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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2010

Por qu esconden la tortura que practican?

Mikel Arizaleta
Rebelin


Curioso, gritan a coro la debilidad de los abertzales en sus manos cuarteleras: Se cagan de miedo en nuestras manos esos valientes!, Cantan la intemerata!. Todos ellos pronuncian ante nosotros un discorso molto lungo!. Estos abertzales se acusan a s mismos cual sdicos de novela, caminan hacia penas sin fin como mrtires fanticos!

Tanto es as que tras das de incomunicacin se llena de palabras el ministro de Interior de turno y micrfonos pueblan su mesa. Mil cmaras le enfocan. Habla el profeta y sus palabras son dogmas, que se repiten en radios, peridicos, televisiones y embajadas. Luego los jueces certifican y firman el anatema y la sentencia.

La misma historia que la de Giordano Bruno y la de tantos otros cobardes del mundo como estos abertzales- en manos de sutiles gobernantes. Una leccin clara, vieja y actual, que nos ensea la historia: la tortura institucional contra el rebelde, contra el crtico, contra quien trae mensajes de igualdad y ciudadana. La tortura contra la libertad de los pueblos. Da igual el continente. Sumisin o tortura.

Los campos de concentracin, las crceles de saca y muerte, los fusilamientos en los muros del cementerio, los entierros en campos silvestres. No olvidemos entre nosotros el largo silencio de la posguerra, el miedo reinante todava en gentes y pueblos, regidos an por los matones de entonces y jornaleros de saqueos y capitales robados. Ellos y sus descendientes siguen dictando pactos de silencio, esparciendo el miedo, ejerciendo el terror. Or hoy en silencio conversaciones de bar en tierras de Castilla es escuchar discursos de Queipo de Llano, soflamas de Inquisicin o pensamientos de Antonio Vallejo Ngera.

La tortura como interrogatorio abertzale, la crcel como mensaje de sumisin, como adoctrinamiento del adversario poltico, como criminalizacin de su ideal. En definitiva, tratan de desposeer de la condicin humana al enemigo.

La tortura hoy, en sus manos, practicada las ms de las veces en sus oficinas, en la soledad. La tortura moderna de los socialistas, de los jueces, fiscales, forenses. La tortura del poder, como siempre.

Una tortura, que se viste de silencio entre nosotros, entre otros en el juez Ibarra, en el fiscal Galparsoro, en el PNV, en el Colegio de Abogados y se hace colaboracin y verdugo en el PP y en el PSOE.

El trato descrito por Juan Carlos Besance (uno de los ltimos detenidos por el juez Eloy Velasco y la guardicacivil espaola) en los interrogatorios resulta ttrico.

Dice que se prolongaban durante unas dos horas, en las que lo desnudaban de cintura para abajo y le obligaban a realizar flexiones, mientras le pegaban patadas en la tripa. Lo envolvan con una manta, lo ataban con una cinta y le envolvan las manos con gomaespuma, le ponan una bolsa en la cabeza dejndole sin respiracin y le daban patadas en los testculos. Le golpeaban en el cuerpo, dejndolo empapado de sudor. En ese estado lo llevaban a una habitacin que llamaban `el frigorfico', donde haca mucho fro. Comenzaba a tiritar, no poda ver nada, pero sinti mucho fro.

Aade que en los interrogatorios escuchaba muchas voces, gritos y amenazas, y que su hermano fue detenido con el objeto de presionarle: Tenan claro desde el principio que no tena nada.

Es la tortura hoy entre nosotros, tortura que no encuentra eco en peridicos de dictadura e inquisicin, como no la encontraron la de Giordano Bruno o la de crcel de mujeres de Saturrarn en el Correo Espaol, por citar un ejemplo.

Yo no quiero callar ni guardar silencio. Me duele vuestra inhumanidad y vuestra cobarda. De momento me sumo a los versos de Erich Fried a la muerte del fiscal Buback:

Mejor hubiera sido

que hombres como vosotros

no hubieran nacido.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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