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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2010

Tras la Huelga general del 29-S, cheques en blanco ni uno

Marat
Rebelin


1.- Saldando cuentas: hasta el 29-S incluido, todos unidos en la huelga. A partir del 30, cada palo que aguante su vela

La Huelga General del 29-S ha sido un xito, especialmente si tomamos en consideracin el pesimismo de partida de buena parte de los partidarios de la misma y el papel comprometido en el que se encontraban los convocantes mayoritarios de la misma.

Si la huelga sala bien, siempre caba la posibilidad de que se interpretase como un espaldarazo al sindicalismo oficial y de concertacin, como as lo ha interpretado CCOO, ya que UGT, chikilikuatradas y penosas intervenciones de Mndez en Slvame aparte, estuvo desaparecida durante su preparacin y en el da de la misma, sin combate alguno. Sustituirlo por cantinfladas es llamar a la gente directamente imbcil. En todo caso, esto es algo coherente en un sindicato que sustituye la lucha obrera por pronunciamientos. Mucho ms coherente si tenemos en cuenta que quien tiene dificultades para manejar ahora la careta PSOE, luego la careta sindical, prefiere la performance a la lucha real. Esa es una de las muchas razones, por supuesto no la nica, por las que una parte de los trabajadores no la secundaron, no nos engaemos. El bajo nivel de conciencia de clase entre amplios sectores de los trabajadores era un serio obstculo para entender que se deba estar activamente con la huelga sin que ello significase apoyar a un sindicalismo burocratizado.

Si la huelga sala mal, el resultado slo poda interpretarse como la constatacin de que la clase trabajadora se haba derrotado a s misma, aceptando resignada y fatalistamente todos los golpes que el capital y su gobierno quisieran infligirla. Y de paso, para satisfaccin del capital, la expectativa para el PP, de que su llegada al poder poltico encontrara la puerta abierta a un paseo militar para sus planes de represin sindical futura y la aplicacin de los flecos antisociales que el PSOE no hubiera tenido tiempo de imponer. Eso s, contando con la comprensiva radicalidad de la alegra por el fracaso de la Huelga General y el castigo a los sindicatos burocrticos y de concertacin de los torero-revolucionarios de saln, partidarios de una huelga indefinida, (y no de esta huelga de pega), que ellos saban bien que no iban a tenerse que ver en la tesitura de afrontar.

Y sin embargo, una lectura ms a fondo y relajada de los resultados de esta huelga puede dejar un cierto desasosiego en quien la haga desde una posicin netamente de izquierda y de un sindicalismo combativo.

El xito de la misma se ha producido fundamentalmente por su seguimiento entre los sectores ms tradicionales de la estructura social de los trabajadores espaoles: industria, construccin, metal, limpiezas,...

Grandes centros de aprovisionamiento alimentario como los Mercas, la Universidad, o parcialmente, el transporte en las grandes ciudades y amplios sectores de la enseanza media y primaria contribuyeron a transmitir sensacin y ambiente de huelga.

Pero junto a ello, el fracaso de la huelga en el resto de las administraciones pblicas, el seguimiento inferior de la misma al marcado por los servicios mnimos en la sanidad pblica, el bajo nivel de apoyo entre sectores profesionales y autnomos (no es suficiente el argumento de que estos ltimos se sienten poco concernidos por la Ley de Reforma Laboral porque s estn afectados por el prximo pensionazo y contra l iba tambin la huelga), el fracaso de la huelga en el Metro de Madrid, el relativo nivel de participacin de los trabajadores de las grandes superficies y la baja incidencia de la jornada de paro entre el pequeo comercio, muestran claros sntomas de que hay amplios sectores que no conectan no ya con un sindicalismo domesticado sino simplemente con el sindicalismo de clase. Y lo hacen crecientemente con el sindicalismo corporativo, gremial y amarillo en unos casos (profesionales, sanidad segn categoras, taxi, autnomos,...) o con ninguno, por el ambiente represor con cualquier tipo de sindicacin, protesta o movilizacin, en otros (comercio, grandes superficies,...)

