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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2010

Puerto Rico
A cinco aos del Grito de Hormigueros

Carlos Rivera Lugo
Claridad


Hay que insistir en poner a salvo la memoria histrica del olvido depredador propiciado por nuestra alienante condicin colonial. Sobre todo, a nuestros hroes nacionales, aquellos a quienes nos vemos forzados a mantener vivos, como el Mo Cid, conscientes de su fuerza moral ante el poderoso enemigo. En mantenerlos vivos, nos va la mismsima vida como pueblo, como nacin. En seguir potenciando el poder de sus palabras, est la clave para apalabrar nuestras propias posibilidades. Y es que en su caso lo apalabrado constituye un anticipo de lo que est en trance de ser.

Este 23 de septiembre se marca el quinto aniversario del vil asesinato en Hormigueros, por agentes del gobierno estadounidense, del lder independentista Filiberto Ojeda Ros. Para sorpresa de los esbirros, frente a la sangrienta injusticia, la respuesta general no se qued en otro lamento borincano, sino que se escuch un grito general de indignacin y de lucha. De su muerte brot una voluntad por romper el permetro, en alusin al cerco que esa tarde y noche le tendieron los agentes federales y policas coloniales. La consigna se erigi en metfora de la condicin colonial-capitalista que nos arrincona cada da como pueblo.

Poco antes de su muerte, el lder Machetero haba comunicado su apreciacin de que el pas entraba en una crisis sin igual, por ser no slo interna sino que sobre todo sistmica y global: el capitalismo est en picadason demasiados los elementos contradictorios. Y segua diciendo en su ltima entrevista otorgada al periodista Jos Elas Torres que hay unas situaciones que agravan an ms la crisis del capitalismo, tiene problemas de mercado, tiene problemas de produccin, tiene problemas de precios, tienen problemas de todo tipo, que ya no pueden ir resolviendo o sea, que ya la crisis es bien grande. En Puerto Rico, cmo nos afecta? Ya lo hemos visto, dicen siempre que cuando en Estados Unidos les da catarro en Puerto Rico les da pulmona. Y eso es una realidad.

Si a eso uno le aade un gobierno colonial a cargo de Luis Fortuo, los dados estn echados, pues como presagi Ojeda Ros en la entrevista antes mencionada: sera un desastre tener a Fortuo como gobernador en este pas. La crisis es de tal magnitud que un prominente dirigente independentista hace poco admita en privado que no le interesara gobernar en las actuales circunstancias, pues no sabra qu hacer.

Sin embargo, Filiberto lo vea claro. Ante la omnicrisis, insisti, se pone sobre el tapete el imperativo supremo de hacer un proyecto viable de salvacin nacional, con la independencia como su pivote inescapable: la crisis que viene es grave y no tiene soluciones inmediatas y aqu la nica solucin viable, la nica solucin viable, es la Independencia.

Abund: el status se tiene que resolver, pero de la nica forma que se puede resolver el status es que el pueblo se tome conciencia de su realidad y que solamente lanzndose a la calle, exigiendo sus derechos, exigiendo el derecho a la libertad, a la independencia, reclamando lo que por ley internacional nos corresponde, que es la autodeterminacin y la independencia.

Pareca repetir con el poeta Hlderlin: All donde alienta el peligro, surge la salvacin. La libertad y la necesidad por fin se hallaban cara a cara: La crisis va a forzar esa situacin, porque los pueblos, cuando estn en una situacin tan dramtica, como se va a ir encontrando el pueblo puertorriqueo en la forma en que se est creando la situacin, tenemos que darnos cuenta de que no hay alternativa a esta situacin, la nica alternativa, la verdadera alternativa, es la independencia de Puerto Rico .

Llam a establecer un sistema que sea justo para todo el pueblo y que tome en consideracin primordialmente el bienestar del pueblo. Ahora bien, tambin advirti que las tradicionales opciones coloniales, tanto de los estadolibristas como de los anexionistas, estaban histricamente agotadas. De ah que cualquier salida de la crisis por va de esas fracasadas frmulas slo le dara un nuevo aire a la dependencia colonial.

