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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2010

Dedicado a Juan Mari Brs
El Hostosiano mayor

Carlos Rivera Lugo
Claridad/Rebelin


Mataris al Dios del miedo, y slo entonces seris libres. Es la profeca de Bayon, de inspiracin hostosiana, que el escritor puertorriqueo Ren Marqus inmortaliza en ese cuento suyo titulado Tres hombres junto al ro. Con ese imperativo perentorio encabeza su relato acerca del primer acto rebelde de los originarios habitantes de Borikn. Invadidos por quines decan ser dioses, los tanos quisieron poner a prueba tan dudosa afirmacin de inmortalidad. No poda ser que sus propios dioses permitiesen el naufragio permanente, sin destino, de su pueblo.

El soldado espaol Diego Salcedo fue el objeto del primer experimento poltico y jurdico realizado por tres naboras rebeldes. Lo ahogaron en un ro y cuando luego de tres das y noches no resucit, el pueblo de esta Tierra del Altivo Seor celebr su gran descubrimiento: el conquistador es mortal. No es un dios. El miedo fue sustituido de inmediato por el valor. Tras esa fundamental transfiguracin, se desat la rebelin decidida de un pueblo: Porque la vida libre es la luz. Y la luz ha de poner en fuga a las tinieblas. Y as hasta nuestros das, porque el destino es cosa de tiempos largos.

Nadie como Juan Mari Bras vivi a la altura de la sentencia proftica de Hostos. Nadie contribuy ms a matar al Dios del Miedo luego de que otro Imperio, con su feroz represin, quiso imponer la paz de los sepulcros y condenarnos a habitar para siempre en medio de las tinieblas coloniales. Frente a ello, Mari Bras encabez la fundacin de lo que sera un nuevo tiempo en ese devenir nuestro de tiempos largos. Bautizada como la nueva lucha por la independencia deba probar indefectiblemente la mortalidad tambin del yanqui y de su orden torcido del universo.

Para despojarnos del miedo, nos arm la voluntad. Nos legitim la rebelin transgresora como derecho inalienable, cuyo ejercicio no estaba sujeto a la voluntad de dioses impostores. La libertad no se mendiga, se proclama y se practica. Es as como pasamos del puertorriqueo dcil construido por la colonialidad de nuestras circunstancias, al puertorriqueo militante que sali a las calles a protestar sin tregua. Entre los intersticios de las tinieblas se fue fraguando tambin los comandos de la nueva insurgencia armada. Nos rebelamos, luego somos, fue la idea motriz del nuevo discurso emancipador.

Mari Brs fue descendiente de esa emigracin corsa que el escritor Jos Luis Gonzlez ubica integrando el segundo piso de los cinco (El pas de cuatro pisos, San Juan, 1980, y Nueva visita al pas de cuatro pisos, Madrid, 1986) que sirven de base a esa abigarrada sociedad de clases y plural nacionalidad que incidieron en la formacin histrica del Puerto Rico contemporneo. De sus circunstancias de clase hered el signo nacionalista y a partir de sus circunstancias histricas inmediatas se forj al calor del nacionalismo radical de Pedro Albizu Campos. Ms adelante, quedar igualmente marcado por las seeras influencias socialistas de la Revolucin cubana.

En sus fueros ntimos cohabitaron dichas influencias, no sin ciertas contradicciones, y an stas slo daban fiel testimonio del ms autntico peregrinaje existencial por redescubrirse y refundarse a s mismo como aspiraba que tambin lo hiciese su pueblo. En ese sentido, al igual que Hostos, Mari Brs entendi que la refundacin del pas era un proyecto de regeneracin no slo poltica sino tambin moral. La colonia era un mal multidimensional que nos haba corrompido el alma colectiva y haba que rescatarla de su alienacin. Para ello haba que educar para la libertad.

