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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2010

Caminos de libertad: sobre lo posible y sus ritmos (I)

Alfonso Sastre
Gara


Prefacio o postfacio. Este pequeo prefacio es, en realidad, un postfacio porque lo escribo despus de haber escrito los dos artculos (I y II) que ahora doy a GARA. Algo se mueve, aleluia!, es la exclamacin que podra resumir mi nimo de hoy a la hora de escribir esta presentacin.

Contra mi hiptesis de un posible PSOE de nueva factura -o de un partido socialista renovado que surja en sus filas- se alzan, ya lo s, los berridos nacional-espaoles que siguen emitiendo, y ahora han reiterado, los rubalcabas y sus consortes en el poder que impiden escuchar las voces de muchos socialistas inteligentes y honestos, algunos en los niveles dirigentes y muchos en sus bases, aunque unas pocas de esas voces, ms o menos tmidamente, ya empiezan a orse y a m me gustara que tambin a ser odas.

Cuando escribo esta nota (7 de setiembre, 2010), en el campo de la izquierda acaban de aparecer opiniones clarividentes que llegan de sectores tan distintos como el que ocupa Brian Currin en el campo mundial y el que ocupan honestos periodistas que ya gozan de gran prestigio como las de Iaki Iriondo y Floren Aoiz; opiniones estas dos, publicadas tambin en GARA, que yo suscribo en su totalidad, la primera en cuanto que es una feliz stira de la consigna preprogramada de la insuficiencia del reciente comunicado de ETA; y la segunda en cuanto que es un desvelamiento de las interioridades reales y verdaderos objetivos, no confesados, de la guerra antiterrorista (condenas incluidas) que el Poder quiere vendernos y que las personas honestas e inteligentes, que por serlo no comen en ese pesebre ni en ningn otro, se niegan lgicamente a comprar. Yo aadira mi propia exclamacin a esas propuestas de guerra contra el terrorismo enmascaradas de fervientes apuestas por la paz; y esta exclamacin sera muy sencilla: A otro perro con ese hueso!, porque muchas de esas gentes que se presentan con aire de inocentes humanistas deseosos de paz, la verdad es que sienten muy poco entusiasmo por aportar su granito de arena a esta gran tarea de la paz, y hasta se dira que lo que sienten es una gran inquietud, y hasta terror -hay un terrorismo de la paz?, la paz es una nocin terrorista?- ante la posibilidad de que la paz llegue a ser un hecho que acabe con su chiringuito poltico actual. Sin embargo estn ocurriendo cosas importantes en la lnea de que se abran caminos para las nuevas libertades. Y vamos a nuestros artculos, que empiezan as:

Estaba yo meditando an sobre el tema de mi reciente Modesto Plan de Paz, publicado en GARA, cuando he recibido una breve carta que me ha hecho reconsiderar algunos matices de este problema. El autor de este mensaje es un patriota vasco a quien tengo en gran consideracin, entregado durante toda su vida a tareas intelectuales y polticas que apuntan hacia el objetivo de la libertad de su pas; y en l valora muy positivamente mi Plan, advirtiendo, eso s, la irona que pueda observarse en mi planteamiento. Ello me mueve a estimar la importancia que tienen esos matices para evitar que lo que haya de irona en mi escrito pueda inclinar a cierto escepticismo que puede darse si nos planteamos como objetivamente insalvable y resistente a todo cambio el actual cerrilismo de la mayora de los ciudadanos espaoles que tienen voz y voto, con quienes habra que contar, claro, para que pudiera ponerse en marcha nuestro Plan sobre el llamado problema vasco que, en realidad, como ya se ha dicho lcidamente hace tiempo, es un problema espaol, y muy complejo ciertamente. Es una fantasa pensar que en Espaa puede surgir y desarrollarse un planteamiento autocrtico y radical en esa lnea? Ciertamente ese cerrilismo parece, hoy por hoy, una posicin cerrada y mayoritaria de la poblacin espaola, de manera que nuestro Plan quedara abortado ab initio, y, de ser as, para qu seguir lucubrando sobre ello?

