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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2010

En casa de Obama, cinco hombres contra la pared

Juan Carlos Camao
Rebelin


Stella ha caminado el mundo y mucho ms esta parte del mundo: Latinoamrica y el Caribe. Sabe de crmenes de lesa humanidad, de escuadrones de la muerte, de democracias amaadas, de dictaduras milimtricamente regadas por nuestras tierras para sofocar demandas sociales y movimientos de liberacin.

Esta vez Stella Calloni, periodista, escritora, luchadora, compaera, habla de un libro del cual ha hecho el prlogo. No es la nica que habla del libro. En el panel, instalado en la sala de reuniones de la Unin de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), somos cinco (**), vaya casualidad. Stella habla de un libro que refiere a Cinco hombres a los que una mafia pretende, desde hace doce aos, partirle la dignidad en mil pedazos. Imposible.

Stella habla de un libro de reciente aparicin Los hroes prohibidos: la historia no contada de los Cinco, en el que Ricardo Alarcn, presidente de la Asamblea del Poder Popular de Cuba, desmenuza, con calidad docente, la actuacin de los sectores mafiosos de la Justicia y la Poltica de Estados Unidos. Un libro sobre Los Cinco rehenes de Estados Unidos, que en crceles de de ese pas sufren torturas fsicas y sicolgicas y padecen las arbitrariedades y perversidades de un juicio a la medida de los intereses de terroristas dedicados sistemticamente a atacar a Cuba.

Alarcn, demuele punto por punto los argumentos utilizados por la Justicia yanki para condenar a Gerardo Hernndez, Ramn Labaino, Antonio Guerrero, Fernando Gonzlez y Ren Gonzlez: Los Cinco. Y, adems de demoler argumentos falaces y cnicos, Alarcn convoca a redoblar la apuesta para que Los Cinco regresen a su patria.

En el libro se desnuda puntillosamente, incluso para el ms desavisado, cmo opera una mafia a cara descubierta, a sabiendas de que los grandes medios de comunicacin harn odos sordos a las voces de aquellos que los denuncian y exigen justicia. La mafia pone a Cinco hombres contra la pared y les apunta, con el dedo en el gatillo, todos los das, durante doce aos, y la gran prensa casi no se da por enterada.

Desde su ptica, la mafia o el gran capital, a estas alturas la misma cosa-, oculta y adelanta o atrasa el reloj de los hechos ms crueles con la misma impunidad que empuja hacia arriba o hacia abajo el precio del barril de petrleo.

Cuenta Alarcn en un prrafo de su libro que, hace unos aos, Bill Clinton se comprometi a fomentar condiciones polticas para que Los Cinco tuvieran un juicio justo. Y cuenta cmo la mafia de Miami le marc a Clinton los lmites del campo de juego, amenazndolo con hacerle perder las elecciones si se sala del libreto. Clinton gan las elecciones. Olvid la palabra empeada e hizo su campaa electoral pasendose junto a terroristas disfrazados de dadores de sangre y a directores de fundaciones dedicadas a la caridad y la evasin de impuestos.

La seora de Bill, Hillary Clinton, ha vuelto, en estos das, a sostener la idea medular de los poderes fcticos de EE.UU. de imponer, a como d lugar, la construccin de un siglo americano. La mafia manda. Ayer Bill Clinton no sac los pes del plato. Y hoy Hillary se corresponde, inteligente, con las consignas del manual del saqueo y la dominacin global.

Obama, por su parte, hace fintas apoyndose en el encordado, rezando para que una mano de nocaut no lo saque del ring. l sabe que en las crceles de EE.UU. hay Cinco hombres obligados a cumplir condenas despiadadas e injustas. Es consciente de que esos Cinco hombres fueron sometidos a interrogatorios y juicios aberrantes y a aislamiento fsico en hoyos oscuros y hmedos durante meses. Tampoco se le escapa a Obama, Premio Nbel de la Paz, que los Cinco antiterroristas cubanos advirtieron a las autoridades de Cuba, y de EE.UU., que se preparaban atentados contra la vida humana en ambos pases.

El Premio Nbel de la Paz, actual presidente de EE.UU., no ignora que muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos, prestigiosos juristas de distintas partes del mundo, periodistas, organizaciones de periodistas, cientficos, socilogos, artistas, deportistas, luchadores por la paz, Jefes de Estado, le requieren que acte, que contribuya a crear las condiciones para acabar con el calvario: as como cuando en Irn una mujer va ser lapidada a piedrazos, o en EE.UU, un nazi-fascista, Terry Jones, pastor de una iglesia de Florida, amenaza con prender fuego el Corn.

Hace doce aos Los Cinco vienen siendo lapidados por el estruendoso silencio de la gran prensa. Ellos, rehenes de una mafia- y sus familias, pasan cada da por la hoguera que encienden y avivan los muchos Terry Jones, enancados no slo en las arrogancias de diferentes cuotas de poder, sino en la razn de ser de un sistema que ha quedado condenado a robar y a matar. O a matar y robar. Es lo mismo.

Si Obama pretende diferenciarse a fondo de los Bush, los Runfelds y de otros cuantos promotores y ejecutores de torturas y crmenes, no debe mirar para otro lado. Est en l honrar el Premio Nbel de la Paz, que le fuera concedido ms que por lo hecho, por lo que habra de hacer. Hoy, en su propia casa, Cinco hombres inocentes viven contra la pared, bajo amenaza de muerte; a expensas de que, so pretexto de hacer justicia, un sistema de mafiosos decida apretar el gatillo.

(*)El autor es Presidente de la Federacin Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

(**) Los componentes de la mesa que hicieron uso de la palabra para comentar el libro escrito por Ricardo Alarcn fueron: Stella Calloni, escritora y periodista. Lidia Donnini, miembro del Comit Argentino por la Libertad de los Cinco. Vladimir Mirabal, segundo jefe de la Misin Diplomtica de Cuba en Argentina y Juan Carlos Camao, presidente de la FELAP. En carcter de coordinador particip el periodista y escritor Jos Ubertali.

La secretaria de prensa de la Embajada de Cuba, Zulan Pope, fue la encargada de presentar a los panelistas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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