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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2010

Reflexiones para despus de una huelga

Pep Jurez
Rebelin


La Huelga General del 29 de septiembre ha pasado y, adems de la necesidad de analizar los resultados concretos sobre ndices de participacin e incidencia, es necesario debatir sobre el contexto en que se ha producido, el papel de los diferentes actores que han intervenido en el conflicto, y la proyeccin e influencia de sus resultados sobre el futuro, en un escenario nuevo, caracterizado por las ms graves agresiones a los derechos de las clases trabajadoras desde el final de la dictadura, a causa de la ofensiva neoliberal liderada por Zapatero.

  1. La lucha social, y el papel de CC.OO. y UGT.

Desde el ao 2008, la CGT, junto con la izquierda sindical y poltica, vena reclamando la necesidad del abandono de las polticas de concertacin, por parte de las direcciones de CC.OO. y UGT, adems de la articulacin de la unidad sindical alrededor de un plan de resistencia, y la convocatoria de una Huelga General. Todo ello ante la evidencia, largamente anunciada, de que la crisis generada por la especulacin capitalista, se estaba cebando nica y exclusivamente en las clases ms desfavorecidas.

El paro, en trminos reales, se disparaba (hasta llegar al da de hoy a cifras cercanas a los cinco millones de personas, ms del 20% de la poblacin activa, con 1.300.000 familias sin ningn empleo legal). Mientras tanto, se evidenciaba la generosidad del Gobierno hacia los mercados especulativos y los bancos (calculada en ms de 300.000 millones de euros entre 2007 y 2009, perodo en el que el paro aument en 2,5 millones de personas, en el Estado Espaol), a la que los banqueros respondan con el cierre absoluto del crdito, no solamente hacia las economas familiares (ya de por s vctimas de la especulacin y atrapadas en la deuda inmobiliaria), sino tambin hacia las pequeas y medianas empresas, con la consiguiente destruccin del tejido productivo, y la sangra de miles de puestos de trabajo perdidos cada da.

El empobrecimiento generalizado iba alcanzando a millones de personas, pensionistas, [email protected], jvenes, personas dependientes, etc, y mientras todo esto suceda, la mayora del movimiento sindical permaneca pasiva, con protestas espordicas, pero sin llegar a plantearse seriamente la posibilidad de plantar cara al capital y sus tteres polticos y mediticos. Cada vez que se les preguntaba por la Huelga General, representantes de CC.OO. y UGT negaban la oportunidad de la misma, de manera casi obsesiva. Digamos que, antes de que llegara el mes de junio de 2010, pusieron ms empeo en rechazar la Huelga General, que en preparar las condiciones para hacerla posible.

En el primer semestre de 2010 (en coincidencia, puede que no casual, con la presidencia espaola de la UE) y ante la que se nos vena encima, las cpulas de CC.OO. y de UGT mostraron su perfil ms bajo. El 23 de febrero convocaron una jornada de protesta, ante el globo sonda del gobierno de un hipottico (o no tanto) retraso en la edad de jubilacin, hasta los 67 aos. Ya entonces el paro sobrepasaba los 4,5 millones de personas, y la erosin de la proteccin social llegaba a niveles alarmantes (la proteccin social en Espaa es ms de un 5,7% inferior, respecto al PIB, que la media de los pases de la UE, ocupando el puesto 20, de los 27). La amenaza sobre los derechos en materia de pensiones, siendo un tema importantsimo, no era ni mucho menos el nico, y el conjunto de la situacin avalaba sobradamente el anunciar y comenzar a preparar la convocatoria de una Huelga de carcter general. Pero la movilizacin del 23-F, controlada, se utiliz, ms como vlvula de escape, que como antesala, calentamiento o preparacin de futuras y ms contundentes luchas.

Otro tanto ocurri con el segundo episodio en lo que va de ao, como fue la huelga en la administracin pblica del 8 de junio, ante el recorte del 5% del salario de los funcionarios, medida incluida en el Plan de Ajuste. Fue convocada y desarrollada mientras CC.OO. y UGT no se haban levantado todava de la mesa de negociacin de la Reforma Laboral, con la patronal representada por personajes de la calaa de Daz Ferrn. Esta contradictoria conducta condicionaba una huelga predestinada a no ser seguida mayoritariamente por los trabajadores de la administracin pblica ya que, a la falta de credibilidad de la convocatoria, se aadi el que no fue en absoluto preparada, y la informacin y las asambleas en los das previos brillaron por su ausencia.

