Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2010

Texto publicado por Manuel Sacristn en 1975
La pregunta de Bartolom de las Casas

Manuel Sacristn Luzn
Rebelin


Nota edicin: Para la coleccin Hiptesis de Ediciones Grijalbo que codiriga junto a Francisco Fernndez Buey, Manuel Sacristn tradujo, present y anot en 1975 Gernimo (Gojley, Go khl yeh), Historia de su vida, una autobiografa recogida por S. M. Barrett, que fue nuevamente editada por F. W. Turner III.

De su inters por Gernimo, pocos aos despus, hablaba Sacristn en los siguientes trminos (Una conversacin con Manuel Sacristn, por J. Guiu y A. Munn. Una entrevista para El viejo Topo. En: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2005, edicin de F Fernndez Buey y S. Lpez Arnal, pp. 91-114): [...] En cambio, en el caso de Gernimo se cruzan dos cosas. En primer lugar, una vieja pasin por las culturas amerindias. Cuando yo era joven estudiaba nhuatl, y saba mi gramtica nhuatl. Tena mi pequeo diccionario confeccionado por m mismo porque en los aos cuarenta no conoca ningn diccionario nhuatl. Con un vocabulario que haba al final de una gramtica y traducciones alemanas e inglesas me fui haciendo el diccionario. Por una parte, esta vieja pasin y, por otra parte, una motivacin ms positiva: la historia de la agricultura en el mbito amerindio, lo que podramos llamar el ecologismo de las culturas amerindias, que es un curioso ecologismo muy complejo y cuyo estudio evita las ingenuidades de algunas franjas ecologistas tontas europeas. Para decirlo de modo ms brutal: se puede considerar que es pura ecologa el temor de que el sol pueda perder su energa y, por lo tanto, el deseo de mantener la energa del sol puede parecer un pensamiento muy ecolgico, slo que es el pensamiento que causaba las hecatombes bestiales, sacrificiales aztecas, lo ms siniestro de la cultura azteca, aunque ahora a una investigadora de la historia de las religiones se le haya ocurrido la gracia de que los siniestros sacrificios solares aztecas son una muestra de elevado erotismo mstico. Para ese elevado erotismo mstico, si quiere, que se preste ella.

El inters de Sacristn por las culturas amerindias -y una reflexin sobre el mismo paso del tiempo- quedan reflejados en este fragmento de una carta de 23 de abril de 1983 enviada desde Mxico a su cuada Anna Adinolfi: [...] Aqu noto que las novedades -en el sentido ms obvio y trivial, de ver cosas nuevas- me produce un cansancio de muerte. Crees que hay prueba ms concluyente de la vejez? Trabajo mucho, eso s... Y tambin hago turismo: durante las pequeas vacaciones entre los dos semestres, hemos recorrido Michoacn, un pas precioso y de gran inters arqueolgico, cultural, lingstico-tnico. A los veinte aos me habra vuelto loco ante la sola posibilidad de una excursin como sta. Hoy me canso mucho.

El ttulo que encabeza el texto no es de Sacristn.

*

Frederick W. Turner [1], cuya edicin de la historia de Gernimo he seguido en esta traduccin, empieza su ensayo sobre el jefe apache con las palabras siguientes:

El mismo motivo de inters hemos tenido en la redaccin de la coleccin Hiptesis [2] para escoger la narracin autobiogrfica de Gernimo como primer ofrecimiento en memoria de Las Casas en el quinto centenario de su nacimiento.

