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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2010

Slo desde 2007, la ONU estima que cerca de 20.000 personas han muerto en Somalia
Un da en Mogadiscio

Jose Miguel Calatayud
Periodismo Humano


Son las 8 de la maana y Nancy y Amina esperan en la consulta mdica a que empiecen a entrar los pacientes. Aunque limpia y ordenada, la sala tiene un aspecto pobre y se echa en falta el tpico olor a desinfectante de los centros mdicos. A pesar de la hora y el agobiante calor, unas cien personas llevan ya un rato esperando fuera del recinto. Han formado dos colas, una de hombres y otra de mujeres. Los policas y soldados empiezan a cachear a los primeros de cada fila, incluidos nios pequeos y ancianos. Recorren sus cuerpos con un detector de metales y registran concienzudamente cada bolsa y paquete. Rostros de tensin entre los militares, de cansancio entre los pacientes y moscas felices que no distinguen entre unos y otros. Surge una discusin entre un grupo de somales y los soldados observan a varios pasos de distancia sin saber muy bien qu hacer. Cualquiera de ellos podra ser un suicida bomba, nos dicen un soldado desde la entrada al recinto, retirndose el sudor de la frente y sin dejar de mirar las dos filas de personas. Hay que tener cuidado. Y slo tras esta inspeccin se les permite a los somales entrar en esta consulta mdica de Mogadiscio, un destartalado edificio cercano al aeropuerto y administrado por AMISOM, la misin de paz de la Unin Africana en Somalia, cuyas tropas proceden de Uganda y Burundi.

Nancy es una soldado y enfermera ugandesa con una enorme sonrisa. Lleva poco ms de tres meses en Somalia como parte de AMISOM, que ha puesto en marcha esta consulta y dos hospitales en la capital.

Amina es una joven somal, trabaja como intrprete entre el personal ugands y los pacientes y en realidad no se llama Amina. Pide que no se publiquen su nombre completo y su foto porque entonces su vida correra peligro.

Somalia, y en particular Mogadiscio, vive en un estado de guerra. En todo el pas, el Gobierno Federal de Transicin (TFG, en ingls) apenas controla una cuarta parte de la capital, y esto slo gracias a la presencia militar de AMISOM.

El resto del territorio con la excepcin de las regiones autnomas de Somaliland y Puntland en el norte est bajo el control de rebeldes islamistas y en especial de Al Shabab, una milicia que empez a funcionar entre 2006 y 2007 y que ha declarado formar parte de Al Qaeda.

Soldados de AMISOM y el TFG combaten a los rebeldes de Al Shabab en las calles de Mogadiscio, donde el ruido de los disparos de AK-47 y las explosiones se han convertido en algo cotidiano y normal.

Al Shabab (los jvenes, en rabe) quiere derrocar el gobierno y establecer un rgimen basado en su particular y estricta interpretacin de la ley islmica Sharia. Y ha prometido matar a todo somal que colabore con los cristianos invasores de AMISOM y su gobierno apstata.

Pero uno de los mdicos entra con la primera paciente, una chica con el brazo derecho completamente vendado. Nancy y Amina retiran el vendaje y descubren la mano ennegrecida y desfigurada y el antebrazo hinchado y en carne viva.

Esta chica se quem en casa con aceite hirviendo hace unos dos meses, explica Nancy, que por primera vez ha dejado de sonrer. No tena donde ir y no supo qu hacer y hasta ahora no la haba visto ningn mdico.

Nancy y Amina limpian y desinfectan el brazo de la paciente mientras sta gime, se muerde los labios y grandes lgrimas le caen por las mejillas. Huele a carne descompuesta.

Si alguien la hubiera tratado en el momento, su brazo estara mucho mejor; pero ahora tenemos que enviarla al hospital para que le amputen los cuatro dedos excepto el pulgar o todo el brazo se le acabar gangrenando, se lamenta la soldado y enfermera.

Somalia no ha tenido un Estado efectivo desde 1991, cuando el dictador Siad Barr fue derrocado. Desde entonces, seores de la guerra, diferentes clanes y milicias islamistas se enfrentan por el poder en un conflicto que ha devastado el pas.

La ausencia de un Estado durante casi 20 aos ha creado una de las peores situaciones humanitarias del mundo y ha dejado a la poblacin civil obligada a valerse por s misma.

Slo desde 2007, la ONU estima que cerca de 20.000 personas han muerto y 1,5 millones han resultado desplazadas en Somalia debido al enfrentamiento entre el gobierno y Al Shabab y otras milicias islamistas.

La paciente ya se ha marchado y las dos mujeres limpian la habitacin, charlan y recuperan la sonrisa. Nancy comenta que se uni al ejrcito en Uganda para poder viajar al extranjero y ver lugares nuevos. Mogadiscio ha sido su primer destino.

