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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-10-2010

La huelga del 29-S, una grieta en la formacin del pensamiento sumiso

Colectivo Prometeo (Crdoba)
Rebelin


Desde que el capitalismo especulativo en su versin salvaje, nada de disimulos edulcorantes, campa a sus anchas por el mundo y nuestro pas aniquilando resistencias en nombre del pensamiento nico, lo polticamente correcto o un gobierno responsable (en otros momentos histricos del pasado siglo XX, la uniformidad impuesta y la obediencia al lder infalible tuvo una definicin ms sencilla: fascismo), en pocas ocasiones ha mostrado su verdadera ralea, la cosmovisin inquisitorial que lo sustenta, como en la reaccin de sus rganos armados de difusin ideolgica (irnicamente autoproclamados medios de comunicacin), jaleados por aclitos y paniaguados, ante la convocatoria y desarrollo de la pasada huelga del 29 S.

Firmemente convencidos de que estaban ante una oportunidad de oro para romper el espinazo a los ltimos reductos del pensamiento izquierdista e instaurar, por los siglos de los siglos, el reino de la mentalidad sumisa ( en el frontispicio, un luminoso gigante con la proclama Borregos del mundo balad!), no han dudado en utilizar toda la potencia de su propaganda, para eso s con la inestimable colaboracin del manijero miedoso del cortijo liberal que atiende al nombre de PSOE o Socialdemocracia, aunque tambin agitara el rabo si le llamaran Toby demonizar a todos quienes han osado plantarse y decir un hasta aqu hemos llegado en la resignacin.

Y gracias a su particular periodismo de investigacin, toda Espaa ha podido conocer la impostura de un secretario general de CC.OO. capaz de gastarse varios miles de euros en sus vacaciones, el apego a la buena mesa del jefe de la UGT si se trata de celebrar un cumpleaos, a las hordas de liberados o las subvenciones recibidas a cargo de los presupuestos del Estado Pese al regodeo que a muchos les ocasione ver la somanta de palos que han llovido sobre unas cpulas sindicales partidarias de un sindicalismo burocratizado, refractarias a todo lo que pueda sonar a movilizacin desde la base , complacientes con el poder econmico y poltico hasta el punto de tragarse sin rechistar, diciendo amn, todo el entramado que desde Maastricht a la mal llamada Constitucin Europea han preparado el terreno a la actual situacin, debera preocuparnos y mucho, el nada disimulado intento capitalista de imponer un lavado de cerebro colectivo, que no se arruga ante ningn obstculo que lo aparte del objetivo ltimo ( anular de un plumazo los derechos adquiridos durante siglos de movimiento obrero), aunque para ello deba utilizar la calumnia, la falsedad o la media verdad.

Y cuando decimos media verdad nos estamos refiriendo a la capacidad demostrada para poner el foco en un solo aspecto, sin alumbrar toda la escena. As hemos podido comprobar que la diligencia puesta para airear las subvenciones sindicales, se ha tornado negligencia al ocultar a la opinin pblica que tambin la CEOE y la CEPYME son destinatarias de cantidades similares de fondos pblicos, que en los consejos de administracin de las empresas dedicadas al negocio de la comunicacin ( Antena 3 , Telecinco, Cuatro, Vocento, Prensa Espaola, radios) confluyen los mismos grupos, los mismos bancos, multinacionales o, lo que es ms grave, los apellidos perennes y repetidos de una oligarqua a veces centenaria que ha jugado sin despeinarse a ser restauradora, franquista o demcrata de toda la vida ( tras colocar en el armario, bien planchada por si acaso, la camisa azul), eso s, siempre que se mantuvieran intactos sus intereses.

Y han sido los tteres de esta plutocracia quienes han criminalizado, por cable, palabra, onda y escritura, la respuesta sindical a la agresin -sin equivalente en decenios- contra los trabajadores, convertidos, pese a no haber participado en la pasada orga de especulacin, corrupcin , fiebre del ladrillo y exorbitantes beneficios, en los paganos de una crisis extrema del entramado capitalista.

Estremece pensar lo que habra pasado si en la Gurtel, Malaya y dems cloacas estuviesen pringados lderes obreros y no empresarios / polticos del bipartidismo, o las manos en alto que hubiesen pedido lapidacin sumaria si al frente de la Izquierda Obrera (por favor, sean serios y abstngase de vindicarse como tal los que mantienen unas siglas pero realizan una poltica econmico- social que no se aparta un milmetro de los intereses del amo) se encontrasen personas que tuvieran encima una trayectoria la mitad de turbia que el seor Daz Ferrn. O lo que pasara en este pas si la misma lupa enfocara la realidad cotidiana de las jerarquas polticas, empresariales, judiciales o eclesisticas del Estado.

Por eso consideramos exitoso el desarrollo de la huelga., Pararon los sectores productivos pese a las limitaciones impuestas por unos servicios mnimos abusivos o el gran piquete del chantajismo ( qu curioso!, a los voceros que se han rasgado las vestiduras por el ataque a la libertad de trabajar que, para ellos, suponan unos piquetes informativos, convenientemente apaleados y hasta estimulados con tiros al aire, tambin se les ha escapado este detalle ) encarnado por un empresariado amedrantador, capaz de poner sobre la mesa lo barato que est el despido o lo fcil que resulta deshacerse de un empleado slo con esperar a la finalizacin de un contrato y no renovarlo y que no titubeaba al pronunciar un si no vienes el mircoles, no lo hagas el jueves.

Y esos sectores que siguieron masivamente el paro, provocaron la cada del consumo elctrico y trasmutaron el da en inesperado domingo, aglutinndose el obrerismo tradicional, el proletariado consciente, decenas de miles de jvenes sin empleo y una parte significativa del sector servicios, en unas manifestaciones de rechazo que nos recordaron, por la dignidad y nmero de asistentes, a las que muchos de los participantes engrosamos cuando la locura del militarismo aznariano y sus delirios de grandeza, nos llev a la guerra de Irak.

Repasado el paisaje polticosocial de finales de septiembre, cabe volver a nuestro clsico qu hacer? y empezar la parte propositiva.

En primer lugar, (ahora s tocara, no en las semanas previas a la huelga), deberamos preguntar a los dirigentes sindicales que han coqueteado (por acatamiento o mutismo, apenas unas tibias palabras pese a la contundencia de los ataques sufridos) con las propuestas que el capitalismo ha ido realizando siempre bajo las coartadas de responsabilidad, exigencia europea, gobernabilidad o paz social, si han tomado nota y son conscientes ya de que tambin iban a por ellos, siendo la movilizacin y el combate de ideas la nica forma de parar los pies a los agresores y para ello se necesita una unidad de accin desde la base que incluya a los sindicatos alternativos y a los que, ante la deriva y la falta de claridad, se marcharon asqueados a sus casas o hacen la guerra por su cuenta, refugiados en los problemas de su sector o su empresa, En el haber tienen una constatacin: pese al miedo de fracasar que hizo dilatar hasta el ltimo momento la convocatoria de una huelga general, ante la desmesura de las propuestas gubernamentales dictadas por el poder financiero, el pulso se ha mantenido y la mano no se ha roto.

En segundo lugar, caer en la cuenta de que la respuesta sindical debe tener su correspondiente respuesta poltica, intentando configurar un movimiento poltico de Izquierdas en el que puedan verse representados los humillados y ofendidos por las reformas laborales y la desvergenza de quienes las defienden y aplican, bien de forma activa o con el silencio cmplice y para ello la Izquierda, movilizada en la calle, debe ocupar de forma simultnea una parcela de poder institucional siempre que sta sirva de altavoz y palanca y no un fin en si mismo-, articular un bloque social alternativo acorde con su peso real.

No caben por tanto discusiones bizantinas sobre si se es o se parece, ni establecer un parntesis tipo una vez cumplido el expediente, pelillos a la mar que aqu no ha pasado nada. Quienes practican las ms rancias polticas conservadoras en su actuacin econmica han quedado deslegitimados para enarbolar el gastado discurso del que viene la derecha, ya que pese a ser muy torpes alumnos de teora socialista , si saben el abec: que la economa es el motor de la historia y que si se gobierna favoreciendo a la oligarqua es a sta a la que se le entrega el poder que no les dio las urnas.

La recuperacin de un discurso creble, capaz de frenar el desprestigio de la palabra Poltica y a la vez poner freno al incipiente fascismo vestido de xenofobia , racismo y nacionalismo rancio con una pizca de clericalismo de la vieja escuela nacionalcatlica, slo lo pueden articular quienes reclamen una democracia participativa en la que las propuestas y los programas se eleven a la categora de Contrato Social y por lo tanto, se exija el cumplimiento.

Cuando gobierne la Derecha nominal, gobernar como lo ha hecho siempre y por ello se le podr tachar de malvola no de incoherente- defendiendo sus intereses. La Izquierda debe de empezar a perder el miedo de gobernar para sus votantes cuando estos articulen una mayora social suficiente, No vale pues , sacar de la chistera los conejos gastados y escenificar encuentros y acuerditos tipo mantengo integra una reforma laboral que ha borrado de un plumazo derechos duramente conseguidos y a cambio reduzco seis meses mi propuesta de ampliacin de la edad de la jubilacin o acorto los aos necesarios para establecer la base de cotizacin de las pensiones y as aparento que me has arrancado una concesin, pero a cambio entris nuevamente en el juego de si son galgos o podencos, trinidades o gmeces y elevis la ceja y me dejis decir que soy progresista Quien entre en ese cuento de la lechera despus de haber estado en la orilla roja del 29- S, corre el riesgo del abucheo, de recibir definitivamente el hispnico y no ms.

En tercer lugar, la huelga nos puede servir para tomar conciencia de una nueva situacin: el capitalismo que nos ha ido laminando derechos como ciudadanos nos abre sin querer una rendija y nos da poder como consumidores. Por ello los millones de personas que mostramos nuestro enfado con la situacin, deberamos empezar a practicar el principio de pensar globalmente y actuar localmente y en las ocasiones similares que, por desgracia, vendrn, devolver el desaire al Corte Ingls, a las grandes superficies que abrieron, a los tenderos, dueos de bares o taxistas copeadictos que pregonan su no a huelgas y movilizaciones y hacerles en la prxima una de billetes o tarjetas de crdito, tocndoles donde nicamente les duele, el bolsillo. Esto nos permitira beneficiar a la vez a los autnomos y pequeos comerciantes que estuvieron en su sitio bien por sentirse coprotagonistas y afectados, bien por solidaridad con quienes contribuyen a darles de comer. Internet hace milagros y las consignas circulan con rapidez.

Por ello era tan importante el mircoles llevar la coherencia huelguista al lmite y no comprar o entrar en el bar abierto por mucho que nos apeteciese la charla y la cervecita-, pues al esquirol no se le puede dar de premio una recaudacin mayor.

El pasado 29-S quienes participamos en las movilizaciones recuperamos un sentido de lo colectivo y lo pblico que no deberamos echar a perder. Apartando miedos y ambientes hostiles nos negamos a creer en el paraso dibujado por los medios de difusin, a golpes de partidos de ftbol y chismorreos de programas del corazn y desempolvando el Proletarios de todos los pases, unios, intuimos que una parte importante y esencial de la sociedad espaola se negaba a acatar las viejas servidumbres.

Asistimos en nuestros das a una fase extrema del capitalismo salvaje, caracterizada por una acumulacin sin precedentes de la riqueza en manos de la minora oligrquica debido a la transferencia de rentas de la clase trabajadora por desregulacin laboral, prdida del carcter progresivo de los impuestos, inyeccin del dinero pblico para solventar problemas de gestin empresarial, prdida de derechos o socializacin de prdidas frente a privatizacin de las ganancias. En este contexto cobra an mayor capacidad simblica el que, frente a la unanimidad impuesta y al intento de uniformarnos, desde las aceras de nuestra indignacin, nos negsemos a ver el traje de humo y gritsemos, conscientes de su miseria: el Rey-Capital est desnudo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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