Salvo que uno est muy bien predispuesto, es difcil idealizar a los apaches al modo como lo pudieron ser los snecas, o los mohicanos, o los hurones. Las costumbres de los apaches, y especialmente las de los chiricahuas, no podan ser muy suaves; eran las costumbres de un pueblo de cazadores-recolectores que, por su situacin geogrfica, se vio obligado a considerar la accin guerrera en busca de botn tan importante para su supervivencia como la caza misma. En contacto y roce con varias otras naciones, todas ms numerosas que la apache, en una tierra predominantemente rida, estos hombres que aceptaron para s mismos el nombre de apaches (la palabra quiere decir enemigos) desarrollaron una de la culturas ms agresivas que se conocen. Entre las causas comnmente aceptadas de que el norte de la repblica mexicana no tenga casi poblacin india primitiva destacan las mortferas expediciones de los apaches, matando personas y llevndose ganado o alimentos, desde los tiempos del imperio azteca hasta finales del siglo XVIII y, ya ms huyendo que atacando, buena parte del siglo XIX. Las mismas tradiciones del nmada -que, por ejemplo, no puede entorpecer su marcha con dbiles, enfermos y ancianos por lo que suele desarrollar al respecto un juego de valores ms bien sobrecogedor- no son como para hacer grata la estampa de estos cuatreros soberbios, cargados, adems, hasta hace poco con los papeles ms siniestros en las pelculas del Oeste de antes del mal de fin de sicle. Si a eso se aade la hosca moral del xito guerrero que desarrollaron los chiricahuas, se hace difcil excitar en su favor movimientos de nimo acrticos.

Pero es que no se trata de eso. Los apaches, al no facilitarnos las cosas, al impedirnos descansar en una mala conciencia nostlgica, nos dejan solos y fros, a los europeos, ante la pregunta de Las Casas, la pregunta por la justicia, la cual no cambia porque el indio sea el trgico Cuauhtmoc en su melanclica elegancia o un apache de manos sucias y rebosando licor tisuin por las orejas. Por otra parte, adems de ser de Las Casas, este planteamiento tiene la virtud de contraponerse al amoralismo cientificista, forma hoy frecuente del progresismo. Los apaches, tan cerrados ellos, obligan al progresista a reconocerse genocida, o a reconocer que a lo mejor tiene sentido poltico la palabra justicia.

Gernimo mismo es muestra de la general inferioridad esttica de los apaches respecto de otras naciones indias. Turner incurre, sin duda, en una ingenuidad cuando dice que Gernimo explot a sus explotadores y se convirti en un redomado capitalista. Un explotador no vive de vender unos pocos arcos y flechas hechos por sus manos, pero es verdad que Gernimo no alcanza la delicadeza profunda de la mayora de los dems jefes indios tan famosos como l. No era hombre de pronunciar la frase, hoy clebre, del jefe sioux Toro Sentado acerca de su corazn rojo y dulce.

Pero, por otra parte, y aunque digna e inocentemente, el mismo Toro Sentado, y Alce Negro [3], y varios otros grandes jefes y chamanes indios acabaron por participar en el Wild West Show de William F. Cody y otras empresas anlogas. Gernimo no. El pobre Toro Sentado andaba con ese feo golfo de Buffalo Bill en aquel verano de 1885 en que Gernimo urdi su ltima campaa guerrillera, la jornada del desespero que termin en el Can del Esqueleto.

A pesar de todo, no consiguieron corromper a Gernimo. Lo exhibieron en ferias, una vez que hubieron decidido no ahorcarlo, como al principio pensaron; lo redujeron a pequea industria familiar de souvenirs; lo fotografiaron publicitariamente. Pero no consiguieron que dejara de ser un luchador hasta el final, un guerrero, como probablemente se dira l a s mismo. Hasta el ltimo momento est luchando por conseguir que su pueblo pueda volver a Arizona [4]. Y todava cuando cuenta su vida a Barrett tiene detalles inolvidables de buen combatiente: Gernimo ha contado la matanza de prisioneros norteamericanos, bajo la direccin de Cochise, en la reaccin colrica de los chiricahuas a la estratagema traicionera de que han sido vctimas; en seguida se para, nota que puede haber cometido un error y cierra el paso en defensa de los suyos: De todos los que intervinieron en aquel asunto, yo soy el nico que hoy vive (pgina 87).

