Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2010

El diagnstico de Felipe Portales
Chile, una dictadura perfecta

Hernan Soto
Punto Final


El socilogo Felipe Portales (57 aos) es un severo crtico del sistema poltico chileno. Su libro La democracia tutelada llam la atencin por la seriedad y respaldo documental. Desde hace algunos aos trabaja sobre los mitos en la democracia chilena, y ha publicado dos volmenes que deberan ser continuados a lo menos por un tercer tomo. Sus anlisis de la Concertacin de Partidos por la Democracia y sus entendimientos con la derecha, han tenido amplia resonancia. PF lo entrevist y ste fue el dilogo:

En sus libros develar mitos y afirmaciones superficiales es una constante. Qu piensa de la afirmacin de que en Chile vivimos una crecientemente perfeccionada democracia?

Lo he dicho antes, sta es una dictadura perfecta porque no se nota a simple vista. Incluso cada vez parece ms democrtica. La verdad es diferente. Estructuralmente, es el mismo pas que era al trmino de la dictadura. Prcticamente con la misma Constitucin. La Concertacin, en acuerdo con la derecha, legitim el sistema econmico y social existente, producto del proyecto refundacional de la dictadura. Tenemos el mismo Plan Laboral, con pequeas modificaciones, prcticamente el mismo sistema educacional basado en el lucro, las AFP, las Isapres, las concesiones mineras, el mismo sistema tributario y financiero, etc. Hay una sociedad atomizada, disgregada, favorecida por el manejo de los medios de comunicacin, altamente concentrados, que tienen un efecto embrutecedor debido a que las opiniones crticas no llegan a la mayora de la poblacin. Vivimos en medio de mitos e imgenes falsas. Como esa tontera de que ahora jugamos en las ligas mayores, como si se tratara de bisbol, que somos un pas ganador, el pas vanguardia de Amrica Latina o que el mundo nos mira con admiracin. Creo que el modelo tiene debilidades tremendas. Lo ms pattico es que la Concertacin lo legitim, consolid y perfeccion.

En su obra sobre los mitos de la democracia chilena, paso a paso va revelndolos como tales, lo que implica la desmitificacin de buena parte de la historia oficial. Cules considera que son los ms arraigados?

Primero, quisiera decir que yo llego a la historia por una necesidad de entender lo que estaba pasando en Chile despus del golpe militar y el comienzo de la transicin. Soy socilogo de la Universidad Catlica y empec mis estudios en el ao 1970. Haba un clima efervescente, lleno de inquietudes y deseos de cambio. Vino el golpe militar, la dictadura interminable, comenz la transicin y de pronto, me di cuenta que no entenda lo que estaba pasando. Me pareci que deba recurrir a la historia, que siempre me haba atrado. As lo hice, y me encontr con que a pesar del importante trabajo de los nuevos historiadores, de Gabriel Salazar y muchos jvenes, haba siempre zonas de oscuridad. Adems, haba en muchos enfoques exceso de ideologizacin y, para mi gusto, insuficiente trabajo con los hechos. Me puse a la tarea y descubr que era increble la distancia existente entre lo que se ensea como historia oficial y lo que efectivamente haba sucedido: cmo nos vemos a nosotros mismos y cmo somos efectivamente. Que vivamos en un mundo de mitos. Y al estudiarlos me di cuenta, tambin, de su enorme fuerza, que estn tan arraigados que exceden la racionalidad. Y eso hay que tenerlo presente, en una sociedad autoritaria, oligrquica, clasista y racista.

Un mito central, por ejemplo, es el sentimiento de superioridad que nos lleva al aislamiento, ya que nos sentimos diferentes en Amrica Latina. Partiendo de que nos creemos bsicamente blancos, que no asumimos nuestra calidad de mestizos y que los mapuches nos parecen ajenos, extraos. Ese sentimiento de superioridad explcito es muy antiguo. En una de sus expresiones viene desde el tiempo de Diego Portales y la conviccin de que Chile deba tener la hegemona en el Pacfico Sur. Eso nos llev a una guerra preventiva, por usar el lenguaje de hoy, contra la Confederacin Per-boliviana que se vio como una amenaza per se . Esta orientacin geopoltica se mantuvo (y se mantiene en buena medida hasta hoy) y nos tuvo en una permanente situacin casi blica hasta ms o menos 1930, cuando por el Tratado de 1929 se resolvi la cuestin de Tacna y Arica. Con los otros vecinos tampoco las relaciones han sido armoniosas.

Ese sentimiento de falsa superioridad tiene expresiones polticas importantes, como considerar, por ejemplo, que debemos abandonar el barrio cuanto antes. Adis Amrica Latina fue una frase de la dictadura que sigue sonando como aspiracin ms o menos discreta.

Recin de 1950 en adelante -y gracias principalmente a la accin del centro y de la Izquierda- empez a producirse una apertura, con la Cepal funcionando en Santiago, con los estudios sobre los trminos de intercambio, endeudamiento, posibilidades de acercamiento econmico y cultural. Frei y Allende jugaron en eso un gran papel. No olvidemos el Pacto Andino, el Acuerdo de Cartagena, el acercamiento al Tercer Mundo. Otro factor fue la acogida a un gran nmero de exiliados latinoamericanos que llegaron a partir de los aos 20-30 y de jvenes que venan a estudiar a la Universidad de Chile, lo que fortaleci nuestra creencia de que ramos distintos, del asilo contra la opresin y la democracia ejemplar. Tambin, la idea de la estabilidad. Algo que fue real pero discutible en su significado. Durante el siglo XIX, los dos pases ms estables de Amrica Latina fueron Brasil, que fue un imperio y donde hubo esclavitud hasta cerca del siglo XX y Chile, virtualmente una monarqua absoluta, en que el presidente era un monarca con ropaje republicano, aunque muchas veces se manejara con tino para dar espacio a una oposicin inofensiva o poco peligrosa.

 

Rol poltico de las FF.AA.

 

En Chile, el papel de las FF.AA. ha sido siempre polticamente relevante, aunque eso se haya negado durante mucho tiempo. Cul es su relacin con el mito?

Efectivamente, el papel poltico de las FF.AA. siempre ha sido muy importante, pero siempre subordinado a los sectores dominantes, a diferencia del autonomismo que han tenido en otros pases. La primera experiencia de autonomizacin se produjo en 1932, en el liderazgo de Marmaduque Grove y otros oficiales jvenes de la naciente Aviacin y de otras ramas. Hubo verdadero pnico en la derecha. La Repblica Socialista, con Grove, dur apenas doce das. Lo sustituy Carlos Dvila, y una de sus principales tareas fue reprimir a los socialistas y comunistas. Que hayan sido oficiales los seguidores de Grove pareci ms alarmante que la insurreccin de la marinera.

La Repblica Socialista de Grove es un cono que debe mirarse con atencin, pero fue algo excepcional. Las FF.AA., como conjunto, eran bsicamente ibaistas. Su papel poltico, aunque subordinado, fue histricamente aceptado y aprovechado. Hasta 1973 era costumbre que el oficial a cargo de las FF.AA. en la provincia fuera designado intendente subrogante. O a veces, derechamente intendente titular. Tambin era una forma de prepararlos para la direccin de las Zonas de Emergencia. Estas eran perfectamente inconstitucionales. Se iniciaron mediante una norma contenida en una ley dictada durante la segunda guerra mundial, y despus comenzaron a usarse como un instrumento normal a pesar de su evidente inconstitucionalidad y el propio espritu de la ley original. Hubo, por lo tanto, una intervencin militar buscada en medio de la normalidad. En un momento, a comienzos de los aos 1940, se encarg al general Berguo un estudio sobre el carbn y sus proyecciones, que incluso abordaba aspectos sociales. Y nadie protest, nadie dijo nada. As tambin exista el mito de la correccin y la hidalgua consustancial a los militares. Nadie quera creerlos capaces de lo que hicieron en la dictadura.

Hay una historia interesante. Pocos aos antes, la pelcula Caliche sangriento, de Helvio Soto, produjo bastante polmica. Salvador Allende, que era presidente del Senado, pidi verla privadamente. Sali molesto. Este no es el ejrcito chileno, el ejrcito no mata prisioneros indefensos, dijo. Y no olvidemos que Eduardo Frei Montalva rechaz los consejos para que no se operara en Chile: Me operar aqu. No se atrevern a matarme. Eso no pasa en Chile, fue su argumento. Y no hablemos del mito del ejrcito siempre vencedor y jams vencido o del terrible lema del escudo nacional, Por la razn o la fuerza, que es una vergenza. Es indudable que entre los chilenos hay un fuerte militarismo. Consecuencia de las guerras que han marcado nuestra historia? Patriotismo mal entendido, que ayuda a menospreciar al extranjero, especialmente si es pobre? Actualmente, como si no hubiera pasado lo que pas, las Fuerzas Armadas se cuentan entre las instituciones ms confiables y respetadas, segn las encuestas.

 

Los mitos de la derecha

 

Cules son los mitos fundantes de la derecha?

En realidad, prcticamente todos los que sustentan la historia oficial la favorecen. Porque lo que ms me impresiona en la derecha es su consistencia y coherencia. En el gobierno o en la oposicin: apoyar a la autoridad cuando reprime a los trabajadores, apoyar las masacres obreras, siempre respaldar la legislacin antisindical y las leyes restrictivas de las garantas constitucionales; y apoyar siempre las leyes que favorezcan al capital, apoyar siempre el orden pblico, aunque para conservarlo se cometan excesos.

Se trata de una orientacin invariable. Que contrasta con el comportamiento de la centro-izquierda chilena que ha sido en muchas ocasiones inconsistente. Ah est, por ejemplo, la experiencia del Frente Popular, que a diferencia de lo que se sostiene no fue una maniobra genial del Partido Comunista. Fue una iniciativa del Partido Radical, que entonces era muy poderoso, para enfrentar la candidatura derechista de Gustavo Ross. El Partido Radical impuso sus condiciones, que fueron severas: la mantencin del latifundio y la restriccin de la sindicalizacin campesina. El candidato presidencial del Frente Popular termin siendo Pedro Aguirre Cerda, un poltico que haba sido adversario del Frente Popular. La prohibicin virtual de la sindicalizacin campesina haba sido impuesta por el gobierno derechista de Arturo Alessandri por una simple orden emanada de la Direccin del Trabajo. Se mantuvo inclume en el gobierno del Frente Popular, que tambin asegur el rgimen del hacendazgo.

Ms adelante, y tambin en un gobierno de centro-izquierda como fue el de Gabriel Gonzlez Videla, se negoci con la derecha un proyecto de ley de sindicalizacin campesina que tena tales restricciones, que veinte aos despus apenas se haban constituido una veintena de sindicatos campesinos. Las prohibiciones a la sindicalizacin campesina eran inconstitucionales. Todo esto fue aceptado por comunistas, socialistas, por la naciente Falange Nacional y otras fuerzas de Izquierda. Hay muchos otros ejemplos, pero destacar uno solo.

Antes del 25 de octubre de 1938, fecha del triunfo del Frente Popular, un diputado naci (con c y no con z, porque hubo nacis que se fueron izquierdizando) propuso en la Cmara un proyecto de ley para frenar el cohecho que sera determinante para el triunfo del candidato oficialista, Gustavo Ross. El diputado, Fernando Guarello, desafi a la derecha: que se aprobara una ley de cdula nica, que habra terminado entonces con el cohecho, como se demostr desde 1958 en adelante. Ni socialistas ni comunistas, tampoco radicales ni otras fuerzas acogieron la propuesta. Nadie dijo nada. Es obvio que a esas alturas, la Izquierda no tena una demanda progresista bien articulada.

 

La Concertacin en la inopia

 

Volvamos a la actualidad: qu est sucediendo con el gobierno de Sebastin Piera?

Hay una situacin difcil que no es nueva. Para el PS al menos, que hace ms de veinte aos dio el vuelco que lo llev a subordinarse totalmente a los grandes monopolios. La Concertacin se entreg a la derecha cuando, como lo explico en el libro La democracia tutelada , cedi la mayora electoral y desactiv las movilizaciones sociales, en busca de una solucin de compromiso que se tradujo en las reformas constitucionales consensuadas con la derecha y que se aprobaron despus del triunfo del No en el plebiscito de octubre de 1988. Ese fue el comienzo de la consolidacin del modelo impuesto por la dictadura. El votante de la Concertacin en 1989 esperaba que se revirtieran las privatizaciones, que se revisaran las concesiones mineras, que se terminara con el Plan Laboral, con las AFP y el sistema previsional no solidario, con las Isapres, en fin. Eso no ocurri. Ahora, en las elecciones presidenciales ltimas, el votante de la Concertacin quera que no ganara Piera. Le interesaba conservar lo conseguido, la mantencin de cargos en el aparato gubernamental y una mayor defensa del medioambiente. En algunos sectores, poco ms que eso. En la campaa no se discuti ningn tema verdaderamente importante.

Qu pasar en el futuro? Es difcil hacer proyecciones, pero lo ms probable es que busquen consensos en temas ms o menos irrelevantes. La derecha, gobernando, no tiene porqu ser demasiado distinta que la Concertacin. Aunque Piera puede dar sorpresas. Las posibilidades de un ascenso fuerte de las movilizaciones sociales se ven debilitadas por la atomizacin social y el papel de los medios de comunicacin. La Concertacin sigue marcando el paso. E incluso incurre en errores grotescos, como las crticas a la cancelacin del proyecto de la termoelctrica en Punta de Choros. Se critic al gobierno por razones institucionales. Ridculo. Si toda la institucionalidad ambiental depende del Ejecutivo, de qu institucionalidad estamos hablando?

Lo que pas es que Piera primero haba dicho que s y luego dijo que no, cuando se dio cuenta que le producira malos efectos polticos. Hablar de que se trata de decisiones tcnicas, es tambin absurdo. Son esencialmente decisiones polticas que tienen, claro, soporte tcnico. La instalacin o no de una planta de energa nuclear es esencialmente una decisin poltica, no tcnica. As como no hay institucionalidad que valga cuando es simplemente una farsa.

El liderazgo en la Concertacin est en la inopia total. Ni siquiera se atreve con la autocrtica. Tampoco hay mecanismos que permitan cambios de fondo. El sistema binominal no slo rigidiza el sistema electoral. Tambin hace que cada partido sea una dictadura. Las voces disidentes no tienen cabida. Los instrumentos de disciplinamiento de las directivas son obvios: a travs de la reeleccin, con el acceso a cargos pblicos, y con las oportunidades de negocios o posiciones significativas. Los dirigentes no se renuevan o cooptan a sus partidarios. Las elecciones internas se hacen cuando lo deciden los dirigentes, los acuerdos no se cumplen, los grupos de poder imponen su voluntad. Muchos parecen haberse entregado en cuerpo y alma a la derecha: llegan a los directorios de los bancos y grandes empresas, hacen asesoras multimillonarias, trabajan como lobbistas ...

El gran tema renovador y movilizador debe ser demanda por una nueva Constitucin. Es el tema central que permite, adems, la convergencia de demandas sectoriales. No es un camino fcil ni rpido, porque es necesario formar conciencia movilizadora, que no es sencillo.

Ese creo que es el panorama de la Concertacin de centro-izquierda. En cuanto a la Izquierda alternativa, tambin ha sido debilitada por la obsesin del PC de incluirse en el sistema a travs de sus parlamentarios en el Congreso. Ha logrado tres y aunque aumentara al doble o al triple, no cambiarn las cosas desde el Congreso. All no se consigue el poder real. Y a la derecha le conviene, porque eso legitima el sistema electoral binominal.

 


 

 

(Publicado en Punto Final, edicin N 720, 15 de octubre, 2010)

www.puntofinal.cl




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter