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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2010

29-S: la privatizacin del combate obrero

Paco Roda
Rebelin


Se ha dicho de todo. Su preparacin, transcurso, incidencia y repercusiones se han valorado desde la ultramontana derecha meditica a la contrariada y reblandecida izquierda sindical. Y es que esta huelga si algo ha tenido es difusin meditica y anlisis al por mayor. Todos hemos encontrado la justificacin pertinente en funcin de lo que ese da hicimos. Tanto para los que paramos como para los que no pararon, el mercado ideolgico y analtico desplegado por el acontecimiento ha puesto a disposicin de todos nosotros la razn oportuna, la justificacin pertinente. De esta manera se ha desplazado la centralidad del combate obrero y de las clases productivas, que no es otro que la huelga general, hacia la periferia individualizada de las razones que sustentaron o no la oportunidad del 29S.

Digo esto porque las motivaciones, los elementos decisorios y disuasorios que han impulsado a unos y otros a parar o no parar se han centrado en el terreno ntimo de las conveniencias, de los encajes privados en funcin de las pertenencias a un u otro sindicato y en funcin de las condiciones particulares de cada uno. Atrs quedaron las ideologas de clase, las unidades de accin, los grandes principios que movilizaron las huelgas histricas y ms lejos an qued la unidad de la clase trabajadora en un escenario donde el trabajo no es ya la centralidad de nuestras vidas. Por escaso o por frgil.

Quizs no importe ya saber si la huelga ha sido un xito o no. Todo parece indicar que no, al menos el esperado, para regocijo del ultrapopulismo derechista y contricin del lamentalismo sindical de guante blanco. Quizs todos sabamos que Zapatero no iba a dar su brazo a torcer. Porque cada da que pasa se admite con mayor naturalidad que nada importa ms all de garantizar la solidez bancaria y mantener la escandalosa hegemona de los mercados financieros. Esto es lo que hay. Juega la banca.

Qu ha pasado entonces? Qu razones explican la desmovilizacin real de las clases medias, del funcionariado, de ciertos sectores terciarios, de un importantsimo nmero de obreros a pie de obra, de tres millones de precarizados y de esos cuatro millones de desempleados que tampoco salieron a la calle el 29S?

He aqu una serie de claves, tal vez haya ms, que bien pudieran explicar esta involucin desmovilizadora que nos conducir definitivamente si no se remedia- al debilitamiento de la fuerza sindical, cuando no a su desaparicin. Esta es la apuesta del PP

Hoy el tardocapitalismo no afecta por igual a todos los trabajadores, no genera desigualdades uniformes entre toda la ciudadana obrera y productiva. El capitalismo global lo que hace, por su carcter competitivo, es diferenciar las desigualdades. De ah que no produzca un reagrupamiento de todas sus vctimas buscando un frente comn. Porque tambin compiten entre s al estar situadas en diferentes niveles de explotacin. No tienen la misma disposicin vital ni ideolgica el funcionario que cobra 2300 euros mensuales o el obrero fijo de fbrica que, tras meter unas horas acumula un sueldo final de 2000 euros o la cajera del sper que cobra 750 absolutamente precarizada o esa vecina ma que trabaja nueve das al mes por 350 euros contratada por la ETT especializada en cuidar a nuestros abuelos. Esto ha generado actitudes personales ante la huelga muy definidas por el nivel de seguridad laboral y vital. Porque la incertidumbre y el miedo a perder el empleo han generado una potente desmovilizacin en un contexto en el que no haba garantas de xito

Esta huelga no es que haya llegado tarde, como alguien se empea en mantener. Es que ha llegado viciada, desorientada y fuertemente traumatizada por el pasado de quienes la convocaron, los mismos que con su poltica sindical reblandecida por la hipoteca impuesta por el gobierno socialista, han tratado de recomponer su imagen. No creo que en su lanzamiento, pese al hostigamiento meditico a que han sido sometidos, hubiera hipocresa o fingimiento, pero el desentrenamiento combativo ha pesado ante una clase obrera que echa en falta proyectos unitarios, consistentes y contundentes.

La actual crisis del trabajo lo es tambin porque ste no es ya la razn de nuestras vidas. El orden que impona el trabajo industrial y la ciudadana fordista se han roto y as se han desarticulado todos los elementos estables de generacin de identidad universalista y de ciudadana social. El trabajo no solo se fragmenta, sino que escasea, y mucho. Se produce as lo que Richard Sennett ha denominado la corrosin del carcter, es decir, la imposibilidad de construir para uno mismo y en relacin con los dems, una biografa, un proyecto vital y profesional. En estas circunstancias la huelga, esta huelga, no sirve como catalizador del descontento. Tal vez escenifica el desencanto, pero ste no logra conmover a Zapatero para reconsiderar su poltica social y econmica. Urge pues renovar los mtodos de lucha y movilizacin exigibles a unos sindicatos que en algunas comunidades, lase Vascongadas y Navarra, se organizan ms bien como equipos rivales de ftbol que como organizaciones al servicio de la unidad y la defensa de los intereses de los trabajadores.

Llegamos as a una de las claves, a mi parecer ms inquietantes, la privatizacin del conflicto social. La crisis de la poltica de altura y la fragmentacin del espacio social y econmico nos ha vuelto hacia nosotros mismos. En el yo privado hemos encontrado el espacio privilegiado de la emancipacin personal, en ese espacio de libertad ntima construido al margen del nosotros histrico, es decir al margen del espacio y del tiempo social. Esta huelga no la ha sentido suya el 45% de la poblacin trabajadora porque ha privatizado el conflicto. Gran parte de la clase obrera ha decidido su postura ante la huelga en funcin de su exposicin a una prdida del puesto de trabajo precario, pero otra muy importante ha actuado en funcin de la mismidad de sus intereses privados. Como dice el psiquiatra Rendueles, el yo ha ganado la batalla al nosotros. Dicho de otra manera: hemos construido un mundo narcisista y eglatra, una sociedad en la que ha triunfado el desinters por lo de fuera y que ha transformado problemas generales en problemas ntimos.

Paco Roda. Universidad Pblica de Navarra

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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