La lectura del texto de Gernimo puede suscitar en un lector espaol el deseo de otras informaciones complementarias. Intentar darlas sistemticamente en un prlogo habra hinchado ste desmesuradamente, sin aumentar la seguridad de haber adivinado los temas de inters. Por esa razn he preferido otro procedimiento: redactar unas notas temticas sueltas, que se pueden leer con entera independencia unas de tras; de modo que cada cual puede consultar el asunto que le interese. Estn al final del libro [5].

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Notas edicin:

[1] Sobre Turner escriba Sacristn la siguiente nota de presentacin: El nuevo editor del texto recogido y organizado por Barrett naci en Chicago en 1937. Estudi en su ciudad natal, en Connecticut, en Ohio y en Pensylvania. Por esta ltima universidad es doctor en folklore. Ha sido profesor en las universidades de Rhode Island y de Massachusetts, entre otras instituciones. Sus publicaciones no se refieren todas a temtica etnolgica. Ha publicado ensayos de crtica literaria (sobre Hawthorne, Herman Melville, D. H. Lawrence, etc) y de crtica musical (jazz).

[2] Se editaron 17 volmenes en la coleccin Hiptesis. El dedicado a Gernimo fue el penltimo. Entre los restantes, cabe citar: El extravo de la razn de Fourier, la Antologa crata espaola de Vladimir Muoz, Matemtica, verdad y realidad de C. G. Hempel, Investigaciones sobre la historia del marxismo de Valentino Gerratana (dos volmenes) y El modelo sueco de explotacin de Pfaff y Wikhl, el ultimo libro de la coleccin.

[3] En torno a Alce Negro y los sioux, estas anotaciones de lectura de Sacristn sobre John G. Neihardt, Los ltimos sioux. Barcelona, Noguer 1974 (1931, 1959) (de un cuaderno de resmenes y anotaciones depositado en Reserva de la Biblioteca Central de la UB, fondo Sacristn):

1. JGN: Romp a menudo los prolongados silencios del viejo con referencias a los tiempos pasados, anteriores al comienzo de los das malos y a la expoliacin de la tierra por los blancos. Cit grandes combates y los momentos cimeros de la historia sioux. Me contestaba con urbanidad; pero resultaba cada vez ms evidente que su inters primordial se centrada en las cosas de otro mundo (p. 11).

MSL: Es una evasin o una aniquilacin complementaria de la de Gernimo. Este se opia con el opio ideal, Gernimo con dinero. Pero no hay que olvidar que Alce Negro tom parte en el espectculo de Buffalo Bill, incluso en Europa.

2. Me fij en el pasado y rememor las antiguas costumbres de mi gente: ya no se viva como entonces. Recorra el camino negro [MSL: el de la lucha y la guerra] cada uno a su albedro, segn sus nimias reglas individuales, como en mi visin. Tal era mi desesperacin, que cre posible que los wasichus vivieran de otro modo, modo que los mos deban imitar. S ahora que fue un disparate, pero yo era entonces joven y estaba desesperado (p. 140).

MSL: Alce Negro se refiere a su decisin de aceptar la oferta de pasar la Gran Agua con el show de Buffalo Bill. La descripcin del sistema burgus es de inters: se da cuenta de que el andar a hostias segn reglas individuales es de la esencia del sistema. Tema: corrupcin y burgueses.

[4] Volver a Arizona fue el ttulo de una de las notas, la vigsimo cuarta, que Sacristn incluy al final de la edicin castellana de la biografa de Gernimo.

