Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2010

El derecho a decidir aquello que comemos

Esther Vivas
Pblico


A menudo cuando se habla del impacto de la crisis alimentaria y de la dificultad para acceder a una alimentacin sana y saludable miramos hacia los pases el Sur. En la actualidad, 925 millones de personas en el mundo pasan hambre y stas se encuentran, mayoritariamente, en pases empobrecidos.

Esta circunstancia se da en un periodo histrico donde se producen ms alimentos que nunca en la historia, con un aumento de la produccin de un 2% en los ltimos veinte aos mientras que la poblacin crece a un ritmo del 1,14%. Por lo tanto de comida hay, pero la creciente mercantilizacin de los alimentos ha hecho que el acceso a los mismos se convierta en prcticamente imposible para amplias capas de la poblacin.

Pero ms all del impacto dramtico de estas polticas agrcolas y alimentarias en la generacin de hambre en el mundo, hay que sealar, tambin, sus consecuencias en el aumento del cambio climtico, la deslocalizacin alimentaria, la creciente descampesinizacin del mundo rural, la prdida de agrodiversidad, etc., especialmente en los pases del Sur global, pero tambin aqu.

En Catalua, por ejemplo, tan solo el 2,46% de la poblacin activa se dedica a la agricultura y este porcentaje se reduce ao tras ao, a la vez que se constata un envejecimiento progresivo del sector, ya que el relevo generacional es muy escaso. Se calcula que la incorporacin de jvenes al campo es diez veces inferior al de hace siete aos. Si en el 2001, 478 jvenes se sumaron a la actividad campesina catalana; en el 2008, tan slo lo hicieron 49, segn datos del sindicato Uni de Pagesos.

El empobrecimiento del campesinado es una realidad innegable. La renta agraria en Catalua ha cado desde el 2001 en un 43,7%, situndose muy por debajo de la renta general. El encarecimiento de los costes de produccin y la baja remuneracin que los campesinos reciben por sus cultivos seran algunas de las causas principales que explicaran esta tendencia.

El sistema agroindustrial ha generado una progresiva desvinculacin entre produccin de alimentos y consumo, favoreciendo la apropiacin por parte de un puado de empresas, que controlan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria (semillas, fertilizantes, transformacin, distribucin), con la consiguiente prdida de autonoma del campesinado.

Para describir la estructura del actual modelo de distribucin de alimentos se acostumbra a utilizar la metfora del 'reloj de arena', donde unas pocas empresas monopolizan el sector generando un cuello de botella que determina la relacin entre productores y consumidores. En la actualidad, el diferencial entre el precio pagado en origen, al campesino, y lo que pagamos en el supermercado se sita en torno a un 500% de media, siendo la gran distribucin quien se lleva el beneficio. Por este motivo, los diferentes sindicatos campesinos reclaman una Ley de mrgenes comerciales y que se les pague un precio digno por sus productos.

Frente a este modelo agrcola, desde mitades de los aos 90, diferentes movimientos sociales vienen reivindicando el derecho de los pueblos a la soberana alimentaria. Una demanda que implica recuperar el control de las polticas agrcolas y alimentarias, el derecho a decidir sobre aquello que comemos, que los bienes naturales (agua, tierra, semillas...) estn en manos del campesinado. Una propuesta que se basa en la solidaridad internacional y que no tiene que confundirse con los discursos chovinistas partidarios de "primero lo nuestro".

En Catalua, esta soberana alimentaria implica el acceso a la tierra de quienes quieren incorporarse a la actividad agrcola, apostar por un banco de tierras, y denunciar la creciente especulacin con el territorio. Es urgente, como reivindica la plataforma catalana Somos lo que sembramos, una moratoria en el cultivo de transgnicos y dejar bien claro que la coexistencia es imposible. Catalua y Aragn son las principales zonas de la Unin Europea donde se cultivan transgnicos, incluso variedades prohibidas en otros pases. Hace falta una nueva Poltica Agraria Comn (PAC), en clave de soberana alimentaria, priorizando una produccin, una distribucin y un consumo de proximidad, un modelo agrcola vinculado a la agroecologa, inversiones en servicios pblicos y de calidad en el mundo rural y una legislacin sanitaria adecuada para la transformacin artesana y la comercializacin local.

Sin un entorno rural y un campesinado vivo, otro mundo y otro consumo no sern posibles. Como dice La Va Campesina, hoy "comer se ha convertido en un acto poltico".

Esther Vivas es autora de Del campo al plato (Icaria ed. 2009).


Artculo publicado en Pblico (edicin Catalunya)
, 03/08/2010.

Blog de la autora: http://esthervivas.wordpress.com


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter