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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2010

En el camino de la insurgencia global
Declinacin del capitalismo, fin del crecimiento global, ilusiones imperiales y perifricas, alternativas.

Jorge Beinstein
Espai Marx

Primer Encuentro Internacional sobre El derecho de los pueblos a la rebelin Caracas 7-8-9 de Octubre de 2010, da del guerrillero heroico


Las fanfarroneras de los lejanos aos 1990 acerca del mileno capitalista-neoliberal han pasado a ser curiosidades histricas, tal vez sus ltimas manifestaciones (ya a la defensiva) han sido las campaas mediticas que nos sealaban el pronto fin de las turbulencias financieras y el inmediato retorno de la marcha triunfal de la globalizacin.

Ahora, al comenzar el ltimo trimestre de 2010 las expectativas optimistas de los altos mandos del planeta (jefes de estado, presidentes de bancos centrales, gures de moda y dems estrellas mediticas) van dando paso a un pesimismo abrumador. Se habla de trayectoria de las economas centrales en forma de W como si despus del desinfle iniciado en 2007-2008 hubiera ocurrido una verdadera recuperacin a la que ahora seguira una segunda cada y a cuyo trmino llegara la expansin durable del sistema, algo as como una segunda penitencia que permitira a las lites purgar sus pecados (financieros) y retomar el camino ascendente.

La recuperacin no ha sido otra cosa que un alivio efmero obtenido gracias a una sobredosis de estmulos que prepararon las condiciones para una recada que se anuncia terrible. Porque el enfermo no tiene cura, su enfermedad no es la consecuencia de un accidente, de un mal comportamiento o del ataque de algn virus (que la sper ciencia de la civilizacin mas sofisticada de la Historia podr ms temprano que tarde controlar) sino del paso del tiempo, del envejecimiento irreversible que ha ingresado en la etapa senil.

La modernidad capitalista ya casi no tiene horizonte de referencia, su futuro visible se retrae a una velocidad inesperada, su posible supervivencia aparece bajo la forma de escenarios monstruosos marcados por militarizaciones, genocidios y destrucciones ambientales cuya magnitud no tiene precedentes en la historia humana.

El capitalismo ha llegado a ser finalmente mundial en el sentido ms riguroso del trmino, ha conseguido llegar hasta los rincones ms escondidos. En ese sentido puede afirmarse que la civilizacin burguesa de raz occidental es hoy la nica civilizacin del planeta (incluyendo adaptaciones culturales muy diversas). Pero la victoria de la globalizacin llega en el mismo momento en que comienza su decadencia, dicho de otra manera, si miramos a este comienzo de siglo desde el largo plazo la concrecin del dominio planetario del capitalismo aparece como el primer paso de su decadencia, en consecuencia la condicin necesaria pero no suficiente para la emergencia del post capitalismo ya est instalada.

Estamos ingresando en una nueva era caracterizada por el enfriamiento del capitalismo global y los fracasos para relanzar a las economas imperialistas que coinciden con el empantanamiento de la guerra colonial de Eurasia. En esa zona los Estados Unidos y sus aliados estn sufriendo un desastre geopoltico que presenta en una primera aproximacin la imagen de un Imperio acorralado. Pero por debajo de esa imagen se desarrolla un sordo proceso de resdespliegue imperialista, de nueva ofensiva apoyada en su aparato militar y un amplio abanico de dispositivos comunicacionales e ideolgicos que lo acompaan. Los Estados Unidos van configurando sobre la marcha una renovada estrategia global, poltica de estado cuyos primeros pasos fueron dados hacia el fin de la presidencia de George W. Bush y que tomo cuerpo con la llegada de Obama a la Casa Blanca. El Imperio decadente al igual que otros imperios decadentes del pasado busca superar su declinacin econmica utilizando al mximo lo que considera su gran ventaja comparativa: el dispositivo militar. Su agresividad aumenta al ritmo de sus retroceso industriales, comerciales y financieros, sus delirios militaristas son la compensacin psicolgica de sus dificultades diplomticas y econmicas y alienta el desarrollo de peligrosas aventuras, de masacres perifricas, de emergencias neofascistas.

