Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2010

Una reflexin crtica sobre La doctrina del shock de Naomi Klein
El capitalismo como catstrofe

Mark Engler
Revista Dissent/Sin Permiso

Traduccin de Harrison Magee y Mara Tiburzi


Una contradiccin rara aflige a los movimientos sociales no jerrquicos. Los activistas ms reacios a crear mecanismos formales para nombrar a sus propios lderes as conceden este mismo poder a los medios de comunicacin. Esto por cierto ha sido el caso dentro del movimiento antiglobalizacin, en el cual ha preponderado un ethos anarquista. Confrontados por una red profunda de grupos de presin, de consejos y organizaciones locales, los medios de prensa se han desesperado por tener personajes pblicos reconocibles que se puedan presentar como testaferros. Han llevado, entonces, unos cuantos escritores e intelectuales a la atencin pblica. Entre ellos, una de las ms notables es Naomi Klein- la periodista canadiense de 40 aos.

En primer momento, Klein result un ejemplo excepcional de buena sincronizacin. Justo cuando su primer libro, No logo: el poder de las marcas, iba a la imprenta, manifestaciones histricas estallaron en Seattle contra las reuniones ministeriales de la OMC en noviembre del 1999. El movimiento antiempresarial descrito en su libro pas de considerarse una coleccin de campaas internacionales clandestinas y poco organizadas a un fenmeno global genuino. El libro vendi ms de un milln de copias en todo el mundo.

Aunque pareciera una confluencia fortuita, Klein no lleg a ser xito por pura casualidad- ella haba interpretado bien el ambiente poltico. Segn Klein, cuando era alumna universitaria en Canad a principios de los 1990, la poltica estudiantil se centraba en asuntos de la discriminacin y de la identidad. Pero cuando volvi a hacer investigaciones en unas universidades cinco aos despus, percibi un cambio. Los anlisis de los alumnos se ampliaban hasta considerar el poder de las corporaciones, los derechos laborales, y un anlisis bastante desarrollado del funcionamiento de la economa global. Cuando otros libros empezaban a argumentar, en las palabras de Klein, que las corporaciones haban crecido tanto que ya suplantaban los gobiernos, ella se puso a retratar los esfuerzos de resistencia contra ellas. Como resultado, se produjo uno de los informes existentes ms astutamente observados de las motivaciones, de los puntos de vista, y de las exigencias del naciente movimiento de justicia global.

Siendo una obra de la crtica cultural genialmente astuta, los periodistas frecuentemente se refieren a No logo como a la Biblia del movimiento. Esta es una analoga floja: nunca he visto a un activista de la antiglobalizacin levantarlo como si fuera una escritura sagrada, y de hecho el libro se presenta mucho ms como una gua que como un manifiesto. Antisectario hasta la mdula, logra captar tanto a los creyentes como a los escpticos, usando ejemplos jugosos de la vida en esta nueva edad de la corporacin. Klein relata las palabras de un vendedor de vaqueros Diesel, que mantuvo que el producto no fue una prenda de vestir en s, tanto como fue la manera de vivirla manera de vestirsela manera de hacer algo. La meta de las multinacionales en esta poca, expone Klein, se centraba en la dirigencia de sus marcas en vez de la produccin de los bienes mismos, los cuales probablemente se fabricaron en talleres de explotacin laboral en el sudeste de Asia. Ms y ms, los publicistas de entonces entraban sigilosamente en las escuelas y en los espacios pblicos. Y para impedir disensin autntica, las empresas seducan a los hipsters con anuncios irnicos, y ofrecan resistencia enlatada en forma de la cola Revolucin. En aquel momento, todo eso fue proftico: el libro llev adelante las luchas de los movimientos globales por el medio ambiente y para los sueldos dignos, legitimndoles como respuestas eminentemente razonables.

