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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2010

Resistencia indgena, desde Colombia a Palestina

Anna Baltzer
The Electronic Intifada

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Solo ven nuestra agua, nuestra tierra, nuestros rboles. No les importamos. Quieren la tierra, sin la gente que vive en ella

Estas palabras no son de un agricultor palestino sino de Justo Conda, gobernador de la Reserva Indgena de Lopez Adentro al sudoeste de Colombia, cuya comunidad fue repetidamente amenazada de desplazamiento por el ex-presidente Alvaro Uribe Vlez. Uribe, recientemente nombrado por la ONU para investigar el fatal ataque de Israel contra la Flotilla de la Libertad a Gaza, tiene un historial de derechos humanos notoriamente espantoso. Menos explorados son los claros paralelismos entre el maltrato de su gobierno a los pueblos indgenas de Colombia y los abusos por parte de Israel del pueblo originario de Palestina.

Segn el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Colombia tiene una de las mayores poblaciones de desplazados internos del mundo, que asciende a 4.9 millones de personas. Segn la Asesora para Derechos Humanos y Desplazamiento, slo en 2009 ms de 286.000 colombianos fueron desarraigados de su tierra. Aproximadamente el 10% de la poblacin colombiana ha sufrido desplazamiento, muchos de ellos son comunidades indgenas, descendientes de afro-colombianos de antiguos esclavos y campesinos*.

Como Israel, Colombia es el mayor receptor de la ayuda militar estadounidense en este hemisferio. En los ltimos diez aos se han destinado 6.000 millones de dlares de los contribuyentes estadounidenses a Colombia, tercer receptor de ayuda militar estadounidense del mundo tras Israel y Egipto. Armados con armas y respaldo poltico estadounidense, el gobierno de Uribe y otros actores armados han expulsado por la fuerza a millones de personas por medio del asesinato extrajudicial y de tcticas terroristas, con lo que han dejado el camino libre para la explotacin de recursos naturales por parte del gobierno y de las compaas multinacionales. Siempre en nombre de la seguridad y de la guerra contra el terrorismo, los soldados colombianos han quemado pueblos, saqueado hogares y destruido los medios de vida de comunidades que han tomado la decisin radical de permanecer en su propia tierra.

Para muchas comunidades indgenas sta no es la primera vez que han sido desarraigadas. Con la invasin espaola hace quinientos aos y la fundacin de Colombia trescientos aos despus, los pueblos indgenas han sido obligados muchas veces a huir de sus frtiles valles ricos en agua y minerales, a trasladarse cada vez ms lejos hacia la cordillera de los Andes donde el clima es ms duro y la tierra menos cultivable. Ahora el gobierno quiere apoderarse incluso de esta tierra y dejar atrapadas a las comunidades: si van ms alto en las montaas pueden verse amenazadas por las guerrillas que luchan por mantener el control de esas zonas, mientras que si bajan a los valles se enfrentan a las agresiones de los paramilitares, de las corporaciones y del ejrcito.

Hay algo inquietante y extraamente familiar en esta expulsin calculada y violenta, y no resulta sorprendente que Israel se haya convertido en el principal suministrador de armas de Colombia, en su asesor sobre organizacin militar y de inteligencia, y en su modelo de la lucha contra el terrorismo ("Report: Israelis fighting guerillas in Colombia", Ynet, 10 de agosto 2007, como lo cita en "Uribe's appointment to flotilla probe guarantees it's failure", Jose Antonio Gutierrez y David Landy, The Electronic Intifada, 6 de agosto de 2010). Pero como los palestinos, el pueblo de Colombia no est dispuesto a abandonar sus hogares y medios de vida sin luchar. Hace casi veinte aos y en contra de un ejrcito armado hasta los dientes las comunidades indgenas de sudoeste de Colombia desarrollaron su propia forma de proteccin: La guarda indgena.

