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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2010

La tortura espaola

Alfonso Sastre
Gara


Muchas cosas que ocurren en la realidad parecen mentira y cuando persisten en ocurrir y siguen siendo una realidad que se niega oficialmente como si fuera mentira -y nadie parece sentir sorpresa, y menos indignacin por ello, y al contrario, se niegan las evidencias-, es que el fenmeno (infame en este caso: la tortura policaca) tiene races histricas muy profundas. Que los buenos ciudadanos en general no nos muramos de vergenza sino que seamos cmplices, en mayor o menor grado, cuando ao tras ao tenemos constancia y evidencia de que esta prctica se produce y repite en los cuartelillos y las comisaras indica que ciertamente tiene que haber una razn muy seria para que las cosas sean as, pues de otro modo Espaa no seguira siendo hoy tan relevante en el mundo como lugar de tortura, ya sealado como tal en varios importantes foros internacionales. Triste gloria espaola!

Yo voy a dar mi propia explicacin a este triste fenmeno que, por cierto, es muy sencilla. Resulta que esa explicacin reside en el hecho de que lo que lleg a ser Espaa y sigue sindolo hasta hoy se construy en un cuadro en el que las persecuciones, las torturas y las ejecuciones de los infieles y de los herejes formaron parte de la esencia de aquel fenmeno histrico (as nombrado: Espaa), que empez torturando a brujas, moros, judos y heterodoxos en general, y se desarroll despus -durante su fase imperialista- tanto en lo que se llam Amrica como en el resto del mundo (cuando en Espaa no se pona el sol). En Amrica este acontecer recibi por parte del gran Bartolom de las Casas, la denominacin de Destruccin de las Indias, y nosotros no nos cansaremos de recordarlo en honor de la tambin memorable heterodoxia de muchos espaoles, a quienes se acab llamando durante el franquismo la Antiespaa, de la que Po Baroja trat de excluirse aceptando firmar un libro con artculos suyos bajo el ttulo de Comunistas, judos, masones y dems ralea.

La gran literatura espaola, crecida en la miseria material y moral del Imperio y de su decadencia nos muestra claramente que la tortura siempre fue una prctica corriente y, ms an, sistemtica, en Espaa, y ello ayuda mucho a que se sepa que esta belleza llamada Espaa surgi de aquellos feos horrores. Es cierto: la tortura ha sido siempre un hecho familiar con el que los espaoles han convivido tan ricamente. En Cervantes est ya la bolsa actual en su versin de agua (baera), practicada en el siglo XVI espaol con el nombre de ansias (angustias); y no creo que haya otra literatura dramtica, aparte de Fuenteovejuna de Lope de Vega (siglo XVII), en la que se haga una escena cmica con el tema de la tortura. Una buena aproximacin, que an hoy es estremecedora, a lo que fue la Santa Inquisicin en Espaa y Portugal, se puede realizar en la lectura del Manual de Inquisidores de Nicolau Eymeric. En l se expresan instrucciones detalladas para la aplicacin del tormento, que los detenidos de hoy podrn reconocer como personalmente sufridos. As, por ejemplo: Las verdugos y sayones desnudarn al acusado afectando desasosiego, prisa y tristeza, procurando meterle miedo, y cuando ya est desnudo le llevarn los inquisidores aparte exortndole a que confiese y prometindole la vida si lo hace, para lo cual ser sometido a suplicios exquisitos. En las pesquisas eran elegidos y citados dos testigos, a quienes no se demandaba prueba alguna de sus declaraciones acusatorias. Bastaba con que declararan que as lo dice la gente o que an odo decir a Fulano o Zutano que el acusado por la Inquisicin es hereje aun cuando esos dos testigos no hayan odo ninguna proposicin malsonante de boca de dicho acusado. En los tribunales seglares slo se usaba el potro como instrumento de tortura, pero en Espaa el Santo Oficio usa de muchos otros segn le parece conveniente. Los delitos de Inquisicin eran muy varios y abarcaban desde la lectura de libros prohibidos hasta ponerse camisa o ropa limpia los sbados o lavarse los brazos hasta los codos o cerrar los ojos cuando el sacerdote alza la hostia. El terror que recorra Europa tuvo en la Espaa de los Reyes Catlicos una provincia muy especial y ello ha seguido siendo as hasta el da de hoy.

En Espaa, tanto la Inquisicin, instancia poltico-religiosa, como el aparato poltico-militar que fue el Tribunal de la Sangre del Duque de Alba en Flandes son ejemplos notorios y muy elocuentes de todo lo que estamos diciendo: de la presencia de la tortura en la gnesis institucional del Estado espaol.

Es, pues, indiscutible, que lo que los patriotas espaoles siguen llamando una Leyenda Negra es, en realidad, una crnica verdadera de la Historia de Espaa. Ahora hay una discusin interesante al respecto, en la que resulta clarificador que se llame Fiesta Nacional a lo que es un regocijo en torno a la tortura de un toro hasta su muerte, y que quienes someten esa tortura a crtica sean considerados anti-espaoles. Desde su punto de vista, tienen razn. No es preciso caminar mucho por la Historia de Espaa para enterarse de que, por ejemplo, en la pedagoga espaola ha sido un dogma la idea de que la letra con sangre entra, y que las aulas didcticas -religiosas o civiles- han sido grandes escuelas de bofetadas, golpes y vergenzas (castigos de rodillas y orejas de burro, por ejemplo).

Las estanteras de las bibliotecas rebosan de testimonios veraces de estas torturas, pero no por ello aparece en las mejillas de dirigentes espaoles como Rodrguez Zapatero, sedicente socialista, ni el ms ligero rubor, y una institucin como la Guardia Civil es considerada benemrita y aplaudida con entusiasmo sin tener en cuenta ni la realidad de sus comportamientos actuales ni, claro est, su terrorfica historia, en la que hay episodios como el llamado Crimen de Cuenca y, ms reciente, el Horror de Almera. La verdad es que Espaa tiene razn. Qu sera de ella -de esta Espaa- sin la Guardia Civil? Espaa es todava hoy su Guardia Civil. O, por lo menos, esta institucin es un pilar de esta sociedad.

Pero, como se sabe, no es slo la Guardia Civil quien tendra que responder de estos males, pues la tortura policaca es un fenmeno que florece en las distintas especies de fuerzas de seguridad: es una flor muy espaola, aunque, ampliando la mirada, vemos que, en sus distintos alcances, grados y formas, es todava, desdichadamente, una prctica mundial con algunos islotes liberados ya de esa vergenza. Tambin los casos en que los detenidos en los territorios administrados por el Estado Espaol son tratados correctamente juegan a favor de la esperanza de que algn da la tortura no sea ms que un espantoso recuerdo. Y as mismo pienso en la posibilidad de que un Tribunal Internacional acabe interviniendo para la solucin de esta infamia. Los testimonios que en tal caso saldrn a luz son incontables.

Podra pensarse, leyendo este artculo, que la tortura es un destino implacable para nosotros. No es as, pues sabemos que hasta los ms grandes imperios tuvieron su final. Lo socialmente positivo de la reflexin aqu contenida es que para destruir los males, histricos o individuales, hay que conocerlos.

Para terminar, y pasando a situaciones ajenas pero relativamente recientes, el libro La Question de Henri Alleg, recientemente aparecido entre nosotros, forma parte de ese deseable conocimiento del tema que tanto nos preocupa aqu. Aquel libro contiene, sobre todo, una afirmacin humana de que la tortura policaca ya puede ser vencida hoy mismo, antes de ser histricamente barrida y quedar instalada en el pasado ms vergonzoso de la Humanidad.

Para ello est trabajando aqu TAT, asociacin a la que deseamos que mantenga todo el nimo necesario para continuar su gran tarea, que ha derribado ya mil veces el estpido eslogan, bajo el que tantas gentes aparentemente decentes cubren su mala fe, de que todos los detenidos siguen una consigna de declarar mentirosamente que han sido torturados.

Algn da TAT podr presentar su ingente documentacin ante aquel Tribunal Internacional capaz de acabar con tanta falacia e impostura, de modo que se llegue al definitivo desenmascaramiento de los muchos cmplices de esta brbara prctica.

Alfonso Sastre es dramaturgo.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20101025/228286/es/La-tortura-espanola



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