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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2010

El derecho individual al trabajo frente al derecho a huelga general y la represin patronal y policial

Roberto Mrida
Rebelin


Despus del xito parcial de la huelga general de 29 de Septiembre, son muchos los que se quejan desde los medios de prensa y foros de internet, del "autoritarismo" y la "falta de libertad" ejercida por los activistas sindicales de los piquetes en contra de aquellos trabajadores o estudiantes que, a ttulo individual, optaron por ejercer su "libre y democrtico derecho a acudir ese da a trabajar", al no estar de acuerdo con la huelga.

Entre las muchas razones que alegaban, estaban las archiconocidas, parcialmente compartidas por muchos de los mismos activistas sindicales y trabajadores que hoy la impulsaban de que se trata de "una huelga convocada tarde y mal por unos sindicatos mayoritarios vendidos, que slo buscan el inters personal de sus lderes y militantes, y el no quedar mal cuando le han visto las orejas al lobo".

Veamos qu parte de razn hay, en efecto, en toda esta crtica.

a) Se trata de una huelga convocada tarde y mal.

En efecto, la perspectiva del desempleo comenz a golpear, ante los albores de la crisis, ya fuerte desde finales de 2007 y sobre todo comienzos y mediados de 2008 ante la cada en picado de varios consorcios empresarial-financieros como consecuencia de estallido de la burbuja especulativa de una deuda contrada durante aos por medio de los famosos crditos fciles e hipotecas basura o "subprime", que tuvieron la particularidad de incrementar de forma parcial la capacidad de consumo del obrero medio, permitindole acceder, entre otras cosas, al pago de una vivienda, a la vez que se produca una bajada paulatina del nivel de salario y las condiciones laborales, por medio de sucesivas reformas neoliberales, privatizaciones y "ajustes" que fueron aumentando la temporalidad del empleo y permitiendo la aparicin de la subcontratacin y los contratos-basura. Estas medidas comenzaron a implantarse con particular fuerza durante la dcada de los 80, continuando en la de los 90 hasta nuestros das. Se han traducido en una creciente destruccin parcial de capital sobrante que se ha cebado en particular con la mano de obra.

Ante esta situacin, los sindicatos mayoritarios de este pas, nicos con capacidad de movilizacin y convocatoria real para convocar una huelga general con posibilidades de xito, no han hecho ms que retrasar hasta lo imposible la necesidad de convocar dicha huelga.

b) Los sindicatos estn vendidos.

Es cierto que desde hace aos, desde los tiempos inmediatamente posteriores a la Transicin, los sucesivos gobiernos vienen comprando a los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, por medio de ingentes recursos del Estado destinados a subvenciones y liberaciones sindicales, con sueldos que nada tienen que envidiar al de muchos cargos polticos. Desde este punto de vista, se ha ido dando una fusin cada vez mayor, una relacin ms estrecha, entre los grandes dirigentes de estos sindicatos y la clase poltica. Con el tiempo, el hecho de afiliarse a un sindicato y aspirar a liberarse, o de pedir horas sindicales y recibir una remuneracin superior a la de un obrero, por pasar el equivalente a varias horas de jornada laboral cmodamente sentado en el despacho de una oficina, se ha convertido en algo cada vez ms comn. Conque lo que motivaba a buena parte del personal que optaba por afiliarse y apoyar a un determinado sindicato terminaba siendo el inters personal que anteponan a sus principios, expresados en todo un conjunto de ideales y una conciencia como clase asalariada que les llevaba a abogar por la voluntad de dedicar horas de su vida y tiempo defender a su propio riesgo los derechos colectivos de sus compaeros, y de s mismo en tanto que individuo perteneciente a esa clase.