Sectores de trabajadores pblicos, no precisamente desconcienciados, argumentaban resignadamente que si, como se presupona, ellos iban a ser los paganos de la ronda de copas, no vala la pena regalarle, adems, el sueldo de se da a Zapatero. Poco se poda hacer para convencerles de que, por el contrario, convena secundar sa huelga, para acumular fuerzas de cara a continuar la lucha de todos. A pesar de todo, el rechazo a las medidas del gobierno era generalizado, como lo demuestra el xito de participacin de las manifestaciones convocadas para la tarde del 8 de junio, comparados con los limitados porcentajes del seguimiento de la huelga de se da, entre los trabajadores de la funcin pblica.

  1. La huelga General del 29-S, xito o fracaso?

Jos Luis Rodrguez Zapatero y su gobierno abrazaron definitivamente las tesis neoliberales en la reunin del Consejo de Economa y Finanzas, ECOFIN, celebrada el da 9 del pasado mes de mayo. Como San Pablo recin cado del caballo, Zapatero imprime un giro de 180 grados a su discurso (algunos menos a su poltica), al dictado de el FMI, la Comisin Europea y el Banco Central Europeo (organismos todos ellos fuera de cualquier control democrtico), e inmediatamente anuncia el Plan de Ajuste, la Reforma Laboral y la modificacin, a la baja, de los derechos en materia de pensiones.

Los dirigentes de CC.OO. y UGT vieron que, con semejante andanada, desapareca de golpe el espacio de la concertacin social, verdadera columna vertebral de su devenir institucional durante dcadas, y se vieron obligados a la convocatoria de la Huelga General. Sin embargo, lo hicieron para el 29 de septiembre, a tres meses vista y el verano mediante. Una convocatoria descontextualizada, porque todo el que estaba ms o menos informado saba que, para sas fechas, la Reforma ya estara aprobada por el legislativo y publicada en el BOE, como as ha sucedido. Soy de la opinin de que, si hubiera habido una Huelga General a tiempo, muy probablemente Zapatero, y los que le mueven los hilos, se hubieran pensado dos veces la conveniencia de consumar semejante agresin.

Pero, en definitiva, ms vale tarde que nunca, y despus de ocho aos y tres meses de la ltima contra el decretado de Aznar, finalmente lleg la Huelga General del 29 de septiembre. Todo el movimiento sindical, exceptuando los sectores estrictamente amarillos (adems de ELA y LAB en Euskadi, posicin difcilmente comprensible), convocamos y secundamos la Huelga General del 29 de junio. A pesar de los factores que jugaban en contra, la propia convocatoria de la Huelga General volvi a tener la virtud de dividir las aguas, mostrando, de manera difana, el escenario de lucha de clases.

La batalla se planteaba desigual y, en estas condiciones, la Huelga General del 29-S, si bien no paraliz la vida cotidiana de los barrios y las ciudades, s que tuvo un seguimiento masivo en sectores industriales (automocin, petroqumico, siderometalrgico, minero...), adems de la distribucin de energa, servicios pblicos, transporte, algunos puertos (Barcelona, Valencia, Algeciras...), transporte pblico estatal (con servicios mnimos del 25%) y medios de comunicacin audiovisuales, con la paralizacin completa de algunos y otros con los servicios mnimos. Es de sealar que en la jornada del 29-S se registr una cada del consumo elctrico cercana al 20%, con relacin a un da laborable, dato este al que parecen ponerle sordina los medios afines al rgimen.

A los voceros del sistema les interesa mucho centrar el debate sobre el seguimiento cuantitativo de la Huelga. Es lgico. Pero para una valoracin mucho ms ponderada, se debera tener en cuenta que, de la poblacin activa del Estado espaol, ms de un 20 % est en paro y, de los que tienen un puesto de trabajo, casi el 40% son temporales y precarios, con unos derechos, en el caso de que los conozcan, que no pasan de ser papel mojado. Adems, hay que tener en cuenta que el 80% de los contratos laborales totales se sitan en empresas pequeas y medianas, muchas de ellas con personal sin derecho a tener representacin sindical (en empresas de 6 o menos trabajadores). Hemos de concluir que buena parte de las gentes trabajadoras destinatarias de la convocatoria del 29-S bebi bsicamente de la informacin tergiversada o abiertamente hostil a la Huelga General. Todo eso es conveniente tenerlo presente para valorar que, dadas las circunstancias, el potencial mximo real de la Huelga del da 29 se situaba, como mucho, bastante por debajo del 50% de la poblacin asalariada.

