocasin, por debajo de la fuerza de nuestros ojos.

Manipular menos, acariciar ms, sin pretender contemplar por debajo de la fuerza de nuestra mirada. Hic Rhodus, hic salta!

Notas.

[1] En una conversacin con Jordi Guiu y Antoni Munn, fechada en 1979, Sacristn confesaba su amor por la cultura germana y por Mozart, broma y crtica poltica incluidas, en los siguientes trminos: [] Una de las motivaciones era sta: entender cosa alemana, cosa que les pasa a los alemanes. Entender cosa que les pasa a los alemanes es entender cosa que me pasa a m, porque tengo un buen elemento de cultura alemana asimilada. No s si aqu ganara [Enrique] Lster y hubiera que perder la nacionalidad por disidente, supongo yo que la nacionalidad primera que se me ocurrira pedir sera la austraca. Muy probablemente lo primero que se me ocurrira sera ser austraco para poder tener que ver con Mozart.

[2] Para una lectura moralmente infame, lgicamente falaz y polticamente reaccionaria de esta carta de Manuel Sacristn, alejada aos-luz de cualquier empeo de comprensin razonable de lo comentado, vase Francesc-Marc lvaro, Los asesinos de Franco, La esfera de los Libros (varias ediciones). No es imposible que un antiguo compaero de Partido de Sacristn, Josep Termes, reafirmara o abonara la bondad y correccin de esa lectura falsaria.

[3] Especialmente en el CANC, el Comit Antinuclear de Catalunya, junto a Vctor Ros, Paco Fernndez Buey, Miguel Candel y Antoni Domnech entre otros.

[4] Adems de tres nmeros extraordinarios, se publicaron 12 nmeros de Materiales. Mientras tanto, que tiene actualmente un boletn electrnico mensual, sigue publicndose.

[5] De sus casi veinte aos de profesor universitario recurdese que durante unos diez aos estuvo expulsado de la Universidad de Barcelona-, slo durante tres o cuatro de estos aos fue Sacristn profesor de la Facultad de Filosofa. Durante el tiempo restante fue profesor no numerario de la Facultad de Econmicas. Sacristn fue nombrado catedrtico extraordinario en 1984, con efectos legales, creo recordar, desde 1983.

[6] Vanse las declaraciones de Dolors Folch para los documentales de Xavier Juncosa, Integral Sacristn, Barcelona, Editorial El Viejo Topo, 2006.

[7] As finalizada Sacristn su artculo sobre Jesuitas y dialctica, un escrito de 1960, uno de sus primeros trabajos marxistas: [] Marxismo y dialctica real -incluyendo para el filsofo ese ltimo y decisivo punto de su reinsercin revolucionaria (es decir: dialctico-cualitativa) en el mundo- son inseparables. Lo que quiere decir -permtasenos dar pie a posible polmica al final de esta nota- que un filsofo marxista slo puede ser un militante comunista, porque no hay marxismo de mera erudicin [la cursiva es ma].

[8] Manuel Sacristn, Pacifismo, ecologismo y poltica alternativa, Barcelona, Icaria (edicin Pblico), 2009, p. 168.

[9] En la citada entrevista con Munn y Guiu para El Viejo Topo, Sacristn se aproximaba a esta nocin en los trminos siguientes: [] Por ir en serio entiendo no precisamente tener necesariamente ideas ciegas -la ceguera nunca es seria: es histrica, que es distinto- ni tampoco necesariamente ideas radicales. Con las mismas frmulas tericas de Ulrike Meinhof se puede ser perfectamente un botarate. No es nada serio, no se trata de eso. Se trata de la concrecin de su vida, del fenmeno singular. No se trata de las tesis, que pueden ser, por un lado, disparatadas y, por otro, objeto de profesin perfectamente inautntica, a lo intelectual. A lo que aada lneas ms arriba: Intentaba entender la locura satisfecha del grupo Baader-Meinhof como negativo de la locura satisfecha de los partidos comunistas occidentales. Era otra clase de locura, pero era slo el negativo de la misma locura, de la misma falta de sentido comn.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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