De esta manera, se ha ido desarrollando un modelo de sindicalismo "vendido" y "domesticado", con toda una red de funcionarios "paniaguados" del sindicato que, lejos de ser controlados por la direccin, por la estructura o los estatutos, o por un conjunto de inespectores y comits encargados de asegurarse y fiscalizar al "sindicalista" corrupto que se aprovecha y nutre de horas sindicales o liberaciones a cambio de no hacer absolutamente nada por la causa sindical o la defensa de los intereses y derechos de sus compaeros, han sido premiados con ms y mejores puestos de liberados, con "derechos", que ms que derechos son privilegios, a cambio de traicionar la causa sindical y de no meterse en excesivos problemas que comprometan a su organizacin o estructura de cara al gobierno y los empresarios. A cambio, deben comprometerse, all donde la situacin entre patronal y plantilla de trabajadores se haga insostenible, a representar a sus "compaeros" y liderar las negociaciones entre patronal y sindicato en busca de un pacto, que buscaba, cuando no solucionar la contradiccin que dio lugar al enfrentamiento de forma que perjudicase lo menos posible a sus compaeros, tratando de que estos ganasen lo mximo posible y la patronal lo menos, s dar a los trabajadores las concesiones mnimas necesarias para que perdurase la "paz social" y as aliviar el conflicto.

Este sindicalismo "vendido" al pacto social con la patronal y "domesticado" por el gobierno, constituye todo un entramado, una red burocrtica que desinfla, obstaculiza y frena a cada instante la voluntad colectiva de lucha por parte de la plantilla, as como de las bases del sindicato, y pone trabas para la generalizacin del conflicto ms all de una empresa y gremio particular. De esta forma, ayuda a mantener la paz social entre patronal, gobierno y sindicatos desinflando y retrasando la lucha a la vez que cede, a cambio de su lealtad, obediencia o prestigio de cara a una mayora de trabajadores, una serie de concesiones en las negociaciones, as como cursos de FPO, financiados con una parte del total recaudado por medio de las subvenciones y cuotas de afiliados, en un pas donde la afiliacin sindical rara vez rebasa un porcentaje limitado.

c) TODOS los sindicatos y sindicalistas estn vendidos y buscan sus propios intereses personales?

Rotunda y claramente, NO.

A pesar del peligroso alcance de las liberaciones y subvenciones gubernamentales en masa a los grandes sindicatos, CCOO y UGT, dentro de los sindicatos mayoritarios, existen an sindicalistas comprometidos y trabajadores que tratan de usar la estructura y medios que la organizacin les ofrece para luchar contra los abusos de la patronal y sucesivas reformas regresivas del gobierno, as como por la defensa de los derechos e intereses de sus compaeros de clase, pero a menudo se ven frenados por una estructura burocrtica que le pone miles de trabas e impedimentos para que su lucha pueda trascender ms all de los lmites de la empresa, e incluso, dentro de la propia empresa.

As, una medida habitual, es la llamada "disciplina o lealtad de sindicato", segn la cual el sindicalista tiene que consultar con la coordinadora provincial y no con el conjunto de trabajadores de la plantilla o con la base de afiliados de esa empresa las decisiones importantes sobre los asuntos que ataen a un conflicto laboral, una negociacin, una lucha o una huelga.

As, si la Asamblea de Trabajadores de la empresa adopta una decisin, en el uso legtimo de una de las pocas medidas de democracia directa que el sistema contempla, como sta sigue siendo una "democracia de los empresarios", y la decisin de dicha Asamblea de Trabajadores no es vinculante, sino que queda al libre albedro entre trabajadores y Comit de Empresa, si esta decisin choca con los intereses del sindicato que representa a los trabajadores en el Comit, la coordinadora provincial presionar al delegado sindical para que vote otra cosa distinta, a menudo en contra de lo que ha decidido la Asamblea. En caso de no hacerlo, se le podrn aplicar medidas disciplinarias.

Otro clsico de la "autorrepresin sindical" por parte de la direccin hacia las bases es la obligatoriedad por parte de los afiliados de consultar cada panfleto, pasqun o boletn que impriman, contando con la infraestructura, recursos y firma de su sindicato, envindolo a la coordinadora provincial, en espera de que varios das despus esta d el visto bueno o, por el contrario, eche para atrs el panfleto, imponiendo al sindicalista un declogo.

