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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2010

Sobre el populismo y la negacin de la poltica

Iigo Errejn
Rebelin


El establishment europeo ha evitado recientemente una condena rotunda del intento de golpe de estado en Ecuador insinuando la deriva populista de Rafael Correa. Argumentos similares sirvieron para matizar el rechazo al desgraciadamente exitoso golpe en Honduras, y sirven a diario para cuestionar la legitimidad democrtica de gobernantes latinoamericanos que obtienen sucesivas victorias electorales. En este artculo, pretendo defender brevemente la pertinencia no slo de problematizar la categora populismo, sino de partir de ella para subvertir la marginalidad poltica de la izquierda rupturista en Europa.

Les sucede a muchos trminos que su uso continuado y abusivo termina por estirarlos tanto que al final adquieren contornos imprecisos, comienzan a servir para designar demasiados objetos y, finalmente, ganan en extensin lo que pierden en precisin.

En la poltica, este es el terreno de disputas relevantes en las que, ms all de la precisin semntica, se dirime la capacidad de atribucin de sentido: la potestad de instituir significados compartidos. Esta actividad ha venido ganando en importancia en los ltimos aos, por dinmicas tales como la fragmentacin y precarizacin del mundo laboral o la erosin por arriba y por abajo- de la soberana nacional, dos de las fuentes principales de identidad poltica de la historia contempornea. Estos procesos, que son en ltima instancia los que estn detrs del uso del concepto de postmodernidad, deben seguir siendo discutidos, as como sus implicaciones para la accin poltica transformadora. Lo que no sirve en ningn caso es su mera negacin ideolgica: la negacin de la creciente dificultad para anclar identidades polticas a universales slidos y preexistentes a base de su descalificacin desde presupuestos morales.

El ejemplo mejor de luchas por la institucin de sentido que se libran en torno a una palabra son las diferentes, y a menudo antagnicas, interpretaciones que recibe la democracia: Convertida en bien valioso pero, en cierta medida, vaco, lo relevante es qu contenido sustantivo reciba en cada contexto. Esa es una lucha discursiva principal.

Con el trmino populismo sucede algo similar, especialmente en lo referente a Amrica Latina. Todos los intentos de ofrecer un conjunto mnimo de caractersticas que definan al populismo caen en uno de los dos abismos paralelos: o fijan criterios tan estrechos que rara vez dos casos comparten la mayor parte de los de la lista, o bien establecen parmetros tan generales y compartidos que lo difcil resulta decir qu fenmenos quedan fuera de la definicin.

La mayor parte de las aproximaciones al populismo coinciden en sealar como rasgos mnimos la interpelacin difusa y transversal a menudo interclasista- al pueblo, su representacin como encarnado por uno o ms grupos excluidos en oposicin a las lites, y el papel catalizador de un liderazgo carismtico en la acumulacin de fuerzas. Interpelacin discursiva amplia, dicotomizacin antagnica del espacio poltico y liderazgo carismtico seran as los tres elementos centrales del populismo.

La definicin es altamente insatisfactoria, por cuanto se le puede aplicar a toda fuerza poltica rupturista, de muy diferente signo: a la Lega Nord italiana o el Tea Party norteamericano tanto como al chavismo venezolano o el MAS boliviano. La conjuncin de la apelacin a los excluidos como pueblo cuyos fines slo pueden realizarse frente a los de las lites opuestas al desarrollo de la comunidad idealizada- ms el papel central de un liderazgo carismtico, est presente en mayor o menor grado en todos los movimientos polticos que han transformado, o han aspirado a transformar con capacidad mayoritaria, la correlacin de poder poltico en una sociedad concreta. No hay fuerza rupturista que pueda escapar plenamente de estos atributos. Sin embargo, intentar encontrar elementos ideolgicos comunes entre ellos es una tarea condenada al fracaso.

