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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2010

29-S: Huelga General contra la dictadura de los mercados

Jnatham F. Moriche
Rebelin

Este texto ampla y precisa la intervencin del autor en el acto pblico "De la crisis econmica a la Huelga General", convocado por Izquierda Unida de Extremadura y celebrado el jueves 16 de septiembre de 2010 en el Centro Educativo Municipal de Don Benito (Badajoz)


Buenas tardes, conciudadanos y conciudadanas.

Permitidme comenzar expresando mi agradecimiento a Izquierda Unida de Extremadura por la convocatoria de este acto, a mis compaeros en esta mesa de intervenciones introductorias, y a todos vosotros y vosotras por vuestra asistencia y participacin. Tambin, a los trabajadores y trabajadoras de este Centro Educativo Municipal de Don Benito que nos acoge hoy.

En los ltimos meses venimos asistiendo, en Espaa como en Europa y el resto del mundo, a acontecimientos penosos para nuestra dignidad como ciudadanos y nefastos para la soberana popular que entre todos sustentamos y deberamos protagonizar y proteger.

Por eso, la Huelga General de la que participaremos el prximo da 29 no ser slo una huelga en defensa de derechos econmicos, sociales y laborales. Ser tambin una huelga en defensa de nuestra democracia.

Hemos visto a la gran banca saquear cantidades estratosfricas de los presupuestos pblicos (700.000 millones de dlares en EEUU, 90.000 millones de euros en Espaa) en dudossimas operaciones de rescate, graciosamente concedidas por los Estados sin condiciones al receptor ni efecto positivo alguno sobre el bien general, y que han sido descritas en alguna ocasin y con toda justicia como un golpe de Estado financiero.

Hemos visto al Fondo Monetario Internacional, a los grandes fondos especulativos y a las agencias de calificacin de riesgos jugar sucio y duro, de forma visiblemente planificada y concertada, contra la deuda pblica de distintos pases de la zona euro, como Espaa, Grecia o Portugal, hasta poner de rodillas a sus gobiernos e imponerles brutales recortes en su Estado de Bienestar (ataques en buena medida financiados, por cierto, con el dinero de los rescates bancarios concedidos por los Estados!)

Hemos visto la absoluta impunidad de los parasos fiscales, donde se atesoran cantidades exorbitantes de dinero negro provenientes del trfico de drogas, armas o personas y donde se comete un fraude fiscal masivo a escala planetaria, del que participan una escandalosa mayora de las grandes empresas y bancos europeos y espaoles. Evocando a Pier Paolo Pasolini, tambin nosotros podramos decir aquello de yo s los nombres: Iberdrola, Gas Natural, ACS, Ferrovial, BBVA, Banco Popular, BSCH, Banesto, Repsol YPF, PRISA, Inditex, Telefnica... (e inexplicablemente, tambin entidades pblicas como el Banco Europeo de Inversiones, o el mismo Estado espaol, a travs de su Fondo de Adquisicin de Activos).

Debemos someter estos hechos, y el estado de cosas que los hace posibles, a un doble anlisis, econmico en primera instancia, pero tambin, inexcusablemente, poltico.

En trminos puramente econmicos, el neoliberalismo promueve una masiva transferencia de recursos desde las rentas del trabajo hacia las del capital, y por extensin, de unas clases sociales a otras. En 1970 el salario del director de alguna de las mayores empresas de EEUU equivala de media a 30 veces el salario medio, en 1980 a ms de 40 veces, y en 2008 a casi 500 veces. En 1980, el 1% ms rico de la poblacin de Estados Unidos era dueo del 9% de la riqueza nacional; hoy ese porcentaje se ha elevado hasta casi el 25%. En cifras del Banco de Espaa, la renta media del 20% de los hogares espaoles ms humildes baj de 8.500 euros en 2002 a 6.500 euros en 2005, (es decir, un -23,6%) mientras que para el 10% ms pudiente la renta media se elev de 102.300 a 118.100 euros (un +15%). Las rentas del trabajo han descendido, en los pases de la zona euro, del 70% de la renta nacional en 1992 al 62% en 2005, mientras que el beneficio empresarial se incrementaba un 36% en la eurozona y... un 73% en Espaa! Los 16 consejeros ejecutivos de Santander, BBVA, Popular y Banesto disponen de ms de 400 millones de euros en sus fondos de pensiones, mientras casi un 20% de la poblacin vive al borde o por debajo del umbral de la pobreza y ms de 600.000 personas viven de la caridad en Espaa, segn los informes de Critas Diocesana. Miremos hacia donde miremos, encontraremos cifras similares. A la luz del confiable ndice Gini de desigualdad social, ni una sola de las economas centrales del capitalismo escapa de esta tendencia: treinta aos de neoliberalismo han sido, esencialmente, treinta aos de radical empobrecimiento para la base trabajadora de la pirmide social y 30 aos de fabulosa bonanza para su cspide corporativa. Un desequilibrio tan extremo que ya no hablamos slo de distribucin de la renta, sino de nuda distribucin de la vida: la expectativa de vida de un alto ejecutivo supera en 15 aos a la de un desempleado de larga duracin en EEUU, y en 10 aos en Espaa.