De pie ante la bandera de Consejo Indgena Regional de Cauca en la reserva indgena de Lpez, el gobernador Conda explic:

El gobierno colombiano no nos representa, as que hemos creado nuestro propio sistema de seguridad. En cada comunidad indgena se seleccionan individuos para servir durante un ao defendiendo nuestra tierra. Cada guarda indgena recibe un bastn, que se lo pasa el anterior guarda y que representa la autoridad y la responsabilidad de la posicin. El guarda lleva el bastn ancestral ah donde va. Se recibe voluntariamente, no se paga a nadie para que defienda a su pueblo. Y aunque todo el mundo en nuestras comunidades luchara por nuestra libertad, el bastn indica a aquellos de nosotros que han sido fsica y psicolgicamente preparados durante el ao para defender a nuestro pueblo y nuestra tierra.

El gobernador Conda aadi:

Ante el altamente militarizado Estado que sistemticamente nos niega nuestros derechos bsicos, la guardia indgena es la nica defensa que podemos ejercer. Nos hemos declarado neutrales, sin alinearnos ni con las guerrillas ni con el ejrcito. Estamos ofreciendo una solucin pacfica basada en acabar con la colonizacin y el respeto por la vida y la cultura. No tenemos armas o pistolas. No necesitamos armas o pistolas para ejercer control. Nuestros guardas se alzan fuera de nuestras puertas armados slo con sus coloridos bastones, un smbolo de nuestra fortaleza y de nuestros valores. Y aunque hemos recibido muchas amenazas, muchas autoridades tambin han llegado a respetar a la guardia indgena.

Conda explic que cuando acaba el mandato de un o una guarda, elige a su sucesor o sucesora, y autoridad y las responsabilidades rotan. Cerca de Conda los actuales guardas de la comunidad estn de pie uno al lado de otro, un grupo diverso de hombres y mujeres, de jvenes y viejos, una mujer embarazada, un anciano. Llevan sus bastones, cada uno tiene la intencin de llegar tan alto como el corazn de su portador.

Las comunidades indgenas de Colombia tienen una larga historia de resistencia popular. En la dcada de1920 las tribus boicotearon colectivamente los impuestos que el gobernador haba impuesto a las comunidades indgenas por vivir y trabajar su propia tierra. Desde entonces, se han formado consejos para decidir cmo recuperar territorio y resistir a la expulsin. Aunque su presencia precedi a la colonizacin europea, a menudo se trata a los indgenas colombianos como si fueran extranjeros e invasores.

La respuesta a la resistencia organizada indgena frente al desplazamiento ha sido brutal. Solamente el ao pasado fueron asesinados cuatro miembros de la pequea comunidad de Lopez Adentro ("The Struggle for Survival and Dignity: Human Rights Abuses Against Indigenous Peoples in Colombia", Amnista Internacional, 23 de enero 2010 [PDF]). Segn el abogado de derechos humanos Felix Posada, 1.400 indgenas han sido asesinados durante los ocho aos de mandato de Uribe, lo que representa un 1% de la poblacin indgena total de Colombia. Este pas tiene el ndice ms alto de asesinatos de indgenas de Amrica Latina, que fueron 114 el ao pasado, inform Posada tras las puertas blindadas de su despacho en el centro de Bogot.

Se sospecha que grupos paramilitares de extrema derecha son los causantes de muchos incidentes a pesar de las afirmacin del gobierno de Uribe de que fueron desmovilizados en 2006 ("Colombian Paramilitaries' Successors Called a Threat", Simon Romero, The New York Times, 3 de febrero de 2010). El desarme es ampliamente considerado una maniobra publicitaria en la que individuos vestidos de militares entregaban sus armas en fotos sensacionalistas a cambio de una sustanciosa recompensa. Se han confirmado innumerables casos de colaboracin entre el ejercito colombiano y los paramilitares (a los que en estos das se les ha vuelto a bautizar como delincuentes organizados), en la que estos hacen el trabajo sucio a cambio de poder e inmunidad.

