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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2010

Tecnocracia, humanismo y cultura

Graziella Pogolotti
La Jiribilla


Las concepciones tecnocrticas aplicadas a la sociedad y la economa son instrumento y resultante del capitalismo desarrollado. Implican la subordinacin del ser humano, considerado mero objeto al mandato de los intereses de la oligarqua financiera. Nos encontramos, pues, al final de una curiosa parbola histrica.

En efecto, la burguesa emergente hizo del humanismo su plataforma inicial para oponerse a los dogmas sustentados por las periclitadas estructuras feudales. Coloc el sol en el centro del sistema planetario y al hombre, despojado de los privilegios de casta como medida de todas las cosas y portador de un saber orientado a eslabonar la conquista del poder. Las circunstancias y, en particular, la conquista de Amrica trastocaron el precario equilibrio alcanzado, reconocible en el David y en el Moiss, de Miguel ngel Buonarotti, as como en el dilogo, mutuamente contaminante de utopa y realismo de Don Quijote y Sancho. Asimismo, durante el turbulento encuentro de las dos culturas, la voz de Fray Bartolom de las Casas responda a esa tradicin humanista. No puede olvidarse que la razn instrumental hizo que la esclavitud, con su brutal explotacin humana, su depredacin de frica y con las fortunas nacidas del trfico negrero, se constituyera en palanca de la acumulacin capitalista.

Las ideas se sumergen, pero no mueren. Perceptible desde los pensadores presocrticos, el humanismo sobrevivi soterrado en el Medioevo, resurgi con el Renacimiento y volvi a aparecer con los primeros brotes del socialismo en los tanteos de los utopistas a quienes sera oportuno someter a una nueva lectura creativa.

Cuando la parbola abierta por la burguesa naciente se est clausurando, cuando parece imponerse un utilitarismo miope, uno de los grandes conflictos contemporneos se disea en torno a la contraposicin tecnocracia y humanismo. La respuesta no habr de proceder del materialismo vulgar, falsa moneda que, en ltima instancia, desconoce el papel del hombre ante las fuerzas ciegas de la economa.

Plantearse la necesaria refundacin del humanismo no es pura especulacin de ilusos. No se trata de onanismo intelectual. Porque el decursar de la historia ha demostrado que las ideas para bien o para mal se convierten en objetivas fuerzas actuantes. La gran crisis econmica de la Alemania de entreguerras favoreci el surgimiento del nazismo, pero la retrica de Hitler electriz a las masas y las condujo al fanatismo. En sentido inverso, revestidas a tenor de otras circunstancias, las ideas de la Revolucin Francesa impulsaron la lucha por la independencia de la Amrica hispana. Y an ms cerca de nosotros, en un contexto econmico carente de salida, los acontecimientos polticos precipitaron el enfrentamiento desigual de los jvenes revolucionarios, inspirados en el programa del Moncada y portadores de las ideas que haban cristalizado en el largo proceso de formacin de la nacin cubana, con la dictadura de Batista. Paradoja inesperada, el buen vivir reclamado por la tradicin indgena boliviana puede asociarse tambin a una visin humanista.

A su modo, el imperio no desdea la fuerza de las ideas. Las reduce a una expresin simplista para bombardear con sus mensajes la influyente red meditica de la actualidad. Sobre el trasfondo del derrumbe del socialismo europeo, vencido en parte por sus propios errores como advirtiera tempranamente el Che, su intencin ltima induce a la alegre aceptacin de la derrota del ser humano. El vrtigo consumista propicia el culto a lo efmero y perecedero, a condenar la existencia a la absolutizacin de un presentismo sin porvenir, a cultivar la desmemoria hasta borrar el recuerdo del pasado inmediato, hasta el punto de reiterar los mismos artificios en la manipulacin de la opinin pblica, a cancelar todos los saberes a favor de un monopolio elitista, a pervertir los fundamentos de la verdad y de los valores ticos. El espectculo y el inmediatismo anulan el espacio de la reflexin. Todo vale para obtener, con bienes perecederos, una felicidad ilusoria en un mundo reducido a minsculos fragmentos. En hoteles de cinco estrellas, en cruceros y yates, quienes disponen de recursos para hacerlo, no viajan para descubrir a los otros, sino para encontrar en espejos multiplicados el reflejo de su propia imagen reconfortante.

Sin que tengamos conciencia de ello, las ideas impregnan nuestro universo cotidiano. Las consumimos en el aire que respiramos, suaves y edulcoradas. En un planeta que solo conoce fronteras para los emigrantes, penetran por todas partes. Levantar muros frente a ellas es ingenuo. En cambio, es tarea primordial en los tiempos que corren diagnosticar el fenmeno y rescatar, atemperado a las premisas de la contemporaneidad y extrayendo las lecciones de nuestro propio aprendizaje secular, nuestra plataforma, vlida para el porvenir y para dar respuesta a nuestros desafos actuales.

Ms que ninguna otra, la circunstancia cubana exige la asuncin de una perspectiva humanista, trmino que no debe confundirse con humanitarismo. Conferir a las personas un real protagonismo, basado en una participacin responsable en la tarea concreta, en el empleo social de los diversos saberes, en la reivindicacin del destino de la patria, hacer de cada quien objeto y sujeto de la historia conduce a tener en cuenta, como esencia y razn, la dimensin cultural. Para evitar malentendidos, resulta indispensable definir los alcances de ese concepto. Aferrados a una herencia decimonnica, muchos restringen la cultura al ejercicio y disfrute de las entonces llamadas bellas artes y bellas letras, confinadas a una funcin meramente ornamental. El arte representa mucho ms y responde a una profunda necesidad humana, como lo atestiguan las tempranas pinturas rupestres. Pero la cultura desborda ese terreno. Para Carpentier, se manifestaba en la capacidad de establecer relaciones entre fenmenos de distinta naturaleza. Ejerce, por tanto, un papel integrador de esencias, contrapuesto a la fragmentacin hoy dominante. Desde otro punto de vista, la cultura es la memoria viva de los pueblos, portadora de su devenir histrico, de su imaginario, de sus creencias, valores y costumbres, vale decir, de su identidad. Y de sus expectativas de vida. Las decisiones polticas no pueden prescindir de esa realidad concreta y moviente, so pena de cometer errores irreparables.

En medio de la crisis internacional, Cuba atraviesa una compleja y riesgosa situacin. Est compelida, a un mismo tiempo, a sobrevivir y a sentar las bases de una autntica independencia econmica. Habr que tomar medidas dolorosas que implican reconstruccin del empleo y sacrificio de algunos proyectos. Se impone impulsar cambios de mentalidad, entre ellos, cierto acomodo derivado del paternalismo. Hay que recuperar una cultura agraria deteriorada y fortalecer la confianza en que el esfuerzo propio, base del esfuerzo comn es salvaguarda del presente y del porvenir, nica garanta posible de una nacin justa y soberana. Durante medio siglo hemos arrostrado peligros y dificultades, imantados por la fuerza convocante de la palabra, convencidos de la cristalizacin necesaria de un proyecto de pas, todo lo cual nos remite, nuevamente, en ltima instancia, a la cultura. En la hora de los hornos han de conjugarse la mente y los corazones para la participacin comprometida de los portadores de ricas experiencias de vida y de las mltiples capacidades intelectuales constitutivas del capital humano forjado por la Revolucin, a fin de defender y perfeccionar nuestros logros ms valiosos.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/2010/n491_10/491_36.html



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