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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2010

La soberana comunitaria

Carlos Rivera Lugo
Claridad/Rebelin


Definitivamente, tomar el poder del Estado es ms fcil que refundarlo. De ello da testimonio inequvoco el destino de las revoluciones rusa y china, dos de los ms grandes acontecimientos histricos del pasado siglo veinte.

Desde su estadocentrismo, con su llamada democracia popular timoneada por elites burocrticas, ambas ignoraron que la revolucin es permanente o no es revolucin, es decir, que de lo que se trata en ltima instancia es de la refundacin del tiempo histrico. Y la refundacin no anida, en ltima instancia, en el clculo econmico del capital, sino que en la constitucin de un nuevo orden civilizatorio arraigado en lo comn y, como tal, portador de unos nuevos fines ticos como palanca del desarrollo y el bienestar, como bien advirti el Che Guevara.

La constitucin de una nueva hegemona slo es posible a partir de la construccin de una nueva sociedad. He ah el eje de cualquier proceso revolucionario, la transformacin de las relaciones de orden vital, y no la mera apropiacin del aparato estatal.

La historia contempornea nos ha demostrado fehacientemente que el Estado actual, de talante principalmente liberal-capitalista, es una telaraa de relaciones sociales y de poder en funcin del apuntalamiento permanente de los intereses del mercado. Como tal se estructura como un dispositivo de mando desde arriba, burocrtico y profundamente desconfiado de la autodeterminacin concreta de los pueblos. De ah que no se trata, en ltima instancia, de tomar el poder del Estado, recomponerlo con caras y polticas diferentes, sino de refundarlo, desde abajo, encarnndolo en toda la sociedad: el soberano popular.

La reflexin anterior viene a propsito de las genuinas inquietudes suscitadas por diversas contradicciones que han irrumpido en el seno de los procesos de cambio revolucionario que se viven en Bolivia y Ecuador. Se trata, por ejemplo, de los conflictos recientes en el Potos boliviano y la Amazonia ecuatoriana, lo que reflejan serias diferencias en torno a lo que algunos sealan como la pervivencia en sus respectivos gobiernos de cierto ilusionismo desarrollista y extractivista, propio del modelo colonial de acumulacin impuesto por el capitalismo.

Al enfrentarse tambin a lo que entienden es la continuidad de un modelo estadocntrico de gobernabilidad, las comunidades indgenas exigen ser consultadas, ser parte indispensable de la decisin en torno a las extraccin de recursos naturales que yacen en el subsuelo de sus territorios, como lo requiere, por ejemplo, las nuevas constituciones en sus respectivos pases.

Segn explica Immanuel Wallerstein en un reciente artculo suyo titulado Contradicciones en la izquierda latinoamericana (www.rebelin.org, 21 de agosto de 2010): Los movimientos indigenistas han tratado de conseguir un mayor control sobre sus propios recursos y una mejora de las relaciones no slo con los actores no nacionales, sino tambin con sus propios gobiernos nacionales. En general, afirman que su objetivo no es el crecimiento econmico, sino llegar a un acuerdo con la Pachamama, o madre tierra. Aseguran que no buscan una mayor utilizacin de los recursos, sino un uso mucho ms sensato que respete el equilibrio ecolgico: persiguen el denominado buen vivir .

Asimismo, el reconocido periodista uruguayo Ral Zibechi advierte en otro artculo reciente, sugestivamente titulado El Estado contra los pueblos indios, que estn surgiendo las primeras grietas en dichos procesos de cambio a partir de una potente disputa de poder, ya que los pueblos originarios no tienen por qu aceptar el marco del Estado-nacin como pivote de la aspirada refundacin. En el fondo, puntualiza, se trata de una cuestin de soberana.

En una conferencia magistral ofrecida en abril pasado, en Mayagez, en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, el filsofo poltico boliviano, Luis Tapia Mealla advirti que se estaba viviendo en su pas un proceso de desbordamiento de la poltica en relacin al Estado. La rebelin plurinacional y popular que culmin en el ascenso a la presidencia de Evo Morales no es esencialmente estatalista, sino que propende ms bien hacia formas ms comunitarias de mando poltico. Incluso, seal que existen culturas y naciones dentro de Bolivia que no tienen una nocin del Estado como parte de su modo de pensar o de vivir. El rasgo central de su modo particular de gobernanza es la asamblea comunitaria. Concluy Tapia que, adems, el Artculo 2 de la actual Constitucin del Estado Plurinacional, Multicultural y Comunitario prcticamente anula al Estado, pues reconoce la libre determinacin de las naciones, pueblos y comunidades.

Por otra parte, en una muy pertinente obra recin publicada titulada Refundacin del Estado en Amrica Latina: Perspectivas desde una epistemologa del Sur (IIDS, Lima, 2010), nos explica el reputado socilogo jurdico portugus Boaventura de Sousa Santos, que en el caso del presidente Rafael Correa en Ecuador, hay una sola manera de pertenecer a la nacin: ser ciudadano; por eso hay un solo concepto de nacin: el concepto liberal, republicano. Para los indgenas hay dos conceptos de nacin, el liberal y el etnocultural; por ello mismo hay maneras distintas de pertenecer a la nacin, como ciudadanos y como pueblos.

