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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2010

Tras el 29-S, referndum reprobatorio y ruptura

Rafael Cid
Radio Klara


La gravedad de la contrarreforma laboral y social en marcha y el amparo dado a la misma por la mayora de los partidos ha dejado a la ciudadana espaola sin verdadera representacin poltica, toda vez que esas formaciones han permitido aprobar unas medidas antisociales que no explicitaban los programas con que concurrieron a las elecciones. Ante esa situacin, que de consumarse significara un golpe antidemocrtico desde las propias instituciones, tras la movilizacin del 29-S ser preciso ir hacia un referndum reprobatorio para derogar esa decisin poltica de especial trascendencia (art.82 de la CE). Slo as, denunciando el secuestro de la voluntad popular (art.6 de la CE) y la conculcacin de ese orden econmico y social justo que propugna en su prembulo la Constitucin, el pueblo podr recuperar la soberana que la prctica del consenso le ha quitado.

Con esta ltima traicin al pueblo, la losa de la transicin, ese bonito cuento chino con el que no han estado acunando durante dcadas, est a tomar viento. An ms, amenaza con desplomarse sobre las cabezas de sus promotores, y ello en el momento ms inoportuno para sus intereses.

Cuando los mandamases ansan un vayamos todos juntos y yo el primero por la senda de la Constitucin, aquel otro chiste con que el liberticida de Fernando VII encandil a su grey, para frenar la debacle del sistema: paro masivo, crisis sistmica, descrdito de la clase poltica, inestabilidad dinstica por la enfermedad del rey, acoso marroqu a Ceuta y Melilla, aislamiento social de los partidos mayoritarios, cisma sordo en el PSOE, corrupcin generalizada en la administracin, emergencia soberanista a diestra y siniestra, fracaso del proyecto europeo en todos los rdenes, pinchazo del socorrido coco del terrorismo como primera preocupacin de los ciudadanos, fiasco de la Ley de Memoria Histrica, etc. Todo esto justo al filo de igualarse el actual periodo de democracia vigilada con el tiempo que dur la dictadura cvico-militar-golpista. En 2011 sern 36 aos, los mismos que hubo de brutal franquismo (1939-1975), los que cumplir el rgimen nominal de libertades y el Estado de derecho (1975-2011). Larga espera, infinita paciencia, si tenemos en cuenta que muchos de los viejos problemas an no se han resuelto (ah sigue la iglesia bajo palio, por ejemplo) y otros incluso, los que afectan al mundo del trabajo, se han agravado.

En ese lapso de tiempo, dos generaciones largas por medio, el pas ha cambiado materialmente una monstruosidad. Lo que quiere decir que la economa ha engordado la transformacin fsica del territorio, el nivel de consumo y otros avances directamente relacionados con el crecimiento econmico hasta aupar a Espaa al actual noveno puesto del ranking de naciones industriales. Pero en el campo democrtico, tico, intelectual y social ese cambio no ha tenido apenas consistencia, aunque la burbuja del desarrollismo voraz y la instrumentacin de los medios de comunicacin por el poder hayan conseguido maquillar esta fea realidad ofreciendo su cara menos odiosa. Una supuesta prosperidad -la liga de campeones, Espaa va bien y otras memeces- que la crisis vigente ha fulminado dejndola en cueros para mostrar en su lugar un desolador panorama donde toda desigualdad tiene asiento.

Lo certifican las estadsticas oficiales. Progresamos denodadamente hacia el 21% de paro, el doble de la Unin Europea (UE). Tenemos un 42% de desempleo juvenil, bastante ms del doble del estndar continental, y una cifra similar entre la colapsada poblacin universitaria, lo que supone una especie de eutanasia para una ciudadana principiante en teora llamada a construir nuestro futuro. Otro 20% de espaoles se encuentra en el umbral de la pobreza segn los ratios oficiales de renta disponible. Y estudios recientes del CIS sealan que desde los aos setenta, coincidiendo con el inicio de la afamada transicin, el escalafn social se ha detenido y la recomendacin y el origen social, no el mrito ni la capacidad, persisten como factores determinantes para prosperar en sociedad (labrarse un porvenir, que se deca). Todo ello al tiempo que ostentamos el liderazgo europeo en nmero de presos por habitante y, en el extremo opuesto, la gran banca acapara el podio de la rentabilidad de todo el sistema financiero de la UE, siendo al mismo tiempo la institucin de crdito que presta los servicios ms caros de Europa.

