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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2005

Intelectuales y artistas

Carlos Taibo
Rebelin


Sabido es que a principios de 2003 muchos artistas e intelectuales dieron la cara, entre nosotros, para repudiar el apoyo que el gobierno espaol de aquel momento dispens a la agresin norteamericana en Iraq. Significativo es que el espasmo de contestacin y de iconoclastia que entonces se hizo valer falte hoy, y de manera llamativa, al calor del tratado constitucional que --dicen-- es objeto de debate en estas horas.

Para certificar lo anterior me va a permitir el lector que eche mano de algo que me ha tocado vivir. En noviembre remit a un buen puado de amigos --y amigas-- de la farndula y de las letras, por correo electrnico y de forma personalizada, un manifiesto que lleva por ttulo "Para construir otra Europa, digamos no al tratado constitucional". Vaya por delante que se trataba de un texto --as lo entiendo yo-- sesudo y bien redactado, que de manera educada llamaba la atencin sobre las numerosas dobleces del tratado de marras. Las reglas de la cortesa ms elemental sugieren que, cuando uno recibe un mensaje de alguien a quien conoce, est en la obligacin, qu menos, de acusar recibo y darle la respuesta que estime conveniente. No fue esto, sin embargo, lo que ocurri en la abrumadora mayora --alguna excepcin afortunada hubo-- de los casos.

Curioso es que unas semanas despus, casi todos los amigos y amigas cuya firma haba recabado en noviembre se inclinasen por subscribir un anuncio que, promovido por la Sociedad General de Autores de Espaa y publicado a plana entera por los principales peridicos una maana de domingo, recoga el contenido --creo recordar-- de un par de artculos del tratado constitucional que son de sos que nadie en su sano juicio se atrever a rechazar. En los ltimos das, y sin ninguna intencin aviesa, he telefoneado a algunas de las personas de las que hablo para pedirles que participasen en mesas redondas concebidas para debatir el contenido del tratado constitucional. No s si al lector le sorprender la respuesta que he recogido en todos los casos: resulta que de entre los firmantes del manifiesto de la SGAE con los que me he puesto en contacto, todos se han inclinado por rechazar mi invitacin con el argumento, a buen seguro que contundente, de que no han ledo el tratado y no estn en condiciones, claro, de opinar al respecto...

No pidamos, con todo, peras al olmo, y ello por mucho que el perfil de la campaa institucional que padecemos --asentada en la difusin de artculos del tratado constitucional que difcilmente llaman al rechazo--

se antoje un tanto lamentable siquiera slo sea por una carencia elemental: no se barrunta ningn designio de alentar en paralelo un debate franco, hecho que por s slo invita a dudar de la textura democrtica del proceso en que estamos embarcados. Contentmonos con lo que hay, porque las cosas siguen un derrotero llamado a convertir todo lo anterior en mera e irrelevante ancdota.

Estoy pensando, sin ir ms lejos, en el esperpento del que daba cuenta el 13 de enero el diario 'ABC'. El rotativo madrileo, con innegable sorna reflejada en una fotografa que recoga un patio de butacas completamente vaco, refera lo ocurrido en Sevilla con ocasin de un acto en el que intelectuales y artistas se pronunciaron en favor del tratado constitucional. No me resisto a reproducir las declaraciones que el peridico en cuestin recogi de labios de dos de los invitados: "Los del Ro, que confesaron 'no haber ledo' la Constitucin, manifestaron que 'votaremos s porque lo hace la mayora; nosotros siempre vamos con la corriente'. Sealaron 'que la Constitucin ha de defender nuestros productos, sobre todo el aceite de oliva y la msica', y subrayaron que 'nuestra Macarena triunf en todo el mundo, fue un producto que sali de nuestro pas y, por todo esto, la Constitucin tiene que luchar'. Sugirieron a la plataforma que 'nos encarguen el tema que abandere el s a la Constitucin'".

Declaraciones tan contundentes no merecen mayor glosa. Invitan, por no decir que obligan, a reflexionar, eso s, sobre lo que tenemos entre manos. Antes lo he dicho: si el tratado fuese objeto de una discusin abierta, pedaggica y plural, actos como el convocado en Sevilla por una plataforma que se autotitula 'cvica' configuraran una ancdota menor. Por desgracia no es as, y uno est obligado a concluir que, siendo legtimo que un famoso se incline por apoyar el tratado que nos ocupa --faltara ms--, a quienes han decidido hacerlo a viento y platillo, tras haber contestado una guerra ignominiosa dos aos atrs --no recuerdo que fuese el caso, bien es cierto, de Los del Ro--, y empleando recursos que a otros nos faltan, lo menos que cabe exigir es seriedad en el argumento y en el compromiso. Y un poco de desapego, por qu no, con respecto a las prebendas que algunos, sin duda los menos, esperan obtener como recompensa de su docilidad de estas horas.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Poltica en la Universidad Autnoma de Madrid y colaborador de Bakeaz.




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