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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2010

Ratzinger es un enemigo de la humanidad

Richard Dawkins
The Guardian

Discurso pronunciado con motivo de la visita del Papa al Reino Unido y publicado en The Guardian. Traducido por Anah Seri


Debera Joseph Ratzinger haber sido recibido con la pompa y ceremonia que merece un jefe de estado? No. Como ha mostrado Geoffrey Robertson, la pretensin de la Santa Sede de ser considerada como estado soberano se basa en un pacto fustico por el cual Benito Mussolini entreg 3 kilmetros cuadrados del centro de Roma a cambio de que la Iglesia apoyara su rgimen fascista. Nuestro gobierno aprovech la ocasin de la visita del Papa para anunciar su intencin de hacer la obra del Seor. Como seal un amigo mo, presumiblemente deberamos esperar una inminente entrega de Hyde Park al Vaticano, para cerrar el trato.

Entonces, se debera haber recibido a Ratzinger como cabeza de una Iglesia? Desde luego que si los catlicos, como individuos, quieren pasar por alto sus muchas transgresiones y extenderle una alfombra roja para que la pisen sus elegantes zapatos rojos, muy bien. Pero que no nos pidan a los dems que paguemos por ello. Que no se le pida al contribuyente britnico que subvencione la misin propagandstica de una institucin cuya riqueza se mide en decenas de miles de millones; una riqueza a la cual el adjetivo mal habida le viene como anillo al dedo. Y que nos ahorren el espectculo nauseabundo de la Reina, el Duque de Edimburgo y los diversos tenientes y dems dignatarios deshacindose en adulaciones y lisonjas como si se tratara de alguien a quien debiramos respetar.

Al predecesor de Benedicto, Juan Pablo II, algunos lo respetaban como hombre virtuoso. Pero nadie podr calificar a Benedicto XVI de virtuoso sin que le d la risa. Este individuo de mirada lasciva ser cualquier cosa, pero no es virtuoso. Es un intelectual? Un erudito? Eso se afirma con frecuencia, pero no est nada claro qu significa erudicin cuando se trata de teologa. Nada respetable, desde luego.

El pequeo detalle desafortunado de que Ratzinger estuviera en las juventudes hitlerianas ha sido objeto de una moratoria ampliamente respetada. Yo tambin la he respetado, hasta el momento. Pero despus del escandaloso discurso del Papa en Edimburgo, en el que hizo al atesmo responsable de Adolf Hitler, no puedo evitar la sensacin de que ya todo vale en este combate. Oyeron ustedes lo que dijo?

Es como para cuestionarse las dotes de relaciones pblicas de los asesores que dieron por bueno ese prrafo. Pero claro, se me olvidaba, su asesor jefe es ese cardenal que echa un vistazo a los funcionarios de inmigracin en Heathrow y llega a la conclusin de que debe haber aterrizado en el Tercer Mundo. Al pobre hombre sin duda le prescribieron una arroba de ave maras, adems de su repentino ataque de gota diplomtica.

En un primer momento me sent molesto por el miserable ataque del Papa a los ateos y laicistas, pero luego lo vi como reconfortante. Sugiere que los hemos sacudido tanto que se ven obligados a insultarnos, en un desesperado intento por desviar la atencin del escndalo de la pederastia.

Probablemente sera mucho pedir el esperar que Ratzinger, a los 14 aos, hubiera calado a los nazis. Como catlico devoto, le habran inculcado, junto con el catecismo, la execrable idea de que todos los judos son responsables de la muerte de Jess, la calumnia de los asesinos de Cristo que no fue repudiada hasta el Segundo Concilio Vaticano (1962-1965). La mentalidad catlica alemana de la poca an estaba empapada del antisemitismo de siglos.

Hitler era catlico. O en cualquier caso igual de catlico que los 5 millones de personas de este pas considerados catlicos. Hitler nunca renunci a la fe bautismal catlica, y ese sin duda es el criterio en que se basa el recuento de los supuestos 5 millones de britnicos catlicos. O una cosa o la otra. O bien tenemos a 5 millones de britnicos catlicos, y entonces tambin tenemos a Hitler. O bien Hitler no era catlico, y entonces hay que dar una cifra honrada del nmero de autnticos catlicos en Gran Bretaa a da de hoy; el nmero de los que realmente creen que Jess se convierte en una oblea, como probablemente cree el ex profesor universitario Ratzinger.

En cualquier caso, es seguro que Hitler no era ateo. En 1933 afirm que haba erradicado el atesmo, tras prohibir la mayora de las organizaciones ateas alemanas, incluida la Liga alemana de librepensadores, cuyo edificio convirti en una oficina de informacin para asuntos eclesisticos.

Como mnimo, Hitler crea en una Providencia personificada, probablemente similar a la Divina Providencia invocada por el arzobispo de Munich en 1939, cuando Hitler sali indemne de un intento de asesinato y el arzobispo orden un Te Deum especial en la catedral de Munich: Para dar gracias a la Divina Providencia en el nombre de la archidicesis por la afortunada escapatoria del Fhrer.

