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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2010

No esperis el porvenir

Alfonso Sastre
Gara


Unas preguntas iniciales: en mis artculos recientes, he tratado de adelantar el futuro, imaginando lo que puede ocurrir en l? O de explorar ya algo que yo presumo con argumentos que suceder, que se podr hacer que suceda? He fantaseado sobre una utpica Confederanza de pueblos ibricos y esta fantasa no es, a fin de cuentas, ms que una mera exposicin de un deseo de que tal cosa ocurra? Pero adems, qu es o sera eso de una confederanza? Es una nocin clara o es ambigua? Qu he querido decir con esa palabra?

Una aclaracin lxica: segn el Diccionario de la Real Academia Espaola, confederanza es una voz anticuada y desde luego est en desuso. Aun as, para ese diccionario sigue significando alianza de personas, naciones o Estados. La palabra que le corresponde actualmente es confederacin, que tal diccionario define como una alianza, liga, unin o pacto entre personas, grupos o Estados. Hay as mismo el trmino federacin que es, segn el repetidamente citado diccionario, el resultado de unir por alianza, liga, unin o pacto entre varios. El tema de la soberana de las partes y de lo que de esa soberana se pone en juego o se cede o se puede ceder en tales alianzas es ajeno a estas definiciones acadmicas. Por mi parte, he prescindido de los significados y comportamientos histricos, y tomo esa bella palabra -confederanza- como si estuviera recin nacida. Lo que con ella puede llegar es algo por nacer en el futuro.

Se habr observado, por quienes los hayan ledo, que en mis ltimos artculos de GARA no he tratado de hechos sino, digamos, de quehaceres (mejor: por haceres); de utopas que algn da pueden ser hechos en la Historia, tratando de estudiar, y en este caso de promover, un futuro previsible, segn la nocin enunciada por el profesor George Thomson, que fue Premio Nobel de Fsica, en cuyos trabajos est la idea, que hemos citado en otro momento, del proyecto, proclamado por gentes como Margaret Mead y Julin Huxley, de que existieran en las actuales universidades unas ctedras de Futuro.

En una situacin como la actual entre nosotros, mi reciente "Modesto plan para la paz" me ha procurado, felizmente, un comentario que yo estimo en grado sumo. Quien me lo ha hecho es Manuel Muoz Navarrete, que me ha t ransmitido observaciones muy sustanciosas como la de que yo en esta ocasin he perdido una gran oportunidad para (...) introducir al fin a Andaluca como nacionalidad histrica oprimida por el Reino de Espaa, dando cuenta, por ejemplo, de la masiva lucha andalucista durante la estafa aquella de la transicin. Y qu he de decir yo a esto? Pues, sencillamente, que es verdad que yo hice en mi plan y en los dos artculos que lo han seguido una simplificacin apresurada de tan complejo tema, quizs fascinado por el estado actual de los procesos cataln y vasco, y por la evidencia cultural cotidiana de la existencia de una nacin llamada Galiza, independientemente de las actividades polticas, hoy en da de muy cortos vuelos, en el campo nacionalista o patritico, que se generan en la ciudadana gallega.

En cuanto a Andaluca, mi admiracin por la intrpida labor de Snchez Gordillo -a quien mi corresponsal cita- es muy grande. El Alcalde de Marinaleda estar con nosot ros en Donostia el prximo noviembre para participar en las jornadas de ASKE, y nos explicar lo que yo considero poco menos que un milagro, no ya el del socialismo en un solo pas, sino en un solo pueblo, ah es nada! Desde luego, la nacin andaluza tendr que dar a partir de ahora nuevos pasos hacia la conquista de su emancipacin; pasos superadores, claro est, de los actuales niveles sindical, agrario y municipal, y que tendrn que hacer frente a la presencia, hoy cegadora, de los dos grandes partidos espaoles o, mejor dicho, espaoleros. (Por lo dems, la grandeza histrica de Al Andalus ya era un gran hecho poltico y cultural cuando los Reyes Catlicos o no haban nacido o andaban todava en paales o, ya mayores, estaban tratando de construir algo que al final fue cristalizando en esto que por fin lleg a ser Espaa. Sobre lo que sea Espaa y a partir de cundo empez a existir tal entidad, es inexcusable la lectura de los lcidos trabajos de Amrico Castro . Habindolos ledo no es posible insistir en errores histricos como considerar la gesta de Numancia como espaola o a Sneca como un filsofo espaol. Expresiones como la falangista eterna metafsica de Espaa alcanzan entonces los tintes de lo francamente ridculo. En cuanto a los Reyes Catlicos, con su yugo y cinco flechas, que sirvieron de inspiracin al emblema de la Falange Espaola (las flechas de mi haz) son un nefasto recuerdo histrico. (La memoria histrica es muchas veces entre nosotros el recuerdo de una gran pesadilla).