Por parte de Klein, mucha de su popularidad se deba a la ausencia de pretensas esnob en su poltica. En No logo, la autora hace referencia a ancdotas como su trabajo de adolescente, cuando doblaba jersis en una tienda de Esprit en Canad; y de sus excursiones familiares al campo, en cuyas memorias ms queridas viraba el cuello para mantener en vista los seales de plstico enormes de McDonalds y Burger King que encontraba en el camino. Cuenta que su hermano mayor, al cumplir los 6 aos ya tena memorizadas todas las canciones publicitarias de los anuncios televisivos, y pegaba saltos por la casa en una camiseta del Increble Hulk, declarndose Cuckoo for Cocoa Puffs. Todo esto les consternaba mucho a sus padres- una pareja hippy estadounidense que se mud a Canad para evitar el llamamiento durante la Guerra en Vietnam.

Tales experiencias contribuyeron a formar las finas sensibilidades polticas de Klein. Por pertenecer a una generacin que senta profundamente el poder seductivo de las mquinas de propaganda corporativa, ella mejor poda articular el deseo creciente de liberarse de su control. Al final, llegara a ser la digna portadora del radicalismo de su familia. Entre todos aquellos que ascendieron a formar la dirigencia pblica del movimiento, pocos lograron ser voceros ms elocuentes y responsables que ella. Y a pesar de su fama creciente, Klein se ha mantenido resuelta en su demanda por una justicia econmica, apasionada por hacerse responsable de las redes de base y de los activistas ciudadanos, e intrpida en desafiar ellos que defienden el privilegio de los poderosos. Estas caractersticas resultaron invalorables durante la Administracin Bush.

* * * * *

Poco despus de la publicacin de No logo, Klein public una coleccin de sus informes desde las primeras lneas del debate sobre la globalizacin. Pero pasaron varios aos antes de que saliera su obra mayor siguiente: La doctrina del shock- el auge del capitalismo del desastre. Cuando sali en el otoo del 2007, el libro perteneca a una poca que ya era nueva.

El libro surgi del reportaje hecho por Klein en Irak, Nueva Orleans, y en Sri Lanka en el tiempo posterior al tsunami. De estas escenas, observ un modelo comn. En el caso de Irak, el dirigente de la ocupacin militar Paul Bremmer sigui la campaa ataque y pasmo con el anuncio de la creacin de una economa profundamente privatizada, la cual se bas en lo que describi El economista como una lista de deseos con la que suean los inversores extranjeros y los donantes internacionales. Corporaciones como Halliburton, Bechtel y Blackwater vinieron de repente para aprovechar, cargndose con trabajos que una vez se consideraban propios del Ejrcito Estadounidense. La industria petrolera, mientras tanto, esperaba los perspectivos lujuriosamente. En el caso de Sri Lanka, las playas blancas borradas por el tsunami de 2004 pasaron en seguida bajo el control de la industria hotelera, la cual construa grandes centros tursticos impidiendo a miles de pescadores autctonos que reconstruyeran sus pueblos. Y tras la destruccin de Nueva Orleans por el Katrina, el Heritage Foundation produjo una lista de treintidos programas polticos neoliberales duros para implementar en el nombre del auxilio post-huracn. Exigi la suspensin de las leyes del salario general y la creacin de una zona de iniciativa libre a impuesto fijo, y fue adoptado en seguida por la Administracin Bush.

Klein da nombre a esta serie de ataques organizados contra las instituciones y bienes pblicos despus de los acontecimientos catastrficos, declarndolos al mismo tiempo atractivas oportunidades de mercado. Segn ella, esto se define capitalismo del desastre.

Cuando me puse a investigar sobre los enormes beneficios de las empresas y los desastres enormes, dice Klein, pens que me hallaba frente a un cambio radical en la forma en que la liberalizacin de los mercados se desarrollaba por todo el mundo. Al examinar el caso ms de cerca, descubri que este modelo tena races histricos todava ms profundas. Al final, ella concluira que la idea de aprovechar las crisis y los desastres naturales haba sido el modus operandi clsico de los seguidores de Milton Friedman desde el principio. Durante las ltimas tres dcadas, los neoliberales han ido perfeccionando la estrategia: esperar una crisis devastadora, vender partes del estado a los actores privados mientras la ciudadana se tambaleaba del shock, y de repente hacer permanentes las reformas. Esto es, en pocas palabras, la doctrina del shock.