Pero vamos a lo que vamos; y es que resulta que se puede tener alguna confianza en que se produzcan hechos tan inesperados y hasta imposibles como los que tendran que darse para que nuestro Plan se pusiera en marcha, y que las voluntades populares vasca, catalana y gallega digan claramente lo que tengan que decir para que una situacin tal salga a la luz y entonces estas tres naciones administradas (dos de ellas bsicamente, desde hace mucho -se dira que desde siempre-, por los estados espaol y francs) puedan alcanzar en un futuro ms o menos previsible su soberana plena, o sea, su independencia, que siempre ser relativa porque la realidad de la Historia es un juego de relaciones de una ndole o de otra.

Volviendo ahora a lo del cerrilismo, es decir, al pensamiento cerril que Lenin defini como el chauvinismo de gran potencia, la base terica de mi Plan reside en el hecho, que creo fcilmente verificable, y ya verificado por el marxismo (materialismo histrico), de que en la Historia y en la Naturaleza se producen saltos (salto cualitativo), a pesar de que Leibniz afirmara, y adems lo dijera en latn, que natura non facit saltus.

Refirindonos slo a episodios histricos prximos en el espacio y recientes en el tiempo, encontramos ejemplos que documentan lo que estamos diciendo; de manera que se puede pensar seriamente que en Espaa puede nacer, si no es que est naciendo ya, una plyade de nuevos lderes para una izquierda espaola renovada, incluyendo en ella a un PSOE que superara sus actuales vergenzas y dependencias de las derechas ms recalcitrantes, y que entonces sera capaz de aceptar y asumir la necesidad de proceder a una reforma de la actual Constitucin espaola (que fue escrita bajo el temor a los espadones del franquismo), lo que hara posible la paz, hoy imposibilitada pero no imposible. El chauvinismo de gran potencia es en Francia tan o ms cerril que el espaol, y sin embargo en su marco el General De Gaulle -un gran espadn y muy de derechas, pero inteligente- renunci a imponer la pacificacin de aquellos territorios y fue capaz de abrir paso a la paz entre Argelia (la nacin argelina, su pueblo) y Francia, a pesar de los berridos de esa pacificacin, que vociferaban Algrie franaise. En cuanto al PSOE, podemos recordar, en honor a su memoria, la herencia de Pablo Iglesias, que supo -y lo hizo- analizar correctamente el conflicto en Marruecos, y los intereses espaoles implicados en l.

Sobre el tema de la posibilidad de ciertos procesos histricos ha sido notable un artculo firmado por Txetxu Aurrekoetxea, de EA, en este mismo diario, en la misma fecha que mi Plan, y titulado Una declaracin de paz sera posible, afirmacin que es muy cierta, con la nica condicin -y ah puede residir el problema- de que las formaciones de la izquierda abertzale, que nunca han perdido su legitimidad, recuperen su legalidad, para lo que, as mismo, habra que superar el obstculo del cerrilismo al que antes nos hemos referido.

As pues, esa declaracin es posible, en efecto, una vez resuelta su condicin poltica previa -un Parlamento con la suficiente presencia independentista-; y entonces esa declaracin se enfrentara seguramente a un proceso que habra de conducir o no, segn las leyes democrticas (en el caso, cada vez ms raro, de que stas fueran respetadas por el Poder democrtico), a la independencia de estas naciones hasta hoy provincializadas. Aqu, en el mejor de los casos, viene a cuento el tema de la distancia que, histricamente, se produce entre las declaraciones de independencia (Gritos en la terminologa cubana del siglo XIX), y la instauracin de esa independencia en la realidad histrica. Por ejemplo, en Cuba, entre el Grito de Yara (Cspedes), sin duda glorioso, y la independencia de Cuba con relacin a Espaa, pasaron treinta aos, y eso con el apoyo militar estadounidense y en tiempos en los que el viejo Imperio espaol se haba desmoronado y el Estado espaol, exange, era poco ms que un recuerdo ruinoso del pasado.

Ahora por cierto se est conmemorando el Bicentenario de los Gritos que se dieron -de las declaraciones de independencia que se hicieron- en la Amrica Latina por la independencia de aquellos pases, y es de recordar que Bolvar estim como primera declaracin de independencia de aquellos pases la carta que en el siglo XVI le escribi Lope de Aguirre al Rey Felipe II en el siglo XVI. Hasta los menos estudiosos de estos temas sabemos que entre las declaraciones de hace unos doscientos aos y las independencias respectivas hubo procesos de lucha muy largos y muy complejos.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100920/221536/es/Caminos-libertad-sobre-posible--------ritmos-I



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