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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-10-2010

Sobre el cuasi golpe ecuatoriano

Guillermo Almeyra
La Jornada Quincenal


Un motn corporativo de pocas centenas de policas de Quito fue aprovechado para intentar, sobre la marcha e improvisando, transformarlo en un golpe de Estado. Mientras los policas, azuzados por la derecha y desinformados, protestaban contra una ley (que en realidad no los afectaba como crean) y realizaban una especie de huelga mezclada con un conato de motn, los golpistas ocuparon el aeropuerto con soldados de la Fuerza Area, ocuparon con un grupo de civiles la televisin pblica, ocuparon la sede de la Asamblea Nacional. Pero ni ellos ni mucho menos los policas que mantenan al presidente Rafael Correa como rehn presentaron un proyecto poltico, una alternativa de gobierno, ni tuvieron el apoyo movilizado de organizaciones y partidos y los policas amotinados insultaron y vejaron al presidente pero no osaron ni detenerlo ni pensaron en dispararle mientras lo retenan como rehn para tratar de negociar a falta de otra idea mejor. Esos policas, y la derecha que los apoyaba pero que no los haba organizado, queran la anulacin de la ley de servidores pblicos. Algunos diarios y partidos -entre ellos el partido indgena Pachakutik, que en el pasado haba formado parte del gobierno de Lucio Gutirrez- aprovecharon para pedir la renuncia de Correa y apoyaron verbalmente la huelga-motn que los tom por sorpresa sin proponer nada, ni elecciones, ni un gobierno provisional, ni ninguna medida poltica.

Por eso no se puede hablar de un golpe de Estado porque nada estaba organizado ni previsto por sus protagonistas que no saban qu hacer con Correa, si mantenerlo preso y bajo presin para negociar alguna ventaja (y una amnista para ellos terminado el motn) o si dejarlo salir inclume, como sucedi, porque como rehn era una papa caliente en sus manos. La actitud valiente y firme del presidente bast para acabar casi sin derramamiento de sangre con este incidente violento.

El mismo, sin embargo, puso al desnudo las debilidades del gobierno y del partido de Correa, que est dividido, as como la impotencia de la derecha que quiere derrocarlo y que se asust ante el hecho de que la inactividad policial provoc una ola de robos y saqueos y ante la posibilidad de que la movilizacin inmediata de los partidarios de Correa asestase un nuevo golpe a su poder y a sus intereses, muy poco tocados por el gobierno actual.

En efecto, en el aparato estatal, el comandante del Ejrcito, no se sabe an si por irresponsabilidad y confusin o por clculo poltico derechista, acept la reivindicacin de los amotinados de anular la ley de servidores pblicos (o, en palabras pobres, propuso ceder ante 500 policas en armas y anular una ley recin aprobada por amplia mayora, anulando de paso tambin a la Asamblea Nacional). Por su parte, asamblestas del partido de gobierno y hasta ministros del gabinete de Correa toman su distancia de ste y ni el gobierno ni el partido discuten con sus seguidores y con la poblacin general el sentido de sus leyes, que prefieren imponer como hechos consumados. Las decisiones por arriba y la falta de participacin popular, el "decisionismo verticalista" de Correa, le hacen perder aliados y lo aslan de sectores trabajadores de las bajas clases medias, como los trabajadores de la educacin o los mismos policas, a los que haba beneficiado.

Si se quiere evitar un prximo golpe de Estado en serio y hasta con base indgena o popular que est dirigido por la derecha, la llamada Revolucin Ciudadana debe profundizarse y radicalizarse, golpeando a las fuerzas de derecha en el aparato del Estado y se debe entablar una discusin seria, democrtica y profunda con la CONAIE y el movimiento indgena, que es su aliado natural, pero del cual est ahora separado en buena medida por la confusin y el sectarismo de la direccin indgena pero tambin, aunque en menor medida, por su propia falta de claridad y sus torpezas. Ejemplos de sectarismo ciego son la exigencia del Pachakutik de que el presidente renuncie, formulada en plena crisis con los policas amotinados y mientras Correa era rehn de los mismos, as como la declaracin de la CONAIE sobre los acontecimientos del 30 de septiembre en Quito que pone en el mismo plano a la derecha y a los candidatos a golpistas de la derecha, y ataca sobre todo la poltica de Correa ignorando los intentos de aprovechar el motn policial para dar un golpe de Estado.

Con esa actitud y esas declaraciones las direcciones indgenas parecen creer que se pueden aliar con el diablo para obtener del gobierno una poltica ecologista consecuente y el abandono de su concepcin extractivista y parecen moverse por la idea de que Correa es el principal enemigo, sin ver que si aqul cae los beneficiarios del golpe sern la oligarqua tradicional y el imperialismo. El personalismo de Correa, por su parte, le impide intentar una poltica tenaz y paciente, de largo aliento, de discusin con las bases indgenas para llegar a acuerdos o, por lo menos, para dejar claros los objetivos y posiciones de ambos sectores (el de las clases medias democrticas representadas en la Revolucin Ciudadana y el del movimiento indgena, heterogneo y oscilante, pero que exige muchas reivindicaciones fundamentales).

Evidentemente se entra ahora en la fase de los castigos a los secuestradores del presidente y de limpieza de la polica y de las tendencias golpistas en las fuerzas armadas. Al mismo tiempo, es probable que Correa aproveche las movilizaciones para tratar de convocar a nuevas elecciones que limpien y renueven la Asamblea y lo plebisciten (la llamada muerte cruzada o disolucin de la Asamblea junto a elecciones presidenciales). Es posible que primero trate de afirmarse con ajustes en el gobierno y el poder y slo despus busque modificar la estructura del aparato estatal.

La rapidsima intervencin de UNASUR (y hasta de la OEA) en su apoyo har vacilar sin embargo a los potenciales golpistas ecuatorianos, que estn urgidos porque a fin de mes los bancos debern ceder, por ley, sus acciones en los medios de informacin, que son su principal arma contra el gobierno, a lo que se agrega que Correa, aunque se estaba acercando a los sectores empresariales y mejoraba sus relaciones con Estados Unidos, sigue teniendo como taln de Aquiles la dolarizacin de su economa, que hace muy frgil la independencia de Ecuador y, como Chvez y Evo Morales, est siempre en la mira de la CIA y del Pentgono, que no abandonan sus deseos de replicar en los pases ms dbiles (Ecuador, Bolivia, Paraguay) su xito en Honduras.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3608

rCR



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