Como metfora para el principio, Klein relata la historia de los experimentos del Dr. Ewen Cameron, apoyados por el CIA y hechos en la Universidad McGill a finales de los 1950 y a comienzo del 1960. El doctor poco tico implement un programa extremo de la terapia del choque, la cual induca en sus pacientes la regresin y el amnesia, as borrndoles a una pgina en blanco, y volviendo a crearles una personalidad de cero. Como terapia fue un fracaso total, pero les llam a la atencin a los interrogadores de la CIA, que luego promovan el electroshock para hacer a sus prisioneros caer en un estado de regresin y de terror tal que no pueden pensar racionalmente ni proteger sus beneficios propios. Las vctimas estaban tan asustadas que ya no tenan secretos.

En la implementacin ms amplia de la ideologa neoliberal, los choques se implementan al nivel ms social que al personal. Klein argumenta que, de un pas a otro, el choque inicial de una guerra, una catstrofe natural, o una crisis econmica precede un segundo periodo del choque, en el que una serie de reformas impopulares- privatizacin, desregulacin gubernamental, y recortes de gastos sociales- pasan mientras la gente est demasiado confundida y desorientada para resistir. Al final, en un tercer periodo del shock, represin y tortura se implementan para silenciar la disensin.

* * * * *

Klein usa su marco shock para conectar una gran variedad de eventos.

Mirando cronolgicamente, empieza por mostrar cmo la introduccin del neoliberalismo en Chile bajo Pinochet en los 1970 sigui el modelo. Ah, la economa de Friedman, que antes se consideraba demasiado imprudente para implementar, fue adoptada por una dictadura poco despus de derrocar el gobierno democrtico de Allende. En Argentina, una Junta militar implement una serie de reformas econmicas parecidas a las de Chile, y en el proceso desaparecieron 30,000 personas. Al otro lado del ocano, en el Reino Unido en 1982, la guerra en las Malvinas permiti a Margaret Thatcher usar esfuerzos tremendos para aplastar la revuelta de los mineros en huelga, y provocar la primera gran marea privatizadora de una democracia occidental.

Otro tipo de crisis, la hiperinflacin en Bolivia en 1985, cre un momento tan traumtico que el economista Jeffrey Sachs pudiera vender su forma econmica de tratamiento de choque extremo. El mismo orden de acceder al mercado fue recetado en Rusia en 1993, y ejecutado por Boris Yeltsin cuando mand tanques contra el Parlamento Ruso y llev a jefes de la oposicin a la crcel. Klein mantiene que, de Polonia a Sudfrica, a China a los pases afectados por la crisis econmica asitica, la historia del mercado libre contemporneofue escrita con choques.

La doctrina shock es un libro ambicioso, logrado, e importante tambin. Sus contribuciones vienen de varios puntos claves. En primer lugar, pone en plena exhibicin el talento narrativo de Klein. Ella otra vez se distingue como uno de los pocos autores anglohablantes capaz de captar al mismo tiempo al pblico mayoritario y al radical. Si uno est de acuerdo o no con su argumento general, sus captulos son cpsulas valiosas de la historia de la expansin mercantil.

Por ejemplo, hay numerosas versiones que cuentan la implementacin del neoliberalismo en Chile bajo PinochetTaller del imperio por Greg Grandin, por ejemplo, cumpli muy bien la tarea de hacer pblica esta historia cuando sali en 2006. La versin contada por Klein, sin embargo, es sobresalientemente vvida y bien investigada. Ella plantea escenas apasionantes y trgicas, como del asesinato del disidente pro-Allende Orlando Letelier en Washington, D.C. despus de que una bomba colocada bajo su coche deton, su pie cortado se deja abandonado en el piso, mientras una ambulancia intent vanamente llevarlo al hospital. Tal vez, Klein expresa la dramaticidad de los eventos ms cotidianosen un relato representa un equipo de economistas chilenos en la Universidad de Chicago, cuando se acampaban en las imprentas del diario derechista El mercurio en las horas que llevaron el golpe de estado de Pinochet. Ah se encontraban apurndose para terminar, imprimir y llevar a los jefes militares copias de su "Biblia de quinientos paginas- una receta econmica detallada que sera la gua oficial de la Junta desde su principio.