Pero al margen de este radiante porvenir que siempre est por-venir, donde mejor se ha palpado la torva naturaleza del llamado espritu de la transicin ha sido en el encriptado de algunos obituarios que ha publicado la prensa en los ltimos meses. Especialmente reveladores de la impostura dominante fueron las necrolgicas del diario El Pas, cada vez ms convertido en el bunker galante del consenso ca, reivindicando la figura y la trayectoria de franquistas de toda la vida como Juan Antonio Samaranch y Carlos Mendo, dos dinosaurios del Movimiento Nacional-Partido nico que pasaron de la obediencia debida al dictador a ponderar las excelencias de la nueva democracia sobrevenida.

Porque lo singular del caso no ha sido ese ejercicio de desmemoria a tumba abierta y la exaltacin del indecente continuismo que esas crnicas entraan, sino que dichas jaculatorias y sus consiguientes avales han sido perpetradas por gentes con una supuesta trayectoria antifranquista, visualizando en ese hoy por ti y maana por m la esencia misma de una transicin lampedusiana que consisti en que las vctimas pidieran perdn a los verdugos cambiando algo para que todo siguiera igual. Al contrario precisamente de lo que se argumenta con saa a la hora de la reparacin integra de la memoria miles de espaoles que yacen en las cunetas de los caminos por oponerse a Franco y su corte de los milagros.

Lean, lean, esas piezas maestras y encontrarn en ellas el principio activo sobre el que se bas la transicin que ahora declina vaca de legitimidad. Entre sus lneas se dicen algunas verdades que en la contienda diaria se ocultan pertinazmente. Por ejemplo, las primeras elecciones democrticas de 1977, consideradas por la iconografa oficial como el punto de arranque de la reforma, quedan all cuestionadas al leer en el obituario a Carlos Hugo de Borbn Parma que a formaciones como el Partido Carlista y Esquerra Republicana de Catalunya se las prohibi concurrir a esos comicios constituyentes. Y tambin sobre el ao talismn del 77, en este caso referida a la igualmente publicitada Ley de Amnista, en otra resea hemos podido leer que la medida de gracia supuso el generoso perdn para unos y para otros, rojos y azules, vctimas y verdugos, y, mira por donde!, que para verificarlo se cancelaron los antecedentes polticos y penales de unos y otros. Es decir, que a su conjuro, tasando por el mismo rasero a golpistas y a demcratas, se destruy legalmente el rastro documental que algn da podra servir para sentar en los tribunales a los que organizaron y practicaron la caza y represin del bando republicano.

Cuando se perciben los primeros sntomas para la ruptura democrtica, la ltima trinchera de los canonistas de la transicin, la consigna que repiten los Prez Reverte, Martnez Reverte, Leguina, Santos Juli y dems, es todos fueron unos hijos de puta, y aqu paz y despus gloria. Sin embargo, esa receta milagrosa se descarta para saldar el tema de ETA. En el caso del conflicto vasco, los de la lealtad constitucional exigen responsabilidades antes que perdn, olvido y reconciliacin. Porque si aplicaran la frmula de una transicin formato Arca de No, que sirvi para evitar el diluvio de la ruptura democrtica, tendran que legitimar la existencia poltica de partidos independentistas con arraigo popular. Y eso sera una derrota que el sistema no se puede permitir.

Por eso es tan importante que la contundente huelga general del 29-S sume y siga, desbordando la tibieza de los sindicatos mayoritarios, pero sin descolgarnos de sus bases, la gente de la calle y la ciudadana. Acumulando fuerzas. No estamos ante una movilizacin ms contra las medidas antisociales decretadas unilateralmente por el gobierno. Si no se reacciona masivamente habremos contribuido a consumar nuestro propio suicidio poltico. Quien calla otorga. Hay que parar la involucin que se avecina con una batera de protestas que vaya desde la huelga general al referndum derogatorio y abra un proceso realmente constituyente. El macabro juego de PSOE y PP, el poli bueno y el poli malo, otra vez votando juntos contra la revisin de las sentencias del franquismo, la renovacin del Tribunal Constitucional y el Defensor del Pueblo, y aplaudiendo a dos carrillos las deportaciones de Sarkozy, slo acabar cuando enfoquemos el camino que lleva a la ruptura democrtica.

Fuente: http://www.radioklara.org/spip/spip.php?article4251



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