Esto convierte la edicin de cada panfleto o boletn de empresa en todo un trmite, con toda una red de burcratas encargados de "censurar" y limar las aristas combativas de cada artculo en el seno de cada empresa. Esto desalienta a muchos sindicalistas honestos, que terminan invirtiendo buena parte de sus energas en una lucha constante con una coordinadora que, situada a varios kilmetros del lugar del conflicto, es a menudo ajena a la realidad y padecimientos que sufren los trabajadores de esa empresa y que, por lo general, a llevado a la necesidad de informar y contraatacar defendiendo los argumentos de los activistas sindicales y trabajadores en contra del de los empresarios.

De esta forma, a medida que transcurre el tiempo, los sindicalistas comprometidos, de base, se ven cada vez ms quemados y desencantados de la lucha. Algunos, en un ltimo gesto de rebelda y hartazgo, cuando se ven imposibilitados de hacer mucho ms, terminan desafilindose y renunciando a pagar cuotas a ese sindicato. Si todava les quedan ganas de lucha buscarn una alternativa sindical a la izquierda, si no, abandonarn la lucha o pasarn a un segundo plano. De esta forma la base sindical comprometida y activa en CCOO y UGT se ve cada vez ms reducida. Y la base sindical sumisa, acrtica, seguidista, oportunista, arribista o domesticada es cada vez ms desorbitante.

d) Qu alternativas existen frente al sindicalismo "vendido" y "domesticado" mayoritario?

Como alternativas a este modelo de sindicalismo del pacto social, de la negociacin vergonzante, pasivo, oportunista, quintacolumnista, vendido y domesticado, han ido surgiendo, desde hace aos, una serie de alternativas sindicales, entre las que citaremos algunas de las ms importantes.

Todas ellas destacan por tener en comn una voluntad de reconstruir un modelo de sindicalismo combativo y de clase, alternativo al oficialista de CCOO y UGT, que vaya ganando a cada vez ms sectores de la vanguardia sindical desencatados con stos, y les permitan recuperar una herramienta bsica de lucha por la defensa de sus derechos e intereses como clase frente al abuso de los empresarios y sucesivos intentos de recortes sociales y reformas regresivas como la reforma laboral presente.

Entre ellos destacan, a nivel estatal, la CGT, Central General de Trabajadores, sindicato anarco-sindicalista surgido de la famosa escisin entre CNT y CGT, durante los 80, como heredero de la antigua CNT de los aos 30, presente en varias ramas laborales a nivel de todo el Estado, abierto a gentes de distinta ideologa dentro de las premisas bsicas del asamblearismo, de respetar y defender las decisiones de las Asambleas de Trabajadores as como, a la hora de adoptar decisiones internas de la organizacin, de las Asambleas de Afiliados, y de la combatividad, de llevar las luchas hasta el final, renunciando a la firma de despidos y EREs, y, si bien piden la abolicin de las subvenciones y liberaciones sindicales, son partidarios de no recurrir a la liberacin u horas sindicales salvo que sea estrictamente necesario, y si es para dedicar ese tiempo y esos recursos a la construccin de la organizacin y la lucha contra el empresario, y siempre cobrando un salario igual y nunca superior al de un obrero. As, el tema de la liberacin sindical y las subvenciones estatales suele estar bastante restringido, en el seno de CGT, y controlado por el sindicato, llegando a aplicarse, en numerosas ocasiones, medidas disciplinarias contra militantes por el slo hecho de exigir liberaciones injustificadas o pedir horas sindicales para poder ejercer el derecho a huelga. Es un sindicato que, as mismo, promueve todo tipo de actividades de agitacin, as como culturales, para desarrollar la conciencia sindical y de clase en el seno de la clase obrera y entre el conjunto de sus afiliados, y la voluntad de formacin poltica y cultural y emancipacin por parte de los trabajadores. Entre sus principales objetivos, figuran el "desarrollar la voluntad de asociacin de los trabajadores, independientemente de su sexo, credo, raza, nacionalidad, lengua, ideas polticas o religiosas" y el defender "la emancipacin de los trabajadores, mediante la conquista, por ellos mismos, de los medios de produccin, distribucin y consumo, y la consecucin de una sociedad libertaria".