Adems, el mensaje central de La doctrina del shock es crtico. La autora considera el libro "un desafo contra la afirmacin ms central y apreciada de la historia oficial- que el triunfo del capitalismo desreglado naci de la libertad, y que el mercado libre y desregulado va de la mano de la democracia." En lugar de esto, Klein intenta "demostrar que esta forma fundamentalista del capitalismo ha surgido en un brutal parto cuyas comadronas han sido la violencia y la coercin." Una falta de originalidad en este argumento les ha cado mal a algunos crticos. Ellos sostienen que cualquier persona que investigue seriamente el desarrollo del capitalismo a travs de los ltimos siglos se dar cuenta de que la violencia es un aspecto persistente, si no omnipresente, de la creacin y mantenimiento de los mercados libres.

En esto, estoy de acuerdo con Klein. Por cierto, uno podra fijar en una variedad de textos clsicos de la poltica-econmica para ilustrar el hecho de que, histricamente, el mercado libre ha requerido accin autoritaria estatal para originarsela obra de Karl Polanyi sale como buen punto de inicio. Sin embargo, ciertas historias exigen que se las cuenten una y otra vez. Siempre que la ideologa dominante insista que la paz, la democracia y el comercio libre van juntos como tro armonioso, Klein tiene razn en el sentido que los talentos de analistas progresistas deben dedicarse a demostrar el contrario de modos novedosos y convincentes.

Un tercer recurso del libro es que el capitalismo del desastre, como manifestado en Irak, Nueva Orleans, y en Sri Lanka post-tsunami, es sin duda un fenmeno reciente importante, el cual probablemente ir creciendo en importancia con los efectos del acaloramiento global que se realizan cada vez ms. Por nombrarlo y detallarlo, Klein ha hecho un gran servicio.

* * * * *

Pero mas all de eso, es cuestionable que el argumento pueda servir como la base de un entendimiento ms amplio de la economa globalque si la estrategia del shock bien pueda considerarse, como argumenta ella, el mtodo preferido para promover los objetivos corporativos.

Los problemas de los que Klein trata en La doctrina del shock reflejan un cambio ms general con respeto al debate sobre la globalizacin. Durante los aos de la Administracin Bush, la poltica estudiantil una vez ms tom una forma nueva. Hace unos pocos aos se deca frecuentemente que el estado-nacin se haba vuelto un concepto obsoletoy que las empresas transnacionales lo iban reemplazando. Pero siguiendo los pasos del 11-S, el estado se ha reimpuesto con venganza. Para los estudiantes universitarios activistas, oposicin contra el regime Bush tom prioridad sobre las campaas antiempresariales. Y para los analistas de la globalizacin, la tarea primaria ha sido cmo reenfocar sus explicaciones del orden mundial para que la panorama se centralizara ms en el estado.

La doctrina del shock aborda esta dilema por unir lo estatal y lo mercantil enteramente. Klein sostiene que en cada pas donde se han implementado polticas de la corriente econmica Chicago durante las ltimas tres dcadas, se detecta la emergencia de una poderosa alianza dirigente entre unas multinacionales y una clase poltica compuesta por miembros enriquecidos con lneas divisorias confusas entre ambos grupos . Segn ella, el nombre propio para este sistema es el corporativismo. Explica que el papel aceptable del gobierno en un estado corporativista es ser la cinta transportadora que lleve el dinero pblico a las manos privadas.