Para m no hay clima ni tierra que sean como los de Arizona. En aquella tierra que el Omnipotente cre par los apaches podramos tener mucho suelo cultivado, mucha hierba, mucho bosque y muchos minerales. Es mi tierra, mi hogar, la tierra de mis padres, la tierra a la que pido que se me permita volver. Quiero pasar all los ltimos das de mi vida, y que me entierren en sus montaas. Si se hace as, podr morir en paz, sintiendo que mi pueblo, puesto en su hogar natal, alimentar en nmero en vez de disminuir como ahora, y que nuestro nombre no se extinguir. S que si pusieran a mi pueblo en aquella regin montaosa que rodea las fuentes del ro Gila vivir en paz y se portara segn la voluntad del presidente. Prosperara y sera feliz labrando la tierra y aprendiendo la civilizacin de los hombres blancos, a los que ahora respeta. Si consiguiera ver eso, creo que podra olvidar todas las injusticias que he sufrido y morir como muere un anciano satisfecho y feliz. Pero en todo esto no podemos hacer nada por nosotros mismos; tenemos que esperar hasta que se decidan a actuar los que tienen autoridad. Si no puede ser durante mi vida -si he de morir en cautiverio- espero que el resto de la tribu apache pueda conseguir, cuando yo me haya ido, el nico privilegio que pide: volver a Arizona.

S. M. Barrett (ed), Gernimo. Historia de su vida, pp. 127-128

 

MSL: No se puede excluir que el patetismo con buenas alas de esta frase final de Gernimo sea un acierto retrico de Barrett. Pero el sentimiento sobrio y enrgico me parece ms propio de los chiricahuas, de Gojley y su intrprete Asa.

La tenacidad que revela esa protesta es muy caracterstica del temple de Gernimo. Otros indios destacados se inclinaron ante lo que pareca irremediable: el jefe ponca Oso Erecto, preso en un calabozo de Fort Omaha, dijo al general Crook en la poca en que ste empezaba a abrir los ojos: Yo crea que el omnipotente nos segua queriendo vivos pero ahora veo que err. Dios quiere dar la tierra [los poncas eran buenos y viejos agricultores] a los blancos, y por eso es necesario que nos extingamos. Ser mejor as. O bien se entregaban a la escapatoria mstica, opindose con visiones de un ms all trascendente a todo. Alce Negro, uno de los ltimos visionarios sioux, es un ejemplo de esta comprensible evasin: Mir a mi alrededor y vi que lo que hacamos era como una sombra proyectada en la tierra por la lejana visin celestial, llena de esplendor y caridad. Supe que lo real era lo distante y que aqu estaba slo su mortecino sueo remedado. Y, narrando otra celebracin mstica dirigida por l: Me pidieron que condujera la danza a la maana siguiente, a causa de mi visin y de la potencia que saban que yo tena. Nos colocamos en lnea recta, orientados hacia poniente, y rec: Padre, Gran Espritu, contmplame. Mi nacin se desespera. T me has enseado la nueva tierra que prometiste. Haz que mi pueblo tambin la vea. Tras la oracin permanecimos con las manos derechas levantadas hacia poniente, y lloramos y en aquel preciso instante, durante el llanto, antes de que se iniciase la danza, algunos se desmayaron. Mientras danzbamos me acometi la misma rara sensacin de otras veces, como si mis pies se hubieran levantado de la tierra y me columpiase.

Es notable el contraste entre esas autodefensas y el sobrio temple de Gernimo. El chiricahua no tiene visiones, ni deliquios (aunque escucha con escepticismo corts las visiones de otros), y sabe de sus antepasados que el buen sentir chiricahua se expresa en el hacer. Tanto en su narracin cuanto en sus actos en Florida y en Oklahoma, Gernimo busca tenazmente un objetivo que le parece alcanzable: que los apaches vuelvan a Arizona. l, Gernimo, quiz ya no. Parece incluso insinuar eso como precio que est dispuesto a pagar. Pero si sabe que su pueblo ha de volver, el mismo morir, segn dice, como muere un anciano satisfecho.

