Portada :: Opinin :: Memoria
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2010

Esta conferencia data de 1966, integra el libro El cuerpo utpico. Las heterotopas
El cuerpo utpico

Michel Foucault
Pgina 12

En esta conferencia de Foucault que acaba de publicarse en castellano, el cuerpo es primero lo contrario de una utopa, lugar absoluto, despiadado, al que se confronta la utopa del alma. Pero finalmente el cuerpo, visible e invisible, penetrable y opaco, resulta ser el actor principal de toda utopa y slo calla ante el espejo, ante el cadver o ante el amor


Apenas abro los ojos, ya no puedo escapar a ese lugar que Proust, dulcemente, ansiosamente, viene a ocupar una vez ms en cada despertar1. No es que me clave en el lugar porque despus de todo puedo no slo moverme y removerme, sino que puedo moverlo a l, removerlo, cambiarlo de lugar, sino que hay un problema: no puedo desplazarme sin l; no puedo dejarlo all donde est para irme yo a otra parte. Puedo ir hasta el fin del mundo, puedo esconderme, de maana, bajo mis mantas, hacerme tan pequeo como pueda, puedo dejarme fundir al sol sobre la playa, pero siempre estar all donde yo estoy. El est aqu, irreparablemente, nunca en otra parte. Mi cuerpo es lo contrario de una utopa, es lo que nunca est bajo otro cielo, es el lugar absoluto, el pequeo fragmento de espacio con el cual, en sentido estricto, yo me corporizo.

Mi cuerpo, topa despiadada. Y si, por fortuna, yo viviera con l en una suerte de familiaridad gastada, como con una sombra, como con esas cosas de todos los das que finalmente he dejado de ver y que la vida pas a segundo plano, como esas chimeneas, esos techos que se amontonan cada tarde ante mi ventana? Pero todas las maanas, la misma herida; bajo mis ojos se dibuja la inevitable imagen que impone el espejo: cara delgada, hombros arqueados, mirada miope, ausencia de pelo, nada lindo, en verdad. Y es en esta fea cscara de mi cabeza, en esta jaula que no me gusta, en la que tendr que mostrarme y pasearme; a travs de esta celosa tendr que hablar, mirar, ser mirado; bajo esta piel tendr que reventar. Mi cuerpo es el lugar irremediable al que estoy condenado. Despus de todo, creo que es contra l y como para borrarlo por lo que se hicieron nacer todas esas utopas. El prestigio de la utopa, la belleza, la maravilla de la utopa, a qu se deben? La utopa es un lugar fuera de todos los lugares, pero es un lugar donde tendr un cuerpo sin cuerpo, un cuerpo que ser bello, lmpido, transparente, luminoso, veloz, colosal en su potencia, infinito en su duracin, desligado, invisible, protegido, siempre transfigurado; y es bien posible que la utopa primera, aquella que es la ms inextirpable en el corazn de los hombres, sea precisamente la utopa de un cuerpo incorpreo. El pas de las hadas, el pas de los duendes, de los genios, de los magos, y bien, es el pas donde los cuerpos se transportan tan rpido como la luz, es el pas donde las heridas se curan con un blsamo maravilloso en el tiempo de un rayo, es el pas donde uno puede caer de una montaa y levantarse vivo, es el pas donde se es visible cuando se quiere, invisible cuando se lo desea. Si hay un pas mgico es realmente para que en l yo sea un prncipe encantado y todos los lindos lechuguinos se vuelvan peludos y feos como osos.

Pero hay tambin una utopa que est hecha para borrar los cuerpos. Esa utopa es el pas de los muertos, son las grandes ciudades utpicas que nos dej la civilizacin egipcia. Despus de todo, las momias, qu son? Es la utopa del cuerpo negado y transfigurado. La momia es el gran cuerpo utpico que persiste a travs del tiempo. Tambin existieron las mscaras de oro que la civilizacin micnica pona sobre las caras de los reyes difuntos: utopa de sus cuerpos gloriosos, poderosos, solares, terror de los ejrcitos. Existieron las pinturas y las esculturas de las tumbas; los yacientes, que desde la Edad Media prolongan en la inmovilidad una juventud que ya no tendr fin. Existen ahora, en nuestros das, esos simples cubos de mrmol, cuerpos geometrizados por la piedra, figuras regulares y blancas sobre el gran cuadro negro de los cementerios. Y en esa ciudad de utopa de los muertos, hete aqu que mi cuerpo se vuelve slido como una cosa, eterno como un dios.