La nueva estrategia implica el lanzamiento de una combinacin de acciones militares, comunicacionales y diplomticas destinada a hostigar a enemigos y competidores, provocar disputas y desestabilizaciones apuntando hacia conflictos y situaciones ms o menos caticas capaces de debilitar a potencias grandes y medianas y a partir de all restaurar posiciones de fuerza actualmente en declive. Extensin de la agresin contra Afganistn-Pakistn, amenazas (y preparativos) de guerra contra Irn, contra Corea del Norte, provocacin de contradicciones entre Japn y China, etc.

Tambin desde el fin de la era Bush se desarrollan grandes ofensivas sobre Africa y especialmente sobre Amrica Latina, el tradicional patio trasero hoy atravesado por gobiernos izquierdizantes, ms o menos progresistas que han terminado por conformar un espacio relativamente independiente del amo colonial. All la ofensiva norteamericana aparece como un conjunto de acciones concertadas con fuerte dosis de pragmatismo destinadas a recontrolar a la regin. Su esencia queda al descubierto cuando detectamos su objetivo, no se trata ahora principalmente de ocupar mercados, dominar industrias, extraer beneficios financieros, ya no estamos en el siglo XX. La mira imperial apunta hacia recursos naturales estratgicos (petrleo, grandes territorios agrcolas como productores de biocombustibles, agua, litio, etc.), en muchos casos las poblaciones locales, sus instituciones, sindicatos y ms en general el conjunto de sus entramados sociales constituyen obstculos, barreras a eliminar o a reducir al estado vegetativo (en ese sentido lo ocurrido en Irak puede ser considerado un caso ejemplar).

Es necesario tomar conciencia de que el poder imperial ha puesto en marcha una estrategia de conquista de largo plazo del estilo de la que implement en Eurasia, se trata de una tentativa depredadora-genocida cuyo nico precedente comparable en la regin es lo ocurrido hace quinientos aos con la conquista colonial. El fenmeno es tan profundo e inmenso que se torna casi invisible para las miradas progresistas maravilladas con los xitos fciles obtenidos durante la dcada pasada. Los progresistas buscan y buscan vas de negociacin, equilibrios civilizados deambulando de fracaso en fracaso porque el interlocutor racional a sus propuestas solo existe en su imaginacin. Hoy el sistema de poder del imperio se apoya en una razn de estado fundada en la desesperacin, producida por un cerebro senil, en ltima instancia razn delirante que ve a los acuerdos, a las negociaciones diplomticas o a las maniobras polticas de sus propios aliados-lacayos como puertas abiertas para sus planes agresivos. Lo nico que realmente le interesa es recuperar territorios perdidos, desestabilizar los espacios no controlados, golpear y golpear para volver a golpear, su lgica se monta sobre una ola de reconquista cuya magnitud suele a veces desbordar a los propios estrategas imperiales (y por supuesto a una amplia variedad de dirigentes polticos norteamericanos).

Pero el imperio est enfermo, es gigantesco pero est plagado de puntos dbiles, el tiempo es su enemigo, aporta nuevos males econmicos, nuevas degradaciones sociales y amplifica las reas de autonoma y rebelin.

Agotamiento de los estmulos

Hacia fines de 2010 presenciamos el agotamiento de los estmulos financieros lanzados en las potencias centrales a partir de la agudizacin de la crisis global en 2007-2008.

El caso norteamericano ha sido descripto de manera contundente por Bud Comrad, economista jefe de Casey Research: en 2009 el gobierno federal tuvo un dficit fiscal del orden de los 1,5 billones (millones de millones) de dlares, por su parte la Reserva Federal gast cerca de 1,5 billones de dlares para comprar deudas hipotecarias y as impedir el colapso de ese mercado. Es decir que el gobierno gast 3 billones de dlares para obtener una pequea recuperacin evaluada en un 3 % del Producto Bruto Interno, aproximadamente 400 mil millones de dlares de crecimiento econmico. Ahora bien gastar 3 billones de dlares para obtener 400 mil millones es un psimo negocio (1).

Con las polticas de estmulos (una suerte de neokeynesianismo-neoliberal) no lleg la recuperacin durable de las grandes potencias, lo que si lleg fue una avalancha de deudas pblicas: entre 2007 (ltimo ao previo a la crisis) y 2010 la relacin entre deuda pblica y Producto Bruto Interno pasar en Alemania del 64 % al 84%, en Francia del 64% al 94 %, en los Estados Unidos del 63 % al 100 %, en Inglaterra de 44 % al 90 % (2).

Luego ocurri lo que inevitablemente tena que ocurrir: se inici la segunda etapa de la crisis a partir del estallido de la deuda pblica griega que anticipaba otras en la Unin Europea afectando no solo a los pases deudores ms vulnerables sino tambin a sus principales acreedores ante quienes se alzaba la amenaza de sobreacumulacin de activos crediticios basura: hacia fines de 2009 las deudas de los llamados PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y Espaa, es decir los pases europeos expuestos por el sistema meditico como los ms vulnerables) hacia Francia, Inglaterra y Alemania sumaban unos 2 millones de millones de dlares suma equivalente al 70 % del producto Bruto Interno de Francia o al 75 % del de Inglaterra.

Si la primera etapa de la crisis estuvo marcada por los estmulos estatales al sector privado y la expansin de las deudas pblicas, la segunda etapa se inicia con el comienzo del fin de la generosidad estatal (ms all de algunos posibles futuros intentos desesperados de reactivacin), la llegada de los recortes de gastos, de reducciones salariales, de aumentos en las tasas de inters, en sntesis la entrada a una era de contraccin o estancamiento econmico que se ir prolongando en el tiempo y extendiendo en el espacio.

Nos encaminamos hacia el enfriamiento del motor de la economa global, los pases del G7 aplastados por las deudas luego de una reactivacin dbil y efmera gracias a las polticas de subsidios. Sus deudas pblicas y privadas han venido creciendo hasta acercarse ahora a su punto de saturacin, en 1990 las deudas totales del G7 (pblicas + privadas) representaban cerca del 160 % de la suma de sus Productos Brutos Internos, en el 2000 haban subido al 180% y en el 2010 superarn el 380 % (110 % las deudas pblicas y 270% las deudas privadas) (3).

La opcin que ahora enfrentan es simple: tratar amontonar ms deudas lo que les permitira postergar la recesin por muy poco tiempo (con alta probabilidad de descontrol, de alta turbulencia en el sistema global) o entrar a la brevedad en un perodo recesivo (con esperanza de control) que anuncia ser muy prolongado, en realidad no se trata de dos alternativas antagnicas sino de un nico horizonte negro al que pueden llegar por distintos caminos y a varias velocidades.

Hipertrofia financiera

La lluvia de estmulos, masivas transferencias de ingresos hacia las elites dominantes (con rendimientos aceleradamente decrecientes) aparece como el captulo ms reciente de un largo ciclo de hipertrofia financiera originado en los aos 1970 (y tal vez un poco antes) cuando el mundo capitalista inmerso en una gigantesca crisis de sobreproduccin debi acudir a partir de su centro imperial, los Estados Unidos, a sus dos muletas histricas: el militarismo y el capital financiero. Detrs de ambos fenmenos se encontraba un viejo conocido: el Estado, aumentando sus gastos blicos, aflojando los controles sobre los negocios financieros, introduciendo reformas en el mercado laboral que retrasaban a los salarios respecto de los incrementos de la productividad.

El proceso fue encabezado por la superpotencia hegemnica pero integrando a los dos espacios subimperialistas asociados (Europa Occidental y Japn). Es necesario aclarar que la unipolaridad en el mundo capitalista, con sus consecuencias econmicas, polticas, culturales y militares, se inici en 1945 y no en 1991 aunque a partir de esa ltima fecha (con el derrumbe de la URSS) devino planetaria.

Se trat de un cambio de poca, de una transformacin que permiti controlar la crisis aunque degradando al sistema de manera irreversible. Las altas burguesas centrales se desplazaron en su mayor parte hacia las cpulas de los negocios especulativos, fusionando intereses financieros y productivos, convirtiendo a la produccin y al comercio en complejas redes de operaciones gobernadas cada vez ms por comportamientos cortoplacistas. La hegemona parasitaria, rasgo distintivo de la era senil del capitalismo acapar los grandes negocios globales y engendr una subcultura, en realidad una degeneracin cultural desintegradora basada en el individualismo consumista que fue desestructurando los fundamentos ideolgicos e institucionales del orden burgus. De ello se derivaron los fenmenos de crisis de legitimidad de los sistemas polticos y de los aparatos institucionales en general y sirvi de caldo de cultivo para las deformaciones mafiosas de las burguesas centrales y perifricas (complejo abanico de lumpenburguesas globales).

Techo energtico y destruccin creadora (de ms destruccin).

Desde el punto de vista de las relaciones entre el sistema econmico y su base material la depredacin (en tanto comportamiento central del sistema) comenz a desplazar a la reproduccin. En realidad el ncleo cultural depredador existi desde el gran despegue histrico del capitalismo industrial (hacia fines del siglo XVIII, principalmente en Inglaterra) y an antes durante el largo perodo precapitalista occidental. Marc para siempre a los sistemas tecnolgicos y al desarrollo cientfico, empezando por su pilar energtico (carbn mineral primero, luego petrleo) y siguiendo por una amplia variedad de explotaciones mineras de recursos naturales no renovables (esa exacerbacin depredadora es uno de los rasgos distintivos de la civilizacin burguesa respecto de las civilizaciones anteriores), sin embargo durante las etapas de juventud y madurez del sistema la depredacin estaba subordinada a la reproduccin ampliada del sistema.

La mutacin parasitaria de los aos 1970-1980-1990 no permiti superar la crisis de sobreproduccin sino hacerla crnica pero controlada, amortiguada, exacerbando el pillaje de recursos naturales no renovables e introduciendo a gran escala tcnicas que posibilitaron la sperexplotacin de recursos renovables violentando, destruyendo sus ciclos de reproduccin (es el caso de la agricultura basada en transgnicos y herbicidas, como el glifosato, de alto poder destructivo). Esto ocurra cuando varios de esos recursos (por ejemplo los hidrocarburos) se aproximaban a su mximo nivel de extraccin.

La avalancha del cortoplacismo (de la financierizacin cultural del capitalismo) liquid toda posibilidad de planificacin a largo pazo de una posible reconversin energtica, lo que deja planteado el tema de la viabilidad histrica-civilizacional de las vas de reconversin (ahorro de energa, recursos energticos renovables, etc.). Viabilidad en el contexto de las relaciones de poder, de las estructuras industriales y agrcolas, en sntesis: del capitalismo concreto inseparable de la obtencin de ganancias-aqu-y-ahora y no de la probable supervivencia de las generaciones venideras.

El sistema tecnolgico del capitalismo no estaba preparado para una reconversin energtica, el tema tampoco era de inters prioritario para las lites dominantes (lo que no les impeda preocuparse por el problema). No es la primera vez en la historia de la decadencia de las civilizaciones en que los intereses inmediatos de las clases superiores entran en antagonismo con su supervivencia a largo plazo.

El techo energtico que ha encontrado la reproduccin del capitalismo converge con otros techos de recursos no renovables que afectarn pronto a un amplio espectro de actividades mineras, a ello se suma la explotacin salvaje de recursos naturales renovables. Se presenta as un escenario de agotamiento general de recursos naturales a partir del sistema tecnolgico disponible, ms concretamente del sistema social y sus paradigmas es decir del capitalismo como estilo de vida (consumista, individualista, autoritario-centralizador, depredador).

De la crisis crnica de sobreproduccin a la crisis general de subproduccin. El ciclo largo del capitalismo industrial.

Por otra parte la crisis de recursos naturales indisociable del desastre ambiental converge con la crisis de la hegemona parasitaria. En las primeras dcadas de la crisis crnica el proceso de financierizacin impuls la expansin consumista (sobre todo en los pases ricos), la concrecin de importantes proyectos industriales y de subsidios pblicos a las demandas internas, de grandes aventuras militares imperialistas, pero al final del camino las euforias se disiparon para dejar al descubierto inmensas montaas de deudas pblicas y privadas. La fiesta financiera (que tuvo en su recorrido numerosos accidentes) se convierte en techo financiero que bloquea el crecimiento.

Las turbulencias de 2007-2008 pueden ser consideradas como el punto de arranque del crepsculo del sistema, la multiplicidad de crisis que estallaron en ese perodo (financiera, productiva, alimentaria, energtica) convergieron con otras como la ambiental o la del Complejo Industrial-Militar del Imperio empantanado en las guerras asiticas. Esa sumatoria de crisis no resueltas impiden, frenan la reproduccin ampliada del sistema.

Visto desde el largo plazo la sucesin de crisis de sobreproduccin en el capitalismo occidental durante el siglo XIX no marc un sencillo encadenamiento de cadas y recuperaciones a niveles cada vez ms altos de desarrollo de fuerzas productivas sino que luego de cada depresin el sistema se recompona pero acumulando en su recorrido masas crecientes de parasitismo.

El cncer financiero irrumpi triunfal, dominante entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y obtuvo el control absoluto del sistema siete u ocho dcadas despus, pero su desarrollo haba comenzado mucho tiempo antes financiando a estructuras industriales y comerciales cada vez ms concentradas y a los estados imperialistas donde se expandan las burocracias civiles y militares. La hegemona de la ideologa del progreso y del discurso productivista sirvi para ocultar el fenmeno, instal la idea de que el capitalismo a la inversa de las civilizaciones anteriores no acumulaba parasitismo sino fuerzas productivas que al expandirse creaban problemas de inadaptacin superables al interior del sistema mundial, resueltos a travs de procesos de destruccin-creadora. El parasitismo capitalista a gran escala cuando se haca evidente era considerado como una forma de atraso o una degeneracin pasajera en la marcha ascendente de la modernidad.

Esa marea ideolgica atrap tambin a buena parte del pensamiento anticapitalista (en ltima instancia progresista) de los siglos XIX y XX, convencido de que la corriente imparable del desarrollo de las fuerzas productivas terminara por enfrentar a las relaciones capitalistas de produccin, saltando por encima de ellas, aplastndolas con una avalancha revolucionaria de obreros industriales de los pases ms avanzados a los que seguiran los llamados pases atrasados. La ilusin del progreso indefinido ocult la perspectiva de la decadencia, de esa manera dej a medio camino al pensamiento crtico, le quit radicalidad con consecuencias culturales negativas evidentes para los movimientos de emancipacin de los oprimidos del centro y de la periferia.

Por su parte el militarismo moderno hunde sus races ms recientes en el siglo XIX, desde las guerras napolenicas, llegando a la guerra franco-prusiana hasta irrumpir en la Primera Guerra Mundial como Complejo Militar-Industrial (aunque es posible encontrar antecedentes importantes en Occidente en las primeras industrias de armamentos de tipo moderno aproximadamente a partir del siglo XVI). Fue percibido en un comienzo como un instrumento privilegiado de las estrategias imperialistas y como reactivador econmico del capitalismo, pero este solo un aspecto del fenmeno que ocultaba o subestimaba su profunda naturaleza parasitaria, el hecho de que detrs del monstruo militar al servicio de la reproduccin del sistema se ocultaba un monstruo mucho ms poderoso a largo plazo: el del consumo improductivo, causante de dficits pblicos que al final del recorrido no incentivan ms la expansin sino el estancamiento o la contraccin de la economa.

Actualmente el Complejo Militar-Industrial norteamericano (en torno del cual se reproducen los de sus socios de la OTAN) gasta en trminos reales ms de un billn (un milln de millones) de dlares, contribuye de manera creciente al dficit fiscal y por consiguiente al endeudamiento del Imperio (y a la prosperidad de los negocios financieros beneficiarios de dicho dficit). Su eficacia militar es declinante pero su burocracia es cada vez mayor, la corrupcin ha penetrado en todas sus actividades, ya no es el gran generador de empleos como en otras pocas, el desarrollo de la tecnologa industrial-militar ha reducido significativamente esa funcin (la poca del keynesianismo militar como eficaz estrategia anti-crisis pertenece al pasado). Al mismo tiempo es posible constatar que en los Estados Unidos se ha producido la integracin de negocios entre la esfera industrial-militar, las redes financieras, las grandes empresas energticas, las camarillas mafiosas, las empresas de seguridad y otras actividades muy dinmicas conformando el espacio dominante del sistema de poder imperial.

Tampoco la crisis energtica en torno de la llegada del Peak Oil (la franja de mxima produccin petrolera mundial a partir de la cual se desarrolla su declinacin) debera ser restringida a la historia de las ltimas dcadas, es necesario entenderla como fase declinante del largo ciclo de la explotacin moderna de los recursos naturales no renovables, desde el comienzo del capitalismo industrial que pudo realizar su despegue y posterior expansin gracias a esos insumos energticos abundantes, baratos y fcilmente transportables desarrollando primero el ciclo del carbn bajo hegemona inglesa en el siglo XIX y luego el del petrleo bajo hegemona norteamericana en el siglo XX. El ciclo energtico condicion todo el desarrollo tecnolgico del sistema y expres, fue la vanguardia de la dinmica depredadora del capitalismo extendida al conjunto de recursos naturales y del ecosistema en general.

En sntesis, el desarrollo de la civilizacin burguesa durante los dos ltimos siglos (con races en un pasado occidental mucho ms prolongado) ha terminado por engendrar un proceso irreversible de decadencia, la depredacin ambiental y la expansin parasitaria, estrechamente interrelacionadas, estn en la base del fenmeno. La dinmica del desarrollo econmico del capitalismo marcada por una sucesin de crisis de sobreproduccin constituye el motor del proceso depredador-parasitario que conduce inevitablemente a una crisis prolongada de subproduccin (el capitalismo obligado a crecer-depredar indefinidamente para no perecer termina por destruir su base material). Existe una interrelacin dialctica perversa entre la expansin de la masa global de ganancias, su velocidad creciente, la multiplicacin de las estructuras burocrticas civiles y militares de control social, la concentracin mundial de ingresos, el ascenso de la marea parasitaria y la depredacin del ecosistema.

Esto significa que la superacin necesaria del capitalismo no aparece como el paso indispensable para proseguir la marcha del progreso sino en primer lugar como tentativa de supervivencia humana y de su contexto ambiental.

La decadencia es la ltima etapa de un largo sper ciclo histrico, su fase declinante, su envejecimiento irreversible (su senilidad). Extremando los reduccionismos tan practicados por las ciencias sociales podramos hablar de ciclos de distinta duracin: energtico, alimentario, militar, financiero, productivo, estatal, etc., y as describir en cada caso trayectorias que despegan en Occidente entre fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX con races anteriores e involucrando espacios geogrficos crecientes hasta asumir finalmente una dimensin planetaria para luego declinar cada uno de ellos. La coincidencia histrica de todas esas declinaciones y la fcil deteccin de densas interrelaciones entre todos esos ciclos nos sugieren la existencia de un nico sper ciclo que los incluye a todos. Se trata del ciclo de la civilizacin burguesa que se expresa a travs de una multiplicidad de aspectos (productivo, moral, poltico, militar, ambiental, etc.).

Declinacin del Imperio, redespliegue militarista, ilusiones perifricas e insurgencia global

Toda la historia del capitalismo gira desde fines del siglo XVIII en torno de la dominacin primero inglesa y luego estadounidense. Capitalismo mundial, imperialismo y predominio anglo-norteamericano constituyen un solo fenmeno (ahora decadente).

La articulacin sistmica del capitalismo aparece histricamente indisociable del articulador imperial pero resulta que en el futuro previsible ningn nuevo imperialismo global ascendente, en consecuencia el planeta burgus va perdiendo una pieza decisiva de su proceso de reproduccin. La Unin Europea y Japn son tan decadentes como los Estados Unidos, China ha basado su espectacular expansin en una gran ofensiva exportadora hacia los mercados ahora declinantes de esas tres potencias centrales.

El capitalismo va quedando a la deriva a menos que pronostiquemos el prximo surgimiento de una suerte de mano invisible universal (y burguesa) capaz de imponer el orden (monetario, comercial, poltico-militar, etc.). En ese caso estaramos extrapolando al nivel de la humanidad futura la referencia a la mano invisible (realmente inexistente) del mercado capitalista pregonada por la teora econmica liberal.

La decadencia de la mayor civilizacin que ha conocido la historia humana nos presenta diversos escenarios futuros, alternativas de autodestruccin y de regeneracin, de genocidio y de solidaridad, de desastre ecolgico y de reconciliacin del ser humano con su entorno ambiental. Estamos retomando un viejo debate sobre alternativas interrumpido por la euforia neoliberal, la crisis rompe el bloqueo y nos permite pensar el futuro.

Volvamos a la reflexin inicial de este texto: el comienzo del siglo XXI seala una paradoja decisiva, el capitalismo ha asumido claramente una dimensin planetaria pero al mismo tiempo ha iniciado su declinacin.

Por otra parte cien aos de revoluciones y contrarrevoluciones perifricas produjeron grandes cambios culturales, ahora en la periferia (completamente modernizada, es decir completamente subdesarrollada) existe un enorme potencial de autonoma en las clases bajas. All se presenta lo que de manera tal vez demasiado simplista podramos definir como patrimonio histrico democrtico forjado a lo largo del siglo XX. Los perifricos sumergidos han construido sindicatos, organizaciones campesinas, han participado en votaciones de todo tipo, han hecho revoluciones (muchas de ellas con banderas socialistas), reformas democratizantes, la mayor parte de las veces han fracasado. Todo ello forma parte de su memoria, no ha desaparecido, por el contrario es experiencia acumulada, procesada por lo general de manera subterrnea, invisible para los observadores superficiales. Eso ha sido reforzado por la propia modernizacin que por ejemplo le suministra instrumentos comunicacionales que le permite interactuar, intercambiar informaciones, socializar reflexiones. Finalmente, la decadencia general del sistema, el posible comienzo del fin de su hegemona cultural abre un gigantesco espacio a la creatividad de los oprimidos.

La guerra eurasitica engendr un inmenso pantano geopoltico del que los occidentales no saben como salir, el traspi ha consolidado y extendido espacios de rebelin y autonoma cuya contencin es cada da ms difcil ante lo cual el Imperio redobla sus amenazas y agresiones. Corea del Norte no ha podido ser doblegada al igual que Irn, la resistencia palestina sigue en pi e Israel, por primera vez en su historia sufri una derrota militar en el sur del Lbano, la guerra de Irak no pudo ser ganada por los Estados Unidos lo que les plantea all una situacin donde todos los caminos conducen a la prdida de poder en ese pas.

En el otro extremo de la periferia, Amrica Latina, el despertar popular trasciende a los gobiernos progresistas y deteriora estratgicamente a las pocas oligarquas derechistas que que an controlan el poder poltico. El proyecto estadounidense de restauracin de gobiernos amigos tropieza con un escollo fundamental, la profunda degradacin de las lites aliadas, su incapacidad para gobernar en varios de los pases candidatos al derechazo aunque el Imperio no puede (no est en condiciones) de detener o desacelerar su ofensiva a la espera de mejores contextos polticos. El ritmo de su crisis sobredetermina su estrategia regional, en ltima instancia no es demasiado diferente la situacin en Asia donde la dinmica imperial combina la sofisticacin y variedad de tcnicas y estructuras operativas disponibles con el comportamiento grosero.

Si observamos al conjunto de la periferia actual desde el largo plazo histrico constataremos que de un lado se sita un poder imperial desquiciado enfrentado a una gigantesca ola plural de pueblos sumergidos desde Afganistan hasta Bolivia, desde Colombia hasta Filipinas, expresin de la crisis de la modernidad subdesarrollada. Es el comienzo de un despertar popular muy superior al del siglo XX.

En medio de esas tensiones aparece un colorido abanico de ilusiones perifricas fundadas en la posibilidad de generar un desacople encabezado por las naciones llamadas emergentes, fantasa que no toma en consideracin el hecho decisivo de que todas las emergencias (las de Rusia, China, Brasil, India, etc.) se apoyan en su insercin en los mercados de los pases ricos. Si esos estados que vienen practicando neokeyneesianismos ms o menos audaces compensando el enfriamiento global quisieran profundizar esos impulsos mercadointernistas e/o interperifricos se encontraran tarde o temprano con las barreras sociales de sus propios sistemas econmicos o para decirlo de otra manera: con sus propios capitalismos realmente existentes, en especial los intereses de sus burguesas financierizadas y transnacionalizadas.

A medida que la crisis se profundice, que las debilidades del capitalismo perifrico se hagan ms visibles, que las bases sociales internas de las burguesas imperialistas se deterioren y que la desesperacin imperial se agudice; la ola popular global ya en marcha no tendr otro camino que el de su radicalizacin, su transformacin en insurgencia revolucionaria. Compleja, a distintas velocidades y con construcciones (contra)culturales diversas, avanzando desde distintas identidades hacia la superacin del infierno. Es solo desde esa perspectiva que es posible pensar al postcapitalismo, al renacimiento (a la reconfiguracin) de la utopa comunista, ya no como resultado de la ciencia social elitista, desde la superacin al interior de la civilizacin burguesa a travs de una suerte de abolicin suave sino de su negacin integral en tanto expansin ilimitada de la pluralidad recuperando las viejas culturas igualitarias, solidarias elevndolas hacia un colectivismo renovado.

Los movimientos insurgentes de la periferia actual suelen ser presentados por los medios globales de comunicacin como causas perdidas, como resistencias primitivas a la modernizacin o como el resultado de la actividad de misteriosos grupos de empecinados terroristas. La resistencia en Afganistn y Palestina o la insurgencia colombiana aparecen en dicha propaganda protagonizando guerras que nunca podran ganar ante aparatos superpoderosos, no faltan los pacificadores profesionales que aconsejan a los combatientes deponer su intransigencia y negociar alguna forma de rendicin ventajosa antes de que sea demasiado tarde . El siglo XX debera ser una buena escuela para quienes se encandilan ante el gigantismo y la eficacia de los aparatos militares (y de los aparatos burocrticos en general) porque ese siglo vio el nacimiento victorioso de los grandes aparatos modernos como lo es hoy el Complejo Militar Industrial de los Estados Unidos y tambin fue testigo de su ruina, de su derrota ante pueblos en armas, ante la creatividad y la insumisin de los de abajo.

En los aos 1990 los neoliberales nos explicaban que la globalizacin constitua un fenmeno irreversible, que el capitalismo haba adquirido una dimensin planetaria que arrasaba con todos los obstculos nacionales o locales. No se daban cuenta que esa irreversibilidad transformada poco despus en decadencia global del sistema le abra las puertas a un sujeto inesperado: la insurgencia global del siglo XXI, el tiempo (la marcha de la crisis) juega a su favor. El Imperio y sus aliados directos e indirectos quisieran hacerla abortar, empezando por intentar borrar su dimensin universal, tratando mediticamente de convertirla (fragmentarla) en una modesta coleccin de residuos locales sin futuro, pero esos supuestas resistencias residuales poseen una vitalidad sorprendente, se reproducen, sobreviven a todos los exterminios y cuando observamos el recorrido futuro de la declinacin civilizacional en curso, la profunda degradacin del mundo burgus, su despliegue de barbarie anticipando crmenes aun mayores entonces la globalizacin de la insurgencia popular aparece como el camino ms seguro para la emancipacin de las mayoras sumergidas que es a su vez su nica posibilidad de supervivencia digna.

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(1), Bud Conrad, Beyond the Point of No Return, GooldSeek, 12 May 2010

(2), La explosin de la deuda pblica. Previsiones de la OCDE para 2010, AFP, 25-11- 2009

(3), Fuente: FMI. OCDE, McKinsey Global Institute.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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