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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2010

El retorno de la cuestin social

Miguel Romero
Viento Sur


1. Uno de los logros del neoliberalismo fue marginar a la cuestin social a los conflictos engendrados por el capitalismo, basados en la injusticia y la desigualdad social- no slo de la poltica, sino tambin de la conciencia ciudadana, incluyendo la de la mayora de las clases trabajadoras. A ello contribuy, especialmente en nuestro pas, la instauracin del llamado dilogo social el consenso basado en la bsqueda sistemtica de intereses comunes entra patronal y sindicatos- como norma fundamental para gestionar las relaciones entre capital y trabajo. El resultado ha sido devastador en trminos econmicos derrumbe del porcentaje de los salarios en el PIB y crecimiento rcord y sostenido del excedente empresarial-, en trminos de tejido asociativo sindical declive del carcter y la prctica militante de la mayora de la afiliacin- y en trminos polticos consolidacin de la gobernanza bipartita PSOE-PP y de la hegemona del PSOE en la votacin de izquierdas-.

Pues bien, la huelga general del 29-S parece haber logrado el regreso de la cuestin social. Digo parece porque es, sin duda, muy pronto para establecer conclusiones de este alcance y existe un riesgo claro de confundir los deseos con la realidad. Todo lo que ha logrado la huelga general es embrionario y vulnerable; tiene ms que ver con expectativas y posibilidades que con conquistas efectivas y consolidadas. Pero hay datos razonables que permiten confiar en que se ha producido ese retorno tan necesario, tan vital especialmente en tiempos de crisis capitalista sistmica como los que vivimos.

Entre esos datos son significativos las reacciones de los portavoces empresariales y de la derecha poltica: los titulares tipo Fracaso general -y tiene gracia que hayan coincidido en las portadas El Mundo y ABC, esas dos perlas de la desinformacin- no pretenden dar cuenta de la realidad, sino exorcizarla para tranquilidad de sus clientes, como esos escapularios: Detente bala! que llevaban los carlistas en la guerra civil.

2. El hecho es que la huelga general, por las posibilidades que abre ms que por lo efectivamente conquistado, ha sido un xito poltico. Sera criminal desperdiciarlo. Por eso es importante reconocer los puntos dbiles, todo lo que queda por hacer para que, a este primer paso hacia adelante, sigan otros que nos acerquen a los objetivos, an muy lejanos, de los imprescindibles cambios radicales en la economa y la poltica.

Por ejemplo:

-habr que estudiar con detalle los resultados en sectores y territorios, especialmente donde la huelga no ha logrado incidir al nivel necesario (banca, sanidad, enseanza,, adems del problema ya habitual del comercio, especialmente en los grandes centros);

-habr que debatir sobre algunos de los lemas utilizados,al menos ambiguos: rectificacin, as no, O de los reclamos sobre el regreso al dilogo social, que permiten hoy a Antonio Gutirrez en El Pas reclamar galones de mediador.

-habr que cuidarse de las tentaciones de monopolio CC OO y UGT sobre la huelga. Ha habido otros sindicatos que han trabajado mucho por ella, y con resultados reconocidos, como muestra la manifestacin encabezada por CGT en Madrid, la ms numerosa que haya convocado nunca el sindicato (razn de ms para pensar que su participacin en la manifestacin de CC OO y UGT habra tenido una repercusin mayor que una convocatoria paralela). Ha habido adems aportaciones originales, eficaces y ejemplares para el futuro: plataformas unitarias territoriales, marchas en bicicleta, acciones del mundo de la cultura (aunque en este caso, menos amplias que en otro tipo de movilizaciones)

-y en fin, es un problema muy grave que ELA y LAB hayan despreciado la convocatoria, o incluso hayan obstaculizado directamente a acciones de piquetes. No es un asunto para tratar en pocas lneas y refleja problemas ms antiguos y generales, un abismo sobre el que no se ven vas de superacin.

En resumen, victoria poltica tiene un significado hacia dentro (demostracin de fuerza colectiva; sentimiento de haber derrotado a los agoreros que aseguraban un fracaso; posibilidad de cambiar el sentido comn de las y los de abajo, marcado hasta ahora por el escepticismo y la resignacin; inicio de recuperacin de militancia sindical de base de los sindicatos mayoritarios en muchos lugares, ) y hacia afuera (digan lo que digan, en adelante no se podr seguir cocinando la poltica econmica y social en el circuito cerrado de las reuniones con los mercados y en los pasillos del Parlamento; hay que contar con la calle, que no estaba invitada a la fiesta, y cuya presencia desestabiliza el guin previsto).

3. Se ha abierto una brecha en el muro, pero slo una brecha.

El discurso oficial optimista de los convocantes de la huelga (todas las huelgas generales han triunfado , mas pronto que tarde Zapatero rectificar ) puede entenderse para dar nimos en la preparacin de la huelga. Pero ahora toca enfrentarse a la realidad con esperanza, pero sin ilusiones.

Porque no es verdad que todas las huelgas generales hayan triunfado. Consiguieron objetivos parciales de desigual importancia, pero no cambios de fondo en las polticas econmico-sociales. Si se quiere, consiguieron rectificaciones, en el sentido, de cambios parciales de alcance desigual (retirada de leyes por la puerta, que luego frecuentemente entraron por la ventana).

Pero ahora no nos enfrentamos solamente a una ley; ni siquiera a una poltica econmica con un margen significativo de reformas. Nos enfrentamos a una estrategia de hierro, un ajuste estructural sometido norma a norma al diktat de los mercados, cimentada en la UE y a la que el gobierno Zapatero se ha sometido como un vasallo. La nica rectificacin con sentido es cambiar de base la economa y la poltica, autonomizarse de los mercados y, por tanto, afrontar sus ataques. Para ello hace falta un tejido social potente, especialmente por abajo, en la base de la sociedad; una alianza en la que converja la izquierda social y poltica, un periodo prolongado de resistencias y aprendizaje de nuevas formas de accin y organizacin Avanzar en este camino significa fortalecer una izquierda de izquierdas, que ponga fin al actual mapa poltico de la izquierda institucional, una de las peores herencias de la Transicin.

4. Se ha abierto un nuevo ciclo poltico? Por el momento, slo existe la posibilidad, y desde luego la necesidad de abrirlo.

Hemos ganado todos los que hemos credo y hemos trabajado por la huelga. Unos ms que otros, ciertamente. Pero sera muy conveniente que quienes salen de la huelga con una autoridad poltica con signos de recuperacin, en primer lugar, CC OO, miren a su alrededor y recuerden que no estaban solos, ni mucho menos, en los piquetes, y tambin que en los piquetes la convivencia entre gentes de siglas distintas ha sido mucho ms fcil de lo que podra hacer suponer los enfrentamientos entre las organizaciones.

En todo caso, el 29-S representa tambin una posibilidad, indita desde hace veinte aos, de que se desarrolle una izquierda sindical, plural, radical y unitaria, vinculada cotidianamente con los movimientos sociales.

Hay tambin un espacio nuevo y bien ganado para la izquierda anticapitalista, compartido con muchas y muchos activistas organizados y no organizados.

Ahora se trata de moverse en l con ambicin y humildad. Las claves del futuro estn en saber luchar por la unidad y saber vincular los objetivos anticapitalistas a las luchas cotidianas.

Y las claves del presente estn en seguir vinculados a toda esa gente que en las manifestaciones que concluyeron la huelga tena la conviccin de que harn falta nuevas huelgas generales, habr que trabajarlas mucho y bien para hacerlas, y sern, seguro, ms grandes y ms fuertes que el 29-S.

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR

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