Pero tal vez la ms obstinada, la ms poderosa de esas utopas por las cuales borramos la triste topologa del cuerpo nos la suministra el gran mito del alma, desde el fondo de la historia occidental. El alma funciona en mi cuerpo de una manera muy maravillosa. En l se aloja, por supuesto, pero bien que sabe escaparse de l: se escapa para ver las cosas, a travs de las ventanas de mis ojos, se escapa para soar cuando duermo, para sobrevivir cuando muero. Mi alma es bella, es pura, es blanca; y si mi cuerpo barroso en todo caso no muy limpio viene a ensuciarla, seguro que habr una virtud, seguro que habr un poder, seguro que habr mil gestos sagrados que la restablecern en su pureza primigenia. Mi alma durar largo tiempo, y ms que largo tiempo, cuando mi viejo cuerpo vaya a pudrirse. Viva mi alma! Es mi cuerpo luminoso, purificado, virtuoso, gil, mvil, tibio, fresco; es mi cuerpo liso, castrado, redondeado como una burbuja de jabn.

Y hete aqu que mi cuerpo, por la virtud de todas esas utopas, ha desaparecido. Ha desaparecido como la llama de una vela que alguien sopla. El alma, las tumbas, los genios y las hadas se apropiaron por la fuerza de l, lo hicieron desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, soplaron sobre su pesadez, sobre su fealdad, y me lo restituyeron resplandeciente y perpetuo.

Pero mi cuerpo, a decir verdad, no se deja someter con tanta facilidad. Despus de todo, l mismo tiene sus recursos propios de lo fantstico; tambin l posee lugares sin lugar y lugares ms profundos, ms obstinados todava que el alma, que la tumba, que el encanto de los magos. Tiene sus bodegas y sus desvanes, tiene sus estadas oscuras, sus playas luminosas. Mi cabeza, por ejemplo, mi cabeza: qu extraa caverna abierta sobre el mundo exterior por dos ventanas, dos aberturas, bien seguro estoy de eso, puesto que las veo en el espejo; y adems, puedo cerrar una u otra por separado. Y sin embargo no hay ms que una sola de esas aberturas, porque delante de m no veo ms que un solo paisaje, continuo, sin tabiques ni cortes. Y en esa cabeza, cmo ocurren las cosas? Y bien, las cosas vienen a alojarse en ella. Entran all y de eso estoy muy seguro, de que las cosas entran en mi cabeza cuando miro, porque el sol, cuando es demasiado fuerte y me deslumbra, va a desgarrar hasta el fondo de mi cerebro, y sin embargo esas cosas que entran en mi cabeza siguen estando realmente en el exterior, puesto que las veo delante de m y, para alcanzarlas, a mi vez debo avanzar.

Cuerpo incomprensible, cuerpo penetrable y opaco, cuerpo abierto y cerrado: cuerpo utpico. Cuerpo absolutamente visible, en un sentido: muy bien s lo que es ser mirado por algn otro de la cabeza a los pies, s lo que es ser espiado por detrs, vigilado por encima del hombro, sorprendido cuando menos me lo espero, s lo que es estar desnudo; sin embargo, ese mismo cuerpo que es tan visible, es retirado, es captado por una suerte de invisibilidad de la que jams puedo separarlo. Ese crneo, ese detrs de mi crneo que puedo tantear, all, con mis dedos, pero jams ver; esa espalda, que siento apoyada contra el empuje del colchn sobre el divn, cuando estoy acostado, pero que slo sorprender mediante la astucia de un espejo; y qu es ese hombro, cuyos movimientos y posiciones conozco con precisin pero que jams podr ver sin retorcerme espantosamente. El cuerpo, fantasma que no aparece sino en el espejismo de los espejos y, todava, de una manera fragmentaria. Acaso realmente necesito a los genios y a las hadas, y a la muerte y al alma, para ser a la vez indisociablemente visible e invisible? Y adems ese cuerpo es ligero, es transparente, es imponderable; nada es menos cosa que l: corre, acta, vive, desea, se deja atravesar sin resistencia por todas mis intenciones. S. Pero hasta el da en que siento dolor, en que se profundiza la caverna de mi vientre, en que se bloquean, en que se atascan, en que se llenan de estopa mi pecho y mi garganta. Hasta el da en que se estrella en el fondo de mi boca el dolor de muelas. Entonces, entonces ah dejo de ser ligero, imponderable, etc.; me vuelvo cosa, arquitectura fantstica y arruinada.

