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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2010

El derecho al arraigo

Susana Merino
Prensa Ecumnica


Un mdico hondureo de familia aborigen contaba en un relato que su abuela sola decir que el hombre es del lugar adonde entierran su cordn umbilical y que el suyo haba sido enterrado junto a un rbol tpico de la regin, lo que de alguna manera claramente significa el arraigo del ser humano a su lugar de origen.

La mayor parte de las migraciones son desde siempre producto de la miseria, agravada en nuestros das por el acoso del hambre, de la falta de fuentes de trabajo y de mnimas perspectivas de supervivencia que impulsan a individuos, familias y hasta comunidades enteras a buscar la subsistencia lejos de la propia tierra. Pero nadie se esfuerza por encontrar respuestas humanamente aceptables a una situacin cuyas causas, de ser coherentes con sus principios, nuestra civilizacin judeo-cristiana debera condenar severamente y tratar de revertir.

Por el contrario antes de buscar los medios para solucionar los problemas en su origen, antes que en remediar las causas de las que son principalmente responsables, los polticos y los gobiernos se centran en atacar las consecuencias que les son incmodas y para ello s que no escatiman esfuerzos.

Tal el caso la creacin en 2004 en Europa de una sofisticada fuerza policial denominada Frontex, cuyo objetivo es vigilar con sus 115 barcos,27 helicpteros, 21 aviones, 400 radares y sus instrumentos de visin nocturna, vigilancia y comunicaciones toda tentativa de inmigracin ilegal como si los seres humanos pudieran ser considerados como productos de contrabando, en lugar de dirigir esos esfuerzos econmicos a resolver sus bien conocidas causas y no sus indeseados efectos.

Esa polticas junto a la Directiva retorno no hace mucho aprobada por el Parlamento europeo condena a la expulsin a los inmigrantes que sorteando los ms duros escollos logran ingresar al continente europeo y que ms que castigos mereceran lauros como los deportistas que con menores riesgos para sus vidas triunfan en las carreras de obstculos.

Con un cinismo maysculo los pases del hemisferio norte eluden la responsabilidad que les cabe en la expoliacin de las riquezas de los pases que se convierten as en expulsores de poblacin, en las polticas de ajustes estructurales, en los tratados de libre comercio cuyas condiciones es harto sabido son por lo general simplemente expropiatorias.

La experiencia europea de los aos 60 y 70 puede ser un ejemplo, sin embargo, de cmo la voluntad poltica puede revertir esa afluencia inmigratoria. La oleada hacia la Europa industrializada fue en el caso de Espaa de dos millones y medio de espaoles que se vieron forzados a cruzar los Pirineos en busca de un bienestar que no podan encontrar en su tierra. Sin embargo este proceso pudo ser revertido cuando la CE resolvi crear un Fondo de ayuda que permitiera equilibrar las diferencias econmicas entre los pases miembros. Esta decisin permiti que los espaoles pudieran regresar con gran beneplcito a su solar nativo.

Nunca o casi nunca el tema de las migraciones se ha analizado desde el punto de vista del ser humano persona o de los grupos humanos impulsados a migrar, cuyo alejamiento forzoso de la tierra natal, de los afectos cotidianos, de su cultura tradicional, agrega un componente dramticamente doloroso e injusto.

En nuestro pas y en Amrica Latina las tendencias migratorias tienen fundamentalmente su origen en la falta de polticas, espontneas o inducidas, que estimulen la permanencia de los habitantes en sus regiones de origen, ya sea mediante apoyos estatales a la produccin agrcola, a su diversificacin o a la generacin de fuentes de empleo locales orientados a la industrializacin de dicha produccin y a su consiguiente insercin comercial en los circuitos de distribucin internos e internacionales.

Por el contrario los actuales procesos agroindustriales tendentes a la concentracin de la tierra y de la produccin en pocas manos ha acrecentado la tendencia migratoria hacia los centros urbanos y es la principal causa de formacin de los cordones periurbanos de indigencia extrema en los que la mayora de sus habitantes pasan a integrar la economa sumergida olvidando su dignidad y sus derechos.