Es de destacar que, al igual que sucediera con la movilizacin del 8 de junio, las manifestaciones de la tarde del da 29 de septiembre fueron un clamor masivo contra la Reforma Laboral y las polticas neoliberales del gobierno de Zapatero. Independientemente de que tambin todas las encuestas demoscpicas apuntan en el mismo sentido, la jornada del 29-S supuso un paso en el grado de informacin a la ciudadana sobre la Reforma Laboral, y toma de conciencia por parte de los trabajadores, mucho ms all del grado de seguimiento de la Huelga General.

As, con la botella medio vaca o medio llena, segn se mire, el xito o fracaso de la Huelga General del 29 de septiembre lo ser en la medida en que el movimiento sindical decida, o no, seguir plantando cara a las polticas neoliberales, y que las direcciones de los sindicatos mayoritarios comprendan, o no, que ya no hay posibilidad de continuar jugando su ya clsico papel de garantes de la paz social.

No debe preocuparnos la virulencia con la que los voceros del sistema intoxiquen, como lo han venido haciendo. Mirndolo con atencin, el grosor de los insultos, y de la intoxicacin y demonizacin de la lucha de los trabajadores, por parte de algunos medios, siempre ha sido un buen termmetro para valorar el verdadero potencial de la lucha obrera. Ladran, luego cabalgamos. Si todo eso suceda antes de la celebracin de la Huelga, es muy de esperar que contine, tambin como elemento de presin hacia las dbiles cpulas de CC.OO. y UGT, para intentar que vuelvan al redil. Los que mandan saben, y nosotros tambin, que una vez ha claudicado la poltica, el principal bastin de resistencia, al capitalismo depredador, se sita en el sindicalismo, de ah que lo ataquen con la artillera pesada.

  1. El mayordomo y el hijo del amo.

Sabido es que el mayordomo suele poner ms inters, a la hora de limpiar la casa del amo, que el hijo de ste. Y si para ello tiene que asumir la parte ms sucia del trabajo, aunque sea a costa de machacar a los otros trabajadores, pues no hay problema, ya que le va en la condicin. Despus de se trabajo sucio, a cargo del servidor elegido (primus inter pares), el hijo del amo, holgazn y parsito, se har cargo de la administracin de la propiedad, sin tener que desgastarse ni ensuciarse las manos, con el camino limpio de obstculos para sus intereses. l no hubiera sido capaz, ni se hubiera atrevido, a una limpieza tan a fondo. De esta manera, los privilegios de los de arriba respecto a los de abajo crecen y se perpetan, con el juego de la alternancia en la administracin del cortijo, segn convenga, entre el mayordomo y el hijo del amo. Y a todo eso le llaman democracia.

Zapatero, con el fervor del converso, se ha encargado del trabajo sucio, aunque sea a costa de inmolarse polticamente. De hecho, la victoria de Toms Gmez en las primarias del PSOE de Madrid parece iniciar su agona, y en ello algo habrn tenido que ver las medidas del gobierno y la Huelga General. Sin desgastarse lo ms mnimo, la derecha tiene a tiro unas ms que previsibles victorias electorales (CiU en las elecciones catalanas de este ao, el PP en las autonmicas y municipales de la primavera que viene, y las estatales, dentro de un ao y medio), lo que no hace sino aadir tintes ms sombros al panorama general. El mayordomo Zapatero traer de la mano a la derecha parasitaria, para desgracia de las clases trabajadoras, y de los sectores con ms desproteccin social.

Las medidas del Plan de Ajuste, la Reforma Laboral y las prdidas de derechos en materia de pensiones, lejos de aportar ni la ms mnima solucin a la crisis, la agravan substancialmente para la mayora social, lo que requerir medidas de respuesta y resistencia, y fibra social para llevarlas a cabo. En este sentido, las cifras del paro, referidas a septiembre de 2010, no dejan lugar a dudas: incluso las maquilladas estadsticas oficiales reconocen ms de cuatro millones de [email protected], con un aumento de casi 50.000 en el ltimo mes. Tenamos y tenemos razn: la Reforma Laboral no slo no crea empleo, sino que la destruye y precariza. Su derogacin ha de ser, pues, un objetivo de la accin sindical unitaria a corto plazo.

En este nuevo escenario, esta unidad sindical y la resistencia del movimiento obrero sern, pues, imprescindibles. Es fundamental que organizaciones como nuestra CGT sigan reforzando el conjunto de voces crticas con el sistema, jugando un papel potenciador de las luchas sociales, y creciendo en fuerza y tamao. Es necesario que el sindicalismo que representamos, libre de ataduras, est presente, como referencia, ante sectores cada vez ms importantes. La lucha contina.

Pep Jurez. Afiliado de CGT-Balears

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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