En Andaluca, el SAT, Sindicato Andaluz de Trabajadores, con creciente presencia en algunos sectores laborales en ciudades como Sevilla, su presencia tradicional se asienta sobre las bases del movimiento jornalero de Andaluca Occidental, siendo importante su papel en la Sierra de Sevilla-Sur, donde ha llegado a implantar, de la mano del CUT-BAI, un peculiar sistema de reparto y redistribucin de la riqueza en la famosa localidad de Marinaleda, basado en las ocupaciones de tierras y reinversin de recursos municipales en la construccin de Cooperativas Agrarias que dan empleo al pueblo, y en el reparto del trabajo y de la vivienda acorde al nivel de vida, costando la adquisicin y mantenimiento de una vivienda poco ms de 15 euros al mes a condicin de que su inquilino aporte su mano de obra en la construccin de la misma. Son destacados por la defensa de un sistema de conquistas sociales redistributivas para el mbito agrario basado en la Reforma Agraria, y una extensin racional del uso del PER, as como la participacin en diversas acciones radicales tales como la ocupacin de sucursales del Banco Santander, en Sevilla, ante la perspectiva de la crisis, y en protesta por las inyecciones masivas de dinero del gobierno de Zapatero a los bancos, o la ocupacin y sentada en el edificio principal de la RTVA, Radiotelevisin Andaluza, a la que pertenece Canal Sur. En sus estatutos, se declaran "un sindicato de clase, alternativo, anticapitalista, asambleario, de accin directa, autnomo, independiente, solidario, internacionalista, pluralista, abierto, antipatriarcal, confederal, republicano, nacionalista andaluz de izquierdas y utpico."

La CNT, Central Nacional de Trabajadores, sector ms tradicional y ortodoxo de la escisin de la CNT producida durante los aos 80, se reivindica anarco-sindicalista, e igualmente heredera de la CNT de los aos 30. Se caracterizan por un rechazo frontal a la participacin en elecciones sindicales, as como a aceptar liberaciones y subvenciones estatales, exigiendo adems, a sus miembros, una cierta adscripcin o aceptacin de la ideologa anarco-sindicalista.

Co.Bas, Comisiones de Base, con distinta implantacin en diversos puntos del Estado, surgidos a partir de miembros escindidos del sector crtico de Comisiones Obreras, fundamentalmente producida por los mtodos y formas de hacer sindicalismo de la direccin del sindicato, se constituyen, segn sus propias palabras, "como un sindicato de clase, asambleario, participativo, con independencia econmica de los poderes pblicos y privados, de lucha y confrontacin con el sistema, donde son los trabajadores y las trabajadoras quienes toman las decisiones y no una "cpula" sindical. La democracia participativa es la parte fundamental del proyecto sindical. Por ello, en la accin sindical, la decisin corresponde a la afiliacin y a las trabajadoras y trabajadores."

Y finalmente, crtiCCOOs, el Sector Crtico de Comisiones Obreras, que representa en torno al 23% del sindicato, segn los resultados del IX Congreso, y cuyos miembros "abogan por una vuelta a los postulados sindicales sociopolticos y de clase, ms ntidamente vinculados a los partidos de izquierda, especialmente al Partido Comunista de Espaa, frente a la poltica actual del sindicato, que consideran excesivamente propensa al dilogo social, adems de duramente represiva contra sus miembros."

A los que cabra aadir otros tantos sindicatos gremiales, o corporativos, como el USTEA, de educacin, o regionales y adscritos a crculos polticos como el sindicato LAB, mediatizado por el nacionalismo independentista abertzale, o el SEPC, sindicato independentista cataln presente en todo el territorio catalanoparlante.

Estos sindicatos alternativos, o combativos, conforman ya una realidad, que en muchas ciudades tiende a converger para formar un bloque crtico o frente comn en las manifestaciones, del que suelen formar parte, entre otros, segn los casos y particularidades de cada regin o localidad, CGT, SAT, USTEA, Co.Bas, y as otros. Otros sindicatos ms ortodoxos o exclusivistas, como la CNT, por su parte, suelen conformar manifestaciones independientes de cara a las movilizaciones, ya que rechazan todo modelo de sindicalismo que acepte la participacin en elecciones, comits de empresa, as como la existencia de delegados sindicales, la aceptacin de liberaciones, horas sindicales o subvenciones estatales.

e) Lo que quieren es "no quedar mal", porque los sindicatos le han visto "las orejas al lobo". Exigen la derogacin de la reforma laboral porque les afecta a ellos, no porque defiendan a los trabajadores.

