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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-10-2010

La alegora de Platn y los medios masivos

Juan Castillo
Rebelin


Cuanta sabidura derrochaban aquellos hombres de la antigedad -ms all de compartir o no sus ideas-, veintisis siglos atrs, en comparacin con el hombre de hoy.

Basta recordar la clasificacin que hacan respecto de la mera opinin (doxa) que, como bien lo enseaba el difunto Garca Morente, es el saber que tenemos sin haberlo buscado y, el conocimiento fundado (episteme o ciencia) que es el saber que tenemos porque s lo hemos buscado. Y aqu es preciso observar un rasgo sustancial, la episteme por apelar al trmino griego requiere indefectiblemente de un mnimo de esfuerzo, del ejercicio de la bsqueda para alcanzar ese saber racional y reflexivo.

En cambio la doxa u opinin es la simple visin de las cosas tal cual las vemos u omos sin apelar al ejercicio reflexivo; es decir, sin procurar indagar ms all de lo aparente. Mantenerse en el terreno de la Doxa, no es otra cosa que adherir a aquella corriente filosfica que se conoce como realismo ingenuo. Esto es, suponer que la realidad la captamos tal cual es; obviamente, si as fuese, no tendramos necesidad de la ciencia, de la investigacin, de la bsqueda, de la episteme. Sin embargo, no son pocos los seres que, a lo largo de la historia de la humanidad, confiaron y confan ciegamente en la opinin, asignndole a sta una entidad de la que intrnsicamente carece.

Es suficiente rememorar -continuando con los griegos- aqul mito platnico denominado La alegora de la caverna para constatar que aquellos prisioneros de la caverna inmovilizados por sus cadenas y obligados, sin poder verse uno a otro, a contemplar un muro de sombras terminaron creyendo que la realidad era eso que vean; es decir, las sombras.

Y vaya a que punto que, cuando uno de esos prisioneros pudo soltarse de las cadenas y tomar, de ese modo, contacto con el exterior sus ojos no solo se vieron afectados por una sensacin de dolor, sino que se resistan a ver lo que, precisamente, estaban viendo: "la concreta realidad".

Hasta que, despus de un esfuerzo mental, comprendi que ese, y no otro, era el mundo real; claro que luego regres a la caverna y procuro comentarles a sus compaeros de prisin que lo real se hallaba fuera de ella. Pero como era de esperar, estos intentaron matarlo porque suponan que estaba faltando a la verdad. Pues, tantos aos contemplando "las sombras" que terminaron incorporando en sus mentes que esa resultaba ser la nica realidad.

sta alegora platnica no podemos dejar de relacionarla con la actualidad mundial; pues, solo que hoy los prisioneros de antao son los "ciudadanos del momento" y el muro de sombras es el espacio meditico existente.

Es dable reconocer, que algunos prisioneros han escapado de la caverna pero un significativo y mayoritario nmero " de almas" aun sigue visualizando la realidad desde un muro o una pantalla de TV.

Otros ignoran la alegora y algunos de ellos dicen no creer, actuando (y acudamos a otro momento de la historia) como los obispos en el Galileo de Brecht que se negaban a mirar por el telescopio por temor a encontrarse con una realidad que arrojaba por los aires "las verdades" que ellos mismos abrazaban.

Sin duda, tanto Platn como Galileo estaran enfrentados, hoy da, a los detentadores de los medios de comunicacin masiva - no por ser detentadores, sino por mentir descaradamente- claro que los mismos medios se encargaran de difamarlos y de ese modo lograr el consenso necesario brindado, obviamente, por los eternos prisioneros- para marginarlos, condenarlos o en su defecto para que abjuren de su posicin.

Como vemos resulta difcil perseverar en la bsqueda de la verdad en lo tiempos que corren, mxime con la ilimitada capacidad de los medios en difundir informacin falsa, parcializada, sesgada o manipulada para que sus prisioneros permanezcan ajenos al mundo real.

Lo problemtico de todo esto es que esa poblacin cautiva de los medios y que confunde, merced al deplorable trabajo meditico, realidad con virtualidad representa un nmero relevante de personas.

Son los ciudadanos teledirigidos que ubicados placidamente sobre el vehculo meditico van contemplando el paisaje de la realidad mientras un gua, en apariencia neutral, les relata una historia que no se ajusta fielmente a la verdad.

En cambio, aquel ciudadano dispuesto a indagar un poco ms en lo que acontece podr encontrar, cotidianamente, sobrados ejemplos del ocultamiento deliberado de la realidad.

En nuestro pas, y en el mundo entero, hay ingentes muestras de la alegora platnica, sera bueno empearnos en encontrarlos y, de ese modo, abandonar la confortable pero perniciosa butaca de los prisioneros.

Pero, obviamente, siempre ha sido mucho ms grato frecuentar los caminos sin esfuerzo de la Doxa que transitar los fatigosos senderos de la Episteme.

En el caso de Argentina, un buen antdoto contra los efectos anestesiantes de la pantalla ha sido la sancin de una nueva ley de medios; de ah que los proveedores del suero adormecedor no escatimen en engaar a su pblico hacindoles creer que la mentada ley tiene por objeto restringir la libertad de prensa.

Menuda labor la de estos tiempos, no solo es necesario romper las cadenas de los prisioneros; sino adems, despertar a stos de su largo sueo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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