Es cierto que asistimos a descomposiciones y recomposiciones, de modo continuado, de la clase trabajadora. Profesionales que se salarizan en un nmero creciente, al ser absorbidos por grandes corporaciones (mutualidades mdicas, grandes despachos de abogados, grandes estudios de arquitectura,...), autnomos que pierden su romntica independencia, pasando a ser autnomos dependientes, a menudo de no ms de 1 2 contratantes de servicios. Por su parte, el pequeo comercio est desapareciendo de las grandes ciudades en beneficio de las grandes y medianas superficies en las que el vendedor es un asalariado.

En muchos casos nos encontramos un comportamiento de viejos reflejos en algunos de esos segmentos de los nuevos asalariados; viejos reflejos que miran ms hacia antiguas posiciones privilegiadas de clase, confrontnose a los segmentos ms tradicionales de la clase trabajadora. En otros, condiciones de trabajo realmente duras, derechos laborales mnimos y salarios de miseria.

Sin embargo, en unos y otros casos no se detecta un autntico esfuerzo de ese sindicalismo de gabinete de prensa y negociacin para conectar con los nuevos segmentos que debieran integrarse dentro de la lucha sindical. Este sindicalismo burocratizado se ha refugiado en los segmentos ms tradicionales de la clase trabajadora, sin que ello les impida pactar ERE tras ERE o mezclar, cuando la ocasin lo requiere, un discurso obrerista con una prctica de gestin vertical y similar al de una empresa y renuncia a ensanchar su base social en todos los mbitos salariales.

Una labor de captacin para la lucha de los trabajadores de una parte de estos nuevos segmentos (comercio en medianas y grandes superficies, autnomos dependientes,...) representara, en muchos casos, volver al viejo sindicalismo del contacto con los trabajadores a la puerta de las empresas, cuando la represin de cualquier intento de concienciarlos desde dentro podra significar la expulsin de los candidatos a afiliados de sus centros de trabajo. Ese es un esfuerzo y un riesgo que ese sindicalismo burocrtico apenas ha hecho, ms que en una nfima parte, porque tampoco parece querer dar una imagen de combatividad ante el empresariado que vaya ms all que la realizada en fechas sealadas.

En el caso de los profesionales salarizados parece predominar la circunstancia de que deban ser estos quienes conecten con dichos sindicatos, cuando la iniciativa debiera ser a la inversa. Se deja el campo abonado para el trabajo entre aquellos de los Colegios Profesionales y los sindicatos corporativos y se obstaculiza, por omisin, la ampliacin de las alianzas de clase.

Por su parte, los ms que dbiles resultados de la Huelga General entre los funcionarios muestran que el discurso de CCOO y UGT en las administraciones pblicas est agotado. No basta con hablar de desclasamiento, de privilegiados con trabajo fijo que no son solidarios con la Huelga General de todos los trabajadores. La demagogia puede que conforte y tranquilice a quien la ejerce pero es intil para reflejar la realidad, ms que en una pequea parte de la misma, y sobre todo es absolutamente ineficaz para transformarla. La gente puede estar desinformada, o incluso intoxicada informativamente por los contrarios a la huelga, pero no es tonta.

Es cierto que estamos ante un sector que siente de un modo menos acusado los zarpazos de la crisis capitalista. Por contra, tambin lo es que a los funcionarios les ha sido recortado el salario en un 5%, que llevan aos perdiendo capacidad adquisitiva, a pesar de alguna subida puntual, que la administracin perder trabajadores de aqu a los prximos aos por jubilaciones que no sern cubiertas con nuevos puestos de trabajo y que hay un plan para eliminar el mutualismo administrativo en la Administracin Central del Estado. La tentacin de alegrarse de que a otros trabajadores les empiece a ir mal para nivelar las ya malas condiciones de vida de crecientes sectores de trabajadores es reaccionario y estpido. Y lo es porque esa pretendida nivelacin iguala siempre a los trabajadores a la baja y nunca a la alza y porque les enfrenta y divide, creando contradicciones y enfrentamientos de clase.

Pero lo cierto es que en las Administraciones Pblicas nos encontramos una fuerte presencia del sindicalismo amarillo de organizaciones como CSI-CSIF y sus variantes escindidas que se agarran a viejos privilegios funcionariales pero no a una autntica defensa de los trabajadores de este sector, como tampoco lo han hecho de verdad CCOO y UGT. La ausencia de seguimiento de la Huelga General entre ellos y el apoyo al llamamiento desmovilizador del sindicalismo amarillo as lo expresa. Hay razones que explican la desconexin entre un sindicalismo que se dice de clase pero, en realidad, es un sindicalismo burocratizado, poco ejemplificador en su coherencia y que prefiere los focos de las cmaras en las mesas de concertacin que la asamblea y el contacto directo y permanente con los trabajadores. Esa desconexin la hemos analizado en un artculo anterior (1) a la que hemos denominado como causas de honda larga La pretensin de que los funcionarios volvieran a repetir huelga, cuando haba sido convocados el 8 de Junio, en vez de haber hecho coincidir la Huelga General y la de funcionarios en la citada fecha, cuando an la Ley de Reforma Laboral era ms proyecto parlamentario que realidad asentada, tena ms de sabotaje contra las luchas que intencin de suma. Y UGT no estaba lejos de tales jugarretas.

Qu decir del casi nulo seguimiento de la huelga entre los conductores de Metro de Madrid? Slo el 1% de los conductores de las unidades del metropolitano no acudieron a trabajar y el 80% del personal de metro acudi a sus puestos de trabajo (2). Analizar las causas de esta respuesta laboral tiene su miga.

La huelga del metropolitano de Madrid en la ltima semana de junio y buena parte del mes de julio del presente ao marc, en sus orgenes, el camino a seguir por los trabajadores de otros sectores, en cuanto a combatividad y dignidad en la defensa de sus derechos laborales y en la negativa a aceptar servicios mnimos mximos (la Comunidad de Madrid pretenda el 75%). Hemos de recordar que, al inicio de la misma, todos los sindicatos apoyaron esta huelga: Solidaridad Obrera, Sindicato de Conductores del Metro, CCOO, UGT y Sindicato Libre.

Desde el principio el piquete txico antihuelga de la Brunete meditica de la derechuza, encabezado por su lideresa Esperanza Aguirre lanz contra los huelguistas todo tipo de insultos, descalificaciones y amenazas: insolidarios, terroristas, violentos,...lo de siempre pero ahora con mayor virulencia y despliegue de medios. Y lo acompa del chantaje de amenazas de despido o incluso de militarizar el Metro. Tan provocador intento de intimidacin de los huelguistas slo se recuerda en el inicio de la transicin hacia esto que llaman democracia y no lo es. Como medio de echar ms presin antihuelga los voceros contrarios a la misma y la Comunidad de Madrid trataron de enfrentar a los usuarios de Metro con los huelguistas.

La presin obtuvo sus resultados. El portavoz del Comit de Huelga del Metro fue reemplazado, en un autntico coup de force (en francs suena ms fino pero si golpe de fuerza lo sustituimos por golpe de estado interno contra los huelguistas, ser ms exacto lo ocurrido) realizado por CCOO y UGT, mayoritarios en el Comit de Empresa. Descabalgaron a Vicente Rodrguez, duro y combativo en sus posiciones, para cambiarle por otro mucho ms dialogante, Antonio Asensio, de CCOO. La sentada en la mesa de negociaciones con la patronal de Metro que vino despus supuso vender como victoria que slo se hubiesen rebajado los salarios en un 1%, en vez del 5% previamente aplicado. Pero a cambio se asumi discutir sobre masa salarial (salarios indirectos y derechos sociales), lo que conllev reducciones en las partidas dedicadas a formacin profesional de los empleados, reestructuracin del transporte nocturno de personal, primas salariales,...Y la voluntad de la Comunidad de Madrid y el Consorcio de Metro, tras un acuerdo en el que estos no se sintieron derrotados, de aplicar la represin contra los trabajadores ms activos en la huelga (3). Nos extraamos ahora de que el Sindicato de Conductores y Solidaridad Obrera no apoyaran la Huelga General despus de la traicin de estos burcratas sindicales? No se puede disculpar la falta de unidad de los sindicatos de Metro de Madrid que no se sumaron a la Huelga General del 29-S, porque era una huelga de toda la clase trabajadora y no meramente sindical, pero es necesario entender sus porqus. Disculpar y entender no significan, ni de lejos, lo mismo. Negarse a entender es continuar por el sendero de las derrotas, bajo un criterio de falsa lealtad a la huelga, que la gran mayora de los trabajadores hemos secundado, sin por ello dar cheques en blanco a quienes nos han estado apualando por la espalda durante estos aos de la crisis capitalista, que hemos soportado los trabajadores, mientras nuestros apualadores, y ahora pretendidos dignos sindicatos de clase, CCOO y UGT, continuaban con sus nalgas pegadas en las mesas de negociacin y frenando las luchas sociales.