De manera similar, Klein propone que la nica motivacin importante en la poltica capitalista contempornea es la avaricia. Al puntualizar que Donald Rumsfeld y Dick Cheney, y varios idelogos neoconservadores, tienen inversiones financieras profundas en las industrias que se benefician de la guerra contra el terrorismo, ella propone que cualquier intento de divorciar su fervor poltico de sus intereses comerciales es artificial y amnsico. Escribe desdeosamente, El derecho de perseguir ganancias sin lmites siempre ha sido el centro de la ideologa neoconservadoraen la guerra contra el terror los neoconservadores no han tenido que dejar sus objetivos econmicos corporativistas; sino que han descubierto una manera nueva, y ms eficaz, de lograrlos.

En este mundo, desmontar la poltica a un simple fin lucrativo facilitar xitos. Puede servir como un correctivo particularmente til cuando la "cruzada contra el comunismo" y "combatir el terrorismo" son los motivos nobles que se evocan constantemente, y cuando nunca se admite algo tan insensible como los intereses econmicos. Pero de ms est decir que el movimiento es reduccionista.

La representacin que Klein plantea de una clase monoltica de lites polticos-corporativos no est preadaptada para aplicarse a cualquier circunstancia poltica. No resulta especialmente til para reconocer y explotar las diferencias entre los "librecambistas" Clintonistas, los Republicanos realistas, y los fundamentalistas neoconservadores. Ofrece poca ayuda en como entender Weekly Standard cuando se opone al mantenimiento de comercios normales permanentes con la China, un objetivo clave para globalistas corporativos, citando los derechos humanos como justificacin. Tampoco permite distinciones entre los distintos sectores de la economateniendo en cuenta, por ejemplo, que los intereses de la grande industria hotelera (la cual a su vez est furiosa por los efectos negativos de la Guerra Contra el Terrorismo de Bush sobre sus negocios) no necesariamente son los mismos que tiene Halliburton. Al final, hace como omiso la posibilidad de que factores como las convicciones religiosas y el nacionalismo, independientemente de los comercios, tienen influencia sobre las polticas de la Administracin Bush.

Curiosamente, aunque Klein se ponga muy bien al seguimiento del dinero, su libro no es materialista de manera que puede satisfacer a los marxistas ms tradicionales. Ella evita explorar las fuerzas estructuralespor ejemplo la contraccin de la economa global a partir del 1973 o el decaer de la rentabilidad de las industrias centralesque han dado forma al auge del neoliberalismo.

Sus discernimientos sobre el uso del shock poltico son profundos, pero tienen tambin sus limites. Cuando la cronologa del libro al fin llega a la invasin del Irak, su argumento da una vuelta rara. Durante todo el volumen, Klein se refiere a la metfora ataque y pasmo. Por eso, sus lectores se hacen creer que la guerra de George W. Bush representar el cspide del mismo mtodo shock. Al contrario, es el punto en que la metfora empieza a desenredarse.

Irak ha sido el sujeto de todos los tipos del shock imaginables. Pero en lugar de promover un estado de regresin y aquiescencia en su objeto, ha inspirado la resistencia. Richard Armitage, el Secretario del Estado Diputado de entonces, est citado diciendo que los EE UU tenan a mano un pueblo Iraqu que estaba no-espantado y no-aterrorizado. Ms all de las implicaciones ticas y polticas de la ocupacin fracasada, es sencillamente una instancia del capitalismo malo: Le mandaron a Bremer a Irak para construir un utopa empresarial, escribe Klein En lugar de eso, Irak se convirti en una distopia en la que ir a una reunin de negocios te pondra en riesgo de ser linchado, quemado vivo, o decapitado. La autora se mantiene ambivalente haca estos mensajes. Por un lado, las contratistas privadas que se huyeron ya ganaron billones de dlares por sus acuerdos con el gobierno, y las empresas petroleras todava quedan fijadas en la tierra Iraqu. Por otro lado, los aspectos importantes del modelo de la crisis en s se han cado.