En efecto, las principales causas de que CCOO y UGT hayan optado por convocar ahora a regaadientes, y no antes, y hayan buscado una movilizacin por parte de los trabajadores tan parcial y escasa, es porque la reforma laboral ataca los convenios colectivos, que son la base de sus intereses. Esto no quiere decir que esta reforma laboral no afecte al conjunto de los trabajadores, y que la huelga no est, por tanto, justificada. Significa ms bien que las burocracias sindicales son un freno para la convocatoria de una huelga general en Espaa y, caso de darse la misma, para la movilizacin del conjunto de los trabajadores. Pero que dicha convocatoria de huelga general, y dicha movilizacin, es ms que necesaria.

Si no, el gobierno y la patronal se vern con las manos libres para aprobar la reforma laboral, al no encontrar impedimentos para aplicarla. En cuyo caso, esta reforma abrir las puertas a una oleada adicional de despidos, al abaratar el despido y facilitarlo de cara a impedimentos jurdicos y legales, a un aumento de la temporalidad, al flexibilizar el empleo, y a una negociacin individual entre empresario y trabajador que en la prctica debilitar el convenio colectivo a la baja y, ante la alarmante cifra de desempleo, permitir la imposicin unilateral por parte del empresario de condiciones salariales y laborales cada vez ms nefastas, presionando a una bajada aun mayor del salario y a un aumento de las horas extras, o de la jornada. Esta reforma har a su vez cada vez ms difcil, ante el miedo al despido, y la impunidad del empresario para despedir, dividir a la plantilla e imponerle condiciones a ttulo individual por debajo del convenio, el ejercicio de derechos y libertades sindicales bsicas. Los convenios se convertirn en la prctica en papel mojado. En aquellas empresas donde no existan Comits, ser mucho mayor el esfuerzo necesario por parte de la plantilla para impulsar uno y, en caso de lograrlo, mucho menores las conquistas que se podrn conseguir a cambio. Esto no slo debilitar, por tanto, a los sindicatos mayoritarios y a sus burocracias, sino a todo tipo de sindicalismo, independientemente de si es este "vendido" y "domesticado" o "combativo", "alternativo" y "de clase", como ya hemos visto que es el caso de una parte de la base de afiliados de CCOO y UGT, incluyendo al Sector Crtico, y de los sindicatos minoritarios del tipo de CGT, Co.Bas y CNT a nivel estatal o del SAT en Andaluca, el LAB en Pas Vasco, etctera.

Esto traer, en definitiva, un aumento mucho mayor y ms alarmante del que padecemos a da de hoy del desempleo, y har casi imposible la obtencin de un empleo estable o no temporal, obligando a la aceptacin de condiciones cada vez ms indignas y precarias, y hacindole definitivamente imposible la obtencin de empleo a trabajadores de una determinada edad, cuyos contratos fijos comenzarn a ser, a su vez, gradualmente liquidados.

f) Las burocracias sindicales defienden sus intereses, no los de los trabajadores. Con lo cual, esta huelga slo sirve para defenderlos a ellos, no a nosotros.

Que no se haya convocado la huelga hasta despus de aprobada la reforma, y de dos aos de crisis, no significa que sta carezca de fundamento, sea inservible, o se deba al capricho de las burocracias sindicales de CCOO y UGT.

Significa que dependemos de las burocracias sindicales de CCOO y UGT para convocar una huelga general con posibilidades de xito en Espaa, pero que el grado de movilizacin, radicalismo y xito de la misma depender del grado de presin que tales burocracias de CCOO y UGT reciban desde su base de afiliados y de trabajadores, y del riesgo de que estas queden en entre dicho ante la posibilidad de no convocar huelga.