Ahora que el gran guerrero no nos oye, confesar al lector mi impresin de que quiz no vali la pena. Arizona es hoy [SLA: acaso 1974], ciertamente, el estado ms indio de los USA: alberga a ms de 90.000 indios de 14 tribus -entre ellas los apaches- distribuidos en 19 reservas. En cabeza van los correosos navajos, 80.000 personas unas 50.000 de las cuales viven en las reservas. Ms atrs van los apaches y los pueblos hopis. Hay tambin papagos y pimas. Los civilizados manipuladores de los pobres papagos, los que hicieron de ellos auxiliares terribles, pero tristes, en la caza del apache, les han pagado muy mal: los socilogos dicen que el papago de Arizona (1/2 de todos los papagos) forma la comunidad ms pobre de Norteamrica, con una renta familiar que no rebasa el 6% de la renta familiar percibida por los anglos. Los negros son pocos en Arizona: el 3% de la poblacin total del Estado. Esta poblacin total es de 1.770.900 personas. Por ltimo, 450.000 habitantes, algo ms de la cuarta parte del total, son personas de apellidos castillas que se declaran espontneamente mexicanos y en los que tiene verbalmente buen futuro el movimiento dirigido por Chvez.

Arizona es estado desde 1912. Poco despus de su proclamacin, indios, mestizos y tambin bastantes blancos estuvieron a punto de hacer algo interesante para todo el mundo: los mineros del cobre de Arizona se organizaron en una de las pocas uniones revolucionarias que ha dado de s el proletariado norteamericano, los Industrial Workers of the World que tanto impresionaron a Lenin y a Gramsci. Pero en el mismo 1917 esos agitadores fueron deportados por el sector ms dinmico del capitalismo mundial, como suele decirse, sin atender, por esta vez, a cuestiones tnicas. Por lo dems, el capitalismo de los civilizados, Midas al revs, ha encontrado modo de transformar en heces hasta la rida pureza de la meseta del Colorado: en el subsuelo de Arizona hay cobre, petrleo, metano y, por si fuera poco, uranio. Y tampoco han sido las nicas desgracias que estropean la vuelta a Arizona. Por ejemplo, las viviendas prehistricas de caracterstica tierra rojiza que se encontraban en el NE de Arizona y constituan el Monumento Nacional de Chelly, formalmente propiedad de los indios, saltaron por los aires al romper la barrera del sonido, por encima de ellas, unos aviones de la fuerza rea estadounidense. Bien es verdad que el gobierno federal ha indemnizado a los indios con un milln y medio de dlares entre 1956 y 1958 por los primeros estropicios de ese tipo.

[5] Fueron 27 notas en total, pginas 145-199 de la edicin en la coleccin Hiptesis. La 19, Genocidio conseguido o frustrado, finalizaba con las siguientes palabras:

[] Cuando se quiere hacer una balance del intento de genocidio de que han sido objeto los indios norteamericanos se puede decir que ese intento se ha frustrado, tambin por lo que hace a los apaches, pero al mismo tiempo hay que recordar a aquellos para los que no se frustr. Los que consiguieron sobrevivir no estn desapareciendo. No llegan (1970) a ser ni la mitad de los que presumiblemente eran al llegar los europeos, pero estn multiplicndose ms deprisa que el resto de la poblacin estadounidense, incluidos los negros, los soldados-bfalos, que decan los indios.

Por ltimo, los indios por los que aqu ms nos interesamos son los que mejor conservan en los Estados Unidos sus lenguas, sus culturas, sus religiones incluso, bajo nombres cristianos que apenas disfrazan los viejos ritos. Y su ejemplo indica que tal vez no sea siempre verdad eso que, de viejo, afirmaba el mismo Gernimo, a saber, que no hay que dar batallas que se sabe perdidas. Es dudoso que hoy hubiera una consciencia apache si las bandas de Victorio y de Gernimo no hubieran arrostrado el calvario de diez aos de derrotas admirables, ahora va a hacer un siglo

Dar batallas que se sabe perdidas. No fue Sacristn ajeno, en su larga y arriesgada prctica poltica, a esta sabia y realista consideracin.


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