Tal vez nunca lleguemos a saber si Hitler identificaba su Providencia con el Dios del cardenal. Pero no cabe duda de que conoca a su electorado, mayoritariamente cristiano, los millones de buenos cristianos alemanes que llevaban en sus hebillas la inscripcin Gott mit uns (Dios con nosotros), los que le hicieron a l el trabajo sucio. El conoca la base que le apoyaba. Hitler seguro que hizo la obra del Seor. Lo que sigue es un extracto del discurso que dio en Munich, el corazn de la Baviera catlica, en 1922:

Este no es ms que uno de los muchos discursos y pasajes de Mein Kampf en los que Hitler invoca su fe cristiana. No es pues de extraar que fuera tan bien recibido por la jerarqua catlica de Alemania. Y el predecesor de Benedicto, Po XII, no est libre de culpa, como demostr el escritor catlico John Cornwell en su desolador libro Hitlers Pope (el Papa de Hitler).

Sera poco amable insistir ms en este punto, pero el discurso de Ratzinger el jueves pasado en Edimburgo fue tan ignominioso, tan hipcrita, tan evocador de quien tira piedras sobre su tejado, que me sent obligado a responderle.

Incluso si Hitler hubiera sido ateo (como lo fue sin duda Stalin), cmo se atreve Ratzinger a sugerir que el atesmo guarda relacin con sus terribles crmenes? No, no hay relacin alguna, como tampoco estn relacionados con el hecho de que ni Hitler ni Stalin creyeran en duendes ni en unicornios. Tampoco tiene nada que ver que llevaran bigote, al igual que Francisco Franco y Saddam Hussein. No hay ninguna conexin lgica entre el atesmo y la maldad.

A menos, claro est, que uno est inmerso en la vil obscenidad que constituye el ncleo de la teologa catlica. Me estoy refiriendo (y le debo este punto a Paula Kirby) a la doctrina del pecado original. Estas personas creen, y se lo ensean a los nios pequeos, al mismo tiempo que les hablan de las aterradoras mentiras del infierno, que todos los bebes nacen en pecado. Se trata, por cierto, del pecado de Adn; de ese Adn que, segn admiten ahora, jams existi.

El pecado original significa que, desde el momento de nuestro nacimiento, somos malvados, corruptos, estamos condenados. A menos que creamos en su Dios. O a menos que nos cuelen lo del palo del infierno y la zanahoria del cielo. Esta, seoras y caballeros, es la repugnante teora que les lleva a concluir que fue el atesmo lo que convirti en monstruos a Hitler y Stalin. Todos somos monstruos salvo que Jess nos redima. Que teora ms vil, depravada, inhumana en la que basar nuestra vida.

Ratzinger es un enemigo de la humanidad.

Es un enemigo de los nios, de cuyos cuerpos ha permitido que se abuse, y cuyas mentes l ha animado a infectar de culpabilidad. Es vergonzosamente patente que la Iglesia est menos preocupada por proteger a los cuerpos de los nios de quienes abusan de ellos que por salvar a los sacerdotes del infierno; y lo que ms le preocupa es salvar la reputacin a largo plazo de la propia Iglesia.

Es un enemigo de los homosexuales, a quienes trata con la intolerancia fantica que la Iglesia antes reservaba para los judos.

Es un enemigo de las mujeres, a quienes mantiene alejadas del sacerdocio como si el pene fuera una herramienta esencial para el ejercicio de los deberes pastorales. A qu otro patrn se le permite una discriminacin en razn del sexo cuando se trata de un empleo que es evidente que no requiere ni fuerza fsica ni ninguna otra cualidad que pudiera atribuirse en exclusiva a los varones?

Es un enemigo de la verdad, difundiendo mentiras flagrantes como que los preservativos no protegen del SIDA, especialmente en frica.

Es un enemigo de los ms pobres del planeta, a quienes condena a tener grandes familias que no pueden alimentar, mantenindolos as esclavos de la pobreza perpetua. Una pobreza que encaja mal con la obscena riqueza del Vaticano

Es un enemigo de la ciencia, pues pone impedimentos a la investigacin con clulas madre, basndose, no en cuestiones morales, sino en supersticiones pre cientficas.

A un nivel menos serio, desde mi punto de vista, Ratzinger incluso es enemigo de la propia Iglesia de la Reina, pues respalda de forma arrogante a un predecesor que calific las rdenes anglicanas como absolutamente invlidas y totalmente vacuas , a la vez que intenta, descaradamente, arrebatarle curas anglicanos para reforzar su propio clero, en penoso declive.

Por ltimo, y lo que a m personalmente quiz me preocupe ms, es un enemigo de la educacin. Dejando de lado el dao psicolgico de por vida, causado por la culpabilidad y el miedo, que tan mala fama le ha dado a la educacin catlica en todo el mundo, l y su Iglesia promueven la doctrina, perniciosa para la educacin, de que la evidencia representa una base menos fiable para la creencia que la fe, la tradicin, la revelacin y la autoridad su autoridad.

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/belief/2010/sep/22/ratzinger-enemy-humanity



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