2.- Cul es el siguiente paso que deben dar los trabajadores?:

Las primeras horas del da 1 de Junio ya nos anuncian el peligro de un intercambio de cromos: La ley de Reforma Laboral es intocable, dice el Gobierno, pero podemos discutir de la Ley de Pensiones (4).

De hecho, el lema de la convocatoria de la Huelga General no anunciaba un deseo de mayor combatividad que la justa: As (adverbio modal) no. Expresaba la intencin latente de jornada reivindicativa autolimitada en sus fines (ellos prefieren llamarla de sindicalismo responsable) que evidenciaba que para dichos sindicatos el problema era ms de forma (trgala) que de fondo (aplicacin del bebedizo por dosis).

El si amo, yo pacto los servicios que usted me diga permiti al seor Blanco apuntarse el tanto de calificarlos como histricos. Cuando Huelga General significa huelga s pero dentro de un orden y ese argumento se exhibe como triunfo del sindicalismo responsable se est apostando por transmitir una imagen de pasteleo, por desactivar a la huelga y por traicionarla por parte de los que la convocaron a regaadientes. Los servicios mnimos de una Huelga General en la que la agresin contra los trabajadores ha sido tan salvaje y terrorista (violencia inusitada en detenciones y atropellamientos de piquetes, disparos de la polica,...) no se pactan. Se limitan a aquellos que los sindicatos consideren esenciales (bomberos, hospitales, proteccin civil,...). Lo contrario es claudicar de un modo indecente. O tenemos ya amnesia voluntaria sobre el apagn de TVE en la Huelga General del 14 de Diciembre de 1988? Que hoy sea particularmente difcil, en un entorno televisivo mltiple, un acto de ese tipo no quiere decir que haya que plegarse a hacer de la Huelga General un hecho que deba de pasar por ventanilla.

Dar un cheque en blanco a estos sindicatos mayoritarios, dispuestos a vendernos al primer canto de sirena de las mesas de concertacin es convertir a la Huelga General en intil . sta fue el resultado de muy diversas irritaciones de los trabajadores, convertidas en movilizacin el pasado da 29: irritacin con la reforma laboral, con los Presupuestos del Estado ms austeros desde hace ms de 30 aos, con el prximo pensionazo, con unas SICAV intocables e inyectadas de dinero por el Gobierno, con el indecente dinero ganado por la banca espaola en estos aos y por las principales empresas del pas, con la ausencia de un impuesto para las grandes fortunas, con el chantaje y amenaza de las empresas a despedir al que hiciera huelga, con las provocaciones del indecente Daz Ferrn contra la huelga, al asociar su resultado a la actividad de los piquetes (5),...con tantas humillaciones sufridas por trabajadores y parados (esos ltimos han sido un elemento activo de la huelga mayor del que pudiera imaginarse. No todo es parar)

El nico modo de impedir que la vuelta a las mesas de negociacin de los sindicatos oficiales sea un nuevo trgala para los trabajadores pasa por mantener activas las luchas y acampar, ms simblica que realmente, pero no tan simblicamente, frente a los Ministerios de Trabajo, de Economa y Hacienda, las sedes de CCOO, UGT y CEOE, para decirles que vigilamos sus pasos atentamente, que no nos dejaremos arrebatar este xito de la huelga para convertirla en humo.