As pues, por que es necesario que estas burocracias de CCOO y UGT se vean presionadas, por parte de los trabajadores y de su base de afiliados, y porque es necesario presionar al gobierno y las patronales ante la perspectiva de la aprobacin de la reforma, es necesario aprovechar cada convocatoria de huelga que se d, por mal hecha o poco movilizada que est, por motivada que est por los intereses de la burocracia sindical de no quedar mal ante su base de afiliados, de defender sus propios privilegios o de recuperar el pacto social con el gobierno, que por primera vez se ha roto y del que se ven privados ante la perspectiva de una reforma laboral promovida por los empresarios y ante la cual, ha cedido el gobierno, que debilitar los convenios colectivos.

A su vez, el que la huelga no haya sido convocada antes, pone de manifiesto la dbil situacin del sindicalismo combativo en Espaa, de la alternativa sindical crtica de CGT, Co.Bas, SAT, CNT, critiCCOOs y USTEA (entre otros). No existe capacidad de convocar una huelga general con posibilidades de xito en Espaa sin contar con el sindicalismo mayoritario de CCOO y UGT, porque el sindicalismo crtico es demasiado dbil. Pero esta situacin empeorar en la medida en que se aplique la reforma laboral y, por tanto, comiencen a debilitarse los convenios colectivos, y cueste ms impulsar un Comit de Empresa, una seccin sindical o conseguir demandas y conquistas salariales y laborales a travs de una lucha o de la negociacin de un convenio.

Por tanto, dependemos, para la convocatoria de una huelga general, del papel de las burocracias sindicales y de que estas, se vean presionadas o no, por su base de trabajadores y afiliados, slo en la medida en que el sindicalismo crtico contine siendo minoritario, y slo en la medida en que sea ms difcil para la clase trabajadora participar en los derechos y labores sindicales de cualquier tipo.

Yendo a la huelga general, y a las manifestaciones, los trabajadores crticos con el modelo de sindicalismo mayoritario "vendido" y "domesticado" de las burocracias de CCOO y UGT podrn conocer otras alternativas sindicales all presentes, tal como es el caso de los sindicatos que componen el bloque crtico alternativo, entre ellos la CGT, el SAT, Co.Bas, etc., y podrn sumarse, por tanto a las mismas. De esta forma crecer la filiacin sindical de estas alternativas. Y en la medida en que el sindicalismo crtico pase de ser minoritario a tener ms peso en la clase trabajadora y las empresas de Espaa, cualquier iniciativa de huelga general que emane o sea refrendada por estos sindicatos tendr mayores posibilidades de xito.

Esta huelga, y cualquier otra que se convoque en el futuro en condiciones similares, servir, por tanto, en la medida en que sea un xito total, radicalice la protesta, genere prdidas econmicas al gobierno y los empresarios, permita visualizar a otras alternativas sindicales y recuperar la confianza en el sindicalismo por parte de los trabajadores, posicionando, obligando a las burocracias sindicales a posicionarse ya sea en contra o a favor del gobierno, y a desenmascararse, o a renovarse, por tanto.

El "autoritarismo" de los piquetes frente a la dictadura patronal en las empresas y la represin policial del Estado

As, tenemos que, domesticadas durante aos por el dinero de las subvenciones y liberaciones estatales que, por primera vez en muchos aos, las burocracias sindicales creen ver sus intereses y privilegios amenazados, ante la perspectiva de la reforma laboral que debilita, entre otras cosas, los convenios colectivos al permitir la negociacin individual a la baja, a la vez que abarata el despido y flexibiliza y precariza el empleo, aumentando la temporalidad y los contratos basura.

Frente a esta situacin, son muchos los que se quejan desde los medios y foros de internet, del "autoritarismo" y la "falta de libertad" por parte de los piquetes, que imponen, a quienes desean ejercer su "libre" y "democrtico derecho al trabajo individual", el derecho "de unos cuantos sindicalistas vendidos y piquetes revoltosos a la huelga", cuando "lo que hay que hacer es trabajar para levantar la economa del pas y salir de la crisis".