No, realmente, no se necesita sortilegio ni magia, no se necesita un alma ni una muerte para que sea a la vez opaco y transparente, visible e invisible, vida y cosa; para que sea utopa basta que sea un cuerpo. Todas esas utopas por las cuales esquivaba mi cuerpo, simplemente tenan su modelo y su punto primero de aplicacin, tenan su lugar de origen en mi propio cuerpo. Estaba muy equivocado hace un rato al decir que las utopas estaban vueltas contra el cuerpo y destinadas a borrarlo: ellas nacieron del propio cuerpo y tal vez luego se volvieron contra l.

En todo caso, una cosa es segura, y es que el cuerpo humano es el actor principal de todas las utopas. Despus de todo, una de las ms viejas utopas que los hombres se contaron a ellos mismos, no es el sueo de cuerpos inmensos, desmesurados, que devoraran el espacio y dominaran el mundo? Es la vieja utopa de los gigantes, que se encuentra en el corazn de tantas leyendas, en Europa, en Africa, en Oceana, en Asia; esa vieja leyenda que durante tanto tiempo aliment la imaginacin occidental, de Prometeo a Gulliver.

Tambin el cuerpo es un gran actor utpico, cuando se trata de las mscaras, del maquillaje y del tatuaje. Enmascararse, maquillarse, tatuarse, no es exactamente, como uno podra imaginrselo, adquirir otro cuerpo, simplemente un poco ms bello, mejor decorado, ms fcilmente reconocible; tatuarse, maquillarse, enmascararse, es sin duda algo muy distinto, es hacer entrar al cuerpo en comunicacin con poderes secretos y fuerzas invisibles. La mscara, el signo tatuado, el afeite depositan sobre el cuerpo todo un lenguaje: todo un lenguaje enigmtico, todo un lenguaje cifrado, secreto, sagrado, que llama sobre ese mismo cuerpo la violencia del dios, el poder sordo de lo sagrado o la vivacidad del deseo. La mscara, el tatuaje, el afeite colocan al cuerpo en otro espacio, lo hacen entrar en un lugar que no tiene lugar directamente en el mundo, hacen de ese cuerpo un fragmento de espacio imaginario que va a comunicar con el universo de las divinidades o con el universo del otro. Uno ser posedo por los dioses o por la persona que uno acaba de seducir. En todo caso la mscara, el tatuaje, el afeite son operaciones por las cuales el cuerpo es arrancado a su espacio propio y proyectado a otro espacio.

Escuchen, por ejemplo, este cuento japons y la manera en que un tatuador hace pasar a un universo que no es el nuestro el cuerpo de la joven que l desea:

El sol disparaba sus rayos sobre el ro e incendiaba el cuarto de las siete esteras. Sus rayos reflejados sobre la superficie del agua formaban un dibujo de olas doradas sobre el papel de los biombos y sobre la cara de la joven profundamente dormida. Seikichi, tras haber corrido los tabiques, tom entre sus manos sus herramientas de tatuaje. Durante algunos instantes permaneci sumido en una suerte de xtasis. Precisamente ahora saboreaba plenamente la extraa belleza de la joven. Le pareca que poda permanecer sentado ante ese rostro inmvil durante decenas y centenas de aos sin jams experimentar ni fatiga ni aburrimiento. As como el pueblo de Menfis embelleca antao la tierra magnfica de Egipto de pirmides y de esfinges, as Seikichi con todo su amor quiso embellecer con su dibujo la piel fresca de la joven. Le aplic de inmediato la punta de sus pinceles de color sostenidos entre el pulgar, el anular y el dedo pequeo de la mano izquierda, y a medida que las lneas eran dibujadas, las pinchaba con su aguja sostenida en la mano derecha.

Y si se piensa que la vestimenta sagrada, o profana, religiosa o civil hace entrar al individuo en el espacio cerrado de lo religioso o en la red invisible de la sociedad, entonces se ve que todo cuanto toca al cuerpo -dibujo, color, diadema, tiara, vestimenta, uniforme, todo eso hace alcanzar su pleno desarrollo, bajo una forma sensible y abigarrada, las utopas selladas en el cuerpo.

Pero acaso habra que descender una vez ms por debajo de la vestimenta, acaso habra que alcanzar la misma carne, y entonces se vera que en algunos casos, en su punto lmite, es el propio cuerpo el que vuelve contra s su poder utpico y hace entrar todo el espacio de lo religioso y lo sagrado, todo el espacio del otro mundo, todo el espacio del contramundo, en el interior mismo del espacio que le est reservado. Entonces, el cuerpo, en su materialidad, en su carne, sera como el producto de sus propias fantasas. Despus de todo, acaso el cuerpo del bailarn no es justamente un cuerpo dilatado segn todo un espacio que le es interior y exterior a la vez? Y tambin los drogados, y los posedos; los posedos, cuyo cuerpo se vuelve infierno; los estigmatizados, cuyo cuerpo se vuelve sufrimiento, redencin y salvacin, sangrante paraso.

