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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2010

Una huelga entre la necesidad y la incertidumbre

Miguel Manzanera Salavert
Rebelin


La convocatoria de huelga general para el 29S por parte de los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, secundada por los sindicatos menores apoyada por numerosas entidades ciudadanas, ha sido aplaudida mayoritariamente por las clases populares de nuestro pas; una parte importante de los ciudadanos -incluidos trabajadores y pequeos propietarios-, ha mostrado su adhesin a la huelga ante la enorme agresin contra los derechos de los trabajadores, que incluye las pensiones, la edad de jubilacin, el abaratamiento del despido, los sueldos de los funcionarios, el aumento de la precariedad, etc., adems de que el paro ronda los 5 millones de personas y muchas familias no cuentan con ingresos para subsistir. Muchos intelectuales crticos y solidarios coinciden en sus anlisis en que esta huelga es ms necesaria que nunca. Quizs su nico defecto pudiera consistir en haber sido convocada demasiado tarde, pues la protesta tendra que haber sido planteada, cuando el gobierno financi el dficit bancario para evitar la crisis financiera. Pero como se sabe la poltica reformista es pragmtica, y los sindicatos mayoritarios de la clase obrera en nuestro pas lo son, por lo que slo suele protestar contra los efectos de las decisiones polticas y no contra sus causas.

Sin embargo, al mismo tiempo no dejan de percibirse las dificultades de esta huelga, cierto desnimo entre la ciudadana golpeada por la crisis, el desencanto de los trabajadores que sufren las consecuencias del crecimiento del paro, el descrdito de los sindicatos por su poltica reformista, la disgregacin de la clase por el individualismo, la prdida de conciencia por el consumismo, etc. Hay una fuerte incertidumbre acerca de las posibilidades para que esta huelga obtenga los resultados apetecidos. En primer lugar, con 5 millones de parados no resulta fcil realizar una movilizacin importante de los trabajadores. Pero sobre todo no basta con hacer una buena huelga, sino que adems despus esa huelga hay que gestionarla, y no est nada claro que la accin de los trabajadores tenga capacidad para cambiar la reforma laboral. En ese sentido ya se ha manifestado el gobierno, reafirmndose en la poltica adoptada a pesar de la protesta obrera.

Es claro para todos que el presidente del gobierno espaol ha modificado su programa poltico ante la presin del capital financiero tras la crisis econmica de estos aos anteriores, y la demostracin de fuerza por parte de los sindicatos y la clase obrera tendra que devolvernos a los equilibrios sociales que constituyen el entramado bsico de la convivencia democrtica en nuestro pas desde la Constitucin del 78. En ese sentido conviene recordar que las Huelgas Generales ha sido un mecanismo utilizado de forma recurrente por los trabajadores para contrarrestar anteriores intentos de recortar los derechos laborales. El xito relativo de esa herramienta poltica en anteriores convocatorias, hace que se encuentre ampliamente legitimada en su uso.

Especialmente merece recordar la huelga de diciembre de 1988 y la de junio de 2002. Ambas tuvieron como consecuencia el reforzamiento de la izquierda parlamentaria. Eso quiere decir que la huelga en curso podra ser la salvacin del actual gobierno, sumido en el descrdito completo tras sucesivas intervenciones equivocadas en la gestin de la crisis econmica. De ah las declaraciones de Fernndez de la Vega en la segunda semana de septiembre: tenemos que entendernos con los sindicatos. El xito de la Huelga General del prximo 29 de septiembre, seguido de un posterior acuerdo del gobierno con los sindicatos, que consiguiera retirar los aspectos ms agresivos de la ley laboral -ya aprobada en el Parlamento el 9 de septiembre-, podra volver a equilibrar el panorama poltico, dndole a Rodrguez Zapatero un respiro frente a la presin de la derecha que amenaza con ganar las prximas elecciones.

Sin embargo, esta perspectiva supone la continuidad del sistema socio-econmico del Estado espaol, y es posible que lo que haya entrado en crisis sea precisamente ese sistema. La crisis finaciera, primero, y la crisis del sector inmobialiario despus, han destruido el modelo de crecimiento de la economa espaola, vigente durante los ltimos 30 aos, y todava no se ve con claridad cmo se va a recomponer.

La estructura econmica espaola est fundada en la hegemona del capital financiero sobre la sociedad, que tiene su correlato poltico en la monarqua semi-constitucional, que dirige los cuerpos de seguridad del Estado espaol, ejrcito y polica que siguen siendo reductos de extrema derecha en nuestro pas-. Los grandes beneficios que el capital financiero ha obtenido durante tres dcadas de crecimiento econmico, han sido el fundamento para la estabilidad social y el desarrollo econmico espaol de las ltimas dcadas; esto es precisamente lo que ha quedado tocado a causa de la crisis financiera y productiva de los ltimos dos aos.

Simplificando yo dira que en la ltima dcada la economa espaola se ha centrado en dos pilares: por un lado, la globalizacin financiera y la integracin en el mercado internacional; por el otro, y la fiebre constructora, acompaada por la especulacin sobre la vivienda y la recepcin de una importante masa de inmigrantes. Al mismo tiempo, se ha beneficiado de una coyuntura mundial de materias primas relativamente baratas, como consecuencia de la victoria del imperialismo capitalista sobre los antiguos pases del Bloque del Este comandados por la extinta URSS, con el consiguiente dominio del neoliberalismo sobre la economa mundial.

La globalizacin financiera ha supuesto el desembarco de los capitales espaoles en Amrica Latina, de donde se calcula que extraen hoy en da el 40% de sus beneficios. La inmigracin ha provisto al capital espaol de una mano de obra barata y sobreexplotada que ha producido tambin pinges beneficios en el sector de la construccin, desestructurando al mismo tiempo el mercado de trabajo y propiciando este ataque a los derechos de los trabajadores. El desarrollo del mercado inmobiliario apoyado en la especulacin sobre la vivienda, ha sido otro motor de la economa de las ltimas dcadas, hasta haber agotado sus posibilidades de crecimiento, generando una tpica crisis de superproduccin capitalista se calcula en un milln el nmero de viviendas vacas, artificialmente encarecidas por el mercado manipulado al servicio de los grandes financieros-.

Ese modelo no puede seguir funcionando, primero, porque el sector inmobiliario no puede continuar siendo el motor de la economa espaola. Urge sustituirlo por otro, pero no hay recambio. Lo idneo sera encontrar un nicho productivo que se caracterizase por el valor aadido de carcter tecnolgico y la alta cualificacin de los trabajadores; slo eso justificara un desarrollo progresivo de la economa espaola dentro de los criterios capitalistas. Sin embargo, la baja calidad de la enseanza en nuestro pas no nos permite aspirar a un avance en ese sentido y es una dificultad aadida a la salida de la crisis.

En segundo lugar, la crisis financiera muestra el final de la globalizacin neoliberal; ste ha sido un periodo de ganancias fciles fundado en la especulacin y la absorcin de capitales desde la periferia capitalista hacia los centros financieros internacionales, especialmente Walt Street y la City londinense. Para sustituir esa fuente agotada de beneficios los bancos han optado por extorsionar a la clase obrera de los pases desarrollados, consiguiendo recuperarse de las cuantiosos prdidas sufridas a travs de la cesin de capitales desde el Estado hacia las entidades financieras y rebajando los derechos y las retribuciones del trabajo.

Una de las consecuencias de la crisis financiera ha consistido en intensificar las relaciones Sur-Sur, entre pases latinoamericanos, africanos y asiticos, prescindiendo de Europa y EE.UU. La previsible hegemona china en las prximas dcadas nos sugiere que los pases de cultura capitalista liberal jugaran un papel cada vez ms marginal en el concierto de las naciones. Es claro que si todava no es as, se debe a la apuesta militarista de los EE.UU. secundados por Europa; pero tambin es claro que ese envite no se sostendr a medio plazo tras la previsible derrota en Oriente Medio. Lejos de escoger la va de la confrontacin militar, la Repblica China ha optado por derrotar a su enemigo en el terreno de la eficacia productiva. Adems de la revolucin sudamericana y el planteamiento del socialismo en varios pases de esa regin, uno de los fenmenos ms importantes de los ltimos aos es el desarrollo de la lucha obrera en China, as como la intensificacin de las luchas campesinas en Asia y Amrica Latina.

La combinacin de una mayor intensidad de la actividad anticapitalista en los pases del Sur y el desarrollo de nuevas relaciones polticas y econmicas entre esas sociedades, auguran un desplazamiento de las relaciones de poder en el mundo del siglo XXI. Este escenario parece indicar una cada de beneficios de las empresas capitalistas a medio plazo, incluso si llegaran a triunfar las tendencias ms derechistas de las sociedades desarrolladas del primer mundo. Pero tambin plantea importantes peligros si las tendencias militaristas y xenfobas siguen desarrollndose en estas sociedades.

En tercer lugar, en el transfondo de la crisis econmica hay una profunda crisis ambiental, que incluye el agotamiento de recursos no renovables del planeta Tierra. Conviene subrayar en este sentido que tambin Ecologistas en Accin ha convocado esta huelga. El capitalismo espaol es un modelo econmico inviable, insostenible, depredador de los recursos escasos y despilfarrador de energas fsiles que causan el efecto invernadero. Uno de los aspectos ms negativos de la situacin poltica en Espaa es la escasa conciencia ambiental de los ciudadanos, adems del bajo nivel cultural propiciado por los medios de comunicacin social y la reducida capacidad crtica tras 40 aos de fascismo y 32 de democracia vigilada.

En conclusin, estamos ante una crisis profunda del modelo poltico del capitalismo espaol, instalado desde la Constitucin del 78, que adems no tiene un recambio previsible. Si la derecha consigue ganar la lucha poltica en los prximos meses, se abrir una dinmica poltica complicada de consecuencias imprevisibles. Pero si la movilizacin social triunfa a partir de esta huelga ahora convocada, tampoco podemos esperar grandes fiestas. Por las caractersticas de la crisis, no est claro que los resultados de la huelga puedan gestionarse con facilidad, lo que significa que la lucha obrera tendr que continuar. Adems la importancia de esta convocatoria de Huelga General sobrepasa con mucho la mera reivindicacin laboral. Necesitamos parar la ofensiva de la derecha, para apoyndonos en esa victoria continuar avanzando hacia formas de organizacin social ms racionales y solidarias.

Con la crisis de estos aos se ha terminado una larga poca de paz social que ha durado desde la ascensin del PSOE al poder en 1982 hasta nuestros das. A partir de ahora se abre un periodo de fuertes luchas sociales que se desarrollarn a lo largo de la prxima dcada hasta culminar en la crisis resolutiva que nos pondr ante la alternativa de socialismo o barbarie-. Si bien en Europa la izquierda parte en una situacin de desventaja clara, no podemos olvidar que en la arena internacional las fuerzas progresistas y socialistas estn avanzado con firmeza; tenemos, por tanto, que apoyarnos en esa correlacin de fuerzas internacional, y especialmente los avances en Amrica Latina, para conseguir el triunfo de las fuerzas progresistas en la consecucin de una organizacin social ms racional.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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