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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2010

El poder de los militares

Jos Natanson
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Si se sigue con un poco de atencin el debate poltico-intelectual surgido en Ecuador tras los episodios de la semana pasada, es fcil descubrir que oscila entre quienes lo definen como un simple motn salarial que, ms por imperio de la furia desorganizada que como resultado de una estrategia deliberada, deriv en el secuestro del presidente, y quienes lo consideran, s, un intento de golpe de Estado, aunque salvo los conspiracionistas que creen ver detrs la mano invisible de la CIA hay acuerdo en que, incluso si fue un golpe, fue un golpe fracasado, desde sus inicios, en toda su improvisacin estratgica y operativa.

Contra lo que indica el manual del buen golpista, los policas no llegaron, ni siquiera intentaron, tomar todos los centros neurlgicos del poder, ni se aseguraron el control territorial ms all del bloqueo desordenado del aeropuerto (no hubo retenes en los accesos a Quito ni bloqueos en las rutas que aislaran la ciudad); no detuvieron a otros lderes polticos (incluyendo al vicepresidente) y no aislaron a Correa (que se comunicaba va telefnica con sus funcionarios y los medios). La sensacin es que, una vez que lo secuestraron, no saban bien qu hacer con l: evidentemente no se animaron a asesinarlo y, al encontrarse con la rotunda negativa del presidente a negociar bajo coaccin, no supieron cmo reaccionar.

Aunque obviamente haba vnculos de Lucio Gutirrez, los policas sublevados no estaban lo suficientemente articulados con los dos actores polticos y sociales capaces de asumir el poder, los nicos ncleos alternativos al mismo Correa que existen en Ecuador: la oligarqua de Guayas liderada por al alcalde Jaime Nebot y el partido Sociedad Patritica, de considerable penetracin popular, capitaneado por Gutirrez. Quiz por eso, los anlisis posteriores tienden a pasar por alto el hecho de que a diferencia de lo que sucedi en Venezuela en 2002 o en Bolivia en 2008 las movilizaciones populares en rechazo al golpe fueron tibias, lo que demuestra que el gobierno de Correa puede gozar de un altsimo nivel de aprobacin, pero que se trata de una aprobacin difusa, poco organizada, sin liderazgos fuertes ms all del mismo presidente.

En todo caso, y ms all de un debate que puede volverse semntico, Ecuador se suma a la lista de intentonas fracasadas, que incluye a Venezuela (donde ah s una parte del ejrcito acompa al liderazgo civil golpista) y Bolivia (donde tanto los militares como la polica se mantuvieron leales al presidente). En este marco, Honduras aparece como una clara excepcin, con una serie de caractersticas propias: el origen fue un conflicto institucional de poderes (que luego desemboc en un golpe); haba actores sociales y corporativos (empresarios, medios, un sector de los sindicatos) dispuestos a hacerse cargo del poder; dos de los tres poderes del Estado (el Congreso y la Corte) se mostraron dispuestos a pintar de un barniz institucional al golpe y, sobre todo, haba un liderazgo claro (el del senador Roberto Micheletti) y un proyecto definido (estirar el gobierno de facto hasta las elecciones).

Pero nada de esto debera interpretarse como una minimizacin de los episodios ocurridos en Ecuador. Si se revisa la secuencia, salta a la vista que, aunque no todos los policas se sublevaron, y aunque probablemente quienes efectivamente se levantaron en armas no pasaron de unos cientos, la huelga de brazos cados fue total en todas las ciudades salvo en Cuenca: la sensacin de anomia que por unas horas se instal en el pas y los saqueos de Guayaquil dan cuenta de esta realidad. Por otra parte, como seal correctamente Eduardo Gudynas, hay que recordar que en la conferencia de prensa de las fuerzas armadas los jefes militares reconocieron explcitamente la autoridad presidencial y ratificaron su alineamiento con los poderes democrticos... pero reclamaron la anulacin de la ley del servicio civil y hasta pidieron una mejora de los salarios. Como sostiene Gudynas, casi un chantaje: respaldamos al presidente si nos aumenta los sueldos.

