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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2010

Los Cinco cumplieron ayer 12 aos en crceles de EEUU por combatir el terrorismo contra Cuba
Los presos que conozco

M.L. Gonzlez
Rebelin


Para la libertad sangro, lucho, pervivo

Miguel Hernndez

 

Mujeres, hombres, viejos, casi nios, sin distingos de edad ni sexo, con crueldad; sin tiempo o por todo el tiempo. As son las sendas circuladas por los presos que conozco.

Ali Salem Tamek es saharaui; desde que tena 20 aos ha entrado y salido (ya no cuento las veces) de las crceles inmundas de Marruecos, esas que se reservan para los que deciden luchar por la independencia del Sahara Occidental. Cuando lo conoc, pude ver las marcas que tena en los brazos, huellas indelebles de las torturas sanitarias aplicadas por los esbirros de la monarqua alau.

No hablaba espaol, pero s supo decir una palabra: Revolucin, ese es el significado del nombre que su esposa (violada por cinco gendarmes marroques al trmino de una de sus visitas carcelarias) y l decidieron ponerle a su hija, Thawra.

Brahim Noumria tambin es saharaui, pero, al contrario que Tamek, sonrea mucho. Fumaba y saba mantener el cigarro con los labios mientras preparaba t para todos, incluido su compaero Brahim Dahan, quien, desde hace un ao, comparte presidio con Tamek bajo la amenaza de ser sentenciados por un tribunal militar, que podra condenarlos a muerte.

Cuando se rea (es decir, siempre), a Noumria se le notaba una dentadura enferma; un compatriota suyo me cont que no hay mdicos para los saharauis en los presidios del Majzen y que a Noumria, estando en la crcel, la boca se le haba infectado tanto que una anciana, presa como l, le haba recomendado que orinaran en ella para poder aliviar el dolor y la inflamacin. Uno de los compaeros de celda lo hizo, pero no pudo sanar el dao apoderado de aquellos dientes y encas.

Hasam Rimawi, palestino, entr en la crcel a los 18 aos y, con apenas 21, hablaba con la firmeza de quienes saben que su vida no acaba en ellos y que tampoco les pertenece en exclusiva. Hasam, con el nfasis que pona en cada palabra, reflejaba la determinacin del pueblo de Palestina por defender su historia, su tierra y, en suma, su existencia, frente a un enemigo mucho ms poderoso en armas, pero incapaz de vencerlo. Un amigo periodista lo invit a que dijera un nombre y l casi grit: Jamal al-Durrah (1), un smbolo de lo que hace el ejrcito israel en Palestina. Contra ese ejrcito y sus tanques, muchos jvenes y nios lanzamos piedras y, por eso, nos acusan y nos meten en la crcel. En algn momento oy nombrar a Cuba y entonces dijo: De ah es Fidel.

Aminettou y ellos

Bien podra ser roble, pero es una mujer, fuerte y amable en idnticas proporciones. Delgada, con la piel color canela y unos ojos extremadamente frgiles por el vendaje que sus carceleros marroques le hicieron llevar durante los cuatro aos que la tuvieron desaparecida.

La vi fsicamente por ltima vez el 6 de noviembre pasado y entonces no pude imaginar que una semana despus muchos de los que compartimos trabajo con ella ese da bamos a estar en las calles exigiendo a los Gobiernos de Espaa y Marruecos que la liberaran de su confinamiento en Lanzarote y la dejaran regresar a El Aain, con sus hijos y con su pueblo.

Hoy, casi un ao ms tarde, mientras salvo estos recuerdos de los presos que conozco, pienso en los 3.500 muertos causados por atentados terroristas contra Cuba. Pienso tambin en las ms de 2 mil vctimas con secuelas permanentes que se suman a estos crmenes. Pienso en Girn, en el bloqueo.

Pienso en Elin Gonzlez y en el terrible historial de la Ley de Ajuste cubano; en los diplomticos asesinados, en el turista italiano que muri tras la explosin de una bomba en un hotel de La Habana. Pienso en la dura misin que aceptaron desempear Los Cinco; en lo que descubrieron y pudieron frenar; en las vidas que salvaron.

Pienso en su juicio y en sus condenas; pienso en el hueco, donde no ha de haber tiempo o cada minuto debe durar todo el tiempo, no s.

A ellos no los conozco, por ejemplo; s s que son mucho ms libres que sus carceleros; que gozan de la libertad de resistir, de la libertad de ser dignos, de la libertad de ser leales a su pueblo y a la Revolucin que los alumbr.

Los Cinco, mirndolo bien, se parecen mucho a los presos que conozco. Todos ellos, junto a los millones de personas que en el mundo exigen que Antonio, Ren, Fernando, Ramn y Gerardo vuelvan ya a Cuba, comparten una libertad que no he citado: luchar.

Nota:

(1) Muhammad Jamal al-Durrah, nio palestino asesinado por el ejrcito israel en la Franja de Gaza, el 30 de septiembre de 2000, en los primeros das de la Segunda Intifada.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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