Rememorando yo ahora autocrticamente mi "Modesto Plan", veo que no es slo Andaluca lo que qued fuera de mis reflexiones. Ah est, por ejemplo, la posibilidad de que un da se replantee enrgica y popularmente lo que fue el movimiento independentista en Canarias; y, en la Pennsula, de que se desarrollen entidades como la reivindicada por la Izquierda Castellana, con su gloriosa herencia comunera; y grandes entidades histricas como la de Asturies con su propia reivindicacin lingstica, o la de Aragn. Qu podr salir en el futuro de toda esta complejidad? Una fragmentacin sin sentido bajo imgenes como las que nos legaron, en el mundo rabe peninsular, los Reinos de Taifas o, durante la Primera Repblica Espaola, la rebelin cantonal? Sea como sea, lo cierto histricamente es que la unidad de Espaa fue un fracaso -cuyas consecuencias seguimos sufriendo-, a falta quizs de algo parecido a lo que a la idea de Italia aport el genio poltico de una personalidad como la de Garibaldi al frente de sus camisas rojas, y con su consiguiente y consecuente construccin de un patriotismo italiano generalizado, sobre la base histrica de aquellas famosas repblicas histricas independientes. Aquellas repblicas independientes -italianas ya?- devinieron la gran Italia -o sea que, con ellas, se hizo una nacin moderna de lo que en la Antigedad haba sido nada menos que Roma-. Hoy es, sigue siendo, Italia, esa nacin cuya existencia casi nadie discute, mientras que la malformacin espaola tiene pendiente, al revs, una futura floracin de las repblicas que pongan fin a los graves errores del pasado. Los caminos de la Historia son inescrutables, pero no son un canto a la fatalidad. Siempre hay algo por hacer.

En nuestro caso actual, y supuestamente futuro, la decisin sobre el nmero de repblicas ibricas a formar parte de esa futura Confederanza -cuando el actual Reino de Espaa se republicanice al fin, recogiendo el actual espritu republicano que se respira cada vez ms popularmente- depender sin duda de la voluntad social y del respeto democrtico de los poderes pblicos en cada caso. (Por ejemplo, ser muy problemtico que el movimiento canario independentista, esencialmente antigodo, se avenga a formar parte de una confederanza ibrica. Quizs de una regional africana? Ah es donde y cuando hablara -hablar - la voz de la voluntad popular).

Pensando en todo esto, a la luz de las observaciones del compaero Muoz Navarrete, veo a Andaluca entre las grandes entidades que se manifestaran en tan elevada circunstancia. Ya hoy pueden empezar a disearse, cada una en su nivel; empezando por las que ya se han manifestado y se manifiestan con fuerza popular en lo que se han llamado nacionalidades histricas, que son un visible e implacable ments a la grotesca y abominable idea surgida en la transicin con el nombre de caf para todos. Otras entidades se hallan an en el nivel de nebulosas -valga la imagen astronmica-, pero ya se sabe que, como alguien dijo poticamente hace tiempo, el mundo fue antes nebulosa.

Y Final. He titulado este artculo No esperis el porvenir; ttulo que lleva dentro, como quiz se haya observado en su lectura, una tesis general de pensamiento que ahora, para terminarlo, resumo en cinco puntos, a saber:

1.- El porvenir no se espera; se hace.

2.- Lo utpico deja de ser utpico hacindolo.

3.- La libertad no es un premio que pueda tocarnos en una lotera del Destino.

4.- En definitiva, se trata de tomar la dialctica de la Historia en nuestras manos; en manos de la gente. (De la multitud?).

5.- Los grandes lderes revolucionarios siempre han trabajado -y siguen trabajando hoy- con la materia de los sueos. En ello reside su mayor grandeza.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20101001/223764/es/No-espereis-porvenir



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