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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2010

Sudamrica para los sudamericanos

Ral Zibechi
La Jornada


Un pequeo nmero de policas se insubordin en la maana del jueves 30, sobre todo en la ciudad de Quito, pero tambin en Guayaquil y Cuenca, en rechazo a la Ley de Servicio Pblico que, segn manifestaron, perjudica sus ingresos y varios beneficios corporativos. Cuando el presidente Rafael Correa acudi al regimiento de Quito nmero 1 tomado por los insubordinados, fue abucheado, mojado y gaseado, y luego retenido durante horas en el Hospital de la Polica Nacional. Los policas tambin tomaron el Parlamento e impidieron su normal funcionamiento, y soldados de la fuerza area ocuparon el aeropuerto internacional de Quito.

Con el paso de las horas, la insubordinacin policial se convirti en crisis poltica e institucional que forz al presidente a decretar el estado de excepcin, primero, y ms tarde a negociar con representantes de los policas una salida a la crisis. No se trata, en rigor, de un golpe de Estado, aunque la sensibilidad de las izquierdas luego de los sucesos de Honduras, hace algo ms de un ao, justific la mayor alarma. Fue el entorno de Lula el que primero percibi que las cosas no saldran de su cauce y que la protesta policial quedara en eso, ms all de lo exagerado, exacerbado y desmedido, adems de ilegal e inconstitucional, de su accionar.

La crisis deja varias lecciones. La primera es la respuesta fulminante de la Unasur, que fue capaz de reunirse en pocas horas para acotar la crisis ecuatoriana y encauzarla como ya haba hecho dos aos atrs cuando la derecha boliviana buscaba jaquear al gobierno de Evo Morales. La rpida convocatoria a una cumbre de presidentes de la Unasur, convocada a contrarreloj y celebrada la misma noche del jueves 30 en Buenos Aires, es una clara muestra de que vivimos tiempos nuevos en los que el golpismo, en cualquiera de sus formas, ya no corre.

La segunda es que la regin ha ido tomando forma propia, que ya tiene una madurez que le permite encarar situaciones complejas ms all de las diferencias entre los gobiernos que la integran. La rpida respuesta de todos los gobiernos es una de las mejores noticias. Los de Colombia y Per mostraron desde el primer momento su apoyo a Correa, cerrando incluso sus fronteras y dejando de lado antagonismos y diferencias, y mostrando que son ms las cosas que los unen que las que los separan. No puede olvidarse que menos de dos aos atrs Ecuador y Colombia rompieron relaciones a raz del bombardeo al campamento de Ral Reyes el primero de marzo de 2008.

La tercera leccin que deja esta crisis es la tarda reaccin de la Casa Blanca que declar su apoyo a Correa despus que los militares ecuatorianos haban acordado la continuidad constitucional y luego de ser emplazada por el gobierno cubano para que se pronunciara claramente.

En adelante, las crisis regionales sern resueltas en la regin. Sudamrica para los sudamericanos podra ser el nuevo lema capaz de regir la vida poltica en esta regin que ya no es patio trasero de nadie. Los hechos confirman el aserto del economista brasileo Jos Luis Fiori en un artculo publicado en el peridico Valor (29-IX-2010), en el que alerta que la regin est viviendo una revolucin intelectual, que ya consolid una nueva manera del continente de mirarse a s mismo y al mundo, y a sus propios desafos asumidos como oportunidades y opciones, que deben ser hechas a partir de su propia identidad y de sus propios intereses.

Los principales lderes de la regin ya no piensan, ni pueden hacerlo, en funcin de sus relaciones con los centros de poder, que viven una profunda y prolongada crisis, sino en base a intereses propios. En Ecuador, ni siquiera la derecha ms retrgrada, como la que encabeza el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, ha sido capaz de apoyar a los sublevados.

Por ltimo, la crisis deja otra leccin tambin importante. Las gubernamentales fuerzas del cambio, o de la revolucin ciudadana en el caso de Ecuador, no pueden enajenarse el imprescindible apoyo de los movimientos sociales. El presidente Correa ha estado enfrentado con el movimiento indgena, con sindicatos y los ms diversos colectivos. Ciertamente, mantienen posturas muy diferentes en asuntos decisivos como el uso de las aguas por las multinacionales mineras y por otras razones vinculadas al modelo de desarrollo. Pero Correa elev en varias ocasiones el tono de la confrontacin, agrediendo innecesariamente a dirigentes sociales con acusaciones fuera de lugar.

El comunicado de la Conaie habla por s solo. Acusa a Correa de haberse empeado en atacar y deslegitimar a los movimientos sin haber tocado las estructuras de poder de la derecha. Esa actitud no ha hecho ms que favorecer a la vieja derecha, tanto a la econmica como a la poltica. Para nosotros es una situacin bien incmoda, afirm un dirigente de las asambleas del agua del Azuay va telefnica, ya que estamos contra la vieja derecha que quiere tirar a Correa, pero tambin contra la nueva derecha que representa el presidente, por eso apostamos a tumbar este modelo que sigue siendo neoliberal.

Eso tal vez explique que no haya habido masivas movilizaciones en apoyo de la revolucin ciudadana, como las que hubo en 2002 en Venezuela para frenar y revertir el golpe contra Hugo Chvez, o las que en septiembre de 2008 derrotaron a la derecha en Bolivia. La soledad de un poder que se proclama hacedor de los cambios y encarnacin de la voluntad popular, ensea que algo no se est haciendo bien. La tentacin de gobernar para la poblacin pero sin ella, taponando las crticas con discursos, es pan para hoy y desamparo para maana.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/10/02/index.php?section=opinion&article=020a1mun



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