El reconocido pensador altermundista, quien tambin es uno de los fundadores del Foro Social Mundial, entiende que entre los dos conceptos hay tensiones pero no hay incompatibilidad. Son parte ineludible del actual dilogo intercultural.

As ocurre con la diferencia en torno al mbito de las decisiones polticas. En el caso de los indgenas, asegura: La decisin comunitaria es lo que cuenta y demanda tiempo para poder ser construida.

El mandatario ecuatoriano, por su parte, no acepta que su gobierno tenga que pedirle permiso a tal o cual gremio para gobernar. Tanto Correa como Morales han pretendido demonizar dichas movilizaciones indgenas y descalificar sus reclamos, lo que les ha valido sendas crticas an al interior de sus propios movimientos gobernantes.

Abunda Santos que hay que entender que: Para los indgenas el buen vivir es la produccin de la vida, sobre todo de la vida colectiva y, adems, la produccin de la vida en el sentido ms amplio que incluye tambin a la madre tierra y sus ciclos vitales. El orden econmico es tambin social, poltico y cultural, y tiene como unidad bsica no el individuo, sino la familia y la comunidad.

El sentido poltico de la refundacin del Estado nos dice Santos deriva del proyecto de pas consagrado en la Constitucin. Cuando, por ejemplo, las Constituciones de Ecuador y Bolivia consagran el principio del buen vivir (Sumak Kawsay o Suma Qamaa) como paradigma normativo de la ordenacin social o econmica, o cuando la Constitucin de Ecuador consagra los derechos de la naturaleza entendida segn la cosmovisin andina de la Pachamama, definen que el proyecto de pas debe orientarse por caminos muy distintos de los que conducirn a las economas capitalistas, dependientes, extractivistas y agroexportadores del presente.

De ah que existan a su entender tres imperativos que deben encarar los gobiernos de Bolivia y Ecuador ante la contradiccin trabada entre ese paradigma normativo del buen vivir y los requerimientos perentorios del desarrollo para atender las necesidades materiales bsicas de sus pueblos respectivos:

(1) la desmercantilizacin de su poltica econmica hacia formas de produccin social ms comunitarias y populares, con una gobernanza comn sobre los recursos estratgicos;

(2) la democratizacin sin fin y sin lmites de todos los procesos de deliberacin, desde los gubernamentales hasta los productivos; y

(3) la descolonizacin que incluye el pleno reconocimiento de las mltiples modos de pensar, producir y vivir que existen en el espacio plurinacional.

Al respecto, Santos cita a la intelectual y activista aimara Mara Eugenia Choque Quispe, quien resume magistralmente el desafo: La necesidad de construir el pluralismo parte de la conciencia de que el conflicto es inevitable, por cuanto el problema del pluralismo es en cierto sentido el problema de unos, pero tambin de los otros. Cmo podemos tolerar al otro si la forma del pensamiento es construida y razonada bajo una sola lgica? Entonces el reto es: qu hacer frente a dos sistemas incompatibles? Por ello la necesidad de puntualizar el debate en la dimensin poltica dentro de lo que significa la representacin y la interculturalidad.

Bien hace el actual vice ministro de Planificacin Estratgica de Bolivia, Ral Prada Alcoreza, en proponer en un reciente artculo titulado La alternativa al desarrollo (www.bolpress.com, 22 de julio de 2010) que en contraposicin a las formas pasadas del Estado, est planteada hoy una transicin donde se busca que la maquina estatal sirva como un instrumento de transformacin de las multitudes, un instrumento deconstructor de su propio aparataje, de la propia maquinaria liberal y colonial.

Abunda el ex constituyente boliviano: Se propone un Estado que cree las condiciones de posibilidad para el desarrollo de una sociedad libre y comunitaria, autodeterminante y autogestionaria, sustentable y en armona con la naturaleza. Se trata de un Estado en trnsito y en transicin en un proceso que lo lleva a su propia desaparicin.

Ahora bien, lo que est en juego en la actual coyuntura, como bien advierte Oscar Vega Camacho -quien al igual que Tapia Mealla y Prada Alcoreza es integrante destacado del influyente grupo boliviano Comuna- es si el Estado actual, en particular su Ejecutivo, tendr la suficiencia y capacidad por s mismo para articular esta democracia de lo comn, o si, ms all de ste, lo que estamos asistiendo en las calles y las movilizaciones es un momento crtico de la transicin hacia el Estado Plurinacional que ser tambin potenciado decisivamente por la fuerza social de la accin colectiva.

Refundar el poder significa transformar radicalmente la poltica. Es la prctica consecuente del principio mandar obedeciendo, as como del vivir bien entre nosotros como marco de las posibilidades de convivencia social sin las acostumbradas asimetras de poder propias del capitalismo y el colonialismo. Se trata, en fin, del trnsito histrico de la razn de Estado a la razn de la comunidad, de la soberana estatal a la soberana comunitaria.

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rJV



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