En octubre de 2008, tras una accin directa de los indgenas y la Minga Popular (movilizacin de la comunidad) de La Mara en Piendamo, los soldados entraron en el municipio y destrozaron coches, obligaron a salir a los habitantes de sus casas con gases lacrimgenos, denudaron a los hombres antes sus vecinos y quemaron las casas, camas, bicis e incluso los juguetes de los nios (Vdeo: "La Maria Piendamo" 22 de octubre de 2008). Soldados y helicpteros salieron al encuentro de una marcha desde La Mara, lo que llev a un enfrentamiento con piedras, hondas y bastones ancestrales frente a los gases lacrimgenos y municin real del ejrcito (Vdeo: "Minga de la Maria Piendamo", 22 de octubre de 2008). Si la respuesta del gobierno de Uribe a los bastones ancestrales de madera fueron balas, qu dir del asesinato por parte de Israel de nueve turcos que puede que transportaran sillas de ruedas?

La peor amenaza a la que se enfrenta la poblacin indgena de Colombia es la destruccin y desaparicin cultural. El 32% de las 102 tribus indgenas de Colombia est en peligro de desaparicin. En 18 tribus slo quedan menos de doscientas personas. Para muchas comunidades una de las formas ms importantes de resistencia ha sido el preservar el lenguaje, y los valores y tradiciones culturales.

Hasta hace poco, el sistema educativo impuesto por el Estado impona escolarizar en castellano pero hoy se ensean las lenguas nativas en las reservas. El pueblo ha conseguido otras victorias desde 1991 cuando la nueva Constitucin reconoci finalmente las diferentes identidades tnicas del pueblo colombiano y sus derechos a preservar su tierra y su cultura. Pero demasiado a menudo se ignoran la Constitucin y las leyes en favor de otros intereses, sobre todo, aumentar el control sobre los recursos naturales.

Al no querer esperar ms despus de veinte aos de promesas no cumplidas, las comunidades indgenas de las regiones de Cauca y Valle de Cauca al sudoeste de Colombia se han unido en una plataforma comn en defensa de cuatro prioridades: unidad, tierra, cultura y autonoma. Es una vision completa que condiciona la libertad al cumplimiento de cada uno de estos elementos. Otro miembro de la comunidad de Lopez Adentro explicaba: La paz no es simplemente acabar con la guerra. La paz llegar cuando se respeten los derechos indgenas a la tierra, la cultura y la autodeterminacin. No puede haber paz por medio de la destruccin o sumisin de la poblacin indgena.

Esta definicin de paz resulta muy oportuna en el momento en que Israel y el ilegtimo presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas reinician las negociaciones mientras ignoran los requisitos fundamentales de justicia para el pueblo palestino, incluyendo su derecho a la tierra, la cultura y la autodeterminacin.

Resulta difcil imaginar que un dirigente tan entusiasta de las tcticas de represin de Israel como es Uribe sea un juez imparcial de la legalidad del ataque de Israel a la Flotilla de la Libertad a Gaza. Solo la estrecha relacin de su gobierno con el Estado judo lo descarta como investigador imparcial. Y aunque hay notables diferencias entre las situaciones en Colombia y Palestina, la similitud de las respuestas de los gobiernos colombiano e israel a la resistencia indgena son inequvocas. Seran no slo atpico sino adems redomadamente hipcrita por parte de Uribe hacer responsable a Israel del mismo tipo de comportamiento que caracteriz su propia presidencia.

Mientras tanto, persistir la sumoud y resistencia de la poblacin indgena de Colombia. El gobernador Conda continu: Como hemos hecho durante quinientos aos, seguiremos luchando y avanzando. De hecho, estamos dispuestos a trabajar mas duro que nunca.

*En espaol en el original.  Anna Baltzer es una premiada profesora universitaria, escritora activista por los derechos palestinos. Autora de Witness in Palestine: A Jewish American Woman in the Occupied Territories, ha contribuido en cuatro libros de prxima aparicin sobre el tema. Para ms informacin, vase www.AnnaInTheMiddleEast.com.

Fuente: http://electronicintifada.net/v2/article11522.shtml



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