Pero el neoliberalismo no es slo una doctrina econmica. Tambin es una doctrina poltica, y una radicalmente antagnica de la democracia. El correlato necesario de una desigualdad econmica tan abismal no puede ser sino una tambin abismal desigualdad poltica, de todo punto incompatible con cualquier forma, por atenuada que esta sea, de democracia poltica. Como en alguna ocasin afirm Margaret Thatcher, la economa es el mtodo, pero el objetivo es cambiar el alma. Por eso, el neoliberalismo ha impulsado, desde su emergencia a comienzos de la dcada de 1970, una masiva transferencia de soberana desde el Estado y sus instituciones polticas hacia los actores econmicos privados. Promoviendo la desregulacin de las actividades econmicas, el desarme fiscal del Estado, la privatizacin de los bienes pblicos y comunales o la constitucin de enormes corporaciones transnacionales y crteles oligoplicos, el neoliberalismo ha conseguido desplazar el centro de gravedad de los procesos de toma de decisiones desde los parlamentos hacia los mercados, restando casi cualquier valor a nuestros votos y convirtiendo a los gobiernos en poco ms que torvos capataces de las decisiones tomadas para su propio beneficio por una clase corporativa absolutamente descomprometida con la democracia y el bienestar colectivo.

Ya a mediados de los aos 80, Michael Useem, en su estudio El crculo interno, hablaba de una expansin sin precedentes de la actividad poltica de las empresas, y de una movilizacin poltica de los negocios... Una dcada ms tarde, el periodista y director de Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet acuaba el concepto de dictadura de los mercados: una dictadura del gran dinero y de la clase que lo posee y maneja. Una dictadura que con esta crisis no slo no parece estar tambalendose, sino que, muy al contrario, consolida sus posiciones y refuerza su podero, all donde las sociedades y los gobiernos se dejan amedrentar por sus amenazas. Este ha sido el caso de nuestro pas, que se ha venido comportando con la mansedumbre de un Estado-vasallo ante las injerencias despticas del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, agencias de calificacin como Standard & Poors o medios de comunicacin como el Financial Times.

En consecuencia de todo lo anterior, la Huelga General del 29 de septiembre no ser, o no debera ser, slo una huelga contra una serie de medidas tan injustas e ineficaces como el abaratamiento del despido, el retraso en la edad de jubilacin o el recorte presupuestario en servicios pblicos de cobertura universal garantizada. Se trata, o debera tratarse, de una Huelga General en defensa de nuestros derechos de ciudadana, de nuestra democracia poltica y de nuestra soberana popular. Una Huelga General contra la dictadura de los mercados.

Las clases trabajadoras y la democracia poltica de este pas tienen hoy ante s el decisivo reto de ganar la Huelga General del 29 de septiembre. Pero tanto esta convocatoria de huelga promovida por los compaeros y compaeras de UGT y CCOO, como el paquete de medidas antisociales del gobierno de Jos Lus Rodrguez Zapatero que la han provocado, forman parte de un escenario ms amplio y complejo, al que la izquierda social, sindical y poltica debe dar una respuesta de largo alcance ms all de este urgente movimiento defensivo que constituye la Huelga General. Coreaban hace unos das en Cceres los compaeros y compaeras de UGT y CCOO el lema Zapatero dimisin. An siendo un lema justo, es tambin un lema insuficiente, que les invito a completar as, respetando la rima consonante propia de estas ocasiones reivindicativas: Zapatero dimisin, Botn expropiacin.