Eso pasa por fortalecer al sindicalismo alternativo, con CGT al frente, por superar viejas divisiones de ese sindicalismo, por unir en fechas contenidos reivindicativos, objetivos y unidad de accin las diferentes luchas que vendrn. La de limpiezas en Madrid est a puntito, toda vez que sabemos que el Ayuntamiento de Madrid debe 8 meses a las contratas y que stas no pagarn las nominas de Septiembre a sus empleados.

El sindicalismo alternativo debe de empezar a conocer su propia fuerza y a crersela : enseanza, transporte pblico, banca, metal, sanidad, telemarketing, mensajera, sector agrario,...y muchos otros. Es un momento en el que deben de superarse sectarismos internos a este tipo de sindicalismo, tejer alternativas, buscar la unidad de accin, hacer que confluyan las luchas, ir hacia la convergencia de un tercer espacio sindical combativo y de clase.

Ese sindicalismo alternativo necesita superar los mrgenes de las luchas de mbito local y nacional para proyectarse hacia reivindicaciones de ms alta proyeccin. Europa es el contexto en el que se nos imponen las polticas de austeridad y contencin del gasto social. Aislado cada combate obrero parcial dentro de los constreidos lmites estatales, se bloquea la posibilidad de hacer frente a las estrategias internacionales del capital con un frente de hierro de unidad de los trabajadores europeos, como primera etapa hacia una unidad mundial de la clase trabajadora y sus luchas. Las movilizaciones del pasado da 29 de la Confederacin Europea de Sindicatos (CES) son slo actos convocados por la presin social de sus bases, sin intencin de ir ms all en las luchas. Pero existe, tambin en Europa un sindicalismo alternativo con el que hemos de converger en revueltas de escala continental. De lo contrario, las huelgas generales nacionales carecern de la fuerza necesaria para oponerse a la Europa de los banqueros y el gran capital y acabarn agotndose en los lmites que les marquen gobiernos obedientes de decisiones tomadas en Bruselas. Es algo que la Marcha a Bruselas ha comprendido muy bien.

Este sindicalismo alternativo es el idneo, por su naturaleza horizontal, de base, no autoritaria, ni burocrtica, para establecer y ampliar las alianzas de la clase trabajadora con los movimientos sociales y cvicos, a los que los sindicatos mayoritarios han despreciado olmpicamente, despus de aprovecharse de su meritoria labor en los barrios y sacar la huelga de los centros de trabajo a la calle.

Y es tambin el llamado, por su mayor sensibilidad con otras explotaciones venidas de fuera (nativa o extranjera, la misma clase obrera), a implicar los derechos de los inmigrantes en nuestras reivindicaciones, para insertarlos en ellas y evitar que, pasado el tiempo, sea empleada esta fuerza de trabajo como contrapiquete de esquirolaje por el capital, algo que viene intentando ya desde hace algn tiempo.

Son muchos los desafos para un nuevo sindicalismo de lucha y de clase, realmente sociopoltico y no de palabra, como predican algunos, pero no tenemos nada que perder. Slo nuestro propio miedo a creer en nosotros mismos.

 Notas: 

(1) http://asaltarloscielos.blogspot.es/1276116420/resultados-de-la-huelga-del-8-j.-como-hemos-llegado-a-esto-/

(2) http://www.europapress.es/madrid/noticia-metro-madrid-funciona-75-99-conductores-puestos-trabajo-20100929073018.html

(3) http://www.publico.es/dinero/334213/sindicatos-y-metro-sin-acuerdo

(4) http://www.publico.es/espana/339348/gobierno-y-ugt-se-abren-al-dialogo-con-discrepancias-muy-serias

(5) http://www.lavanguardia.es/economia/noticias/20100927/54013566898/diaz-ferran-dice-que-el-exito-de-la-huelga-depende-de-los-piquetes-y-los-servicios-minimos-ceoe-gera.html

Blog del autor: marat-asaltarloscielos.blogspoot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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