Los migrantes han sido siempre, y siguen siendo, productos de duras e injustas condiciones de vida pero en las que tambin ocupaban un lugar, el medio natural que les vio nacer y al que estuvieron ligadas sus primeras vivencias, los lazos de amistad anudados durante la juventud, los afectos familiares, el ambiente en que se fue modelando su vida moral, intelectual, espiritual, sus races en definitiva, que nada ni nadie puede reemplazar.

Migrar no solo es renunciar a esas vitales bases espirituales sino imponer a los que se quedan castigo similar privando a los hijos del fecundo aliento de los mayores y a los mayores del renovado impulso de los ms pequeos. Emigrar debe ser fundamentalmente una eleccin individual, personal, meditada y nunca una huida desesperada hacia un futuro incierto, aleatorio y en la mayor parte de los casos seguramente no deseado.

En la mayor parte de los foros y reuniones internacionales en los que se debate el problema de las migraciones se suelen tratar los problemas que se le presentan al inmigrante en el pas de acogida.

Su masiva presencia genera en las poblaciones locales intolerancia, recelo, desprecio, desconfianza y hostilidad, ya sea de carcter cultural o laboral, que suelen convertir al inmigrante en una especie de chivo expiatorio de todas las calamidades que pudieran manifestarse en el seno de la comunidad. En casi ninguno, o creo que ninguno, se destaca lo inadmisible de tener que aceptar pasiva y compulsivamente entre dos nicas opciones, emigrar o perecer, o lo que es an peor perecer emigrando como sucede en los cayucos que frecuentemente naufragan en las peninsulares costas del Mediterrneo o en las proximidades de las islas Canarias.

Crecen el racismo y la xenofobia. Las mayoras se sienten amenazadas pero las minoras reclaman vivir en esa sociedad en la que tambin se sienten amenazadas y para lograrlo suelen tejer redes de reciprocidad que reemplazan a cualquier, existente o potencial, poltica de acogida. No otra cosa son los centros de residentes, que por pas de origen, regin y hasta ciudad o pueblo, proliferan en muchas aglomeraciones urbanas.

En la Federacin Argentina de colectividades (FAC) existen 62 colectividades registradas, de las cuales un 20% tienen publicaciones propias. Algunas como las bolivianas representan a los ms de 2 millones de inmigrantes de esa procedencia.

Los paraguayos tienen una publicacin mensual que segn su director apunta a todo lo que interesa, afecta y conmueve a la comunidad paraguaya residente en la Argentina

Los croatas y los eslovenos, los coreanos, los rabes, los lituanos tambin las tienen, sin omitir las ms antiguas como el Buenos Aires Herald y el Argentinisches Tageblatt", nacidos en 1876 y 1889 respectivamente

Esta fuerza centrfuga, impulsada por la ilusoria atraccin de mejores niveles de vida, ha venido concentrando en las ltimas dcadas, ingentes masas de poblacin en la periferia de los centros urbanos latinoamericanos. Hombres y mujeres procedentes de los ms recnditos lugares de cada pas y de los pases vecinos se han desplazado en esperanzada peregrinacin hacia las ciudades en las que las promisorias perspectivas terminan en dolorosas e irreversibles frustraciones.

Quienes sufren el amargo sndrome del desarraigo han perdido as uno de los derechos humanos fundamentales: el derecho a nacer, crecer, vivir, multiplicarse y envejecer en el propio terruo, valorando el legado de sus antepasados, prestndole continuidad

La migracin debe ser una eleccin libre esa es la NICA OPCION aceptable. De otro modo estaremos convalidando la continuidad de un sistema cuyo nico objetivo es la acumulacin de ganancias. El capitalismo no slo genera desequilibrios econmicos concentrando la riqueza en pocas manos sino que destruye las bases mismas de la supervivencia y de la convivencia humana.

Ni las mejores leyes, derechos y garantas pueden suplantar ni compensar la aniquilacin de uno de los derechos humanos fundamentales, que si bien ha sido omitido en la Declaracin de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, constituye la base misma de la estructura familiar y social.

Fuente: http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=9065

rCR



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