Amina cuenta que vive cerca de la consulta y que apenas puede alejarse del recinto del aeropuerto, una de las pocas zonas controladas por el gobierno gracias al apoyo de AMISOM, junto con el puerto y el recinto presidencial, conocido como Villa Somalia.

Antes viva en el K4 (una zona comercial de la ciudad) pero un da recib una carta del Al Shabab diciendo que me iban a matar y me tuve que ir, comenta con naturalidad. Pero esto es lo nico que puedo hacer para ayudar a la gente, as que aqu estoy.

Nancy asiente: Nosotros tambin vivimos con miedo. Aqu somos mdicos y enfermeros y tratamos a todos por igual, sean civiles, soldados del TFG o miembros de Al Shabab, y nunca sabemos quin es amigo y quin enemigo.

La maana transcurre lentamente. En el patio a la entrada de la consulta, decenas de somales aguardan pacientemente su turno entre el calor, las moscas pegajosas y una luz blanca y cegadora. Ellos, sentados en dos filas de bancos bajo un techo. Ellas, sentadas en el suelo bajo un toldo. Aunque al final la falta de espacio hace que algunos chicos jvenes se acaben sentando junto a las mujeres.

El registro a la entrada y este patio son unos de los pocos lugares donde las tropas de AMISOM se relacionan de forma directa con la poblacin somal. La situacin de seguridad es tan precaria que los soldados no se aventuran a pie fuera de sus destacamentos y slo se desplazan por las calles de Mogadiscio en convoys de vehculos blindados y armados y a toda velocidad.

Y adems soldados y poblacin civil necesitan de intrpretes para poder comunicarse. A los pacientes que vienen aqu no les importa que les registren tan minuciosamente, dice Mohamed, otro traductor somal. Saben que es peligroso y que sta es la nica forma de que la consulta mdica pueda funcionar.

AMISOM son nuestros amigos, sonre Mohamed, que antes de convertirse en traductor estaba desempleado pero ahora, gracias a este empleo, puede mantener a su familia. Vivo justo ah, dice sealando a las afueras del recinto. Como Amina, l y su familia tampoco se desplazan por la ciudad por miedo a las represalias de Al Shabab.

Esta consulta recibe entre 200 y 400 personas cada uno de los tres das que abre a la semana. Los enfermeros envan los casos ms graves al hospital que AMISOM ha establecido cerca de all, an dentro del recinto donde se encuentran el aeropuerto y su cuartel general.

El hospital est formado por varias tiendas de campaa, una serie de salas prefabricadas y otras dos de obra y se ha convertido en el mayor de Mogadiscio con unas 100 camas. Aqu, AMISOM trata a sus propios soldados, a los del TFG y a los de Ahlu Sunna, una milicia islmica moderada opuesta a Al Shabab. Tambin son atendidos contratistas de la ONU que se puedan encontrar en Mogadiscio y civiles. Cada grupo recibe tratamiento en salas separadas.

Uno de los vehculos llega con un herido de bala. Se trata de un soldado del TFG que acaba de recibir un disparo en el abdomen mientras combata en el K4, un punto estrtegio de la ciudad que sirve de enlace entre la carretera del aeropuerto y la calle que se dirige al recinto presidencial.

Uno de los doctores lo recibe y comienza a limpiar la herida. ste es el agujero de entrada, seala rutinariamente, pero no hay agujero de salida, as que tenemos que encontrar la bala. Despus venda la herida y enva al paciente a rayos X. La escena ha durado menos de cinco minutos.

Segn Mukuye Ronald Lopez, mdico jefe en estos momentos, el 90 por ciento de las personas que llegan a este hospital sufren heridas de guerra, pero tambin hay civiles que acuden en busca de un milagro.

En la sala destinada a mujeres, una paciente con cncer agoniza mientras su marido asiste impotente. Los doctores hacen lo que pueden pero mucha veces no es suficiente, relata Sahra, traductora en el hospital.

Dola, dola, dice el marido intentando buscar las palabras en ingls y refirindose a dlar, dinero. Medicinas, no aqu. No dola. Americo, Dubai, Nairobi, insiste mientras hace un gesto sealando hacia la lejana. No aqu.

El doctor jefe reconoce que los casos ms graves deberan ser trasladados a otro lugar, a Nairobi, pero nosotros no tenemos recursos, slo es posible cuando alguna ONG o algn particular financia el traslado.

AMISOM no nos permite hablar con sus soldados heridos pero en la sala destinada a las tropas del TFG est Osman Mohamed Mahmud, un joven capitn que se recupera de su tercera herida de bala recibida en combate contra Al Shabab.

Llevo ocho das aqu, soy un capitn en el ejrcito del TFG y cuando me recupere, volver a luchar, afirma con orgullo. Odio a Al Shabab. En la cama de al lado, un soldado al que le falta un brazo nos mira con tristeza.

Osman tiene 33 aos y en el pasado regentaba una tienda de colchones en el mercado de Bakara, la mayor zona comercial en el centro de Mogadiscio y actual bastin de los rebeldes.