Mari Bras se encarn as en el eje vital de una convergencia histrica entre las aspiraciones libertarias de su generacin y la ma. Se erigi en Maestro de las nuevas generaciones en este tiempo de la nueva lucha. Mari Bras y sus muchachos, as pretendan muchas veces despachar algunos el proyecto poltico que se fue forjando a partir de la fundacin del Movimiento Pro Independencia (MPI) y la Federacin de Universitarios Pro Independencia (FUPI), as como ms tarde el Partido Socialista Puertorriqueo (PSP). Esta ltima se erigi en la organizacin poltica ms importante que pari la nueva lucha.

El PSP quiso promover un dilogo histrico para un reagrupamiento poltico de fuerzas que permitiese la convergencia de distintos sectores ideolgicos, ms all del independentismo, en torno a un gran proyecto descolonizador. En su excepcional visin estratgica, extendi su marco de accin a las propias entraas del monstruo. Incluso, propici una significativa internacionalizacin de la causa puertorriquea que retumb en todos los foros internacionales.

Con el PSP se fragu ese reencuentro indispensable entre la cuestin nacional y la cuestin social, luego de los torcidos acercamientos entre stos efectuados por los socialistas-anexionistas del anarcosindicalista espaol Santiago Iglesias Pantn y el populismo autonomista de Luis Muoz Marn. La razn de ser de la independencia tena que estar imbricada en ese buen vivir en plena libertad, sobre todo para los que trabajan, que son la mayora, que son la espina dorsal de nuestra formacin nacional.

Ms recientemente, Mari Brs se lament en privado del error que constituy la liquidacin en 1982 del PSP. Como resultado de su disolucin, se vivi un desgarrador desparramiento y desmovilizacin de su cantera impresionante de cuadros revolucionarios, as como su neutralizacin por las lgicas devoradoras de la necesidad impuesta por la cotidianeidad colonial-capitalista. Igual se recriminar no haber sido en su momento ms arrojado.

Nos preparamos para tomar el cielo por asalto y luego nos dejamos desarmar espiritual y materialmente por los coyunturales fracasos propios y ajenos que acaecieron durante esa dcada nefasta de los ochentas del pasado siglo XX. Demostramos con ello nuestra profunda inconsciencia del tiempo largo, aquel del que un Filiberto Ojeda Ros o un Fidel Castro Ruz terminaron siendo intrpretes ms pacientes y esclarecidos.

Henos aqu ahora, celebrando la vida del que nos ense a siempre celebrarla luchando. Dej profundas huellas en todos los que bajo los rayos candentes del sol y la siempre purificante lluvia mayagezana, acudimos este pasado fin de semana a tributar nuestro debido homenaje al cacique moderno que encabez esta quinta centuria de nuestra peregrinacin como pueblo.

Sin embargo, no puedo dejar de manifestar mi conviccin de que con la muerte de Mari Bras as como la de Ojeda Ros en el 2005- se anuncia el fin de este quinto tiempo. Que al igual que ste tuvo su semilla en la huelga universitaria de 1948, el nuevo tiempo brota de los entresijos de otra huelga universitaria, la del 2010. Y contrario a la valoracin negativa de esta ltima como insustancial y motivada por reclamos inmediatos, que pronunciara Rubn Berros Martnez, estoy convencido que de ella surgir finalmente ese relevo generacional que Mari Bras nunca dej de valorar como imprescindible para la esencial continuidad del tiempo largo de la lucha liberadora. De sta emergen las nuevas voces que alumbrarn la nueva tentativa de nuestro pueblo aguerrido por poner en fuga las tinieblas que nos abruman y abrirle paso, de una vez y por siempre, a la libertad comn.

El que quiera escuchar el rumor de ese nuevo tiempo, que calle, escuche y observ ms all del ensordecedor ruido de las ideologas vetustas de tiempos pasados. Es que el tiempo fluye, como las aguas de aquel ro que atestiguaron la originaria transgresin del orden forneo impuesto. Ya el espritu de Juan Mari Bras anida feliz en l. Y desde all se le puede escuchar, igual a nuestros primeros insurgentes, exclamando, como bien recoge el relato tico-mtico de Ren Marqus: Ser libre mi pueblo. Ser libre.

 

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.  

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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