No se dan cuenta de que, no trabajando un da, slo generas prdidas ese da a los beneficios del empresario, frente a la prdida, para el trabajador, de un nico da de salario, pero que yendo al trabajo ese da, le ests generando beneficios extra al empresario a cambio de no solucionar, sino agravar, an ms, el problema del paro, de los despidos, de la temporalidad y precariedad del empleo y de la prdida de derechos laborales y sindicales, durante aos, lo que seguramente empeorar de forma gradual la situacin econmica del trabajador, disparando an ms la cifra de desempleo, a la vez que aumentar la explotacin de aquellos que logren mantener, a costa de un gran sacrificio, un trabajo, hacindole ganar de nuevo beneficios a los empresarios, sin que ello repercuta en una mejora de la economa.

Desde aqu, cabe preguntarse, por tanto: Es esta la libertad y el derecho "democrtico" al trabajo que predican los que luego critican de "abuso de fuerza" a los piquetes? La libertad de quienes anteponen su rcano derecho invidual a dar un da de clase o generarle un da extra de beneficios a su empresario a un derecho como el de la huelga, que slo puede ejercerse de manera colectiva, no individual. Ya que su "derecho a trabajar y estudiar" debilita la huelga, y a miles de trabajadores y estudiantes que, corrern el riesgo de ser despedidos o perder das de clase, impidindoles ejercer ese derecho, o condenndolos a ejercerlo tan slo "a medias", con miedo y sin libertad, con salvedades.

Es un derecho, por tanto, el de la huelga, que slo puede ser ejercido de forma colectiva. Basta que algunos no paren, o que la empresa abra, ese da, para que se convierta en poco ms que papel mojado, o quienes paran corran el riesgo de ser despedidos, o perder das de clase.

A menudo se habla de los piquetes que coartan y violan el derecho de quienes quieren trabajar, bajo amenazas o abusos de fuerza, pero no se habla de los miles que amenazan a toda la plantilla con el despido si faltan a trabajar ese da. Para garantizar ese derecho son los piquetes. Tampoco se habla del abuso de fuerza y de poder, de la represin, la violencia, el arresto con que arremeten las fuerzas policiales del Estado, al servicio del gobierno y en defensa de los intereses de la propiedad privada, de la patronal, contra quienes tratan de salvaguardar dicho derecho, para quienes sienten dentro de s el deseo de parar, pero carecen de la fuerza suficiente para arriesgar su empleo, y su modo de vida, dicindole "no" al empresario, no yendo ese da al trabajo.

Abuso de fuerza y represin policial del que tenemos en la presente fotografa, y el presente vdeo adjunto en la nota al pie, apenas un nfimo ejemplo: www.youtube.com/watch?v=ULxzuayc0i4&NR=1&feature=fvwp

Se habla de democracia. Pero no del miedo al despido; de la represin policial; de la falta de derecho al trabajo que ya sufrimos viejos y jvenes y que aumentar desde el momento en que empiece a aplicarse esta reforma laboral; de las oleadas de despido libre y gratuito que facilitar, de las "negociaciones" individuales por debajo del convenio que mermarn las condiciones de empleo y har imposible cualquier labor sindical, o del aumento de la temporalidad del empleo, que harn el obtener un empleo si no es aceptando condiciones cada vez ms indignas, salarios cada vez ms misrrimos, una tarea poco menos que improbable.

Los conceptos "libertad" y "democracia" en el discurso dominante de la post-modernidad, y su doble moral.

En el discurso de la post-modernidad actual, se invierten los valores, los conceptos, se habla de libertad y democracia cuando lo que prima es el derecho de las minoras a proteger al patrn, e imponrselo, so pena de despido o merma econmica, a las mayoras que quieren parar, mientras los dems estn partindose la cara por sacar la huelga adelante y parar una reforma laboral que traer una oleada de despido libre y gratuito, temporalidad y "negociacin" individual, aumentando el desempleo y mermando las condiciones de trabajo durante muchos aos.