Como explica Klein, resulta que el capitalismo del desastre de la poca Bush es distinto de la forma ms pura de la doctrina del shock. En realidad, representa una manifestacin tarda, desesperada y especialmente fantica de un sistema que ya se agot. Despus de unas 400 pginas, dicha tesis modificada resulta poco satisfactorio. Mientras la esquema de Klein se va cayendo sobre su propio anlisis de Irak, la repeticin constante de la misma palabra shock la hace parecer ms a un recurso rendido que una interpretacin consistente e iluminadora.

El libro se burla mucho de la contencin de Milton Friedman que slo una crisis, si ocurra en la vida o en la imaginacin, puede producir cambios verdaderos. Pero no hay razn para que esta idea sea inherentemente cuestionable desde un punto de vista progresista. En el contexto de los EE UU por s slo, uno podra razonar que el shock que result de la gran depresin de los 1930 dio a luz al New Deal. O que el movimiento de los derechos civiles, marcado por la no violencia resuelta, provoc a Bull Conner azuzar sus perros de ataque y sus mangueras de fuego, as creyendo una crisis televisada cuya shock llam a accin a la pblica. S, solo las teoras del cambio social ms pertinazmente gradualistas pasaran por arriba de la importancia de varios shock en el instigar de una revuelta.

* * * * *

En la interpretacin de Klein de los aos Bush, sera fcil olvidarse de que hay un mundo comercial afuera del dominio de la seguridad domstica, la industria de defensa, la construccin en gran escala, y el petrleo. Contende que una burbuja de la seguridad domstica, un sector industrial que la revista Wired estim en el 2005 a valer hasta $200 billonessalv la economa estadounidense de una crisis econmica mucho ms profunda despus de la reventa de la burbuja tecnolgica. El mercado de vivienda estadounidense fuera de control, las deudas acreedoras en expansin, y la buena voluntad de China de sostener el valor del dlar reciben poca, o ninguna atencin. De manera similar, muchas de las empresas importantes mencionadas en No logoincluso Nike, Wal-Mart, McDonalds, Microsoft casi desaparecieron de sus relatos, como si hubieran cedido la economa global a Halliburton, Bechtel, Exxon y Lockheed Martin.

El resultado es una versin bastante revisada del carcter del capitalismo contemporneo. El socialismo democrtico, que quiere decir no solo los partidos socialistas elegidos democraticamente, sino tambin las fuentes del trabajo y las tierras que se gestionan democrticamente, nunca fueron vencidos en una gran batalla de ideas, y tampoco se los rechazaron en alguna eleccin, argumenta ella. Se las quitaron por shock en las coyunturas polticas ms importantes. Por cierto, hay veracidad en el idea de que muchas de las poblaciones resistentes al neoliberalismo han sido torturadas hasta sumisin. Pero en este panorama tambin falta algo.

En La doctrina del shock, los poderes insidiosos y seductores del capital multinacional han desaparecido. Sin ellos, queda muy poco para explicar la situacin de los lites locales del Sur global- a quienes se someten en apoyar el modelo norteamericano; la clase media poco segura que se alinea con los ascendentes sociales en vez de juntarse con los movimientos obreros; o la clase baja de consumidores aspirantes, los cuales son los cautivos de las promesas encantadoras de Hollywood y Madison Avenuetodos aquellos grupos que tienen roles mucho ms centrales en las crnicas alternativas de la ideologa mercantil. El anlisis tampoco deja mucho espacio para explicar por qu los nios Norteamericanos ya cantan los jingles de los anuncios y mendigan la comida rpida al cumplir los seis aostodos aquellos al que el estado nunca ha torturado, sino que ha dado un abrazo en su lugar: una relacin que, de otra manera, es bastante espantosa.(1)

Nota de la redaccin:   (1) Este artculo fue publicado en ingls por la revista Dissent y el mismo autor hizo llegar a la redaccin la presente traduccin al castellano.

Mark Engler es analista principal de Foreign Policy In Focus y autor de Cmo dominar el mundo: la prxima batalla por la economa global (Nation Books, 2008). Se le puede contactar por medio del sitio. Web http://www.DemocracyUprising.com .

 
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3557


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter