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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2010

Desde los Montes de Mara

Alfredo Molano Bravo
El Espectador


En el reciente Foro de Tierras, Prosperidad y Paz, el Ministro de Agricultura reiter el compromiso del Gobierno de pagar la enorme deuda moral a los campesinos despojados y desplazados de sus tierras restituyndoles dos millones de hectreas en cuatro aos, en contraste con las 13.000 hectreas que Uribe devolvi en ocho.

El Ministro hizo un anuncio muy significativo: se declara Zona de Reserva Campesina los Montes de Mara. Los Montes de Mara son grandes, estn compuestos por una docena de municipios de dos departamentos; hay enormes ganaderas, plantaciones de palma y caa de azcar, cultivos de tabaco y maz. En dos de sus pueblos, Macayepo y El Salado, fueron perpetradas por paramilitares masacres escabrosas. Desde mediados de los aos 60 los campesinos han sostenido una tenaz lucha por la tierra pagada con sangre y destierro. Miles de familias aguantan hambre y se rebuscan en Sincelejo, Cartagena o Barranquilla.


Con el restablecimiento del orden pblico llegaron gentes de carriel y poncho, como repiti el doctor Juan Camilo Restrepo, a comprar a precio de huevo tierras que estaban a punto de ser subastadas por los bancos. Y las compraron. Quiz con ellas aumentaron el tamao de las fincas que haban cado en sus manos a raz de las matanzas y amenazas. No ser fcil para el nuevo gobierno cumplir su promesa, porque los poseedores o propietarios, de buena o mala fe, no soltarn as como as la tierra que han acumulado. Tendr que llegar con todos los juguetes y, digo ms, con todos los fierros.

Absaln Machado, un experto conocedor del tema, hizo en su slida exposicin una referencia que me dej pensando. Dijo: Vivimos un momento crucial en la historia de la cuestin agraria, como fue el de los aos 30. Pienso lo mismo y no slo por el debate que se viene encima, sino por las realidades sociales que se avecinan. En aquella poca como ahora una gran masa campesina se haba visto obligada a migrar hacia las ciudades, donde el empleo era escaso y mal pago. Haban dejado sus tierras tanto por la opresin terrateniente como por el atractivo del trabajo libre en fbricas o en obras pblicas. Pero la crisis del 29 ech para atrs el proceso y muchos regresaron a sus regiones de origen, donde esas fincas ya haban sido ocupadas y eran ahora grandes haciendas. El choque trat de ser reglamentado mediante la Ley 200 de 36. Se sali de las manos el asunto y termin en lo que hemos convenido en llamar La Violencia.

Hoy existe una realidad similar. Tres millones de campesinos deambulan con rumbo a ninguna parte por los cinturones de miseria y mendigan en los semforos de las grandes ciudades, invisibles de cuenta de la tcnica y la inflexibilidad jurdica, dice la Corte Suprema de Justicia. A medio milln de estos trashumantes de la miseria y de la indiferencia el Gobierno espera restituirles sus propiedades. Algunos en Montes de Mara; otros, los ms, en el bajo Cauca, Sin, Urab, Cesar, Bolvar, Magdalena Medio, Tolima, Caquet y Meta. Es decir, donde los paramilitares y los parapolticos fueron y siguen siendo muy fuertes.

Cul va a ser la reaccin de los victimarios o testaferros que ocupan las tierras robadas? Preparar motosierras y fusiles.

Es imperativo que a los esfuerzos por sacar adelante la Ley de Tierras, el Gobierno sume un plan para enfrentar de nuevo la ola de violencia que preparan ya los usufructuarios del despojo y los enemigos agazapados de la paz. No aflojarn la tierra a la vista de un juez, aun si va acompaado de un polica. Si el Gobierno se va a meter en serio en el corazn de la violencia, debe prevenir las consecuencias y afrontarlas. Ello significa quebrar la tradicional parcialidad de las FF.AA. en favor de los terratenientes, desentraar los vnculos entre las manzanas podridas y los prohombres de la motosierra. En pocas palabras, restablecer la soberana del poder civil sobre el militar, sin la cual, todo seguir igual.

Desde los Montes de Mara el pas podr ver el futuro que nos espera.

http://www.elespectador.com/columna-225005-los-montes-de-maria


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