Pero lo central, ms all del debate posterior, es que los acontecimientos ecuatorianos reavivan el debate acerca de la importancia de asegurar el control civil sobre las fuerzas de seguridad (incluyendo tanto a las fuerzas armadas como a las policas y sus auxiliares) y definir claramente las competencias de cada una, en particular en aquellas democracias que atraviesan fuertes procesos de cambio: el punto ms frgil, y del que se habla menos, es hoy Paraguay.

El problema es general. En momentos en que Brasil es visto como un ejemplo para toda la regin, con innegables aciertos que son sealados como la senda que debera seguir la Argentina, vale la pena recordar que la confusin entre las tareas de seguridad interior y defensa exterior y la autonoma operativa, y por momentos incluso poltica, de los militares y policas, constituye un problema que Brasil an no ha logrado resolver. En Brasil los militares cumplen una larga serie de funciones que tienen poco que ver con su tarea original: manejan la Polica Militar de cada estado (equivalente a las policas provinciales), controlan el trnsito, ayudan a combatir el dengue, se ocupan de la seguridad en el Carnaval de Ro, de proteger al Papa..., hasta los bomberos, institucin civil por excelencia, dependen de los militares.

Jorge Zaverucha, especialista brasileo en cuestiones militares, lo explica de esta forma: En los pases democrticos, las competencias de la polica y las del Ejrcito estn claramente separadas. La polica se ocupa de los adversarios y el Ejrcito, de los enemigos. Por ello, las doctrinas, el armamento y la instruccin son diferentes. Sin embargo, en Brasil estas competencias estn entremezcladas. El proceso de politizacin de las fuerzas armadas se da simultneamente con la militarizacin de la polica. El general Lenidas Pires Gonalves, primer ministro del Ejrcito de la democracia, lo haba expresado claramente aos atrs: No estamos entrenados para esposar a la gente. Si visita los cuarteles, no ver esposas en ningn lado, pero s encontrar un polgono de tiro.

La intervencin militar en Brasil no es una excepcin sino una regla en Amrica latina. En casi todos los pases de Centroamrica, los militares llevan adelante tareas de seguridad interna, y lo mismo en Mxico, donde Felipe Caldern ha reforzado sus atribuciones para combatir el narcotrfico. En Ecuador constituyen un verdadero poder econmico que controla puertos, empresas areas, astilleros, siderurgias y hasta un banco. En Chile, recin en el 2005 el presidente recuper la facultad de decidir el ascenso de los oficiales, que hasta el momento eran promovidos por un Consejo de Seguridad integrado por ellos mismos.

En Argentina, en cambio, Ral Alfonsn impuls el Juicio a las Juntas, Carlos Menem anul el servicio militar obligatorio e inici las primeras misiones de paz y Nstor Kirchner les dio amparo poltico a las investigaciones por violaciones a los derechos humanos y consigui la anulacin de las leyes de obediencia debida y punto final. En 25 aos de democracia hubo, por supuesto, concesiones de todo tipo, desde las leyes de impunidad y los indultos hasta escandalosos favores personales, pero incluso Menem y De la Ra, los dos presidentes ms cercanos a los planteos verde oliva, se aseguraron de garantizar el control civil sobre los militares y resistieron las presiones para autorizar la intervencin militar en cuestiones de seguridad.

Rut Diamint, especialista en temas de defensa de la Universidad Di Tella, lo sintetiza de esta forma (revista Nueva Sociedad 213): De todos los pases de Amrica latina, Argentina es sin dudas el que hizo las revisiones ms profundas y los cambios ms notables para avanzar en el control civil democrtico de las fuerzas armadas. Es, tambin, el pas que dio ms pasos en la tarea de hacer de la poltica de defensa una poltica pblica decidida por el Poder Ejecutivo, con aportes tanto del Congreso como de la comunidad acadmica. Y es, finalmente, el pas latinoamericano en el que los militares intervienen menos en la toma de decisiones.

En este punto, la democracia argentina ha producido avances inditos en el contexto latinoamericano, que suelen pasarse por alto a la hora de valorar las polticas de Estado de cada pas. Brasil, por caso, carece de una estrategia alrededor del tema. Por si haca falta, los episodios registrados en Ecuador alertan sobre la importancia de mantener a raya a policas y militares.

Podra ser una mxima de Philip Marlowe: nunca conviene relajarse del todo frente a alguien que lleva una pistola.


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