Quienes defienden as los intereses de la mayora, el derecho de las mayoras, quedan, en su dinmica de enfrentamiento a los intereses de los grandes, y al poder, enmarcados en el campo de lo polticamente incorrecto, defendidos por el individuo. Quienes traicionan a sus compaeros, y hacen apego al egosmo, la sumisin, la servidumbre, la perpetuacin de la esclavitud salarial, el desdn a la lucha por mantener las conquistas y, en definitiva, la falta de solidaridad, son aplaudidos por el sistema, por la opinin pblica generada por el orden establecido, en connivencia con el gobierno y la patronal, como "hroes de la democracia y la libertad".

As, estas malditas palabras, "democracia y libertad" se convierten en poco menos que palabras vacas, que no significan nada, ms que el respeto sumiso y servil al orden establecido, ms que el derecho a obedecer; un lenguaje de lo polticamente correcto que en el fondo sirve a la estabilidad y los intereses de la clase poltica y dominante, y dificulta que sea cuestionada.

La inversin de roles por el discurso oficial. El enemigo de "mi enemigo" es mi "amigo". Derechos y libertades bsicas.

"Mi enemigo", entonces, ya no es el patrn que me amenaza con el despido o no me deja sindicalizarme, so pena de listas negras y despido, o el gobierno que recorta mis derechos con una reforma que da impunidad al empresario, o el polica que me agrede y sanciona por garantizar que dicho derecho y dichos intereses, el derecho y los intereses de una mayora perjudicada, afectada, por esta reforma, pero con miedo, sea tolerado y respetado. Mi enemigo ahora pasa a ser el piquete.

Mi enemigo ahora es el sindicato. Pero no porque algunos sindicalistas se vendan, o el gobierno los haya comprado y domesticado durante aos, no porque haya tratado de dosificar una movilizacin, no porque se haya resistido a hacer huelga, no porque evite ponerse en contra del gobierno, y aspire a volver a la negociacin. Sino porque me obliga a ponerme en huelga por unos intereses que, no queremos ver que son tan nuestros como suyos.

Este discurso tan slo sirve para enfrentarnos nosotros mismos, y para poner obstculos a la vanguardia sindical y a un creciente porcentaje de trabajadores descontentos por la situacin actual de desempleo y precariedad laboral, en su lucha por la conquista de sus derechos, o por preservar los que quedan. Y en definitiva, para aislar a la vanguardia sindical, separndola, ante la opinin pblica, de un porcentaje creciente y cada vez mayor, de trabajadores afectados por los recortes neoliberales y, en ltima instancia, por la dinmica de regresin social a que nos lleva el capitalismo en crisis.

Su moral o la nuestra

De qu estamos hablando, entonces?

Del derecho a trabajar un da? O del derecho a conservar y aspirar al empleo digno y estable, a un sistema universitario pblico y de calidad, durante muchos aos?

Del derecho a no perder un da de salario? O del derecho de los empresarios a destruir el empleo, a abaratar, debilitar y precarizar nuestras condiciones de vida como asalariados, para seguir ganando los mismos beneficios los 365 das del ao, mientras la gente se hunde en la esclavitud y la miseria?

Del derecho a pensar diferente de tu compaero? O del derecho a disentir de lo establecido?

Porque yo slo veo, que la manera en que los piquetes defienden el derecho de unos a parar, y la polica el de otros a abrir, a trabajar como esclavos, a ahorrarse gastos en mano de obra y seguir explotando y enriquecindose a costa de nuestro trabajo, del que queda, es cualitativamente distinto.

Y se diferencia sobre todo en una cosa: en el uso de la violencia. Que mientras unos disuaden mediante la presin colectiva, con argumentos, con palabras llenas de hartazgo, de ira, de rabia, acompaadas, a veces, de silbatos o gritos. Los otros disuaden con palos, mediante el arresto colectivo y, privando, en una palabra, de su libertad, a quienes pretenden despertar la conciencia social en cada vez ms trabajadores y empujarlos a ejercer medidas de presin y fuerza colectiva contra la patronal y el gobierno, que slo buscan enriquecerse a costa del aumento de la explotacin y de la miseria, arrastrando al resto de la sociedad a la regresin social, la esclavitud y la ruina.

Roberto Mrida (Hrod)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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