Realmente era necio, hace un rato, de creer que el cuerpo nunca estaba en otra parte, que era un aqu irremediable y que se opona a toda utopa.

Mi cuerpo, de hecho, est siempre en otra parte, est ligado a todas las otras partes del mundo, y a decir verdad est en otra parte que en el mundo. Porque es a su alrededor donde estn dispuestas las cosas, es con respecto a l y con respecto a l como con respecto a un soberano como hay un encima, un debajo, una derecha, una izquierda, un adelante, un atrs, un cercano, un lejano. El cuerpo es el punto cero del mundo, all donde los caminos y los espacios vienen a cruzarse, el cuerpo no est en ninguna parte: en el corazn del mundo es ese pequeo ncleo utpico a partir del cual sueo, hablo, expreso, imagino, percibo las cosas en su lugar y tambin las niego por el poder indefinido de las utopas que imagino. Mi cuerpo es como la Ciudad del Sol, no tiene un lugar pero de l salen e irradian todos los lugares posibles, reales o utpicos.

Despus de todo, los nios tardan mucho tiempo en saber que tienen un cuerpo. Durante meses, durante ms de un ao, no tienen ms que un cuerpo disperso, miembros, cavidades, orificios, y todo esto no se organiza, todo esto no se corporiza literalmente sino en la imagen del espejo. De una manera ms extraa todava, los griegos de Homero no tenan una palabra para designar la unidad del cuerpo. Por paradjico que sea, delante de Troya, bajo los muros defendidos por Hctor y sus compaeros, no haba cuerpo, haba brazos alzados, haba pechos valerosos, haba piernas giles, haba cascos brillantes por encima de las cabezas: no haba un cuerpo. La palabra griega que significa cuerpo no aparece en Homero sino para designar el cadver. Es ese cadver, por consiguiente, es el cadver y es el espejo quienes nos ensean (en fin, quienes ensearon a los griegos y quienes ensean ahora a los nios) que tenemos un cuerpo, que ese cuerpo tiene una forma, que esa forma tiene un contorno, que en ese contorno hay un espesor, un peso, en una palabra, que el cuerpo ocupa un lugar. Es el espejo y es el cadver los que asignan un espacio a la experiencia profunda y originariamente utpica del cuerpo; es el espejo y es el cadver los que hacen callar y apaciguan y cierran sobre un cierre -que ahora est para nosotros sellado esa gran rabia utpica que hace trizas y volatiliza a cada instante nuestro cuerpo. Es gracias a ellos, es gracias al espejo y al cadver por lo que nuestro cuerpo no es lisa y llana utopa. Si se piensa, empero, que la imagen del espejo est alojada para nosotros en un espacio inaccesible, y que jams podremos estar all donde estar nuestro cadver, si se piensa que el espejo y el cadver estn ellos mismos en un invencible otra parte, entonces se descubre que slo unas utopas pueden encerrarse sobre ellas mismas y ocultar un instante la utopa profunda y soberana de nuestro cuerpo.

Tal vez habra que decir tambin que hacer el amor es sentir su cuerpo que se cierra sobre s, es finalmente existir fuera de toda utopa, con toda su densidad, entre las manos del otro. Bajo los dedos del otro que te recorren, todas las partes invisibles de tu cuerpo se ponen a existir, contra los labios del otro los tuyos se vuelven sensibles, delante de sus ojos semicerrados tu cara adquiere una certidumbre, hay una mirada finalmente para ver tus prpados cerrados. Tambin el amor, como el espejo y como la muerte, apacigua la utopa de tu cuerpo, la hace callar, la calma, y la encierra como en una caja, la clausura y la sella. Por eso es un pariente tan prximo de la ilusin del espejo y de la amenaza de la muerte; y si a pesar de esas dos figuras peligrosas que lo rodean a uno le gusta tanto hacer el amor es porque, en el amor, el cuerpo est aqu.

1 La recuperacin del cuerpo en el proceso del despertar es un tema recurrente en la obra de Marcel Proust. (N. de la R.)

* La conferencia El cuerpo utpico, de 1966, integra el libro El cuerpo utpico. Las heterotopas, de reciente aparicin (ed. Nueva Visin).

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-155867-2010-10-29.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter