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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2010

Tener que vendernos

Diego Hidalgo Morgado
Rebelin


La actual crisis econmica est evidenciando una situacin muy deficitaria en nuestro modelo democrtico, cuando el sentir mayoritario de la ciudadana es ignorado o violado por las medidas que est tomando el gobierno espaol. Siempre me ha sorprendido que a un pas en que constatamos este hecho con tanta habitualidad le demos el nombre de democracia con la seguridad que lo hacemos. En los barmetros del CIS sobre calidad de nuestra democracia es constante desde hace bastantes aos la impresin de la mayora de la poblacin de que los polticos no obedecen al pueblo. Es demoledor el dato de que ms del 70% de los encuestados en 2009 han dicho estar de acuerdo o muy de acuerdo con la siguiente afirmacin La gente como yo no tiene ninguna influencia sobre lo que hace el gobierno. En general, todos las valoraciones de los elementos fundamentales que forman la base de la soberana popular son bastante negativas. Es inaceptable que semejante desvaloracin por parte del pueblo soberano sobre la efectividad de su propia soberana sea una cuestin circunstancial o accidental. Deberamos empezar a plantearnos que es un problema que se encuentra en la esencia del sistema creado. Y este sistema creado no es un problema exclusivo de Espaa.

Es el sistema democrtico actual realmente adecuado a las sociedades actuales? Es sobre lo que me gustara reflexionar, y proponer algunas ideas en ste y prximos artculos.

Para empezar quisiera tratar algunos puntos que me parecen cruciales. Creo que existe una coincidencia muy importante en cuidar ciertas cuestiones por parte de los grandes diseadores de las democracias histricas de mayor relevancia. En los primeros artculos quisiera reflexionar sobre las deficiencias del diseo de esos elementos democrticos de primer orden en nuestros sistemas actuales (para la tipologa especfica de nuestras democracias actuales) para mostrar algunas patologas de nuestra democracia enlazndolo con su influencia en la crisis actual y en su gestin poltica y social. A mi modo de ver, seran los siguientes:

Quiero centrarme hoy en esta ltima: el problema de la necesidad de recursos econmicos para ser un ciudadano real. Aristteles nos cuenta cmo en Atenas la grave desigualdad econmica, que converta a los ms pobres en esclavos, fue lo que dio lugar a la rebelin por la que Atenas recurri a Soln. Segn Aristteles, Soln libert al pueblo para el presente y para el futuro, prohibiendo los prstamos que tomaban el cuerpo en prenda, y promulg leyes e hizo cancelacin de deudas privadas y pblicas, que llaman descarga, como si hubieran sido aliviados de un peso. No creo que fuera una medida econmica ni prestacional exclusivamente sino que, ante todo fue un modo de cuidar la capacidad poltica de sus ciudadanos. Garantiz la libertad mnima a los ciudadanos para poder ejercer su ciudadana. Tambin Pericles tom medidas en este sentido, como el pago de la asistencia a los juzgados o a la Asamblea, lo que permita a los ms pobres asistir y premiaba la participacin.

La expresin ms brillante sobre esta cuestin fue hecha por Rousseau en El Contrato Social: en cuanto a la riqueza, que ningn ciudadano sea lo bastante pobre como para verse obligado a venderse, y ms abajo si queris, pues, dar al Estado consistencia, aproximad los grados extremos todo lo posible, no teleris ni gentes opulentas ni pordioseros. Estos dos estados, naturalmente inseparables, son igualmente funestos al bien comn, del uno salen los causantes de la tirana y del otro los tiranos. Hay quien aade a la mtica frase que nadie debera ser tan rico como para poder comprar a otro hombre.

En la mayora de las democracias histricas y, en particular, en las que provinieron de las revoluciones burguesas se opt por la solucin ms simple: el que no era propietario de una cierta riqueza, sencillamente no era ciudadano, por lo que el problema se solucionaba bastante, especialmente en pases de renta muy igualada, como los Estados Unidos de aquella poca, tal y como seal Tocqueville en La democracia en Amrica.

As que se cre un sistema democrtico pensando tan slo en un ciudadano que tena en propiedad la riqueza suficiente. Para ste, tan slo haba que garantizar el respeto a la propiedad (inviolabilidad y reconocimiento de la propiedad privada y principio de legalidad tributaria), evitando los ataques a la propiedad por el poder. Pero si decidimos que la ciudadana se extienda a toda la poblacin nacional adulta, evidentemente, las terribles diferencias en la distribucin de la renta, requieren de otras soluciones. Soluciones de ndole totalmente diferentes a la tomada en las Revoluciones burguesas. Sin embargo, slo se reconocieron ciertas prestaciones, exigibles slo en determinadas situaciones econmicas. Estas prestaciones quiz sean suficientes para garantizar la subsistencia (en algunos pases, claro), pero no son suficientes para garantizar una condicin ciudadana eficaz a estas personas.

En una democracia tan participativa y directa como la ateniense, quiz bastara con dar tan slo posibilidad de participacin, pero en un sistema representativo tan poco directo como los actuales, la cuestin de la capacidad de influencia sobre los poderes institucionalizados es clave para la definicin de una ciudadana real. La igualdad en esa capacidad de influencia ser signo de una democracia real y sana. Las grandes diferencias en esa capacidad de influencia, ser signo de algo ms cercano a una oligarqua.

Es comn en la teora poltica la idea de que es necesaria una cierta igualdad en recursos polticos como la riqueza, la capacidad de difusin de ideas y participacin, etc... para conseguir un control igualitario sobre el poder. Ya hemos visto que segn las encuestas del CIS, el ciudadano medio no se considera con capacidad poltica de influencia. Pero, centrndonos en el tema econmico, al volver a buscar la opinin del pueblo soberano, es impactante que a la pregunta de En qu medida cree Ud. que el poder poltico est protegido de las presiones del poder econmico, con una valoracin de 0 a 10, la media fue de 4.02, slo un 3% de los encuestados consideraron que el gobierno espaol estaba totalmente protegido de estas presiones.

El terrible nivel de endeudamiento, el nivel de desempleo, las bajas pensiones, la ausencia de reconocimiento al trabajo reproductivo, los vergonzosos ndices de reparto de la riqueza que existen en Espaa exigen una solucin muy diferente a la tradicional de las democracias burguesas para una ciudadana verdadera y plena de contenido en este pas.

Y esta situacin se agrava con la globalizacin del sistema capitalista. La globalizacin ha trado consigo un poder para la propiedad del capital inusitado. Quisiera destacar algunos puntos:

As lo hemos visto en los ltimos meses en este pas. Todo el Estado debe responder a las presiones del poder econmico: se endeuda al Estado para dar un rescate a los bancos de miles de millones, no se suprimen las bajadas a los impuestos de los ms ricos que concedi el gobierno de Zapatero hace unos aos (anul el Impuesto al Patrimonio y el tramo ms alto del IRPF), sin embargo, por el otro lado, se congelan las pensiones, se ha bajado el sueldo a todo el sector pblico, se suben los impuestos que ms afectan a las rentas ms bajas, se retira la reduccin por adquisicin de vivienda, se paraliza la inversin pblica, se recortan derechos a los trabajadores, se anula el sistema de negociacin colectiva, se abarata y se financian los despidos con cargo al Estado... Y ya hay voces de las instituciones internacionales (Almunia entre ellos) advirtiendo que Espaa deber hacer ms ajustes en 2011, probablemente con razn, porque es de esperar que todas estas medidas afecten muy negativamente al consumo, lo que afectar negativamente a la creacin de empleo. Pero todas estas medidas se tomaron por presiones de los poderes econmicos transnacionales.

Por contra, la presin de los sectores menos favorecidos de nuestra ciudadana ha sido muy dbil. Es gravsimo comprobar cmo muchos trabajadores no han ido a las huelgas convocadas por no poder permitirse perder un da de sueldo, por miedo a perder su empleo o por no confiar para nada en los partidos polticos ni en los sindicatos (los medios establecidos para su representacin en la Constitucin Espaola de 1978, cuestin a la que quisiera referirme en otro texto). Sencillamente, no tenan capacidad democrtica para presionar contra la capacidad del poder econmico. Estos no son signos de una democracia, por mucho tiempo que haya transcurrido lleno de mutilaciones a esa palabra.

Las democracias burguesas no fueron adecuadamente rediseadas, en cuanto a la atencin de que exista independencia y suficiencia econmica de todo ciudadano, para dar una ciudadana real a toda la poblacin adulta de un Estado, as como a que no existan acumulaciones econmicas incontroladas e incontrolables para el Estado. Esto provoca de por s un dficit democrtico enorme. Pero en la poca de la globalizacin, sencillamente aniquila la posibilidad de una democracia real.

Una vez le que los problemas empiezan cuando se acaban las soluciones. La crisis econmica no es un problema tan grave como la incapacidad del Estado y de la mayora de la ciudadana para enfrentarse a los dueos del poder econmico y parar esta vorgine de acumulacin y beneficios que no hace ms que ir en aumento.

Jean Jacques Rousseau advirti del peligro para una democracia de una distribucin de la riqueza que hiciera que un slo ciudadano estuviera en tal situacin econmica que le llevara a tener que venderse, pero nuestros sistemas no lo cuidaron. Y ahora la globalizacin ha llegado a lmites insospechados, ya no es un ciudadano, sino un Gobierno, un Estado entero, el que ha llegado a tal situacin de endeudamiento que tiene que venderse.

Necesitamos cambiar el sistema de poderes ciudadanos para que los ciudadanos, Estados y Gobiernos podamos dejar de tener que vendernos. Slo con una ciudadana efectiva puede llegarse a una democracia real.


*El autor de este texto pertenece al Instituto Derecho Humanos, Interculturalidad y Desarrollo en Espaa.



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