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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2010

Asusta, que algo queda

Alberto Piris
repblica.es


En aquellos grises aos del pasado, que para algunos (segn Mayor Oreja) fueron poca de extraordinaria placidez, haba muchos espaoles asustados. Tenan parientes asesinados o desaparecidos de los que no se poda hablar; haban militado en sindicatos o partidos polticos antes de la guerra que desencaden la nueva situacin; haban desarrollado ciertas actividades (escribir, leer incluso pensar) que les calificaban oficialmente como no adictos al Rgimen; eran vulnerables, en suma, ante las nuevas circunstancias y formas de vida de aquella Espaa que empezaba a amanecer y un velado miedo impregnaba sus vidas.

En aquel ambiente se mova un curioso individuo, poseedor de un extrao sentido del humor. Apostaba con sus amigos a que, siempre que quisiera, poda saber lo que contena la bolsa de cualquiera de las mujeres que salan del mercado. Para ello, vestido con el habitual juego de traje y corbata casi obligado en aquella poca, abordaba a su objetivo con una frase fija -Por favor, seora me permite?- a la vez que, con ademanes corteses pero sin andarse con contemplaciones, le abra la bolsa de la compra y comenzaba a hurgar en ella, mientras iniciaba un breve interrogatorio sobre su contenido: Y ah debajo qu tiene? A ver, ensemelo! Para qu ha comprado esto?. Si la mujer, recuperada de su sorpresa, lo que pocas veces ocurra, se atreva a esbozar una protesta -Bueno, seor, y esto a qu viene? si puede saberse-, el bromista responda impertrrito: Nada, seora, nada. Simple curiosidad, simple curiosidad.

Esta broma hubiera sido imposible en cualquiera de los pases democrticos de entonces, donde los ciudadanos conocan sus derechos y no aceptaban intromisiones fuera de la legalidad. En Espaa, la guerra y la posguerra haban creado una sensacin de miedo, inseguridad y sumisin a toda apariencia de poder, dominante en gran parte de la poblacin, sobre todo la que no se senta identificada con lo que se haba dado en llamar el nuevo Estado espaol.

Aos despus, los ciudadanos de otros Estados, incluso del que se tiene como faro de la democracia y las libertades en todo el mundo, tambin estn llegando a sufrir los efectos del miedo. El Departamento de Estado de EEUU difundi el domingo pasado una alerta general a todos sus ciudadanos contra previsibles ataques terroristas de Al Qaeda. Un pueblo que ya fue vctima del miedo tras los ataques terroristas del 11-S contra Washington y Nueva York y de las confusas amenazas posteriores producidas por los sobres portadores de ntrax, poco necesita para volver a sentirse asustado.

Ms todava, en cuanto que el aviso oficial, que intentaba ser previsor, solo ha conseguido alarmar ms a quienes lo tomaron al pie de la letra. Dnde tienen que moverse con precauciones los estadounidenses? Respuesta: en Europa. La vaguedad de esta alarma se intentaba concretar despus: viajando en metro, en ferrocarril, buques, aviones o en cualquier instalacin turstica. Es decir: en cualquier parte. Y cuando un ciudadano escrupuloso intenta saber de qu modo ha de hacer caso a sus autoridades y cul ser la forma de protegerse del peligro tan vagamente anunciado, la respuesta que recibe es que tenga cuidado con todo lo que le rodee y que adopte las apropiadas medidas de seguridad para protegerse cuando se est de viaje.

Urgido a precisar algo ms, uno de los subsecretarios de Estado afirm que no pretenda que los norteamericanos dejasen de viajar sino que tomasen precauciones como vigilar la presencia de bultos abandonados, ruidos intensos y abandonar el lugar en cuanto algo empiece a pasar(sic). Vamos, lo mismo que se puede escuchar por los altavoces de cualquier aeropuerto.

En resumidas cuentas, con el pretexto de que se ha detectado un peligro, las autoridades de EEUU han suministrado a sus ciudadanos una dosis especial de miedo, conscientes de que existe peligro terrorista en todas partes y que nada puede hacerse para evitarlo del todo. Con ello, aseguran, salvan su responsabilidad si llega a producirse algn atentado grave: Necesitamos hacer todo lo posible para afrontar esta conspiracin y proteger al pueblo americano. Es casi seguro que con esa nueva alarma no protejan a nadie y s asusten a muchos.

Conspiracin? Veamos lo que se sabe de ella. El caso es que un ciudadano alemn de origen afgano fue apresado en Afganistn el pasado mes de julio. Haba viajado desde Hamburgo al territorio pakistan de Waziristn, donde recibi instruccin en el manejo de armas. A sus interrogadores declar que haba conocido all a un alto dirigente de Al Qaeda, quien le dijo que Osama Ben Laden deseaba organizar algunos ataques en Europa. Para ese resultado no se necesita utilizar los complejos medios de los servicios de inteligencia ms avanzados del mundo.

Pero la conclusin siempre es la misma. Tanto bajo un rgimen dictatorial donde el poder es reverenciado, como en una democracia que se tiene por modelo, nunca est de ms para los poderes pblicos mantener a los ciudadanos en una cierta situacin de miedo. Miedo al poder, miedo al terrorismo, miedo a un enemigo indefinido, miedo a la crisis econmica y a sus consecuencias. Asusta, que algo queda: sumisin, supresin de la crtica, tendencia a la pasividad. As siempre ha sido mucho ms fcil gobernar.

http://www.republica.es/2010/10/07/asusta-que-algo-queda/



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