Porque, si bien hay capataces ms brutales e ineptos que otros, de casi nada nos servir cambiar a quien sostiene el ltigo mientras se mantenga inclume quien detenta la propiedad y se cobra los frutos de la finca. Ningn gobierno que podamos votar ser bueno mientras tenga que convivir con la monstruosa concentracin de poder que hoy manejan las contadas y selectas manos de la gran clase corporativa, la patronal empresarial y bancaria, los grupos privados de comunicacin... Tampoco mientras se mantengan engrasadas las puertas giratorias que convierten a altos directivos en ministros y viceversa, consolidando los vnculos envenenados entre intereses privados y representacin democrtica, que tienen como consecuencia no slo la extensin epidmica de la corrupcin legalmente tipificada y punible, sino tambin la generalizada corrupcin por pasiva de instituciones de control poltico del mercado tan absoluta, palpable y culposamente ineficaces como la Securities and Exchange Commision (SEC) estadounidense o la Comisin Nacional del Mercado de Valores (CNMV) espaola.

As que esta Huelga General no debera ser slo una accin defensiva de derechos adquiridos, sino una accin ofensiva contra un estado de cosas en el cual no cabe sino, ms deprisa o ms despacio, de un modo u otro, perder derechos. No debera ser slo una Huelga General contra las decisiones de este o cualquier otro gobierno ttere de la dictadura de los mercados, sino contra los mercados mismos, y ms concretamente, contra la que es hoy su principal arma contra la clase trabajadora espaola, europea y mundial: el sistema financiero. Segn cifras del Banco Internacional de Pagos de Basilea, lo ms parecido a una entidad reguladora que existe hoy en el far west financiero global, los derivados, estructurados, seguros contra impago y dems artificios del gran juego especulativo globalizado suman la increble cifra del 1076% del PIB planetario, lo que equivale a decir que por cada euro de la economa productiva real, la clase corporativa dispone de diez euros de capital ficticio para distorsionar a su antojo la realidad econmica por medio de la especulacin, y para sojuzgar polticamente a sociedades y gobiernos mediante el artificio de la deuda. El sistema financiero es, parafraseando a Mao Zedong, el cuartel general que habremos de bombardear si queremos posicionarnos activamente del lado de la democracia en su confrontacin con la dictadura de los mercados (el simil del bombardeo puede resultar algo violento, pero, no fue el director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, quien habl de dinamitar los parasos fiscales? Para una vez que el FMI dice algo til, no se lo vamos a despreciar).

Es preciso pasar a la ofensiva, y pasar a la ofensiva equivale a atacar, frontalmente y sin mediaciones, al mercado financiero, a la especulacin y al fraude. Existen herramientas para ello, y esta Huelga General debe servirnos tambin para ponerlas en el primer plano del debate pblico. Segn un informe coordinado por Joseph Stiglitz para la Fundacin Ideas, la aplicacin de una tasa de entre el 0,01 y el 0,05% a las transacciones financieras y subir del 19 al 25% la tributacin de sus beneficios en Espaa dejara 7.400 millones de euros en las arcas pblicas. Segn el sindicato Gestha de inspectores de Hacienda, un trabajo riguroso que redujera del 23% el 13% el fraude fiscal en Espaa aportara casi 25.000 millones a las arcas pblicas (en este punto hay que recordar que varios cientos de inspectores han sido retirados en los ltimos aos de la vigilancia de las grandes fortunas espaolas, por qu?). La cantidad que aadiramos a este monto con la supresin de las SICAV (Sociedades de Inversin de Capital Variable), las menos conocidas SOCIMI (Sociedad Annima Cotizada de Inversin en el Mercado Inmobiliario) y otras artimaas de distraccin fiscal para los ms ricos es hoy desconocida. No se trata slo de dotar al Estado de medios para sufragar el coste generado por nuestros derechos adquiridos, como la sanidad, la educacin o la cobertura al desempleo, y de reducir la brutal brecha de desigualdad econmica que hoy separa a las clases trabajadoras de las lites corporativas, sino de devolver a las manos de la mayora trabajadora la soberana popular que el gran dinero nos ha arrebatado.

Quisiera concluir con unas palabras del socilogo brasileo Boaventura de Sousa Santos, sin duda ms precisas y expresivas que las mas: En esta crisis, la lucha de clases regresa bajo una nueva forma: esta vez es el capital financiero quien declara la guerra al trabajo. Y, o se crean las condiciones para que el capital productivo se desvincule relativamente del capital financiero, o el futuro es el fascismo. Es contra ese futuro sombro, contra ese fascismo de cuello blanco de la dictadura de los mercados, y en defensa de la soberana popular, la democracia y sus instituciones, que llamamos a la movilizacin en la jornada de Huelga General del 29 de septiembre de 2010.

Muchas gracias por vuestra atencin.

[email protected] | http://jfmoriche.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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