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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2010

Breve crnica parisina

Enrique Ubieta Gmez
La isla desconocida


Pars seduce. En la Torre Eiffel o en el Louvre se escuchan todas las lenguas modernas, y confluyen todos los rostros, todas las expectativas y esperanzas humanos. Los transentes, vistos desde lo alto de la Torre, se asemejan a hormigas de colores. Pero abajo, a sus pies, africanos del Norte y del Sur venden las torrecillas de recuerdo, que los turistas regatean a precios de nada. Muchos llegan para visitar los lugares que han visto antes en fotos, o que la televisin instal en sus retinas. Pero la arquitectura de los edificios ms ordinarios, el detalle que sorprende en cualquier esquina y el glamour bohemio de bares y cafs, confunden a los cazadores de espacios mediticos, que recorren los pasillos del Louvre buscando con ansiedad las obras que sealan los catlogos de artes plsticas. Cuando la encuentran, sustituyen el placer esttico, por la posesiva autorrealizacin del consumidor: tambin yo estuve frente a la Mona Lisa. Pequea, orgullosa, protegida por cristales antibalas, y dos niveles de aislamiento, recibe a decenas de visitantes que se aglomeran para fotografiarla, como si se tratase de una estrella de cine. No disfrutan de la obra, sino del hecho de estar frente a ella. Obvian los magnficos cuadros que la rodean. Pars se ha convertido en un espacio arquitectnico, que millones de personas comparten y consumen con frenes. Pocos visitantes, sin embargo, conocen a franceses comunes, y comparten sus formas de vida, sus alegras y angustias cotidianas; menos an a los inmigrantes que adornan de colores y pesares la ciudad. Y a los gitanos (romanes) expulsados, que no son ni franceses ni inmigrantes. Mientras los turistas caminan ansiosos por la ciudad, los franceses preparan una huelga general para el martes 12 de octubre.

La televisin nacional repite con insistencia que el fantasmagrico Bin Laden amenaza con nuevos atentados en lugares pblicos de Europa. Dos veces en una semana han evacuado la Torre. Los culpables del peor acto terrorista ocurrido en la historia de Amrica Latina el derribo de un avin comercial cubano en pleno vuelo, y la muerte de sus 73 pasajeros y tripulantes--, nada fantasmagricos, viven tranquilamente en Miami. El pasado 6 de octubre se cumplieron 34 aos del hecho, sin que el gobierno estadounidense enjuicie o acceda a extraditar a los culpables. Ese da, en una embarcacin sobre el ro Sena, se presenta la novela Cinco cubanos en Miami (la novela de la guerra secreta entre Cuba y Estados Unidos) de Maurice Lemoine, ex redactor jefe de Le Monde Diplomatic, una versin recreada pero fiel de los avatares de cinco cubanos infiltrados en grupos terroristas de Miami, para evitar nuevos atentados, paradjicamente sancionados en Estados Unidos a penas extremas. Adriana y Olga, esposas de dos de los hroes, nos acompaan en la ceremonia. Despus de muchos aos, vuelvo a encontrar tambin a uno de los estudiosos ms prestigiosos de la obra martiana, el francs Paul Estrade. Me dice: sigo aqu, en la Asociacin de Amistad con Cuba.

Periodistas e intelectuales franceses y cubanos nos reunimos para debatir sobre la manera en que se difunde la imagen de Cuba, de su Revolucin, en la prensa francesa. Paraso e infierno se alternan en la descripcin del pas, segn sean las intenciones, tursticas o polticas. Algunos son enfticos: Amrica Latina no interesa demasiado al lector francs. El cosmopolitismo de las calles de Pars solo significa que el mundo mira a Francia?, la entiende?, acaso Francia mira al mundo?, al Tercer Mundo?, saben los franceses que en Amrica Latina ocurren los cambios polticos ms trascendentales de la contemporaneidad? Caminamos extasiados por las callejuelas de Montmartre, imaginando a los poetas, a los pintores, a los msicos, a los filsofos, que all se reunan, adivinando la presencia de Vallejo, Lam, Carpentier o Cortzar, entre otros creadores latinoamericanos, para los que el centro del universo artstico era ese barrio parisino. Todo sigue igual. Al menos, eso parece. Pero Charles Aznavour en su cancin La Bohme (1965) dice: Ya no reconozco/ Ni los muros ni las calles/ Que haban visto mi juventud/ En lo alto de una escalera/ Busco un taller/ Del que nada sobrevive/ Con su nueva decoracin/ Montmartre parece triste/ Y las lilas estn muertas. El centro del universo creador, sigue en Pars? La Ciudad Luz seduce, coquetea con todos, pero no se entrega.

Fuente:http://la-isla-desconocida.blogspot.com/2010/10/breve-cronica-parisina.html


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