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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2010

El Salvador
En este supermercado pagas con tu vida

Carlos Molina Velsquez
Rebelin


La nota periodstica dice que la mujer fue encerrada en una bodega por los vigilantes del supermercado, quienes la acusaban de hurtar mercadera, y que muri electrocutada al tratar de escapar. Naturalmente, el hecho ha generado indignacin, aun cuando hay quien trata de minimizarlo diciendo que es un caso aislado. Pero sucede que el supermercado no es slo el del barrio salvadoreo de Mejicanos. La tragedia (individual, familiar) es una puesta en escena de algo que nos involucra a todos y est en la raz misma de nuestra existencia. Habiendo hecho de este mundo un supermercado, por qu nos extraa que las personas paguen con su vida?

En primer lugar, respondamos a la cuestin de por qu lo sucedido es una injusticia. Se ha dicho que la mujer haba robado. Entonces, ms de uno dir que, por el contrario, se trata de justicia: recibi su merecido. Aunque quizs se aada que se trat de un exceso de justicia o de un castigo demasiado riguroso. Hay algo verdaderamente monstruoso asomando detrs de estas (probablemente bien intencionadas) afirmaciones, algo que pertenece al mismo orden de quien dice que no es justo, porque no era proporcional el castigo o a los guardias se les pas la mano, ya que en ese caso estaramos juzgando lo sucedido como un exceso de la ley, cuando realmente se trata de su norma.

Algo similar sucede si nos ponemos a escudriar entre parientes, compradores y empleados, tratando de resolver el misterio de si la mujer efectivamente rob o slo fue un error. Esto supondra que, si no rob, la muerte de la mujer ocurri porque hubo una equivocacin: un error que consiste en que se trata de la muerte de una inocente. Pero lo que obtenemos como consecuencia de lo anterior es an ms monstruoso, ya que estaramos poniendo en el primer plano el hecho (secundario) de que erraron al confundirla con una ladrona, mientras dejamos en segundo plano la autntica clave del crimen: los guardias saben que pueden aplicar la ley, incluso hasta las ltimas consecuencias, con lo que se justifica la muerte de quien se sospecha que ha infringido la ley.

Es secundario si la mujer rob o no lo hizo. Al menos para nuestro anlisis, debemos liberarnos de las limitaciones del enfoque basado en el error de percepcin (yo crea que llevaba algo robado, pero me equivoqu, etc.) y concentrarnos en la ley que dice: Ah va un culpable, mtalo!. Es que no tenemos claro que para la ley no hay nadie, absolutamente nadie, que sea inocente? Si a alguno se le ha olvidado esto, fjese en las cmaras que lo filman, los guardias que lo persiguen entre los anaqueles y la perfectamente estudiada pregunta de la cajera: Est seguro de que es el precio del producto o usted le cambi la etiqueta? No es ninguna pregunta, sino clara inculpacin.

Pero decir que la ley mata no es suficiente, hay que decir por qu lo hace. Por ello ser preciso que aclare el (intencionado) equvoco que circunda a mi argumentacin: cuando me refiero a la ley, no estoy pensando nicamente en las leyes (que tambin tienen su parte dentro de la tragedia), sino en La Ley, el mandato absoluto que se encuentra a la base del mundo contemporneo. Este mandato es el de La Ley del Valor, la orden que nos dice Compra!. La Ley que pide justicia infinita (Bush Jr.) impone sanciones que llegan hasta las ltimas consecuencias, convirtiendo el sufrimiento de los seres humanos en dao colateral (recordemos Afganistn, Irak, y ahora Irn y el pueblo palestino). Si el orden no cualquier orden, sino el que exige maysculas: El Sistema se mantiene, bien vale unos cuantos muertos... o muchos, pero slo si es necesario (Franz Hinkelammert).

La Ley del Valor, la del Mercado Total, mata porque se sita por encima de cualquier otra consideracin. La Ley revoluciona el orden de las cosas s, efectivamente, la burguesa es revolucionaria, como bien dijera Marxy exige sangre de los sujetos vivos para alimentar a La Mercanca. Precisamente, la libre circulacin del dinero debe ser alimentada sin tregua y sin respiro (Walter Benjamin), y los alegres participantes en el mercado consumidores de pedigr diverso y aspirantes entusiastas al consumo tenemos que proporcionarle su oxgeno, o lo que es lo mismo, nuestra sangre. La vida del mercado es el alma de la gente.

Ahora bien, cmo se naturalizan los sacrificios humanos en el altar de los (Super) Mercados? Cmo se convierten en algo de sentido comn? El autntico reverso del mandato absoluto (Compra!) es la absoluta prohibicin de proporcionar alimentos, salud, en fin, vida, a quien no puede comprar. Lo nico que La Ley ordena proporcionar al sujeto viviente es el deseo y la necesidad de consumir, pero no los recursos para hacerlo con libertad y en funcin de sus autnticas necesidades. Y las leyes (en plural) se hacen eco de este Sistema Infame: su misma estructura formal les impide decirnos lo que debemos hacer y slo nos dicen lo que no est permitido: no robes, no mates. Nunca escucharemos: proporciona alimento al hambriento. Y la trampa funciona a la perfeccin: Debes impedir que vengan a robar, pero no puedes obligarme a pagar ms impuestos!.

Si alguien quiere hacer algo ms que expresar compasin por la mujer que muri, un buen camino es que tratemos de pensar por qu nos resulta tan fcil preguntarnos si ella rob o no lo hizo, mientras pasamos por alto esta otra cuestin: Por qu el presunto ladrn tiene que morir? Todos deberamos ser inocentes en principio y no culpables en principio, como ordena la lgica perversa de La Ley. Esta inversin, la subversin del mandato perverso, es el verdadero rescate de valores, y no toda la palabrera que se acostumbra vomitar sobre el tema. El valor que hay que rescatar es el principio de reproduccin de la vida humana, situndolo como criterio que juzgue a La Ley del Valor y a cualquier otra ley. Poner lo humano en el centro, en lugar del mercado. Eso es lo que nos hace falta.

Carlos Molina Velsquez es acadmico salvadoreo y columnista del peridico digital ContraPunto

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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