Entonces qu caracterstica comn permite agruparlos? No se trata de coincidencias ideolgicas, esto es, del sentido construido, sino de la forma de construirlo. Segn Ernesto Laclau, la forma populista es aquella que reordena el campo poltico mediante un discurso que construye el pueblo como la mayora poltica nucleada en torno a un grupo subalterno, y opuesta al rgimen existente, o a los resabios del viejo establishment una vez conquistado el poder poltico. De la definicin de este grupo subordinado y la naturaleza de su subordinacin -econmica, tnico-cultural, poltico-administrativa, etc.- depender pues el carcter ideolgico de cada construccin populista: la naturaleza del nosotros y el horizonte de liberacin propuesto.

En ese sentido, la tautologa populista es el que interpela al pueblo slo cobra sentido si se especifica que:

1. Ningn pueblo preexiste a su nominacin, sino que es construido discursivamente a partir de elementos preexistentes elevados a la categora de definidores del nosotros. Esta es una operacin netamente poltica, y constituye el paso primero y fundamental de toda movilizacin: la construccin del nosotros.

2. La interpelacin al pueblo es poltica en tanto es conflictiva, esto es, en tanto su frontera constitutiva lo opone a la oligarqua, las lites, la capital centralista o el sistema. En este sentido la construccin populista es principalmente una ruptura del orden establecido, una reasignacin de lugares e identidades que desbarata la institucionalizacin de sentido operada por el rgimen existente en lo que Rancire denomina labor de polica. Esta es la segunda tarea central en toda ruptura del orden constituido: la construccin del ellos.

3. La construccin dicotmica siempre se hace desde fuera del orden existente. Este afuera puede ser institucional, econmico o tnico, pero es siempre el llamamiento de un outsider o al menos de alguien que se proclama como tal- a refundar las estructuras polticas existentes. El tercer paso de toda movilizacin populista es siempre, la convocatoria refundacionalista en trminos de Gerardo Aboy: la realizacin de los cambios que adecuen las instituciones al pas real, precisamente construido en su propia movilizacin.

4. La movilizacin es sustancialmente diferente de la canalizacin de las demandas individuales o grupales por vas institucionales, y requiere la saturacin de estas por una acumulacin de demandas insatisfechas que evidencien la necesidad de la confrontacin poltica para la realizacin de los objetivos de la mayora social frustrada. La construccin populista es, en este sentido, siempre antiinstitucional. Por ms que se pueda valer de las instituciones de representacin, apela a una legitimidad que emana en otro lugar: es tan grande como amplio y cohesionado sea el nosotros por el que dice hablar.

Hechas estas precisiones, el uso del trmino populismo puede problematizarse bajo una luz distinta, que arroja as sombras antes inadvertidas. El vaciamiento del trmino y su generalizacin como descalificacin podran entonces no ser inocentes, un mero resultado de un abuso inintencionado del trmino.

El discurso que interpela directamente a un grupo excluido del status quo existente en tanto que corazn de un pueblo al que se llama a despertar ha sido cargado de connotaciones negativas: demagogia, milenarismo, caudillismo: principal y centralmente antidemocrtico. La acepcin dominante del trmino populismo es as heredera de una concepcin de cuo liberal que desconfa profundamente de la participacin poltica de masas y ve en ella una amenaza de la que el rgimen democrtico ha de guardarse mediante instituciones de control y balance. Tampoco es ste el lugar para profundizar esta discusin, pero conviene advertir frente a los intentos de despojar a la democracia de su veta ms interesante: la del ejercicio permanente de autoinstitucin de masas.

La relacin entre liberalismo y democracia es tericamente problemtica e histricamente contradictoria, pero lo importante aqu es sealar que la profunda desconfianza terica hacia el populismo podra ser el indicio de un recelo hacia la ruptura del orden siquiera sea discursivo- instituido. La negacin del populismo como modo legtimo de construccin de los alineamientos polticos esto es, de generacin de sentido e identidad poltica a partir de ciertas condiciones sociales de partida- podra revelar entonces la voluntad de fijar para siempre el sentido poltico que orienta las posiciones, preferencias y horizontes posibles de una sociedad.

El cierre de la poltica ha sido sealado con voz de alarma por crecientes autores en los ltimos aos como intento de tecnificar cada vez ms cuestiones de la vida pblica sacndolas as del campo de lo discutible: no tiene sentido criticar a un gobierno si su poltica econmica regresiva viene dictada por los mercados, como no tiene sentido revelarse ante la creciente restriccin de derechos civiles porque se trata de una determinacin securitaria evidente, apoltica. En la Ciencia Poltica, la tendencia a analizar el conflicto como una anomala a evitar refleja esta clausura del sentido, este intento permanente e imposible de finalizar la historia.

Slavoj Zizek seala que la postpoltica es la tentacin autoritaria de hacer pasar por naturales decisiones o situaciones que responden a preferencias polticas, a intereses particulares que, de esta forma, resultan blindados. Esta negacin de la conflictividad es, lejos de su apariencia pacificadora, una forma extrema de violencia: el cierre de lo posible con la llave de lo existente, ya ensayado por el there is no alternative de Margaret Thatcher y las primeras reformas neoliberales. Es altamente ilustrativo el rescate actual del mismo argumentario por los gobiernos europeos en sus programas regresivos de ajuste.

Gramsci ya defini la hegemona como la capacidad de articular voluntad colectiva: El actor particular que consiga definir los fines universales de la sociedad hacindolos coincidir con sus propios intereses es el que ejerce la direccin del conjunto. Una hiptesis a considerar es que la denigracin actual del populismo guarde relacin con la denigracin de la poltica -y de las masas como sujeto poltico. No tendra nada de extrao entonces que la etiqueta populista recaiga hoy con especial dureza sobre las fuerzas y gobiernos de izquierda en Amrica Latina salidos de las descomposiciones de los distintos sistemas polticos como emergencias plebeyas para la refundacin del Estado.

De ser as, adems de librar la batalla por el anclaje del sentido asociado al populismo, la izquierda en Europa debera aprender [3] de la construccin discursiva que ha permitido a las izquierdas latinoamericanas salir de una prolongada crisis y volver a postular el avance general de sus sociedades. Hasta ahora, las formas discursivas de construir una ruptura populista en los sistemas polticos en el viejo continente parecen estar siendo ensayadas principalmente por fuerzas de la extrema derecha en un sentido racista y reaccionario. Este peligro difcilmente se puede conjurar sin comprender la dimensin plebeya de la tentacin fascista, y menos an regalndoles la incorreccin poltica.

Cantaban Hechos Contra el Decoro que: Cuando todo se puede decir la forma de censura es el consenso, y toda poltica radical debe desbaratar los consensos y las naturalizaciones que tratan de blindar el sentido instituido, los marcos discursivos que predeterminan lo posible y lo deseable. Para ello hay que reintroducir el conflicto como apertura democrtica, como momento constituyente de una izquierda que slo puede ser si es antagonista. Esta es una batalla cultural e ideolgica de largo alcance, que conviene asumir como prioritaria.

Una de las tareas principales de la izquierda rupturista es rearticular las frustraciones generalizadas en una identidad poltica fuerte que reconstruya el [email protected] de las y los de abajo, y que oponga el bienestar general a los privilegios de las clases dominantes europeas (ellos), en un sentido socialista. La discusin sobre la poltica que el populismo pone encima de la mesa podra ayudar en esa direccin.



[1] Agradezco los comentarios de Jos Antonio Errejn, Pablo Iglesias, Rita Maestre, Ariel Jerez y Juan Carlos Monedero, que han inspirado alguna de las ideas del texto, y han pulido otras.

[2]El autor es Investigador en la Universidad Complutense de Madrid

[3] Al respecto, ver la interesante reivindicacin de un populismo europeo hecha por el nada sospechoso de reaccionario Etienne Balibar en el diario Pblico (3/7/2010)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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