Pero en 2006 lleg Al Shabab y tuve que cerrar el negocio, as que me un al ejrcito del gobierno y desde entonces lucho contra Al Shabab, narra desde la cama en la que tambin se sienta su mujer.

l contina: El gobierno no nos paga, no tiene dinero, la moral de nuestras tropas es baja, pero sta es mi patria y tengo que luchar, slo habr paz cuando expulsemos a Al Shabab de Somalia.

Osman cuenta que Al Shabab cuenta con tropas extranjeras en sus filas y que cuando consiguen matar a algn rebelde y registran el cuerpo, tienen los bolsillos llenos de dlares.

Nosotros no tenemos nada, a veces tenemos que comprar las armas a nuestros amigos, como a Ahlu Sunna, ellos tienen ms dinero que nosotros.

Los que s tienen artillera pesada son los propios rebeldes, que desde zonas pobladas con civiles, como el mercado de Bakara, suelen disparar proyectiles a los destacamentos de AMISOM y el TFG.

Ali Muse, el director de un servicio voluntario de ambulancias en Mogadiscio, ha acusado repetidamente a AMISOM de contestar a esos ataques con sus propios morteros, que matan y hieren indiscriminadamente a civiles.

El portavoz de la misin de paz, el mayor Barigye Ba-Hoku, responde que nunca disparamos a zonas pobladas con civiles y califica las acusaciones como propaganda.

Pero las de AMISOM no son las nicas clnicas de Mogadiscio. El Comit Internacional de la Cruz Roja mantiene los hospitales de Medina y Keysaney. Ambos han recibido en lo que va de ao ms de 3.300 pacientes, la mayora heridos durante los enfrentamientos y ms de la mitad del total mujeres y nios.

El hospital Dayniile, en las afueras de la capital, est administrado por Mdicos sin Fronteras, quien seal en un comunicado que en lo que va de ao y hasta julio, la mitad de los 2.800 pacientes admitidos sufran heridas de guerra, unos 870 de ellos como consecuencia de explosiones, lo que sera consistente con un continuo e intensivo fuego de mortero en zonas residenciales de la ciudad.

Adems, del total de heridos durante los enfrentamientos, el 38 por cien eran mujeres y nios menores de 14 aos1.

Combatientes islmicos toman posiciones durante los combates contra soldados del gobierno y cascos azules africanos en el sur del barrio Hodon en Mogadiscio, Somalia. 4 de Oct. 2010. LOs combates causaron al menos 20 muertos y 70 heridos. (AP Photo/Farah Abdi Warsameh)

El pasado 15 de septiembre y tras visitar Somalia, la vice Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Kyung-wha Kang, pidi en Nairobi una investigacin sobre violaciones de los derechos humanos por todas las partes del conflicto, incluyendo AMISOM.

Despus de todo, Mogadiscio es una ciudad en guerra, como resulta obvio desplazndonos con las tropas de AMISOM en sus carros blindados. Edificios en ruinas y con las paredes agujereadas por las balas, calles destrozadas, coches carbonizados.

Jvenes con fusiles Kalashnikov y ristras de municin y sin un uniforme identificativo se pasean por las calles. Quiz son soldados del TFG, quiz una milicia privada, quin sabe, comenta desde el interior del vehculo uno de los soldados de AMISOM.

Jvenes somales arrastran el cadver de un soldado de paz de la Unin Africana muerto en combate con combatientes islmicos. 6, Oct 2010. AP Photo

Pero algunas zonas siguen animadas y bulliciosas. Precisamente en el K4, numerosos minibuses van cargados de pasajeros y vendedores de frutas compiten por atraer clientes a sus puestos. Con una poblacin muy joven la gran mayora son menores de 35 aos, muchos somales slo conocen su pas en estado de guerra.

Ms tarde, visitamos el segundo hospital que AMISOM ha establecido en la ciudad, ste en el campus de la Universidad Nacional de Mogadiscio, donde el contingente burunds tiene su cuartel general.

En unas pocas tiendas, soldados y civiles se recuperan de sus heridas y enfermedades cuando omos una serie de explosiones no muy lejos del hospital. Continuamos con la visita y de repente otras dos explosiones suenan muy cercanas. Varios civiles se asustan y algunos soldados ren.

Por la noche, ya de vuelta en nuestra base en el cuartel general de la misin de paz en el recinto del aeropuerto, nos enteramos que las explosiones fueron el resultado de un ataque de Al Shabab con morteros al parlamento y de la consiguiente respuesta de AMISOM.

Al menos 15 personas murieron y unas 50 resultaron heridas durante esos ataques. Un da normal en Mogadiscio.

* Los nombres de todos los traductores han sido cambiados por seguridad.

Fuente: http://periodismohumano.com/en-conflicto/un-dia-en-mogadiscio.html



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