Al igual que a Filiberto, nunca he logrado entender el afn de algunos independentistas por enmascarar o minimizar la soberana con la libre asociacin, cuando la premisa inarticulada es la nefasta aceptacin de la idea del miedo a la independencia. Esta premisa anda de la mano de otra igualmente funesta: la que sostiene que con el poder de la soberana plena nos matamos los unos a los otros y, por ende, slo bajo la tutela permanente del Otro, el Imperio, es que podemos gobernarnos a nosotros mismos.

Cmo es que esa soberana asociada a quien nos ha constituido la subjetividad inferiorizada del colonizado, puede servir de eje a un nuevo proyecto de pas? Incluso, an desde una perspectiva poltica posibilista me es difcil justificar esa movida ilusionista cuando lo cierto es que la libre asociacin tiene, empricamente hablando, menos apoyo electoral que la propia independencia. Hay un miedo mayor a la libre asociacin que a la independencia. El escritor puertorriqueo Jos Luis Gonzlez deca que haba que ayudar a agotar en la prctica la opcin autonomista, pero es que sta ya no existe como opcin poltica real sin el apuntalamiento por parte de un sector del independentismo.

De ah que Ojeda Ros deca, sin ambages, que la nica alternativa real, dictada por la necesidad y no por complejos psicolgicos coloniales o voluntarismos ideolgicamente motivados, es la independencia. Ya es tiempo que nos dediquemos a armar nuestro propio proyecto de pas, sumarle a ste aquellas fuerzas genuinamente interesadas en el apoderamiento soberano de la voluntad comn puertorriquea, y no seguir de rabizas inconsecuentes de los proyectos histricos ya agotados de otros.

Adems, insista el lder independentista: para viabilizar el proyecto liberador haba que dejar de tener las miras puestas en el Norte, como referente de nuestro futuro anticipado. Hay que despojarse de las grngolas coloniales y redirigir las miras polticas hacia el Sur, sobre todo a la luz de los aires de cambio revolucionarios que se viven por doquier. No hay horizonte ms propiciatorio de nuestras potencialidades que ste.

Los puertorriqueos somos antillanos. Somos caribeos. Somos latinoamericanos. Somos hijos de Nuestra Amrica, enunciaba el lder revolucionario boricua en un ensayo suyo Puerto Rico, Las Antillas, Nuestra Amrica toda, publicado tambin poco antes de su asesinato.

Ello me hace recordar una discusin que tuve al respecto hace unos meses con uno de los portavoces del Instituto Soberanista. El modelo econmico del Norte, de inspiracin neoliberal, no puede ser nuestro referente para la potenciacin de una soberana exitosa. Si hay algo que ha dejado meridianamente clara la ms reciente y seria de las crisis sistmicas del capitalismo, la desatada en el 2008 -y que pica y se extiende hasta nuestros das- son los signos evidentes de decadencia por doquier de su fracasado modelo de acumulacin por desposesin de las grandes mayoras, como magistralmente lo ha descrito David Harvey.

La propia economa estadounidense, as como la europea, otrora todopoderosas, se hallan hoy en franca decadencia. Mientras los pocos siguen engrosando a sus arcas privadas cantidades escandalosas de riquezas, a los ms slo nos resta conformarnos con el achicamiento progresivo de nuestros salarios, poder adquisitivo y calidad de vida, cuando no la prdida de los empleos y la capacidad para subsistir con un mnimo de dignidad, seguido de la bancarrota personal y familiar, y el ingreso creciente a las filas de la pobreza y la desesperanza.

La nica regin del mundo que, segn organizaciones internacionales como la CEPAL o el Banco Mundial, ha conseguido alzarse mayormente por encima de las negativas determinaciones de la crisis global actual es Nuestra Amrica. Y lo ha hecho desde sus mltiples experiencias nacionales, que van desde las de Venezuela, Bolivia y Ecuador, hasta las de Brasil, Argentina y Uruguay las cuales, an en su rica diversidad, tienen como eje de sus respectivos modelos la solidaridad regional, nacional y local como fin tico supremo.

De ah que en su ltima locucin en los actos conmemorativos del Grito de Lares aquel fatdico 23 de septiembre de 2005, Filiberto sentenciara con la claridad propia de quien se hallaba ya en el portal de la historia: Las puertas estn abiertas y el futuro, tanto econmico como poltico y social, estara asegurado si logramos liberarnos de este yugo criminal que ha impedido durante tantos aos, que podamos regir nuestro destino en unin a nuestros hermanos latinoamericanos.

 Carlos Rivera Lugo es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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