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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2010

Cronopiando
Por qu debemos proteger y conservar los bosques?

Koldo Campos Sagaseta
Rebelin

(Este texto forma parte de un libro Por si no estoy cuando preguntes, todava en gestacin y an sin editorial, de Koldo Campos Sagaseta y Santiago Alba).


Lo pregunto porque despus de haber sido arrullados mis sueos con todos los cuentos que se hayan escrito y algunos ms improvisados, sigo sin encontrar un motivo que me anime a tener una buena opinin de los bosques y de los cuentos.

De hecho, la primera vez que alguien me habl del infierno como un espacio en el que castigar todas las perversas conductas humanas y a sus autores, lo imagin como un lugar provisto de frondosos rboles y tupida vegetacin.

Y cuando el mismo informante agreg las llamas a mi infernal visin, confirm que, adems, el bosque estaba ardiendo. Me pareci una buena noticia hasta que, por la misma va, tambin supe que el incendio haba sido declarado inextinguible, que el bosque estaba condenado a arder toda la eternidad y tem que las llamas se propagaran amenazando vidas inocentes.

En cualquier caso, sigo sin entender esa insistencia de algunos en preservar los bosques. No sera mejor que desaparecieran todos de una vez?

A lo largo de los cuentos con que aprendemos a confundir la historia, los bosques nicamente han servido para dar cobijo a horribles alimaas, a despiadados lobos, a perversas brujas y terribles ogros, y a otras gentes de mal vivir, como ladrones, bandidos y enanos.

Al amparo de sus sombras, de su impune soledad, se han perpetrado los ms espantosos crmenes y delitos.

No por casualidad los padres de Pulgarcito se decidieron a abandonarlo en un bosque. Si lo hubieran dejado a las puertas de una iglesia como era costumbre entonces, alguien la hubiera abierto salvndole no slo la vida sino, incluso, el alma. Si lo hubiesen abandonado en un ro, dentro de una canasta, siempre habran aparecido unas piadosas manos que lo rescataran de su turbulento infortunio y lo acabaran convirtiendo en heredero de algn extico reino, pero en un bosque las posibilidades de sobrevivir para Pulgarcito eran tan escasas que hasta los tiernos gorrioncillos se dedicaron a conspirar contra la vida del nio haciendo desaparecer las migas de pan con que marcara su imposible camino de regreso.

Para nadie es un secreto que si Caperucita, en lugar de tener que cruzar el bosque, hubiera podido llegar a la casa de su abuelita a travs de una iluminada y moderna avenida, nada le hubiera pasado. El lobo que se comiera a la abuela y a la nia aprovechando el refugio que el bosque le brindaba para perpetrar sus carnvoros atentados, no hubiera pasado desapercibido en una gasolinera o en un motel de carretera.

Cualquier patrulla policial lo hubiera descubierto desde que se le ocurriera poner una pata en la calzada, o habra sido identificado por alguna cmara de vigilancia o denunciado por algn trasnochador de regreso a su hogar.

Y si la abuela de Caperucita, en lugar de vivir en el bosque, hubiera dispuesto de un moderno y residencial apartamento, cualquier vecino que no tuviera la televisin demasiado alta, habra podido or sus gritos de socorro o los aullidos del lobo festejando su xito.

La Bella Durmiente fue condenada al sueo eterno con la complicidad de un espeso bosque que la esconda de la curiosidad humana. Y tuvo que ser un prncipe, muchos aos despus, el que tras ardua lucha con la exuberante vegetacin, finalmente, pudiera abrirse paso y llegar hasta aquella que fuera hermosa doncella y de la que el cuento no abunda en detalles sobre su estado al terminar la pesadilla.

Ni siquiera cuando el bosque, tan surtido de profundas cuevas en las que dar refugio a sanguinarios ladrones, ha sido capaz de albergar la deliciosa imagen de una casa de chocolate, ha servido la misma para endulzar las ilusiones de dos hermanitos perdidos, sometidos a la tortura de una antropfaga bruja decidida a comrselos asados.

Hasta la encantadora Bambi, por empearse en vivir en los bosques en lugar de contribuir a hacer ms felices a los nios en un circo, casi perdi la vida cuando el bosque en el que se crea segura precipit el infierno. Si Bambi hubiera estado pastando tranquilamente en un zoolgico, an en el caso de un incendio semejante, los bomberos habran llegado a tiempo de evitar la muerte de su madre.

Con razn, muchos aos ms tarde, el ex presidente estadounidense George W. Bush, plante la necesidad de cortar los rboles para evitar los incendios.

Al margen de estas y otras muchas referencias en los cuentos y en la literatura que han advertido del riesgo que implican los bosques para la vida humana, sea como espacios de impunidad que han sido testigos, por ejemplo, de los maltratos de las infantas del Cid o como recursos que propiciaron la muerte del rey Macbeth, la desaparicin de los bosques facilitara el desarrollo y el progreso al que aspiramos.

Un tren de alta velocidad hubiera trasladado a los cuatro msicos de los hermanos Grimm a Bremen en cuestin de horas, en lugar de andar penando sus miserias por inhspitos bosques y caminos, a riesgo de ser pasto de ladrones y de no llegar nunca a su destino.

La madrastra de Blancanieves de haber dispuesto para su ocio de un campo de golf junto a su castillo, no hubiera malgastado su vida, tampoco sus egos, en vanas conversaciones con espejos mgicos. Y ni Robin Hood ni los 40 ladrones habran podido eludir la accin de la justicia si en lugar de hallar refugio en un intrincado bosque se hubieran visto obligados a sobrevivir en un acrisolado banco.

Pero faltan en los cuentos y en la historia, al carecer de espacio, trenes de alta velocidad, campos de golf, ms bancos y sucursales, pistas de esqu, centros comerciales, plantas de residuos, aparcamientos, entre otras muchas e imprescindibles obras, por esa absurda y demencial tendencia a preservar los bosques.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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