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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2010

El combustible asesino de la ocupacin militar
En la raz del choque

Danilo Zolo
Il Manifesto

Traducido para Rebelin por Susana Merino


En Europa, los Jefes de Estado, los grandes bancos, los especuladores financieros, los economistas al servicio de las grandes empresas no han concluido an que la crisis econmica que comenz en 2008 haya sido superada. Los eslabones ms dbiles de la cadena occidental podran romperse en cualquier momento y causar el colapso de todo el sistema econmico-financiero. La crisis se mantiene y adems se ha expandido a nivel mundial y socava las bases mismas de la existencia humana.

Incluso en las democracias de bienestar reinan la inseguridad y el miedo. Las estructuras de proteccin y de solidaridad social no parecen ser ya capaces de proteger la vida de los ciudadanos. La competencia es despiadada la represin policial cada vez ms agresiva, mientras que la exclusin de los "diferentes" viola los ms elementales derechos humanos. Pinsese en el racismo del presidente francs, inmediatamente aprobado por el racismo de los gobernantes italianos. Una creciente marea de soledad, de frustracin, de desesperanza que se traduce en una febril demanda de seguridad y de indemnidad.

En este mundo asustado, el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 se proyecta todava un cono de sombra. Sin embargo, debe quedar bien claro que se trata especialmente de la sombra terrorista de las guerras de agresin provocadas por las principales potencias occidentales, especialmente de Estados Unidos y Gran Bretaa. Desde la Guerra del Golfo de 1991 hasta las "guerras humanitarias" de los Balcanes y el ataque contra Afganistn e Iraq, los EE.UU. y sus aliados europeos han llevado a cabo contra el "terrorismo" una guerra global despiadada y tenebrosa

Pero el terrorismo -esto es central- no es ciertamente la causa principal de la crisis social, de la inseguridad, del miedo, del derramamiento de sangre. El terrorismo -especialmente el terrorismo de races islmicas- es una consecuencia y no una causa. El terrorista es, en primer lugar, un aterrorizado. Como ha demostrado de manera irrefutable el investigador estadounidense Robert Pape, la violencia terrorista ha sido en gran parte una reaccin a la ocupacin militar de los pases islmicos. Un intento de salvar sus propias culturas y tradiciones resistiendo al colonialismo occidental.

El nmero incalculable de civiles y soldados muertos, el bombardeo de ciudades enteras, el encarcelamiento, la tortura y el asesinato de cientos de personas acusadas, sin pruebas, de ser militantes terroristas: masacres "democrticas" que han sido y son todava infinitamente ms crueles y aterradoras que el llamado "terrorismo internacional".

En realidad, lo que a menudo se denuncia como una amenaza terrorista es una farsa de los servicios secretos, de las autoridades policiales, de los gobiernos y de los ministros: basta pensar en un ministro como el italiano, Ignazio La Russa, que exalta el derramamiento de sangre afgana e, indirectamente, la de decenas de soldados italianos. Pinsese tambin en el demencial arresto de cinco barrenderos britnicos de origen magreb acusados de atentar contra la vida del pontfice romano.

Esta farsa trgica se prolongar todava, ante nuestros ojos, durante mucho tiempo. La guerra de Afganistn contina an por voluntad del presidente Barack Obana, mediante el uso de armas cada vez ms sofisticadas y mortales. Considerese el uso -incluso por el ejrcito italiano de aviones no tripulados, de aviones teledirigidos equipados con misiles. Y tambin en los "minisatlites asesinos" y en los aviones hipersnicos Falcon que pronto sern capaces de librarse de la atraccin terrestre, de orbitar y caer sobre el objetivo, partiendo de cualquier lugar de la tierra, despus de una hora de vuelo. Y es indudable que estas armas sern utilsimas en la ya prxima guerra contra los terroristas en Pakistn.

En el mercado global de la muerte el valor de cambio de la vida se diferencia bien entre la de los agresores, normalmente ricos y civilizados y la de los llamados terroristas normalmente pobres e incivilizados que se arrastran secretamente por el subsuelo del mundo.

Los apologistas de la globalizacin occidental ignoran deliberadamente la vida miserable, brutal y breve como dira Thomas Hobbes de quienes viven en el sufrimiento y el miedo.

Fuente: http://www.ilmanifesto.it/il-manifesto/in-edicola/numero/20101006/pagina/09/pezzo/288415/

rCR




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