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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2010

Procurador con prontuario fascista pide destituir a la Senadora Piedad Crdoba por apoyo a la subversin
Emboscada contra una mujer rebelde

Carlos Alberto Ruiz Socha
Rebelin


Piedad Crdoba ha sido sancionada disciplinariamente, no penalmente, por la Procuradura General de la Nacin. Un rgano del Estado colombiano, encargado de la vigilancia de la actividad pblica. Se le acusa de "colaborar con la guerrilla y aconsejarla", de "intentar fraccionar la unidad nacional", de "instigar a la guerrilla para que sea hostil con los partidos polticos", de "usar la ayuda de gobiernos de otros pases para buscar un nuevo gobierno en Colombia", de "traicin a la patria y apoyo a la subversin".

Piedad es Senadora por el Partido Liberal, uno de las histricas formaciones polticas dominada por una recia oligarqua que ha acudido a todos los medios para mantenerse. Pero all, ella representa el genuino sentimiento liberal de izquierda de esa colectividad, un partido venido a menos hace quince aos. Precisamente en ese tiempo, Piedad Crdoba no corri a buscar padrinos en las mafias sino que asumi cometer el pecado que se paga muy caro en Colombia. Soar con transformar, apostar por la honradez, estar con los y las de abajo. La misma causa por la que miles de mujeres y hombres han cado en estado de lcida rebelda, con o sin armas. En una patria que est por construirse y en cuyo futuro ella es imprescindible.

Es una mujer hecha en el puente de la poltica institucional y popular, con carcter de disidente, de crtica, de insumisa. Apoya a las mujeres, a la poblacin LGTB, a las negritudes, a los indgenas, a los pobres. Es defensora de derechos humanos, de los derechos de los pueblos, de la liberacin personal y colectiva, es decir, emerge en contra de la injusticia, de la exclusin, de la opresin. Por lo tanto su lucha es un grito de humanidad presente y ausente, de construccin con la otredad, con la alteridad. Es su tica. Por eso defiende el derecho a ser, a ser lmite frente a lo oprobioso. En consecuencia, lo diga ella o no, y s que lo ha hecho alguna vez pblico y manifiesto, es abanderada de pensar la rebelin, la revuelta, la revolucin, de reconocerla como probable alternativa, cuando otros caminos son minados en la historia, cuando estn cerrados; cuando en ellos lo nico que hay es preparativos de ignominia, de emboscadas para la muerte.

Acaba de ser emboscada. La mujer parlamentaria que ha sido secuestrada y violentada por paramilitares y militares. La mujer defensora de la paz con justicia que a diario recibe amenazas de muerte y viles ofensas, reproducidas por los medios de comunicacin de una clase poderosa que la odia con saa. La mujer negra que tuvo que irse al exilio. La mujer no conservadora que ha afrontado atentados contra ella y su familia, as como sistemticas acciones de espionaje. La mujer defensora de los derechos sexuales y reproductivos, a la que le secuestraron por aos una hija. La mujer que defiende el aborto, es acusada por un antiabortista fantico. La misma que ha ido a la selva a dialogar con la guerrilla, a pedir y lograr la liberacin de los retenidos por la insurgencia, es ahora castigada por un leguleyo que acept como pruebas contra ella lo que cualquier estudiante de derecho sabe que no procede. Por eso ella lo denunci, con pruebas, como prevaricador. Por eso el prevaricador la sanciona, sin pruebas vlidas. Mientras los aliados fcticos del Procurador-prevaricador, que han dado rdenes de matar a campesinos con motosierra, estn libres y orondos.

La amiga de los Comandantes Fidel y Chvez. La mujer de izquierda que goza del respeto de miles de personas progresistas en todo el mundo. La mujer de este Siglo XXI que encarna los valores de emancipacin de siglos, que no aprendieron nunca varones y barones machistas de una clase poltica que gobierna un pas del que hay que sentir vergenza. Con ms de 27 millones de pobres e indigentes; con saqueo a manos de empresas y actividades que expolian y matan sin cesar.

Destituida por la Procuradura. Dieciocho -18- aos. No podra ejercer la funcin pblica en ese tiempo. En un pas donde polticos como Uribe llegaron a cargos como la Presidencia tras encumbrarse de masacre en masacre. O como Juan Manuel Santos, ministro de guerra en los tiempos de miles de desapariciones forzadas y ejecuciones de jvenes pobres (los llamados falsos positivos), as como de operaciones ilegales en pases vecinos y otros delitos internacionales.

Donde cientos de polticos se han llenado los bolsillos en la geometra de una corrupcin desbordante, Piedad paga. Con lo que tiene. Con su nombre, con su patrimonio moral. Por eso es emboscada. Por un Procurador de extrema derecha (apoyado por el ex izquierdista Gustavo Petro en su eleccin) que adems de quemar libros de izquierda o condenar posiciones liberales, milita en las filas ms reaccionarias del catolicismo, rayando en lo ridculo. l es apenas un personaje cuyo visceral resorte ha servido a un propsito de Estado. Sustituir el atentado para la eliminacin fsica de Piedad, por su separacin de investidura pblica alguna a fin de hacerla ms indefensa, para aislarla y acabar, tras otros artificios, con lo que ella representa para el futuro de un pas. Quiz esto no sea para ellos ms que un bumerang.

Esto que se escribe entre un dolor de pas y de humanidad que produce esta noticia y otras que llegan de la fosa, de la fetidez de los verdugos y de la suciedad de quienes les vitorean; esto que apenas se articula buscando responder a la ruindad, como uno ms de los testigos privilegiados que han conocido una dirigente excepcional, tanto por su valenta, por su contundencia, por sus calidades, como por brotar en un tiempo de mercaderes en que ella ha decidido no venderse; esto obliga a solicitar a quienes defienden el Derecho a favor de la Justicia, pronunciarse para investigar al inquisidor Alejandro Ordez -el repugnante Procurador fascista-, a su Corte y sus propsitos.

Una comisin internacional debe constituirse ya para estudiar este exabrupto, para ejercer presin, para exigir responsabilidades del Procurador, para acusarle por este prevaricato, que no tiene slo alcances domsticos. Con esta emboscada a una mujer digna, se est atentando contra valores comunes a la humanidad, valores por los que Piedad trabaja con honestidad: la paz, la justicia, la igualdad, la libertad, los derechos humanos. El derecho a luchar.

 


(*) Carlos Alberto Ruiz es jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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